El capitalismo es guerra y miseria, es el momento de que la clase obrera pase a la ofensiva!

La explotación dentro y fuera del trabajo se recrudece, el nuevo rumbo de la política internacional da alas a la reacción, y las tensiones entre las distintas potencias imperialistas aumentan. El capitalismo es guerra y miseria, y esto es cierto independientemente del partido que gobierne o de las intenciones de la persona particular al frente del gobierno burgués.

En frente de esta realidad es necesario que la clase obrera se deshaga de toda ilusión reformista y se prepare para luchar: es el momento de que la clase obrera pase a la ofensiva. Pasar a la ofensiva significa desembarazarse de oportunistas al servicio de la burguesía que prometen gobernar “para la mayoría”, significa organizarse con una visión y agenda propia, significa combatir con contundencia dentro y fuera del trabajo, por nuestros salarios y por nuestras libertades, uniendo a todo el pueblo bajo la bandera roja del proletariado. Esta es a su vez la única forma de resistir al capital, y que esta resistencia sirva a preparar la revolución.

Para este 1 de Mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora, expondremos porqué la miseria y la guerra son inevitables en el capitalismo, y pondremos encima de la mesa la perspectiva de clase y revolucionaria del proletariado para hacerle frente en el contexto actual.

El capitalismo es guerra y miseria

La decadencia y podredumbre del sistema capitalista se hace más visible con cada nueva guerra, con cada nueva crisis: las condiciones de trabajo no dejan de empeorar, el precio de la vivienda y los bienes de primera necesidad no deja de crecer.

El capitalismo es guerra y miseria porque se basa en la explotación de la clase obrera. Los capitalistas buscan permanentemente maximizar sus beneficios, porque solo podrán mantener su posición como burgueses si son capaces de competir en el mercado contra otros capitalistas. Sus beneficios se desploman cuando la clase obrera va a la huelga: sus beneficios dependen de la explotación de nuestro trabajo.

Para aumentar sus beneficios, los capitalistas intensifican nuestra explotación. Reducen los salarios, aumentan los ritmos de trabajo, alargan las jornadas. La intensifican entre el proletariado industrial para la producción de mercancías, la intensifican en la distribución y logística para vender más rápido, y también entre la masa de trabajadores empleados en la comercialización para que con la venta de los productos esta plusvalía se pueda convertir en beneficio. Las condiciones de la capa inferior de asalariados técnicos e intelectuales cada vez se acerca más a las condiciones de un obrero. La clase capitalista en su conjunto explota a la clase trabajadora en su conjunto. Nos esclavizan en trabajos manuales repetitivos o que nos desgastan y revientan físicamente, a cambio de salarios justos para llevar una vida pasable, mientras los jefes, jefecillos y paseantes pueden llevar una vida entre algodones sin doblar el lomo en su vida.

En las grandes empresas, la modernización de los procesos no viene para hacer más cómodo el trabajo, sino para incrementar los ritmos de trabajo. Las plantillas viven amenazas con cierres, EREs y ERTEs1. En las pequeñas y medianas empresas, los empresarios actúan como caciques, usando el terror para que el proletariado se juegue su integridad física y llevarnos más allá de la externuación. La ley burguesa en materia laboral es papel mojado. El trabajo de oficinas y entre técnicos cualificados sufre un proceso de proletarización, de estandarización de los procesos, menor autonomía en el trabajo y un sueldo más parecido al de los proletarios. En el sector servicios, la precariedad está al orden del día, con salarios irrisorios, largas jornadas de trabajo, eventualidad, etc.

El capitalismo es guerra y miseria porque es un sistema donde reina la anarquía productiva. Es decir, la planificación de la producción en cada empresa se hace en un contexto de competencia, donde cada capitalista oculta al resto lo que va a producir y va intentar que su producto sea el más vendido. Esto lleva inevitablemente a la sobreproducción, es decir, a la producción por encima de las necesidades sociales. Como resultado tenemos ciclos inevitables de sobreproducción, que llevan a crisis económicas, con despidos masivos, recortes en el gasto público para salvar empresas y bancos, etc. Ejemplos de estas la tenemos en la crisis del crack del 29, o más recientes como la crisis del petróleo en los 80, la crisis financiera en 2008 o la crisis económica posterior a la pandemia de COVID en 20202. Después de una crisis capitalista viene una recuperación y una nueva época de bonanza. Pero lo que ocurre en realidad es que se están acumulando de nuevo desajustes entre la producción y el consumo, preparando una nueva crisis que pagaremos la clase obrera y el pueblo.

Además, como resultado de esta anarquía productiva y de la búsqueda del máximo beneficio, el capitalismo lleva al despilfarro y al consumo exacerbado de recursos naturales, a la contaminación sin límites, etc. Todo esto nos está llevando a un desastre climático, del cual los pueblos del mundo y los trabajadores ya estamos sufriendo: desertificación de grandes zonas, olas de calor, sequía, lluvias torrenciales con mayor fuerza, mayor tasa de incendios etc. La DANA en València es una prueba de ello, pero también los incendios en Los Ángeles o los ciclones e inundaciones en el sureste asiático3. Estos casos no son solo ejemplos de las consecuencias de la crisis climática, sino de cómo la gestión de los capitalistas es desastrosa4, o de cómo se hacina a la clase trabajadora en lugares de riesgo como zonas inundables.

El capitalismo es guerra y miseria porque su fase actual, el imperialismo, donde los monopolios dominan la economía, se basa en el reparto del mundo entre las distintas potencias y su lucha para mantener su dominación o conquistar nuevas áreas. Se basa en la dominación a países dependientes mediante la exportación de capitales, en mantenerlos subdesarrollados y limitarse a desarrollar según los intereses de la potencia. Con esta dominación se posibilita la explotación de la mano de obra de los pueblos del tercer mundo en regímenes de semiesclavitud y semifeudalidad: una superexplotación de la que los imperialistas extraen superganancias. La dominación imperialista permite tener acceso y controlar nuevos mercados y vías de distribución. Todo ello con el objetivo, nuevamente, de maximizar beneficios y competir con otras potencias imperialistas. Esto lleva a que las guerras entre potencias son inevitables5, no son una elección de políticos radicales, sino una necesidad del capital. Encontramos todo tipo de guerras, como aquellas en las que batallan directamente potencias imperialistas (1ª y 2ª Guerra Mundial), utilizando a los países que dominan como escenario de la guerra (Ucrania, Siria, Palestina-Israel, gran parte de África, etc.), o a la invasión (Irak, Afganistán, Libia, etc.). Es por ello que las potencias necesitan grandes y fuertes ejércitos e incrementar su gasto militar.

El capitalismo es guerra y miseria porque, para mantener y intensificar su explotación, la burguesía necesita desplegar una agenda reaccionaria. Los capitalistas, y las potencias imperialistas, que están su servicio, necesitan de una política más agresiva para defender sus intereses delante de un contexto donde hay: un estancamiento económico producto del encadenamiento de varias crisis, un aumento de tensiones entre potencias por el reparto del mundo, y donde las condiciones de vida de las clases populares se hacen más duras. Necesitan mayor capacidad de represión y mantener a raya a las masas, por los potenciales estallidos de rebelión de las clases populares, así como una justificación para disminuir el gasto en servicios públicos, y un discurso para unir la nación frente a enemigos externos (otras potencias u otros países dominados insubordinados).

Como resultado de la reaccionarización de la política burguesa (ya sea en la derechización de la socialdemocracia, la radicalización de la derecha, o el ascenso de la ultraderecha) podemos ver discursos y medidas frontales contra la clase trabajadora y sus derechos (discursos antisindicales, medidas contra los trabajadores en general), contra las minorías (personas trans, migrantes) y las mujeres, incrementando su persecución y discriminación (batalla ideológica y cultural contra el feminismo y las personas trans, criminalización de los migrantes, etc.). Sobre el rearme y la agenda reaccionaria se puede encontrar mayor desarrollo en el documento que hemos publicado recientemente6.

El capitalismo es guerra y miseria, porque se basa en la explotación y opresión de la clase obrera y el resto de capas del pueblo. No solo los intereses de los capitalistas son contrarios a los nuestros: ellos, para mantener su posición de privilegio y poder, compiten contra otros capitalistas en el mercado y compiten con los capitalistas de otras potencias imperialistas por el control global. La explotación dentro y fuera del trabajo, la miseria, el despilfarro son consecuencia del capitalismo, así como lo son las guerras y la militarización, la reacción y la persecución de minorías. Nuestros intereses son irreconciliables. Por eso no es posible reformar el capitalismo.

Deshagámonos de toda ilusión

En este contexto, las opciones que se han presentado como una alternativa popular y de izquierdas no han hecho más que quedar en papel mojado. El reformismo, es decir, la tendencia que propone reformar el capitalismo desde dentro para mejorarlo, está demostrando a pasos agigantados su bancarrota. Han demostrado cómo a mayor cercanía con el poder, más moderado ha sido su discurso y sus propuestas. Han tragado con medidas medidas antipopulares con tal de seguir en el gobierno. Han jugado a ser la oposición desde el mismo gobierno. Incluso en este contexto, los partidos de izquierda han legitimado, defendido o metido la cabeza debajo de la tierra delante de la propuesta del rearme europeo y español.

El reformismo también ha domesticado a los movimientos sociales y el movimiento obrero, despertando ilusiones entre las masas, reconduciendo su rabia y lucha hacia las esperanzas en la vía institucional y hacia la pasividad. Los reformistas solo tienen interés en movilizar a la clase obrera para que les voten cada 4 años o de forma oportunista para apoyar su agenda, sus intereses. Se ha visto cómo en realidad son lugartenientes de los capitalistas en el seno del movimiento obrero y los movimientos populares. Recomendamos leer el siguiente artículo, que pone los puntos sobre las íes en este asunto7.

Delante de este escenario, organizarse, luchar y echar abajo este sistema no es un deseo o u pensamiento idealista, es una necesidad. No hay escapatoria a esta guerra y a esta miseria dentro de este sistema, o lo destruimos, o nos aplasta.

Es el momento de que la clase obrera pase a la ofensiva

La clase obrera no tiene interés en explotarse a sí misma ni al resto del pueblo. No tiene interés en intensificar la explotación, aumentar las jornadas laborales y retrasar la edad de jubilación, y menos aún cuando hay personas en paro. No tiene interés en extraer grandes beneficios individuales a costa de la explotación colectiva. La clase obrera tiene interés en acabar con toda explotación, con la suya propia y con la del resto de la humanidad.

La clase obrera no tiene interés en mantener un sistema en el que reine la anarquía productiva y el despilfarro. No tiene interés en mantener secretos industriales, ni en fomentar el corporativismo entre diferentes empresas, ocultando los datos producción para competir entre ellas. Sino que la clase obrera tiene interés en planificar la economía globalmente para satisfacer sus necesidades y las del resto del pueblo. No tiene interés en devastar y exprimir los recursos naturales, ni contaminarlos, sino que puede y quiere vivir en armonía con el planeta y sus recursos.

La clase obrera no tiene interés en repartirse el mundo, porque es una clase internacionalista, porque su enemigo común son los imperialistas, son quienes la explotan y oprimen. La clase obrera tiene interés en el desarrollo soberano y libre de todos los pueblos del mundo. Tiene interés en acabar con las guerras de rapiña, las guerras contra el pueblo, las guerras por maximizar beneficios. Precisamente, la clase obrera sólo tiene interés en apoyar y desarrollar las guerras para poner fin a las guerras imperialistas: apoya resueltamente las guerras de liberación de los pueblos contra el imperialismo como en Palestina, Turquía, India y Filipinas, y ha apoyado y apoyará las revoluciones en las potencias imperialistas para poner fin al capitalismo como fue la revolución bolchevique.

Por todo ello, la clase obrera es la clase revolucionaria hoy. Claro que sin la clase obrera y otras capas del pueblo trabajador, no funcionaría nada, no se movería el mundo. La clase trabajadora es quién tiene la capacidad de producir, distribuir, organizar, diseñar y ofrecer servicios. La clase obrera actualmente tiene los conocimientos y la capacidad técnica para hacer funcionar el mundo, sin necesidad de que existan los capitalistas. Estos sólo aportan explotación, guerras y miseria. Es por ello que la liberación de la clase obrera significa la liberación de toda la humanidad.

Sin embargo, actualmente en nuestro país (y en gran parte del mundo), la clase obrera carece de independencia como clase, carecen de la conciencia de cual es su posición y situación histórica como clase revolucionaria. Los capitalistas sólo nos quieren para exprimirnos para enriquecerlos, y utilizan a sus políticos, de todo color, para que legitimemos su sistema, que los votemos cada 4 años y ellos ya se encargarán de ver cómo nos siguen explotando.

Por ello, es necesario que la clase obrera dé un paso adelante, pase a la ofensiva y actúe políticamente como clase, es decir, que asuma su papel como agente político, despliegue una agenda propia y ponga encima de la mesa sus intereses. La clase obrera debe ser consciente de cuál es su papel histórico como clase revolucionaria, y por lo tanto que en las luchas diarias actúe como tal, ligándolas con la lucha revolucionaria. Es necesario que la clase obrera se incorpore a la lucha política general con voz propia.

Para esto, la clase obrera tiene por delante grandes tareas y retos:

  1. La clase obrera debe organizarse y movilizarse. La forma más espontánea de organización del proletariado son los sindicatos, y esto es positivo. Es donde puede desplegar una lucha cotidiana, donde puede aprender de la lucha, conocer a sus compañeros y sus enemigos. Es en sindicalismo donde la clase obrera pasa a ser masivamente un elemento activo en la lucha de clases. Sin embargo, mayoritariamente los sindicatos están dirigidos por la burocracia sindical y la aristocracia obrera, imponendo dinámicas burocráticas, pasillistas, pactistas, desmovilizadoras, antidemocráticas, etc. Mediante una organización más consciente, la clase obrera debe ser capaz de superar estas limitaciones, romper con el control de la aristocracia obrera, y por lo tanto, recuperar los sindicatos para la clase obrera, para que sean efectivamente organizaciones de lucha de resistencia, escuelas de lucha y semillas de revolución.

  2. Para que la organización sea más consciente, la clase obrera debe estudiar y formarse. Para poder organizarse y actuar como una clase independiente, debe ser capaz de analizar al resto de clases y la realidad del mundo que les rodea, extraer lecciones de sus luchas. Debe ser capaz de saber dónde golpear, cómo adelantarse a los movimientos de sus enemigos, cuándo replegarse, etc. Debe ser capaz de tener una posición respecto a los diferentes conflictos y temas candentes, una posición proletaria no solo sobre las cuestiones en la que es directamente partícipe sino en todos los aspectos relevantes de la lucha de clases, que incluye a otros sectores y capas no proletarias. Debe ser capaz de hacer propuestas en positivo y poner encima de la mesa su línea política.

  3. Los burgueses se organizan a su manera, y el proletariado a la suya. Estas formas de organización y lucha proletarias son contrarias a las formas pequeñoburguesas o de la aristocracia obrera.

    • La pequeñoburguesía busca movimientos de satisfacción personal, de regocijo intelectual, de aspecto radical pero sin estar ligados a una lucha masiva.

    • La aristocracia obrera no confía en la clase obrera, la mantiene alejada de la lucha o la dirige bajo sus intereses, manteniendo el poder en sus despachos. Rehuye de la confrontación y la combatividad, prefiere el pacto y la negociación a espaldas de las masas obreras.

    La clase obrera debe poner al frente las formas de organización y lucha propias del proletariado:

    • Debe potenciar la masividad de los colectivos y los movimientos, haciéndolos accesibles a la clase obrera. Que permitan la compatibilidad entre la militancia y la participación en movimientos con la vida de la clase obrera. Que no tengan cortapisas ideológicos innecesarios para movimientos de lucha amplios. Que estén orientados a la lucha por los intereses de la propia clase obrera y de las masas en general.

    • Se debe potenciar la combatividad, la lucha sin complejos ni ataduras legalistas. La clase obrera tiene su fuerza en su capacidad para luchar, en su capacidad para poner en jaque los intereses de los capitalistas o el gobierno. Las formas performativas, pactistas o institucionales, sólo confunden a las masas, generan falsas esperanzas y adormecen a la clase obrera. La clase obrera debe aprender que cuando lucha con independencia, lleva las luchas más lejos, más consecuentemente, puede pasar de la defensiva a la ofensiva, y hace un auténtico pulso a la burguesía.

    • Sus organizaciones deben regirse por la democracia obrera, la democracia para luchar. Las estructuras de los colectivos deben asegurar y promover la participación efectiva de sus miembros. Sin democracia no habrá inclusión, aprendizaje, motivación ni masividad. La democracia significa que debe respetarse la opinión de la mayoría y que la minoría debe aceptarlo, no secuestrar los debates en busca de un consenso ideal, y preservar la unidad en la acción. Que la democracia sea obrera significa que los debates deben estar orientados a la movilización, a la lucha, a la elevación de la conciencia y al aprendizaje. Se debe saber distinguir entre los debates sobre cuestiones principales o cuestiones secundarias, priorizando las cuestiones de importancia sobre las cuestiones técnicas.

  4. La clase obrera debe ser la vanguardia del resto de clases del pueblo, ponerse al frente de todas las luchas del pueblo, como los movimientos urbanos populares. Su mera incorporación a las luchas supone un salto cualitativo en términos de contundencia y disciplina en la lucha, daño económico y masividad. La clase obrera también tiene interés en el desarrollo y fortalecimiento de estos movimientos, pues como clase básica y oprimida, sufre ataques del capitalismo fuera de su centro de trabajo.

    • Para la dirección de las otras clases del pueblo, debe saber las limitaciones e intereses que tienen las otras clases, y cómo estos intereses pueden ser comunes o contradictorios con los del proletariado. Debe ser capaz de disputar la dirección a los elementos pequeñoburgueses de estos movimientos, normalmente ligados al reformismo, ya sea en su variante performativa o radical.

    • Tiene que ser capaz, desde una posición independiente, de unir al resto de clases, y saber gestionar las contradicciones en el seno del pueblo, para atacar al enemigo principal, los grandes capitalistas, con todas las fuerzas posibles.

  5. Los elementos de la clase obrera más avanzados en nivel de conciencia deben saber dirigir al resto de sus compañeros, formarse, organizarse y conocerse.

    • Deben organizarse en colectivos más allá de las organizaciones de lucha y resistencia contra los diferentes ataques del capitalismo:

      • Los comunistas debemos participar junto a nuestra clase en los sindicatos, impulsando la línea de recuperarlos para nuestra clase.

      • En los colectivos populares, impulsando la línea proletaria para potenciar su masividad, combatividad y democracia.

      • Debemos impulsar organizaciones más elevadas y de cariz político con los sectores más avanzados de la clase obrera, generar verdaderas luchadores, activistas y dirigentes obreros.

    • Deben elevar su nivel de conciencia y organización, y prepararse para la lucha política general.

      • Deben establecer colectivos con una perspectiva obrera, capaz de difundir un discurso propio, capaz de planificar acciones de lucha y solidaridad, capaces de formar a sus miembros como verdaderos activistas y dirigentes obreros.

      • Capaces de confrontar a los cantos de sirena de la socialdemocracia y del reformismo. Capaces de combatir a la aristocracia obrera y la burocracia sindical.

      • Capaces de confrontar a los pequeñoburgueses en los movimientos urbanos populares pero también en el movimiento obrero sindical.

    • Las y los revolucionarios, las y los comunistas debemos estar a la vanguardia de estos aprendizajes, de esta lucha, y llevar el socialismo científico al movimiento obrero, para cumplir consecuentemente con estas tareas. Es nuestro trabajo difundir estos mensajes entre la clase obrera. Pero también debemos aprender de ella, de sus formas de lucha y organización, de su visión y perspectiva, de sus intereses, etc.

  6. Debemos generar un discurso y posiciones de clase que combatan las posiciones pequeñoburguesas, de la aristocracia obrera, y sobre todo, de la burguesía.

    • Debemos saber ligar la necesidad de que el proletariado se incorpore políticamente como clase a la necesidad de acabar con el capitalismo como sistema decadente y explotador. No sólo como forma de resistir a los ataques dentro de sus centros de trabajo o los ataques fuera de estos, sino también para combatir todas las consecuencias de que este sistema provoca.

    • Por ello, en este contexto mundial, el proletariado y el pueblo deben estar preparados para combatir una agudización en el recrudecimiento de las condiciones de vida, una ofensiva contra derechos y libertades democráticos, un aumento de la persecución y represión de la disidencia, es decir, una ofensiva reaccionaria que la oligarquía está preparando para velar por sus intereses en un nuevo reparto mundial.

Los revolucionarios tienen como tarea fundamental entre la clase obrera difundir que deben ser conscientes de que su independencia como clase sólo podrá venir de la construcción de una herramienta política de vanguardia, donde se organicen y formen a los elementos revolucionarios de la clase. Una herramienta preparada para el combate, para las luchas diarias, pero también para la lucha revolucionaria que acabe con el capitalismo. Sólo podrá venir de la reconstitución del Partido Comunista.

¡El capitalismo es guerra y miseria, es el momento de que la clase obrera pase a la ofensiva!

¡Resistir contra el capital, preparar la revolución! ¡Reconstituyamos el Partido Comunista!

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