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El desarrollo de los últimos años ha traído consigo varios fenómenos que han agudizado las contradicciones internas del sistema imperialista, con un panorama que nos presenta:
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Un estancamiento general de la producción, con crisis económicas cada vez más recurrentes.
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El incremento de los conflictos bélicos y un aumento de la inversión militar en todo el mundo ante el aumento de las tensiones interimperialistas.
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El crecimiento de la extrema derecha en los países imperialistas y el fascismo abierto en los países dominados, con la pérdida acelerada de derechos y libertades democrático-burguesas que se creían consolidadas.
En este contexto, en el caso de los países de la Unión Europea, se está dando a pasos agigantados la aceptación del discurso belicista del “rearme”, instaurado plenamente en todo el arco parlamentario burgués este 2025.
La presión estadounidense, a través de la OTAN, para el aumento del gasto militar de todos los Estados miembros no es nueva. Pero para la UE, la nueva posición de EEUU con respecto a Ucrania ha supuesto un revuelo.Los imperialistas europeos han recibido un esquinazo por parte de Trump en las negociaciones con Putin. Para poner fin al conflicto en Ucrania, saldado con la sangre de ambos pueblos, EEUU y Rusia han acordado el reparto de las tierras de Ucrania entre ambos imperialistas.
EEUU ha intentado apaciguar las tensiones interimperialistas con Rusia y dar un empujón a la UE para que se alinee a marchas forzadas con la nueva doctrina estadounidense en el terreno militar y político. De esta forma, EEUU concentrará su capacidad militar en su apoyo a Israel y la defensa de sus intereses en Asia-Pacífico en su lucha con China.
¿Qué tiene de real la amenaza bélica entre la UE y Rusia? ¿Qué intereses hay presentes por parte de los países miembros de la UE, UK y EEUU? ¿Qué dificultades encuentran para tener una política imperialista unitaria? ¿Cómo se relaciona el programa del “rearme europeo” con el auge reaccionario (tanto la derechización del arco parlamentario como la apuesta por la derecha)? Y por último, ¿cuál debe ser la posición del proletariado revolucionario en este contexto? Para dar respuesta a estas cuestiones, en este artículo expondremos un resumen de nuestro análisis de la UE y de este rearme, la situación de España, y las tareas del proletariado revolucionario frente a las políticas militaristas del imperialismo.
1. LA NATURALEZA DE LA UNIÓN EUROPEA
Lo primero y más importante que hay que entender es que la UE no es una potencia imperialista como tal: no ha existido, ni existe, una oligarquía financiera europea unificada, ni los distintos Estados imperialistas se han disuelto en unas fronteras y políticas comunes. Esta quimera solo ha existido en las mentes de cuatro reformistas y liberales europeístas demasiado cegados con el mito del ”oasis europeo” y el triunfo neoliberal de los 90, y en los libruchos de académicos pequeñoburgueses posmodernos.
Todo lo contrario, la UE es un proyecto imperialista poco cohesionado que caracterizamos como una alianza entre potencias imperialistas bajo el liderazgo compartido, y en conflicto, de Alemania y Francia. Su existencia es fruto de los intereses coincidentes de las oligarquías de los países imperialistas que la conforman, pero se tambalea constantemente por las contradicciones entre estas, que predominan por encima de los anteriores. Esto se vio patentemente en las distintas respuestas a la crisis del 2008, más tarde con el Brexit y la salida del Reino Unido de la alianza, o más recientemente con las reticencias de Alemania respecto al conflicto con Rusia.
En este sentido es un proyecto de un diseño bastante torpe, principalmente comercial, más que político, orientado a la búsqueda cortoplacista de ganancias. Empujadas por las consecuencias de la II Guerra Mundial, la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, y la Comunidad Económica Europea (conocida como «el mercado común») se constituyen ante la necesidad de estabilidad para la reconstrucción de los monopolios y la adaptación a la nueva hegemonía de los EE.UU que relega las viejas potencias europeas a una posición más débil respecto a su situación anterior a la guerra. Aún hoy, principalmente, la UE sirve a sus Estados miembros para realizar apuestas estratégicas conjuntas que por separado no podrían ejecutar al mismo nivel.
A ello se suman las contradicciones con las semicolonias que también la integran, la mayoría de ellas incorporadas en la UE en los primeros 2000, tras el colapso del social-imperialismo del revisionismo soviético, con la excepción de Irlanda, Grecia y Portugal, de entrada más antigua. La UE ha servido a las distintas oligarquías europeas, especialmente a la alemana, para atraer y atar en corto a estas semicolonias: inundarlas con sus capitales y mercancías, controlar sus finanzas, sus recursos naturales, y usar a su población como mano de obra barata.
En el frente interimperialista, las potencias de la UE están intentando desarrollar un plan para una política exterior independiente de los EEUU desde el primer gobierno de Donald Trump, en 2016, cuestión que ha resurgido con fuerza a raíz de su nueva victoria en 2024. Para analizar esta cuestión hay que tener en cuenta lo siguiente: los ejércitos son uno de los principales instrumentos de la clase dominante para ejercer su dominio. Su razón de ser es doble: por un lado, salvaguardar la misma existencia de esa clase, principalmente contra el pueblo, pero también contra otras oligarquías o facciones rivales internas de la burguesía; y por el otro, extender su dominio imperialista y aumentar su cuota de poder.
Teniendo esto en cuenta, Rusia en la actualidad no es un peligro para la existencia de las oligarquías europeas, pero sí puede ser un peligro para su cuota de poder, poniendo el pie en países de Europa del Este. Sin embargo, una pérdida de control en esa zona en favor de Rusia en el corto-medio plazo parece improbable debido al pantanal económico, político y militar que supone para Rusia actualmente la guerra en Ucrania, y el relativamente firme dominio de las potencias occidentales (UE+EEUU) en Europa del Este, a pesar del auge de las fuerzas prorrusas, como Viktor Orban en Hungría, o más recientemente, Calin Georgescu en Rumanía.
De todos modos, las potencias europeas en las últimas décadas han tenido muchas dificultades para extender el dominio imperialista más allá de la Europa geográfica dado que cada oligarquía, como muestra de su falta de cohesión, tiene diferentes zonas de influencia (Francia, en África; Alemania, en Europa del Este; España en América Latina y Sahel…) y no están dispuestas a ayudarse altruistamente las unas a las otras. Es decir, no existe la suficiente cohesión en los proyectos imperialistas de las diferentes facciones de la oligarquía europea como para que avancen en una dirección unificada. En esta situación, cada oligarquía financiera querría que se diese prioridad a su propio coto antes que al de los demás, y a su vez aumentar su cuota a costa de sus supuestos aliados.
2. LA DEBILIDAD MILITAR DE LA UE
La combinación de todos estos factores es lo que hace poco probable la existencia de un verdadero ejército europeo mientras se mantenga esta situación: ni la oligarquía financiera está lo suficientemente cohesionada como para darle uso al gran coste que supondría, ni está en riesgo su existencia en el corto-medio plazo como para que le interese. Incluso medidas a medio camino como mejorar la interoperabilidad de los ejércitos de los países de la UE se encuentran con dificultades relevantes como son la alta dependencia del mando, inteligencia, y logística estadounidenses para misiones conjuntas, la falta de competencias de las comisiones de la UE en este campo, la disputa entre UK, Francia y Alemania por ganar cuota de poder en el terreno militar, y una industria armamentística disgregada que pelea cada cual por obtener una cuota mayor de los fondos europeos.
La dependencia europea de la infraestructura estadounidense se encuentra bien ilustrada en lo decisiva que ha sido para la resistencia ucraniana: los mandos, pertenecientes a la OTAN, están altamente capacitados para la planificación y dirección de tropas de distintos países, y son capaces de convertir esta información en golpes tácticos en cadenas de suministro y centros de mando enemigos, anticipar movimientos para realizar repliegues o contraofensivas, y escoger el armamento adecuado en cada momento. Algunos ejemplos de esto es que EEUU dotó en el primer momento a la infantería ucraniana de armamento antitanque para frenar la ofensiva relámpago rusa, proporcionó información del movimiento ruso con sus sistemas de inteligencia (entre los que destacan la satelital), con esta guió los misiles de largo alcance para golpear almacenes de munición y otros puntos clave del ejército ruso, y blindó los centros de mando y logísticos ucranianos con artillería. También EEUU provee de logística aérea de alta capacidad para el movimiento rápido de tropas, a un nivel muy superior que la UE. Este conocimiento y experiencia de mando, capaz de usar eficazmente la información de inteligencia militar, la infraestructura de inteligencia que a su vez permite establecer comunicaciones resistentes a la guerra electrónica (donde Starlink de Musk tiene un peso relevante), y ser el principal proveedor mundial de armamento y municiones, genera una situación de dependencia por parte de la UE difícil de subsanar [1]. Aunque la UE y EEUU han realizado un apoyo similar en términos económicos a Ucrania (unos 120 mil millones de €), el apoyo estadounidense ha sido fundamentalmente militar, mientras que el de la UE ha sido financiero. Sin EEUU, lo más probable es que Ucrania hubiese sido completamente invadida por Rusia.
Por otra parte, que en la UE se encuentren integradas semicolonias en igualdad política formal al resto de países miembros (sin capacidades de veto por los países más relevantes, y sin mecanismos consolidados de coerción paralegal en el terreno de defensa por las potencias imperialistas) limita enormemente la capacidad de una dirección unificada. Por poner un ejemplo: recientemente, Reino Unido y Francia apoyaban mandar tropas a Ucrania (en un intento de ganar puntos de liderazgo en la constitución de este rearme europeo) mientras que Alemania y Polonia optaban por el “no” a pesar de su apoyo al rearme. Estos dos últimos presentan un mayor grado de dependencia del gas ruso y, corren el riesgo de pagar directamente el precio de una respuesta rusa ante un despliegue insuficiente que no sea disuasorio, a sabiendas de que no existe la capacidad de desplegar tropas propias fuera de sus fronteras sin apoyo estadounidense. Por otro lado, países como España e Italia, cuyo dominio imperialista no se encuentra en el Este de Europa, son contrarios a la intervención europea en Ucrania, por lo que presentan ciertas reticencias al rearme. Es de esperar que su ejecución sea menos enérgica y decidida, pero no pueden escapar a la influencia estadounidense y su apuesta política, con la que comulgan las potencias europeas de primer orden (Francia, Alemania, UK).
Esto refleja un punto de flaqueza del proyecto de la UE: la presencia de países imperialistas de segundo orden sin ningún tipo de capacidad para una agenda política propia (como España, Italia, o los países nórdicos). Estos son puntos de ruptura de la hipotética unidad europea ante la influencia de potencias extra-europeas, fundamentalmente los EEUU o China. Esta última, a modo de ejemplo, ha hecho grandes inversiones en los puertos de Barcelona y del Pireo (Grecia) para tener puertas de entrada en Europa para sus mercancías y capitales; mientras que los EEUU mantiene intereses estratégicos de una punta a otra de Europa que, ante el ascenso de Trump y sus nuevas políticas, generan tensiones a lo largo de toda la Unión e incluso en el seno de las potencias imperialistas, prestando apoyo abierto a los partidos ultraderechistas.
3. LA SITUACIÓN ACTUAL: CRISIS, REARME Y REACCIÓN
Este panorama desigual en la fortaleza y el grado de influencia de las diferentes potencias imperialistas implica que su política de alianzas y su despliegue estratégico están constantemente en contradicción las unas con las otras, y que tienen que adaptarse a la situación política del momento para no quedarse atrás: por eso decimos que entre los imperialistas la competencia es absoluta, y la colaboración es relativa. Teniendo en cuenta todo lo anterior, ya en nuestro llamamiento del 8 de Marzo expusimos un cambio relevante en la situación internacional ejemplificado en cinco factores, que aquí expandimos:
1. El estancamiento económico de las últimas dos décadas en los EEUU y la Unión Europea, fruto de la propia dinámica del capitalismo monopolista, en el que se da la llamada “tendencia a la baja de la tasa de ganancia”. Es decir, de manera simple, que la inversión necesaria para hacer negocios cada vez es más grande y el beneficio es más pequeño.
2. Un aumento de las tensiones interimperialistas apareado a la reducción de sus superganancias. La ganancia que pueden extraer los países imperialistas de los países dominados es cada vez menor y tienen que disputarse entre ellos el reparto del pastel con más ahínco: la guerra comercial entre los EEUU y China, o la invasión rusa de Ucrania son los ejemplos más agudos de los actuales conflictos interimperialistas. La escalada de la violencia colonial del Estado de Israel y sus amos estadounidenses en Palestina, el Líbano, Siria y Yemen ante la resistencia de los pueblos en lucha es también un frente de desgaste relevante para el imperialismo de los EEUU, ya que supone una oposición frontal al expolio imperialista en la región.
En este contexto de estancamiento y tensiones interimperialistas, la oligarquía necesita una política más agresiva, tanto contra sus rivales imperialistas como contra la clase trabajadora y las clases populares. Esto se traduce en:
3. El rearme de los Estados burgueses: hoy vemos como la inversión militar y represiva de los miembros de la OTAN, incluido el Estado español, logra cuotas históricas, así como también en Rusia y China. Von der Leyen ya ha anunciado un plan de miles de millones de euros para el rearme de toda la UE ante el aparente debilitamiento de la alianza con los EE.UU., ignorando el famoso «techo de gasto» de los Estados miembros si es para ampliar el gasto militar. Este plan de inversión europeo se llevará a cabo con un paquete de 800 mil millones de euros para los siguientes 4 años, algo más del 1% del PIB total europeo, proviniendo 650 mil millones de los presupuestos de los Estados miembros, y los otros 150 de préstamos comunitarios. El gasto militar quedará así blindado, aislándolo de las limitaciones a los déficits nacionales que se impusieron a raíz de la crisis de 2008. Además, se establece un instrumento de préstamos hecho expresamente para este rearme, destinando los fondos de cohesión europeos a este ámbito y movilizando capital privado a través del Banco Europeo de Inversiones [2].
Pero los países europeos no solo operan a nivel colectivo. Cada Estado individualmente está realizando estos mismos esfuerzos: el Reino Unido anunció el mayor plan de aumento del gasto militar desde la guerra fría [3]; en Alemania, conservadores y socialdemócratas han pactado para excluir el aumento del gasto militar del “techo de gasto” y hacer inversiones masivas en infraestructuras y logística [4-6]; en Francia, Macron hace 2 años trazó un plan para aumentar en un 40% el presupuesto de defensa de cara a 2030 y tontea con reintroducir el servicio militar [7]; por otro lado, Polonia es punta de lanza de este rearme, habiendo subido el gasto militar hasta más del 4% del PIB durante los últimos años, y comprometiéndose recientemente a subirlo al 5% [8]. Esto apunta al papel que se les reserva a las semicolonias en un eventual conflicto militar con Rusia: ser carne de cañón para los imperialistas. Todos estos incrementos en el gasto militar se ceban principalmente a base de cambios en las cartillas presupuestarias de los estados y suponen recortes en áreas sociales como sanidad o educación: es decir, recortes el salario indirecto de la clase obrera. Esto nos lleva al siguiente punto.
4. Las condiciones de vida de las clases populares se hacen más duras: La inflación y los tipos de interés aumentan, la especulación con la vivienda ahoga la clase trabajadora, y la lucha obrera sindical no es capaz ahora mismo de hacer que los salarios suban al ritmo del incremento del coste de vida. La capacidad del imperialismo de comprar y acomodar capas de la clase trabajadora se va reduciendo drásticamente, provocando un proceso de proletarización general que podemos ver manifestado en muchos ámbitos, no solo en las condiciones de vida sino también en pérdida de autonomía en el trabajo, masificación y proletarización de profesiones pequeñoburguesas que antes eran exclusivas, etc. Este endurecimiento de las condiciones de vida provoca estallidos y revueltas, que se solapan con las distintas protestas de carácter democrático (derechos de las mujeres, colectivo LGBT) y político (como las protestas de solidaridad con Palestina). Esto dificulta la continuidad del gobierno relativamente estable y sin complicaciones al que la oligarquía financiera se había acostumbrado durante el auge neoliberal de los noventa y primeros dos mil.
5. Así pues, la oligarquía financiera necesita de una política interna más agresiva para defender sus intereses: su nueva apuesta es la ultraderecha. Esta fuerza política no es nueva, y ha tenido una relevancia creciente desde la crisis de 2008, reflejando que era una apuesta de cada vez más parte de la mediana y gran burguesía en los países imperialistas. Sin embargo, no ha sido hasta el momento actual en el que pasa a ser la apuesta principal de la oligarquía financiera occidental.
La ultraderecha es necesaria para legitimar la necesidad de defender el país de la amenaza externa, justificar el gasto militar y la participación en guerras, así como dar una explicación populista de la miseria criminalizando a sectores de las clases populares como son las personas migrantes y las disidencias de género. Este ataque frontal contra las minorías busca agudizar las contradicciones en el seno del pueblo y facilitar la implantación de políticas que abaraten la mano de obra, para que salga rentable volver a llevar a la metrópoli industrias que ahora están deslocalizadas en semicolonias que pueden ser más inestables o que añaden costes logísticos a la cadena de producción. Las políticas ultraliberales y negacionistas del cambio climático que propone la extrema derecha buscan relajar la legislación de los países imperialistas para facilitar la explotación de recursos y la fabricación de productos contaminantes en el propio país, retornando también estos elementos anteriormente deslocalizados.
En los países dominados también se da esta dinámica, con Milei en Argentina, Bukele en El Salvador o Noboa en Ecuador y los regímenes ultraconservadores de Europa del Este. Este auge es fruto del incremento del estancamiento y las tensiones internas y externas. La reelección de Trump en el corazón del imperialismo mundial y el despliegue de una política abiertamente reaccionaria es un punto de inflexión en este desarrollo.
4. SITUACIÓN EN ESPAÑA
En España, como el resto de Europa, las posiciones de extrema derecha han ganado peso en los últimos años. Con un discurso similar al del «Make America Great Again», la oligarquía de nuestro país se ha sacado la careta liberal-moderada que llevaba la década pasada y ahora señala a los inmigrantes como responsables de la miseria, ignorando intencionadamente la relación entre la pobreza que se les impone y la criminalidad. Paralelamente, los medios de comunicación introducen la idea de la proximidad de una guerra, ya sea con Rusia o con China, buscando generar una justificación del aumento del gasto militar en la opinión pública. A pesar de tener un gobierno socialdemócrata, el Estado Español ni escapa ni puede escapar de la necesidad de armarse y militarizarse, pues la socialdemocracia [9], aunque se venda como el «mal menor» al servicio de los capitalistas, es tan solo otro representante del bloque burgués. De hecho, en el periodo 2020-2023 el presupuesto militar aumentó en siete mil millones de euros, con Podemos en el gobierno, aunque ahora hagan aspavientos a la cuestión del rearme. Y es que los partidos reformistas pequeñoburgueses como Sumar, Podemos, ERC, Bildu, BNG, o Compromís, de manera más o menos disimulada, acaban apoyando a la militarización para mantener sus posiciones [10, 11], y la critican oportunistamente cuando les conviene [12].
El análisis concreto muestra que el “rearme europeo” no es una respuesta ante una amenaza bélica inminente, sino una respuesta de los imperialistas europeos ante el esquinazo estadounidense a continuar dando apoyo bélico a Ucrania. EEUU ha optado por repartirse Ucrania con Rusia, normalizando sus relaciones para apaciguar uno de sus frentes abiertos para centrarse en Taiwán y Palestina. Esto, a su vez, sirve para empujar a la UE a las posiciones que EEUU demanda: reforzar su capacidad militar, y derechizar sus gobiernos para justificarlo.
Sin embargo, el fortalecimiento de la alianza imperialista de la UE tiene significados distintos para Alemania, Francia o UK: el primero opta por un rearme acelerado sin intervención directa, los dos segundos optan por el despliegue de fuerzas en Ucrania sin dilación. Además, parten de una debilidad intrínseca: la UE nace como herramienta de dominación económica, y no cuenta con los mecanismos adecuados para subyugar fácilmente a los países más débiles en torno a una política de defensa común, ni tampoco las potencias imperialistas europeas cuentan con un área de influencia común que alinee sus intereses.
La oligarquía española no está particularmente interesada en un rearme acelerado, por ello el gobierno de PSOE y SUMAR está combinando un incremento en los presupuestos con hacer una jincana financiera para contar como parte del gasto en defensa del PIB partidas que hasta ahora se veían excluidas (alcanzando así el 2% requerido sin añadir un solo euro).
Estas y otras divisiones y diferencias serán visibles entre los Estados miembros, pero esto no nos debe llevar a equivocación. El “rearme europeo” es fundamentalmente poner los patitos en fila en el frente interior, asegurar su dominación exterior (africana en el caso francés, en Europa del Este en el caso alemán), y prepararse al medio plazo para una escalada en las tensiones interimperialistas. Y esto también será ejecutado en España.
En este nuevo contexto, el régimen de apariencia progresista, cooptador e integrador de las luchas de resistencia para que sean cómplices de la gestión de la miseria capitalista deja de tener su lugar. Es necesario legitimar los sacrificios a realizar por el bien de la nación imperialista. Y es necesario limitar e incluso aplastar todo foco de resistencia que se pueda volver en su contra. Es aquí donde la ultraderecha pasa a ser la mejor apuesta política para la oligarquía estadounidense y europea.
En los países imperialistas: los partidos minoritarios de ultraderecha ganan en influencia, financiación e intención de voto; los partidos conservadores tradicionales se radicalizan; los partidos socialdemócratas abrazan sonrientes su papel de partidos de Estado justificando a las amplias masas obreras la necesidad del rearme; y los partidos reformistas aceptan que “aunque no es el mundo en el que les gustaría vivir, hay que fortalecer la defensa nacional” conforme ostentan un mínimo de cuota en el poder burgués. La derechización del arco parlamentario que observábamos en los últimos años de ha acelerado. Destaca cómo el posibilismo reformista ha ido descafeinando sus apuestas, su posición en el poder ha ido aumentando su cretinismo, y en el transcurso de una década apreciamos discursos socialchovinistas en aquellas formaciones reformistas que sustentan el gobierno central (ERC, SUMAR).
La ultraderecha es instrumental a la oligarquía financiera: permite a la vez (1) poner en disposición a las masas para aceptar los “sacrificios que son necesarios” mientras (2) legitima la represión abierta (legal y paralegal) hacia “disidentes e indeseables”. Con el apoyo de los algoritmos de redes sociales y las grandes cadenas de comunicación han lanzado una ofensiva de criminalización contra los inmigrantes; así como, complementariamente, contra las disidencias de género, con la complicidad de la socialdemocracia. Estas son las piedras de toque para cargar contra toda forma de disidencia: colectivo LGTB, feministas, ecologistas, comunistas e incluso progresistas. Todo aquello “woke”. Esto engarza con su campaña de reclutamiento: ser rebelde es enfrentarse a todo lo anterior, que es parte del “sistema”; generando una peligrosa base de masas.
Es decir, el “rearme europeo” es una campaña para alimentar la ultraderecha: una fuerza política financiada por la oligarquía que actualmente principalmente despliega una actividad cultural para generar un estado de conciencia de las masas para que acepten pérdidas en derechos y libertades democráticas, un recrudecimiento de la explotación, y recortes sociales y en servicios públicos; así como una base de masas reaccionaria movilizable para ejercer presión, que se engarza en una red empresarial y en las instituciones.
Para la creación de esta base de masas, en este entramado han tenido especial relevancia las empresas del sector tecnológico que controlan las principales redes sociales como Meta (WhatsApp, Instagram y Facebook), Google (YouTube) y Tesla (X, antigua Twitter), y los medios de comunicación como refuerzo complementario. Las redes sociales han servido como órganos de propaganda con una capacidad de difusión masiva del nuevo ideario reaccionario muy superior a los de la prensa burguesa y con un efecto más que demostrado en el circo electoral burgués, especialmente entre los hombres jóvenes.
Esta actividad arrastra a la derecha todo el espectro político, de forma que mientras el gobierno de la ultraderecha supone la puesta en práctica de medidas antipopulares abiertas, en su ausencia se van a aplicar las mismas medidas de forma paulatina, secuestrando a las masas en la perspectiva del “esto es lo más que se puede hacer” y “vótame para frenar al fascismo”.
Esto arrastra a todo el arco parlamentario. Cerrar filas para estar en mejor situación de asegurar su dominio tanto dentro como fuera de sus fronteras.
5. LA POSICIÓN DEL PROLETARIADO REVOLUCIONARIO Y LAS TAREAS DE LOS COMUNISTAS
El “rearme europeo” es la respuesta obediente de la oligarquía financiera europea a las exigencias de militarización de la OTAN encabezada por EEUU, así como la primera medida política impuesta por la nueva administración estadounidense, que sirve de buque insignia de la nueva política que impulsa de ahora en adelante la superpotencia mundial a sus aliados. No hay una amenaza inminente de escalada bélica ni de fascismo en los países imperialistas, pero sí un escenario de incremento progresivo de las tensiones interimperialistas y un inicio de la ofensiva hacia los derechos y libertades democráticas, de recorte de los servicios públicos, y de recrudecimiento de la explotación.
Por eso, aunque la oposición a la guerra imperialista (y convertir esta en guerra civil revolucionaria) y desarrollar la capacidad de frenar y combatir el fascismo deben ser cuestiones en las que profundizar por parte del movimiento comunista, no son en absoluto las tareas inmediatas a atender. Más bien, caer en esta perspectiva es poner la alfombra roja al discurso salvavidas de la socialdemocracia y el reformismo, darles aire en sus administraciones miserablemente serviles al capital, que han estado ejecutando la política de la oligarquía con lágrimas de cocodrilo, y permitirles entonar un renovado canto de sirena de “vótame para frenarel fascismo”. En este nuevo contexto, el reformismo pasa de ser el enemigo principal a un enemigo secundario relevante, que no debemos olvidar para limitar su influencia cuando combatimos al enemigo principal representado por la ultraderecha.
Partimos de una situación de debilidad: el sindicalismo obrero está dominado por la aristocracia obrera, la burocracia sindical es servil a la socialdemocracia en el gobierno, los movimientos urbanos populares reúnen a una fracción muy minoritaria de todos los que podrían luchar en sus colectivos, y aquellos críticos con el reformismo se encuentran dominados por perspectivas pequeñoburguesas que les aislan de las masas (radicalismo irrealista, pacifismo performativo). Por ello debemos atender al enfoque por el que podemos pasar de la situación actual a una lucha política abierta contra la reacción, un proceso que sirva a su vez para el fortalecimiento ideológico, político y organizativo de la clase obrera y el pueblo mientras debilitamos al Estado burgués.
Identificamos tres ejes de la lucha de resistencia. Todas ellas deben partir de las formas de lucha actuales, aisladas y locales, incrementar su masividad y contundencia, y dar el salto a ser parte de la lucha política general:
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La lucha obrera sindical contra el recrudecimiento de la explotación en los centros de trabajo: debemos partir de la organización empresa por empresa, comité por comité, que es principal en el momento actual. Las secciones sindicales en lucha deben ser la base para presionar a la burocracia sindical de las grandes centrales sindicales. El objetivo de esta presión debe ser que los sindicatos sean herramientas que sirvan a la lucha política de la clase obrera y el pueblo, sobretodo mirando al medio plazo, con la agudización del contexto y de la lucha, de forma que consigamos forzar que desentierren la poderosa herramienta de la huelga general.
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La lucha de los movimientos urbanos populares en defensa de los servicios públicos y de otras reivindicaciones como el acceso a la vivienda (la limitación de la explotación indirecta, y la defensa del salario indirecto), partiendo de las actuales organizaciones existentes, entre las que destacan las organizaciones vecinales, y recogiendo el legado de las mareas, para sumar a la lucha a cada vez más capas del pueblo, ligando la reivindicación concreta (poner freno a medidas particulares de ámbito local) con las reivindicaciones generales (frenar leyes regresivas, nuevos presupuestos que supongan recortes en partidas sociales, o ausencia de regulación como en el caso de la vivienda) y la lucha política contra los intereses de la oligarquía financiera.
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La lucha popular por las libertades y derechos democráticos. Identificamos actualmente como punta de lanza del discurso reaccionario la criminalización de inmigrantes y personas racializadas, así como complementariamente la persecución de las personas trans. Esta es parte de una ofensiva generalizada contra toda idea progresista. La clase obrera y el pueblo debe combatir la persecución reaccionaria de personas racializadas y trans como parte de una ofensiva contra todo el pueblo. La autodefensa popular se organizará espontáneamente mediante colectivos específicos. Pero además, debemos impulsar la perspectiva en las organizaciones obreras y populares de atender a estas reivindicaciones como parte de una lucha general contra una forma más abierta y cruda de dictadura del capital.
La lucha reivindicativa emerge espontáneamente, pero el sentido común que emerge de ella de forma natural es la perspectiva reformista: cambiar este o aquel aspecto lesivo del sistema actual, que parece factible en un plazo razonable. Ahí es donde las iniciativas parlamentarias, los juegos de trileros de oportunistas varios, la influencia del realismo socialdemócrata y el posibilismo decepcionante del reformismo llevan la lucha a un callejón sin salida bien conocido.
Por ello, es tarea de los comunistas preocuparnos por estructurar los distintos niveles de conciencia que se fraguan en la lucha. En cuanto a los más avanzados de la clase y el pueblo, debemos evitar que su rechazo al reformismo les lleva al aislamiento de la gran masa aún influida de forma significativa por las perspectivas “de izquierda” de la burguesía. Formar organizaciones reivindicativas cuya actividad principal es la crítica frontal al capitalismo hace que estas organizaciones sean estrechas, regalando las amplias masas a la influencia de la burguesía. Más bien todo lo contrario: los elementos más avanzados deben ser organizadores de las amplias masas y propagandistas de las ideas revolucionarias a las capas más avanzadas de las mismas. Las organizaciones de lucha, en su seno, deben ser escuelas de socialismo y escuelas de lucha.
Es a través de una agitación eficaz contra las medidas antipopulares de la derecha burguesa y las afirmaciones hipócritas de la izquierda reformista y socialdemócrata que las organizaciones obreras y populares pueden abrir brecha en la conciencia del pueblo. La educación política debe ser una parte fundamental en la dinámica interna de las organizaciones para elevar y capacitar a los nuevos miembros de los colectivos.
En ausencia de esta agitación eficaz que ponga los puntos sobre las íes, que dé la perspectiva de la clase obrera ante los problemas de las masas (y no un discurso anticapitalista genérico), las medidas antipopulares y el abandono de la clase obrera por parte del bloque burgués están siendo canalizadas en discursos de extrema derecha.
El objetivo de la agitación y educación política de las organizaciones obreras debe ser la ruptura con la ideología oportunista de la burguesía, que se pone y saca la careta progresista según le conviene, y desplegar una política de clase, que ponga los intereses de la clase al frente, que sirva al pueblo en su lucha, y que siente los cimientos para poder transmitir una perspectiva revolucionaria conforme la situación se agrave y el grado de conciencia de la clase obrera y el pueblo hayan avanzado en grado suficiente. Esta es la forma concreta con la que se puede pasar de una lógica derrotista de defender el mal menor hasta la muerte, a una lógica de ataque dispuesta a no dar un paso atrás.
El avance de la capacidad de organización y combate de la clase obrera y del pueblo irá íntimamente ligado al desarrollo del movimiento revolucionario. Este, por definición, es la parte más consecuente e irreductible de la lucha obrera y popular. Y por necesidad, sus miembros más abnegados, capaces y conscientes constituirán el Estado mayor del proletariado para su lucha contra la burguesía para poner fin a toda forma de explotación y opresión. Este Estado mayor es el Partido Comunista. Una organización que se construye nutriéndose de las personas más comprometidas y conscientes en la lucha dentro del movimiento obrero y las luchas sociales.
La situación de tensión en la que vivimos hoy guarda importantes similitudes a la los primeros años del siglo XX, cuando empezaron a burbujear las tensiones entre los imperialistas, se imponía la diplomacia de los cañones en los países dominados, y las distintas oligarquías ojeaban con ansia el dominio colonial de sus rivales. Esta situación desembocó, quince años más tarde, en la primera guerra mundial. Lamentablemente, hoy vivimos una situación de mayor debilidad del movimiento comunista internacional y de menor organización de la clase obrera que entonces. No podemos caer en el ciclo del “mal menor” y de “frenar el fascismo en las urnas”, sino que hay que reforzar las organizaciones de masas, reconstituir el Partido Comunista y, como hicieron los bolcheviques en 1917, ser capaces de transformar la guerra imperialista en revolución cuando esta aparezca.
Referencias
[1] https://www.descifrandolaguerra.es/europa-no-puede-sustituir-ayuda-estadounidense-ucrania
[2] https://www.descifrandolaguerra.es/von-der-leyen-rearme-europeo-800-mil-millones/
[5] https://www.bbc.com/news/world-europe-64346218
[6] https://www.kyivpost.com/post/48997
[9] https://www.publico.es/politica/gasta-espana-defensa-aumentado-presupuesto-anos.html
[10] https://x.com/ElHuffPost/status/1900149173342609631
