No fue la DANA, fue el capitalismo

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Han pasado ya unos meses desde el desastre que asoló Valencia, dejando un total de 219 fallecidos.
El pasado 14 de diciembre organizamos un evento en El Clandestí (València) para analizar lo sucedido. A continuación, proporcionamos un resumen actualizado.

Desde un primer momento, identificamos como principal responsable al gobierno autonómico de Carlos Mazón [1] y a los empresarios que forzaron a sus trabajadores a acudir a los puestos de trabajo en alerta roja. El gobierno central optó por ponerse de perfil mientras que su rival político autonómico se agarraba a “gestionar la crisis”. La ola de solidaridad popular se desarrolló en un contexto difícil: criminizalización de las y los brigadistas, movilización de ultraderechistas y fascistas usando una máscara de caridad, ausencia de movilización de recursos en el País Valenciano y resto del Estado… Lo que convertía al gobierno autonómico en culpable y al gobierno central en cómplice, mientras empresarios con las manos manchadas de sangre salían impunes [2].

El 9 de noviembre se convocó la primera gran manifestación contra Mazón, en la que participamos. Analizamos la postura oportunista de la izquierda parlamentaria, que centraba sus reivindicaciones en conseguir la dimisión de Mazón para ocupar su puesto. Esta movilización no solo fue histórica por su masividad, sino también por el grado de combatividad que alcanzó en algunos de sus puntos, y en la que participamos tratando de no solo exigir responsabilidades a los culpables, sino demandando las medidas urgentes e indispensables que eran (y siguen siendo) necesarias para la reconstrucción [3,4]

Sus beneficios, nuestros muertos

El 29 de octubre de 2024, las lluvias torrenciales provocaron súbitas inundaciones que excedieron la capacidad de los barrancos. En particular en l’Horta Sud, un maremoto terrestre apareció de repente, sin ninguna evacuación ni alerta previa para los habitantes. La “gota fría” o DANA es un fenómeno natural que cada vez se presenta con mayor virulencia a causa del cambio climático, producto del capitalismo.

El desbordamiento del barranco del Poio se produjo en forma de ola que arrastraba todo a su paso, inundando así varios municipios valencianos que llegaron hasta los dos metros de altura en sus garajes, bajos, casas y comercios, en algunos puntos inundando también las primeras plantas. El agua que bajaba veloz arrastraba barro y cañas, y conforme aumentó su caudal, también vehículos, señales, y todo lo que arrastraba a su paso. En su hora punta, el caudal del barranco superaba el del Nilo [5].

A pesar de los protocolos, no había habido ninguna alerta de evacuación o para subir a lo alto. Había colegios que proseguían su actividad extraescolar normalmente. Como es costumbre en la zona cuando llueve, muchos vecinos bajaban a los garajes de subsuelo para sacar sus coches para evitar que se vieran dañados si se inundaban. A excepción de los técnicos del servicio de emergencias que desde la mañana daban la señal de alerta y los cargos del gobierno autonómico que la ignoraron, nadie sabía de la gravedad de la situación. Ante las impactantes imágenes que retransmitía la TV autonómica pública, se produjo un apagón informativo decretado por el gobierno autonómico.

Llegó la noche, las luces y las comunicaciones no funcionaban, personas arrastradas por la corriente fueron rescatadas por los vecinos como se pudo. En otras ocasiones, no pudieron rescatarlas. Las horas pasaron y sus gritos de socorro cesaron. La mañana del miércoles permitió ver las dimensiones de la catástrofe.

La solidaridad popular es nuestra mejor arma

Los montones de coches, barro y ramas tapiaban las calles y las entradas de los domicilios. Algunas paredes habían cedido y ponían en peligro la estabilidad de los edificios. Los reporteros a nivel estatal relataban que se trataba de una catástrofe que había pasado a unas pocas casas construidas en suelo inundable. El Estado comunicaba que todo estaba bajo control. A nivel internacional se hablaba de una catástrofe sin precedentes en la historia reciente de España.

Pasó todo el miércoles sin prácticamente ningún despliegue de emergencias para abarcar las 75.000 personas severamente afectadas, con otras 450.000 afectadas directamente y otras 350.000 afectadas indirectamente [6].

El jueves decenas de miles de voluntarios cargados de suministros y con herramientas de trabajo fueron a pie a las zonas afectadas, llevando agua, comida, ropa y medicamentos a las zonas afectadas, abriendo paso en las calles y despejando las entradas y plantas bajas de las viviendas. Los tractores y todoterrenos de particulares eran la única maquinaria pesada presente. Personas de todos los puntos del Estado español acudieron a ayudar. Esta respuesta espontánea solidaria de las masas, cobró muchas formas. No solo las brigadas y las filas de miles de voluntarios que acudieron a nivel particular, que acabamos de mencionar, sino la formación de nuevos colectivos vecinales en las zonas afectadas, o la actuación de otras ya existentes. Un ejemplo de esto es el Kolectivo Parke, una coordinadora de colectivos que llevó a cabo una gran labor en la reconstrucción del Parque Alcosa, una zona habitada por capas populares muy afectada por la DANA, allí donde las instituciones burguesas no llegaron. Además, ya analizamos el incremento del precio de la vivienda en todo el área metropolitana de València, y cómo la oligarquía aprovecharía la situación para especular con el precio de la vivienda. Al hilo de esta situación, ya van saliendo los primeros colectivos y sindicatos vecinales en los municipios afectados, que consideramos de gran potencialidad de cara al movimiento de masas por la vivienda, siendo ya la contradicción principal en las zonas donde habitan las amplias masas.

Además, Mazón y el resto del gobierno autonómico criticó a los brigadistas, amenazó con sanciones y con restricciones de movilidad. La oleada de voluntarios siguió viernes, sábado y domingo, incansables durante el puente de final de Noviembre. Desoyeron las indicaciones que llegaban del gobierno de no acudir en ayuda del pueblo y se enfrentaron al aparato represivo del Estado, acudieron en masa a achicar agua, limpiar barro, transportar comida, reparar casas, sacar coches… Todo lo que tendría que haber hecho el gobierno desde el principio fue realizado por un pueblo organizado autónomamente, del cual ya emanaban protestas legítimas en contra de la gestión pésima que se hizo. Es desde algunos de estos centros autoorganizados desde donde comienzan a salir las primeras ideas de manifestarse.

El oportunismo parlamentario es enemigo del pueblo, aplicamos la línea de masas para organizar el pueblo para luchar

El 1 de noviembre ya se había emitido una convocatoria conjunta por una veintena de organizaciones, algunas de ellas financiadas abiertamente por la izquierda parlamentaria. El 9 de noviembre se marcharía bajo el lema “MAZÓN DIMISSIÓ” en una manifestación silenciosa con el pretexto de respeto a las víctimas. Es en este punto donde algunos colectivos rompen con esta coordinadora ante los argumentos derechistas como “hay que centrar la crítica en Mazón para ganar el apoyo del PSOE” a pesar de la inacción manifiesta por parte del gobierno central de Pedro Sánchez o el borrado de los mensajes de las opiniones críticas por parte de la administración del grupo coordinador (como relatamos en [4]). Se comienzan a formar bloques propios críticos independientes, principalmente desde el movimiento vecinal (sindicatos y asambleas de barrio).

La izquierda parlamentaria reformista quería hacer de esta manifestación una mera caza de brujas acusando como único y exclusivo culpable a Carlos Mazón, el presidente de la Generalitat Valenciana. Pidiendo su cabeza pretendían ser ellos quienes le sustituyeran, aprovechando esta catástrofe para hacer campaña. Es por esto, que en conjunto con otros partidos y organizaciones lanzamos el grupo “Prenem els carrers”, que pretendía aglutinar de forma amplia a todos los elementos medios y avanzados que quisieran participar del debate y propuesta de cara a la manifestación y que llegó a tener hasta 400 miembros en su grupo telemático. Es en este espacio donde comienza a abrirse el debate, y no solo se señala al gobierno autonómico por negligencia, sino también al gobierno central por jugar a los trileros con las competencias, convirtiéndose en cómplices de la pésima gestión de la tragedia, y a los empresarios que no solo obligaron a sus empleados a trabajar, sino que se hicieron de oro con la tragedia como Juan Roig.

Además, también vimos cómo se legitima la violencia contra el Estado en momentos de crisis, ya que pudimos observar cómo se vandalizaba el ayuntamiento con petardos, pirotecnia, barro, spray y otros elementos ante la incapacidad de la policía de reprimir una masa tan grande de personas. Vimos durante la manifestación cómo es posible organizar a todo el pueblo para luchar, y esta experiencia táctica de frente unido es experiencia muy valiosa para nuestro joven partido para entender la naturaleza y relevancia estratégica del Frente Unido.

La miserable respuesta del gobierno burgués

Durante los días posteriores a la manifestación, Carlos Mazón no solo no dimitió, sino que además se fortificó en el poder mediante todas las maniobras políticas clásicas de la democracia burguesa: puso en un puesto de responsabilidad a un militar [7], adjudicó a dedo contratos para la reconstrucción a empresarios condenados por corrupción [8] y eliminó topes salariales a los cargos públicos [9]. Por otro lado, la izquierda parlamentaria sigue utilizando esta tragedia para sacar redito político, llamando a las manifestaciones con un solo lema: “Mazón dimisión”, mientras que la situación en los municipios afectados es de un desamparo total. Es en este contexto donde una nueva manifestación masiva de unas 100.000 personas llena las calles de Valencia el 29 de noviembre con el discurso de estos partidos, mucho menos combativo y propositivo. El 29 de diciembre una tercera manifestación recorre la ciudad con 80.000 manifestantes.

Poco a poco, la emergencia deja de serlo, los voluntarios deben volver a sus trabajos y el Estado se hace cargo del todo de la situación. Existe la capacidad industrial y de producción para reconstruir rápidamente las zonas afectadas, existe infraestructura hotelera para alojar a las víctimas temporalmente Sin embargo, nos encontramos que movilizando exclusivamente a la UME (un cuerpo militar para emergencias que puede ser convertido en represivo fácilmente) y a la policía, ya varios meses después. La situación sigue siendo desoladora: infraestructura de ferrocarriles inexistente, problemas con el agua corriente y sistema de canalizaciones, polvo, barro y agua estancada por doquier (con los problemas respiratorios que acarrea), cementerios de automóviles a pie de municipio que se incendian [10], la gran mayoría de los ascensores operando (con listas de espera de hasta un año), el reparto de comida con colas eternas, y en el caso de personas con dificultades de movilidad funcionando en base voluntarios, sótanos que siguen anegados, bajos pendientes de apuntalar y derrumbes. Las ayudas de las que tanto se sacó pecho no están llegando [11] (a fecha de 27 de diciembre solo se había percibido el 5% de las ayudas prometidas anunciadas, a excepción de las rápidas ayudas a autónomos y empleados de Mercadona que Juan Roig ha hecho llegar con tremenda avidez para contrarrestar la mala imagen que había cosechado durante la DANA). Esta situación no hace más que demostrar lo que sabíamos: la DANA no ha sido el problema, el verdadero problema está siendo el capitalismo, que impide que las herramientas de las que disponemos, como país principalmente constructor, no se pongan al servicio de las necesidades del pueblo.

Como ya se apuntó y se ha indicado en este artículo, la catástrofe se va a utilizar y se está utilizando por la oligarquía y sus gobiernos para profundizar en la especulación inmobiliaria, haciendo todavía más insostenible la situación en materia de vivienda para las masas populares. Se están dando compras por parte de grandes inmobiliarias y fondos buitre a precios ridículos de personas afectadas, para venderlas más caras a gente que necesite otra vivienda. A este respecto, cabe mencionar el nuevo decreto que permite construir en las zonas afectadas. Este decreto, no solo no va a mejorar la situación de acceso a la vivienda, ya que no toca absolutamente nada con respecto al precio sino que lo va a empeorar, ya que permite construir en zonas anteriormente protegidas de la huerta. Si bien gran parte de la catástrofe se debe a que ya, durante el plan Sur, se construyó masivamente en zonas inundables, esta ley lo empeorará todavía más si en algún momento, en un futuro, se vuelve a dar una situación similar.

La naturaleza del capitalismo se encuentra al descubierto. La desconfianza de las masas en la democracia de la burguesía aumenta. Pero ante ello, no faltan el discurso rastrero de la derecha en el gobierno autonómico sobre la inevitabilidad del desastre y su excelente gestión, tampoco la hipocresía oportunista de la izquierda parlamentaria desde el gobierno central o desde la oposición. Y en la crítica a la democracia burguesa, vemos cómo intenta sacar tajada la escoria racista y los acólitos del fascismo. Por ello, estamos en un momento muy relevante donde desplegar la agitprop revolucionaria: en el que señalar verdaderamente que no ha sido la DANA, ha sido el capitalismo; que las víctimas mortales podrían haberse evitado y que la reconstrucción podría estar ya prácticamente completa si se organizara la producción de acuerdo a las necesidades e intereses del pueblo y de la clase obrera. Y para ello, es necesaria la revolución.

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