Venezuela: frente a la agresión abierta, resistencia antiimperialista e internacionalista

1.- Intervención militar y pugna interimperialista

En los últimos meses, la ofensiva contra Venezuela impulsada por Estados Unidos ha escalado de manera constante hasta desembocar en una intervención militar directa y en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas estadounidenses. Esta operación, ejecutada a comienzos de enero bajo el nombre de Operation Absolute Resolve, incluyó bombardeos sobre infraestructura y una incursión en Caracas por unidades de élite del ejército estadounidense, causando 81 víctimas mortales, que terminaron con Maduro y Flores siendo secuestrados del país y trasladados a Nueva York para enfrentar cargos judiciales en tribunales federales,  una acción que constituye una clara violación de la soberanía venezolana y un ejemplo flagrante de cómo el imperialismo impone por la fuerza sus intereses sobre los pueblos.

El secuestro ha sido el desenlace final de meses de presiones económicas y militares, incluyendo el aumento de sanciones y el bloqueo al comercio de petróleo, ataques a embarcaciones vinculadas al país, despliegues de buques de guerra, ejercicios militares en el mar Caribe y una constante retórica belicista bajo pretextos como la “lucha contra el narcotráfico” o la “defensa de la democracia”. Todas estas maniobras buscaban debilitar sistemáticamente al gobierno venezolano y preparar el terreno para una intervención que, en términos estratégicos, favorece la sumisión del país al servicio de los intereses del capital financiero estadounidense y sus grandes petroleras multinacionales.

En este sentido, el ataque a Venezuela no puede entenderse como un hecho aislado, sino dentro del contexto de creciente fascistización y pugna interimperialista. En Estados Unidos, y de manera desigual en Europa, avanzan procesos reaccionarios caracterizados por la restricción de derechos democráticos y el fortalecimiento del aparato represivo [1]. La ofensiva contra Venezuela responde a las necesidades estratégicas de la oligarquía financiera estadounidense:consolidar su influencia sobre los países dominados en detrimento de China, proyectar poder en un escenario global de competencia entre potencias y controlar recursos estratégicos. Tras la captura, el gobierno estadounidense fue especialmente explícito en sus declaraciones, defendiendo abiertamente el uso de la fuerza y afirmando su autoridad sobre Venezuela. Desde esta perspectiva, la operación no es solo un episodio de intervención militar, sino una manifestación de cómo el conflicto interimperialista y el ascenso de tendencias reaccionarias se entrelazan con los intereses del capital, reafirmando el control de Estados Unidos sobre lo que históricamente ha considerado su ‘patio trasero’, América Latina.

Mientras tanto, el silencio, la tibieza o las respuestas formales de otras potencias y supuestos aliados internacionales han sido instructivas. China y Rusia han condenado el hecho como una violación del derecho internacional, pero sin lanzar acciones concretas más allá de declaraciones oficiales. En la Unión Europea, las instituciones y gobiernos han repetido llamados a la “contención” o al respeto de normas diplomáticas tradicionales, pero sin una crítica firme ni medidas para contrarrestar el cerco económico y político impuesto sobre Caracas. Ello evidencia la dependencia estratégica con respecto a EEUU, no tanto impuesta sino asumida, basada en intereses imperialistas compartidos y en el cálculo de que la alineación coyuntural con la potencia americana permite a las élites europeas proteger sus inversiones, conservar influencia regional y evitar choques abiertos que perjudiquen su propia posición en el orden imperialista. En el caso de España, aunque el Gobierno ha tratado de proyectar una posición relativamente más crítica, ha insistido en una salida negociada y en su papel como mediador, una práctica ya habitual en la política exterior española [2]. Esta orientación responde a la defensa de intereses propios en la región y a la voluntad de preservar capacidad de interlocución, sin cuestionar de manera sustantiva las relaciones económicas y estratégicas que vinculan a España y sus monopolios tanto con Venezuela como con el bloque occidental en su conjunto. No obstante, a la reunión del día 9 de enero convocada por el Gobierno de EEUU con representantes de los monopolios energéticos, Repsol acudió sumisa y desecha en halagos hacia Trump para ver qué podía rapiñar del expolio venezolano [3].

Consideramos que en la coyuntura actual, esta agresión debe entenderse como la contradicción principal que atraviesa el país, ya que condiciona el conjunto de las relaciones de poder regionales y determina la capacidad del pueblo venezolano para defender su independencia y avanzar hacia una salida genuinamente revolucionaria. Los enfoques que tienden a colocar en un mismo plano, de manera abstracta, las contradicciones internas de Venezuela y la agresión imperialista, desdibujan la raíz del conflicto y su inserción concreta dentro del sistema imperialista mundial, oscureciendo la naturaleza del desafío histórico que enfrenta hoy el pueblo venezolano, que no es otro que resistir la subyugación imperialista como condición para cualquier transformación revolucionaria de la sociedad.

2.- La encrucijada del poder en Venezuela

El secuestro de Nicolás Maduro ha colocado al bloque de poder venezolano en una situación de extrema tensión y fragilidad volviendo a situar en primer plano la cuestión central de la política venezolana contemporánea: la confrontación entre una nación históricamente oprimida y el imperialismo, principalmente el estadounidense. No obstante, esta ofensiva imperialista no irrumpe sobre un terreno estable, sino que actúa como un acelerador de contradicciones previas que encerraba el proyecto chavista.

Como ya señalamos en análisis anteriores [4], el bloque chavista se consolidó como una alianza histórica de clases en la que una burguesía nacional dominante y una burguesía burocrática en ascenso lograron desplazar y debilitar a la burguesía compradora tradicional. De este proceso emergió un régimen específico que, durante un periodo prolongado, ha gobernado el país y ha reconfigurado la correlación de fuerzas sociales mediante formas propias de ejercicio del poder, organización del Estado y apoyándose en un sistema de ideas propio (“socialismo del siglo XXI”), aun sin transformar en lo esencial las relaciones de producción capitalistas.

En este marco, Venezuela se distinguió del resto de países latinoamericanos por la profundidad alcanzada en la movilización y organización política del pueblo: se impulsaron las comunas como instancias de base del poder popular, se promovió la conformación de una milicia popular en el marco de la doctrina de “defensa integral” (posteriormente institucionalizada como Milicia Nacional Bolivariana) y se desarrolló una educación política antiimperialista de masas. Este proceso dio lugar a un régimen en el que la burguesía compradora no ocupa la posición dominante y cuyos márgenes de soberanía se han sostenido, en parte, gracias al control estatal de recursos estratégicos como el petróleo. Este régimen es cualitativamente distinto y no comparable a gobiernos “progresistas” en Sudamérica como el de Petro o el último de Lula, que no han cambiado en lo fundamental la alianza burguesa gobernante en el país.

Ello permitió a Venezuela mantener una política exterior relativamente independiente y evitar una subordinación económica plena tanto respecto de Estados Unidos como, en otro plano, de potencias como China o Rusia, pese a las relaciones políticas y comerciales existentes. Por esta razón, y pese a su carácter explotador en tanto que régimen burgués y a su progresiva burocratización, el bloque de poder venezolano ha ejercido durante más de dos décadas una resistencia real —aunque cada vez más limitada y profundamente contradictoria— a la subyugación política directa por parte de Estados Unidos. Esa resistencia es, precisamente, lo que explica la violencia de la ofensiva actual y el salto cualitativo que supone el secuestro de Maduro y las concesiones del gobierno de Delcy.

Otro factor relevante a tener en cuenta es que, desde los últimos años del gobierno de Chávez y, con mayor nitidez, a partir del ciclo de crisis abierto entre 2014 y 2016 (marcado por el desplome de los precios del petróleo y el endurecimiento de las sanciones), el chavismo bajo el gobierno de Maduro mostró una tendencia creciente a la desmovilización popular, a la subordinación de las comunas y de los mecanismos de poder popular al aparato estatal y al PSUV, y en no pocos casos, la represión de sectores obreros y populares [5], así como a una gestión cada vez más tecnocrática y defensiva de la crisis.

De este contexto, la burguesía burocrática ha venido cumpliendo objetivamente, en momentos de confrontación con las fuerzas imperialistas, una función defensiva frente a la injerencia directa, aunque de manera inestable y profundamente contradictoria, actuando como uno de los diques que han frenado la plena restauración del poder de la burguesía compradora y del capital estadounidense. Sin embargo, la continuidad de esta dinámica bajo el gobierno de Delcy Rodríguez está lejos de estar garantizada. El relevo en la dirección ha venido acompañado de contactos directos con el aparato imperialista estadounidense, incluidos encuentros con altos responsables de la inteligencia de EEUU y gestos explícitos de apertura a una cooperación económica y de seguridad. Esta dinámica revela tensiones internas profundas dentro del nuevo gobierno, entre un ala tecnocrática-pactista que apuesta por estabilizar el régimen mediante concesiones controladas y un sector más ligado al aparato militar y a la retórica histórica de confrontación, que percibe estos movimientos como una amenaza de descomposición interna.

Al mismo tiempo, EEUU parece actuar con cautela. Consciente de las experiencias acumuladas de conciencia y organización antiimperialista en amplios sectores del pueblo venezolano, por ahora no busca (al menos en esta primera fase) una ruptura abrupta que derive en un conflicto difícil de gestionar. Su apuesta inicial parece orientarse a un continuismo tutelado: preservar un chavismo descafeinado, despojado de su filo antiimperialista, pero todavía capaz de garantizar gobernabilidad, control territorial y una transición ordenada que retire las condiciones y restricciones a la entrada ampliada del capital estadounidense sin desatar una resistencia popular de masas.

Esta deriva expresa el peligro de que una parte de esa burguesía aspire a transformarse firmemente en burguesía compradora, abandonando el conflicto con el imperialismo a cambio de preservar su posición de clase. No obstante, este proceso no está cerrado ni es lineal. En ese marco, hay que desafiar al gobierno venezolano a ser consecuente con su supuesto planteamiento antiimperialista y popular, exigiéndole transparencia respecto a los términos de cualquier negociación con Estados Unidos; una oposición tenaz a la tutela estadounidense; la ampliación de libertades reales para el pueblo y la profundización de los mecanismos de decisión directa; la liberación de luchadores del pueblo; la adopción de políticas que limiten efectivamente el poder de la burguesía extranjera y compradora; y que estas limitaciones se apoyen en la movilización de las masas organizadas y no en acuerdos de cúpula. Todo ello tiene como objetivo que los sectores consecuentes del chavismo vinculados al Estado realmente sirvan de apoyo a la iniciativa del pueblo y se desliguen del capital extranjero y comprador.

Desde la perspectiva de la clase obrera y los sectores populares, la agudización de estas contradicciones también abre un campo de oportunidades. La defensa incondicional de la soberanía nacional frente a la agresión imperialista no puede reducirse a subordinarse políticamente a la burguesía burocrática ni a renunciar a una crítica de su carácter de clase. Si bien el movimiento comunista venezolano continúa disperso y a la defensiva, sin que se hayan arraigado las tesis sobre la necesaria reconstitución del Partido Comunista, esta situación subraya a su vez la urgencia de que el proletariado consciente asuma la iniciativa de la revolución, organizándose para comprender y enfrentar el conjunto de contradicciones que atraviesan el país. La tarea no consiste en preservar la alianza de clases burguesas en el poder, sino en superar sus límites, fortalecer la movilización popular y garantizar que la resistencia antiimperialista no se traduzca en la recomposición de la burguesía compradora, sino en un impulso de reorganización política y social profunda, capaz de orientar la lucha hacia la liberación nacional y social.

3.- Internacionalismo frente a la agresión imperialista

Desde quienes vivimos y militamos en las potencias imperialistas, nuestras tareas durante esta situación pasan por combatir la injerencia desde el interior de los países que la sostienen, romper el consenso imperialista, y orientar la movilización popular en clave antiimperialista e internacionalista. En este marco se inscriben las exigencias y orientaciones que siguen:

En primer lugar, exigimos la retirada inmediata de cualquier forma de presencia militar estadounidense, directa o indirecta, del espacio soberano venezolano, así como el cese de toda injerencia política, económica y diplomática destinada a condicionar la libre determinación del país.

Asimismo, denunciamos estas prácticas como parte de una estrategia sostenida de dominación imperialista mediante la cual Estados Unidos pretende reafirmar su control sobre “su hemisferio”. Una política que no solo amenaza a Venezuela, sino también a países como Colombia, Cuba y otras naciones del Caribe, y que incluso busca proyectarse sobre otros territorios estratégicos, como demuestra su creciente presión sobre Groenlandia.

En este marco, exigimos igualmente el fin inmediato del bloqueo económico impuesto a Venezuela y a Cuba, que se presenta y se justifica como una “sanción”, cuando en realidad funciona como un arma de guerra cuyo objetivo explícito es provocar el colapso social y material de estos países para forzar un cambio de régimen acorde a los intereses de Washington, castigando de manera directa y sistemática a las clases populares en el proceso.

La política de agresión estadounidense no se sostiene únicamente por su propia capacidad de coerción, sino también gracias al respaldo político, logístico y diplomático de sus aliados, que participan de esta estrategia, se benefician de ella y la legitiman, incluso cuando no la dirigen de manera directa. En este sentido, exigimos un posicionamiento político claro frente al imperialismo estadounidense, que suponga el abandono de la subordinación estratégica que hoy define la política exterior de las potencias europeas, entre las que se encuentra España. Esto implica romper las relaciones de colaboración militar y política con Estados Unidos que sostienen y refuerzan sus agresiones, mediante el cese de las operaciones militares conjuntas, de los planes de entrenamiento militar y policial, así como las múltiples iniciativas diplomáticas que actúan como correa de transmisión de la agenda estadounidense en el ámbito internacional.

Al mismo tiempo, exigimos que los países europeos rompan con el bloqueo económico contra Venezuela y contribuyan activamente a su desmantelamiento. En el caso del España, esta exigencia implica poner fin a la actual posición hipócrita de beneficiarse parcialmente del bloqueo, que busca comerciar solo en aquellos márgenes que permiten las sanciones estadounidenses, aprovechando las debilidades impuestas a Venezuela, mientras se acepta y legitima el marco general de asfixia económica. No se trata de abrir paso a los monopolios españoles ni de aumentar la extracción de capital sobre los recursos venezolanos (sobre todo del petróleo), sino de poner fin a una política que convierte el bloqueo en una oportunidad de negocio y profundiza la dependencia económica como instrumento de dominación política.

Por último, también es importante entender que la política venezolana ha tenido un impacto notable en España y en las organizaciones de izquierda, tanto por la atención mediática y política que genera como por el gran número de venezolanos residentes en el país, lo que influye en los debates públicos y el carácter de las manifestaciones y protestas locales. En este contexto, como comunistas entendemos que esta batería de exigencias debe entenderse principalmente como una orientación política que sirva para impulsar acciones de protesta y concienciación que acerquen a las masas a posiciones antiimperialistas, fortalezcan las organizaciones populares y contribuyan a la construcción partidaria.

Partiendo de esta base, consideramos que la clave está en aprovechar la movilización de quienes rechazan la intervención militar, desde sectores que se identifican más decididamente como antiimperialistas (ya sean más o menos críticos con el chavismo o de orientación más ecléctica), hasta otros sectores menos politizados que pueden incorporarse a una posición antiimperialista en función de la coyuntura y la experiencia concreta. Al mismo tiempo, es necesario aislar políticamente a quienes simpatizan o justifican la agresión externa, sin confundir esta posición con pasar a ser parte de la reacción y enemigos de clase. Por frustración, desinformación o resentimiento, existen sectores que pueden llegar a aplaudir la intervención estadounidense sin actuar de forma organizada para sostenerla. Su postura debe ser confrontada y discutida, sin caer en la estigmatización automática, comprendiendo sus preocupaciones reales, identificando los argumentos que la reacción utiliza para arrastrarla contra los intereses populares y dotándonos de medios y estrategias que impidan que sectores amplios sean captados por el campo del imperialismo. Por último, nos encontramos con una reacción organizada compuesta por burgueses, intelectuales, medios de comunicación y organizaciones políticas que trabajan de manera sistemática para debilitar la capacidad de decisión autónoma de Venezuela y reforzar la intervención imperialista. Estos sí actúan como enemigos conscientes y activos del pueblo y deben ser combatidos con firmeza.

Por todo ello entendemos que el internacionalismo no debe ser una consigna abstracta, sino una práctica concreta, consistente en debilitar al enemigo en casa, fortalecer la conciencia antiimperialista y contribuir, desde nuestras propias luchas, a la defensa de los pueblos agredidos y a la construcción de una alternativa revolucionaria.

¡Por la independencia de los pueblos!

¡Contra la agresión imperialista y el capital!

¡Solidaridad internacionalista con Venezuela!

Referencias

[1] Procesos que analizamos en mayor detalle en Análisis y orientación de lucha ante el rearme europeo y el reciente Análisis sobre el avance del fascismo y la ofensiva reaccionaria: https://revolucion-prt.es/rearme-europa-2025/ y https://revolucion-prt.es/analisis-sobre-el-avance-del-fascismo-y-la-ofensiva-reaccionaria/

[2] Véase las maniobras del PSOE-Sumar en relación al asilo a figuras de la derecha venezolana, como explicábamos en nuestro comunicado de hace algo más de un año: Edmundo González, otro Guaido proclamado a dedo por el parlamento de España https://revolucion-prt.es/edmundo-gonzalez-proclamado-dedo-espana/

[3] “Repsol parte con ventaja en la nueva tutela impuesta por EE UU en Venezuela”: https://archive.ph/U67wX

[4] Véase nuestro análisis sobre el Chavismo: Qué fue y qué es el chavismo y por qué el imperialismo trata de derribarlo https://revolucion-prt.es/analisis-chavismo-2024/ En esencia, consideramos que dicho artículo es correcto en su análisis histórico. Sin embargo, también reconocemos que algunas afirmaciones sobre el carácter del gobierno venezolano y de la burguesía nacional requieren corrección, ya que la contradicción principal sigue siendo la confrontación con el imperialismo y no se reduce a definiciones abstractas de “progresista” o “reaccionaria”.

[5] En 2017 ya avanzabamos la posible ilegalización del Partido Comunista de Venezuela, que finalmente ha sido intervenido judicialmente en 2023 (Comunicado sobre la probable ilegalización del Partido Comunista de Venezuela https://revolucion-prt.es/comunicado-sobre-la-probable-ilegalizacion-del-partido-comunista-de-venezuela/)

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