Edmundo González, otro Guaido proclamado a dedo por el parlamento de España

Hace unos días el candidato a la presidencia de la derecha venezolana, Edmundo González, huía del país para recibir el asilo en España, mientras que el Congreso de los Diputados –a propuesta del PP- aprobaba recientemente que el Gobierno de España le reconozca como presidente electo del país. Como era de esperar, este proceso ha sido utilizado por la clase burguesa y sus medios para ensalzar las virtudes de la “democracia occidental”, que se alza como salvaguarda máxima de los derechos y libertades de los ciudadanos de aquellos pobres países que son incapaces de “autogobernarse”. Frente a esa barbarie caótica y tercermundista del país bananero, las principales potencias imperialistas utilizan la oportunidad para hacer gala de la solidez de sus instituciones democráticas, su respeto por los derechos humanos, y los valores de sus Estados de derecho. Y es que, el acogimiento por parte del imperialismo más civilizado de todo tipo de disidentes y freedom fighters provenientes de alguna semi-colonia renegada o potencia imperialista enemiga siempre ha sido una buena herramienta propagandística.

No obstante, como ya comentábamos en nuestro comunicado reciente sobre Venezuela, los comunistas entendemos que hablar de la democracia en abstracto desdibuja la cuestión de fondo: ¿A quién beneficia esa supuesta “democracia”? La democracia burguesa, como toda forma de Estado, representa una forma de dominio de una clase sobre otra, y en este caso la clase capitalista ha entendido perfectamente que afianzar el dominio de los monopolios y del capital financiero a costa del desarrollo productivo de otros países permite reforzar su posición de clase y continuar la acumulación de capital. Si bien en la política doméstica española puede existir cierta controversia sobre el grado de belicosidad con el que el Gobierno debería apoyar a la oposición venezolana o la forma más apta para disciplinar a la semi-colonia, ambas patas del capital tienen claro que lo que ocurra no dependerá de la voluntad del pueblo venezolano o español, sino de los intereses de la oligarquía financiera. En este sentido, tanto la estrategia del PP y sus socios de agitar machaconamente al Gobierno en torno a la cuestión de Venezuela, como la posición del PSOE-Sumar por presentarse como el agente dialogante que es capaz de asegurar la entrada de Edmundo González en España –enarbolando la figura de Zapatero como mediador- no dejan de ser las dos caras de la misma moneda de una clase burguesa cínica y oportunista, que no tendría reparo en dejar de lado el fetichismo por la legalidad y el proceso electoral burgués para asegurar su poder, como vemos constantemente con el torrente de ataques a los derechos democráticos de asociación, expresión o de autodeterminación mediante infiltraciones, persecuciones y brutalidad policial.

En lo que respecta al propio Edmundo González, solo cabe decir que aunque desde el Gobierno se ha intentado ensalzar su figura como “un héroe” –palabras de Pedro Sánchez- su elección como candidato de la Mesa de la Unidad Democrática fue realmente fruto de la pugna interesada entre los diferentes sectores de la derecha opositora venezolana, eligiendo a González como candidato de consenso tras la denegación de otras candidaturas como la de Corina Machado o su sustituta Corina Yoris. De hecho, es el ala más beligerante de la ultraderecha, representada actualmente por María Corina Machado, quién ha ido marcando por ahora los tempos y posicionándose como la verdadera líder de las aspiraciones de la burguesía compradora, presionando para que otras candidaturas de la derecha como Manuel Rosales declinase su candidatura en favor de la de González, agitando las calles para derrocar el gobierno, y asegurando que se “luchará hasta el final”. Puede que González, más cercano a los posicionamientos tradicionales de la vieja guardia de la oposición, vea poco futuro en esa hoja de ruta, y eso haya motivado su marcha, o simplemente prefiera mantener un perfil más bajo y acomodado en Madrid (como ya ocurrió con Antonio Ledezma, Leopoldo López o Luisa Ortega), dejando que Corina Machado acapare el protagonismo, evitando que se repita el debacle del “presidente electo” Juan Guaidó.

La derecha venezolana espera que, de aquí a enero –cuando el presidente debe tomar posesión del cargo- se hayan generado las condiciones propicias para acentuar las contradicciones del gobierno venezolano y que alguna camarilla militar o corriente interna fuerce la salida de Maduro, que sin duda será aceptada rápidamente como transición perfectamente democrática por las principales potencias imperialistas que tienen sus ojos sobre la riqueza del país y donde España no se quedará atrás, como ya demostró con su apoyo al intento de golpe de 2002. Como comentábamos un nuestro artículo sobre el chavismo, por ahora el régimen de Maduro parece haberse ganado la fidelidad de la burguesía burocrática del país, pero no se puede negar que el proyecto chavista ha ido perdiendo también el apoyo de cada vez mayores secciones de las clases populares que en algún momento estuvieron ligadas al proyecto de transformación de la burguesía nacional. Frente a la farsa de la “transición democrática” o el “cambio de régimen” auspiciado por el imperialismo, solo cabe defender que la verdadera vía de liberación del pueblo venezolano para deshacerse de la dominación imperialista pasa porque el proletariado, junto con el campesinado y  otras capas progresistas, lleve a cabo una revolución de Nueva Democracia que enlace con la construcción de un socialismo realmente efectivo.

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