¡Desbordemos la huelga general!

Tras casi 15 años se ha convocado una huelga general por parte de las principales centrales sindicales. Esta huelga ha sido posible gracias a la presión que han ejercido los movimientos sociales, en especial el de vivienda. Indudablemente, es una gran victoria y abre una ventana de oportunidad para agudizar la lucha de clases en España. Esta huelga tiene la potencialidad de conseguir:

  1. Que los partidos de izquierda electoral, si gobiernan, tengan que regular más a fondo la cuestión de la vivienda.

  2. Que los partidos de derecha, si gobiernan, no puedan pisar el acelerador y empeorar más todavía la situación de la vivienda dando manga ancha a los especuladores y los desahucios.

Nuestro papel debe ser hacerla desbordar, convertir la indignación en organización y lucha, gobierne quien gobierne. Podremos medir el éxito de la huelga en tanto que sirva como gran evento de politización que fortalezca la organización obrera y popular y eleve su nivel de conciencia. El nivel de conciencia a generalizar es que la lucha es el único camino, y al frente de esta consigna de masas, en su segmento más avanzado, que el sistema capitalista solo tiene una solución: la revolución.

¡No permitamos la instrumentalización de la huelga!

La patronal está tratando de invalidar esta huelga alegando que se ha convocado por motivos políticos. Para ser claros, es perfectamente legítimo que una huelga pelee reivindicaciones políticas, pero las reivindicaciones de esta huelga son principalmente económicas. La subida general de los precios, y en particular el precio de la vivienda, es sangrante desde hace años, y no se ha visto compensada por un aumento en los salarios.

Esta huelga fuerza a todos los partidos políticos a centrarse de nuevo en los verdaderos problemas de las clases populares. Ha llegado al punto de dejar en segundo plano la propaganda racista que se estaba propulsando con la excusa de la crisis de Ceuta.

Con todo, sabemos que esta huelga va a ser instrumentalizada por la socialdemocracia. Convocando elecciones, el PSOE y los reformistas están intentando apropiarse la Huelga General y tratar de reorientarla a ser una “huelga contra la oposición”.

Esta maniobra profundamente oportunista se apoya sobre una verdad: la estructura que dirige los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) no se ha posicionado claramente sobre la huelga hasta que no se han convocado elecciones, y quedará siempre la incógnita de si la hubieran respaldado estando el PSOE todavía en el gobierno.

Así pues, no debemos olvidar que es una huelga convocada contra TODOS los partidos; debemos evitar que se convierta en una huelga que legitime al gobierno actual.

De las acampadas a la huelga: organicemos los comités.

La huelga ha sido posible gracias a las medidas de presión de los movimientos sociales, especialmente las acampadas por la vivienda. Las acampadas crean un clima de politización que facilita la toma de conciencia de miles de personas que hasta ahora no habían dado el paso. Los y las comunistas tenemos la responsabilidad de poner nuestra experiencia al servicio de la educación política de todas las personas que estos días se incorporan a la lucha. Las acampadas son una forma de presión muy potente, pero tarde o temprano pierden fuerza. Es imprescindible que las acampadas se levanten cuando aún están cohesionadas, antes de dispersar las fuerzas que han condensado. Las acampadas abren la posibilidad de llevar la lucha a otro nivel. Desde el punto de confluencia que son las acampadas se deben impulsar comités de huelga en los centros de trabajo y comités pro-huelga en los barrios.

La huelga general es la mejor herramienta de lucha legal del proletariado, en el momento actual es la forma de protesta obrera por antonomasia. El proletariado controla lo fundamental de la sociedad, su vida económica. Multitud de trabajadoras se concentran día sí y día también en grandes centros de producción, y viven de la manera más cruda y directa la explotación capitalista. No es casualidad que el proletariado sea la clase más decidida a la hora de movilizarse.

Por lo tanto, esta formación de comités debe estrechar lazos con la clase obrera organizada en sindicatos. Debemos construir el puente: de los grandes centros urbanos a los polígonos y pueblos industriales. Solo así pueden los movimientos urbanos populares y el movimiento obrero fortalecerse mutuamente.

Para formar estos comités, partan o no de una acampada, hay que seguir los siguientes pasos:

  • Analizar socialmente los centros de trabajo, de estudio y los barrios: el papel que tienen en la producción, tejido asociativo, presencia sindical/colectivos de barrios, etc. Debemos identificar los grandes centros neurálgicos que sostienen la vida económica de la ciudad: cocheras e intercambiadores, centrales de gestión de residuos, circunvalaciones, grandes centros logísticos y productivos,…
  • Analizar qué asociaciones vecinales, sindicatos o colectivos están operativos a nivel de ciudad o barrio, para poder establecer contacto y actuar como fuerza unitaria durante los comités.

Comités pro-huelga ¡Llevemos las reivindicaciones obreras al frente de las luchas populares!

En las últimas semanas, la lucha por la vivienda ha conseguido que la sociedad estalle: se ha puesto la cuestión de la especulación y el acceso a la vivienda en la agenda política. Como consecuencia, muchísimos sectores han empezado a ver las costuras al capitalismo.

En las acampadas se ha generado un clima de lucha y debate, en el cual muchos jóvenes están dispuestos a luchar por la creación de una nueva sociedad en la que no exista la explotación. Para conquistar esta nueva sociedad hay que poner a la clase obrera al frente, y en especial a la clase obrera industrial, que está en el corazón de la producción.

Los comités de huelga, si los dirigimos adecuadamente, enseñarán a cientos de nuevos activistas a organizarse y luchar. Debemos mostrar a la gente quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Sus amigos son las miles de personas que sufren la explotación y la opresión capitalista cada día, su enemigo es, principalmente la oligarquía financiera: la fusión entre el capital bancario y el industrial. El mismo fondo que invierte en vivienda, también invierte en industria, enriqueciéndose a costa de quienes construyen con sus manos los pilares de la sociedad. la especulación inmobiliaria y la explotación capitalista son dos caras de la misma moneda. El fin último no es otro que derrocar conjuntamente al rentismo y al capitalismo.

Si queremos que esta huelga general suponga un golpe duro al capitalismo, debemos unir a todos los sectores posibles y golpear con todas nuestras fuerzas.

¿Cómo organizamos los comités en los barrios?

Una vez establecido el análisis general, hay que entender para qué sirve un comité pro-huelga. Esta estructura sirve para agitar y promover la huelga del 11 de Noviembre. Para ello, deberemos establecer un sistema eficiente de agitación y propaganda:

  • Coordinarnos con otros comités pro huelga cercanos y con centros de trabajo y educativos que estén movilizándose.
  • Difusión con panfletos en la calle, en zonas de tránsito, buzones, tiendas, etcétera.
  • Organizar actos en colaboración con espacios populares como los casales.

También debemos asegurarnos que estos espacios sean accesibles para la clase trabajadora:

  • Los canales de difusión tienen que ser amplios y organizados a través de mensajería accesible.
  • Las asambleas deben de hacerse preferentemente en horas que no coincidan con la jornada laboral habitual.
  • Las asambleas deben de tener un límite temporal y debe haber trabajo previo de preparación para que puedan ser resolutivas.
  • La democracia de los comités pro-huelga debe buscar la unidad de acción.

Comités de huelga: ¡Convirtamos los centros de trabajo en focos de lucha!

Los comunistas debemos organizar comités de huelga en nuestros centros de trabajo, independientemente del sindicato en el que participemos, o incluso si no participamos en ninguno.

Sabemos que la cúpula de los sindicatos difícilmente pasará de movilizar a los delegados. Los comunistas somos nosotros, por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacer desbordar los márgenes en los que nos contiene la burocracia sindical.

Tenemos que ser capaces de:

  1. A la vez que aprovechamos la convocatoria para potenciar las demandas sindicales inmediatas, darle a la huelga un carácter lo más político posible dirigido contra la estafa del parlamentarismo, que arrastren a la clase obrera a las lógicas parlamentarias de «ahora tenéis que votar mejor que la otra vez» y defender que si todo esto está ocurriendo, es porque hemos inundado las calles y las plazas.
  2. Demostrar que nuestra fuerza reside en la organización y en la movilización y que, independientemente de quién gobierne, la clase obrera debe tener su propia agenda y su programa de reivindicaciones.
  3. Elevar la combatividad. Deberemos inundar las calles de agitación, organizar actos, organizar asambleas en los centros de trabajo y, el día de la huelga, organizar piquetes combativos.

¿Cómo organizamos los comités de huelga en nuestros centros de trabajo?

Para organizar los comités de huelga en los centros de trabajo, deberemos apoyarnos en los comités de empresa o secciones sindicales que sean mínimamente combativas. Si en nuestro centro el comité es amarillo o inmovilista, podemos montar nuestras propias asambleas u organizar batidas de contactos de compañeros combativos para poder organizar difusión de la huelga.

Algunas cuestiones prácticas útiles:

  1. La huelga general está ya convocada por parte de los sindicatos mayoritarios. No es necesario refrendarla en asamblea. Cada trabajador tiene derecho individual a realizar la huelga, aunque lo hiciera en solitario.

  2. La huelga es legal. La patronal está dando a entender que podría no serlo, como ha hecho en otras huelgas generales, pero ya ha habido huelgas generales convocadas por sindicatos minoritarios por la vivienda, por el 8 de marzo y por Palestina. Esta va sobre cuestiones económicas (que los sueldos no van acorde a los precios). De todos modos, si alguna institución judicial declara ilegal la huelga, lo tendrá que hacer con mucha anterioridad.

  3. Cada trabajador tiene derecho a no avisar de si hará o no la huelga.

  4. No es legal que traten de averiguar sobre si harás o hiciste huelga, la empresa es la responsable de cotejar la asistencia con fines exclusivos de reducción de nómina.

  5. Hacer huelga otorga una protección legal a posteriori al trabajador contra represalias.

Si se ha conseguido organizar un comité de huelga, otro de los objetivos debe ser acercar este comité a los comités organizados en barrios, en caso de proximidad geográfica, y participar conjuntamente en acciones urbanas el día de la huelga.

Comités de huelga en los centros educativos.

En los últimos días hemos visto cómo el movimiento educativo se ha solidarizado con la lucha por la vivienda, a la vez que lucha por sus propias reivindicaciones. El movimiento estudiantil, especialmente el universitario, supone un foco de concentración de jóvenes revolucionarios, tal como pudimos ver en las movilizaciones por la liberación del pueblo palestino.

Este 11 de Noviembre, la huelga tiene que llegar a las Universidades y desbordarlas. No sólo tiene que apelar a los estudiantes, sino que se tiene que hacer difusión entre las diferentes empresas que operan dentro de la universidad y fuera de ella: transporte público, cafeterías, imprenta, personal docente, personal administrativo, etc.

Cada sindicato estudiantil, colectivo o asamblea, tiene que conformarse como un comité de huelga. Si no hay estructura previa tiene que generarse directamente como un comité y transformarse luego en estructura permanente.

¡Hagamos desbordar la huelga general!

Las acampadas han condensado la presión; los comités de huelga condensarán la organización. En las acampadas, los barrios, los centros de trabajo y las universidades la tarea es la misma: convertir la indignación en organización, y la organización en lucha.

Somos muy conscientes de que esta huelga se convoca con el cínico cálculo electoral en mente. Pero también somos muy conscientes de que nace arrancada de las manos a la cúpula sindical, cómplice de este gobierno que nos ha condenado a la miseria durante dos legislaturas. Nace en un momento pujante donde el hartazgo se convierte en movilización: y los comités de huelga deben ser el espacio en que la clase obrera pueda volver a la arena política. Y su fuerza política, como demuestra el último ciclo de movilizaciones, no está en las urnas, está en su número y movilización directa.

Esta huelga general no tendrá los números de la de 2012, pero su relevancia política puede ser mucho mayor: puede ser el evento en el que la clase obrera en este país vuelve a luchar en números significativos, no contra un partido o contra una ley, sino contra el conjunto de los partidos de la burguesía, contra la miseria que nos imponen, en una palabra, contra el sistema capitalista en sí mismo. Un sistema en crisis permanente, que en momentos como el actual se hace más y más evidente que solo tiene una salida: la revolución.

¡Convirtamos cada barrio, cada universidad, cada centro de trabajo en un foco de rebelión!

¡Gobierne quien gobierne, la lucha es el único camino!

¡Hagamos desbordar la huelga general!

¡La crisis del sistema no tiene solución, la única salida es la revolución!

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