¡Contra la agresión a Irán! ¡Abajo el imperialismo!

Desde el Partido Revolucionario de los Trabajadores denunciamos la agresión del imperialismo estadounidense hacia Irán. Esta ha contado con dos eventos destacados: 1) La ofensiva de su perro de presa en la región, el Estado colonial de Israel, asesinando a altos mandos militares y golpeando almacenes de misiles, refinerías y otros recursos estratégicos. 2) Y tras la respuesta iraní, el ataque de EEUU contra las instalaciones nucleares del país persa. La respuesta de Irán tanto contra Israel como contra las bases estadounidenses es justa, en tanto que surgen de su derecho a la legítima defensa de cualquier país cuando es agredido por otro. Sin embargo, como comunistas, no debemos quedarnos en esta posición en abstracto. ¿Cuál es la lectura burguesa y pequeño-burguesa del conflicto? ¿Qué posición debemos tomar el proletariado?

La “Operación Sol Naciente” del 12 de junio pretendió atacar masivamente por sorpresa las capacidades estratégicas militares y nucleares de Irán: la cúpula militar, científicos nucleares, bases aéreas, así como otros objetivos como guarniciones de misiles y refinerías fueron severamente afectadas. Ante ello, hemos visto en las últimas semanas una contundente respuesta de Irán contra el régimen fascista y colonial israelí en la “Operación Verdadera Promesa III”. Estos han supuesto una escalada significativa respecto a los ataques de julio de 2024, en respuesta al asesinato por parte de Israel de Ismail Haniya, líder de Hamás, en Teherán (Irán), o los boicots y algunos intentos por parte de Ansarallah en Yemen (los llamados «hutíes»). El contragolpe de Irán, en el que la cúpula de hierro ha cedido a varios misiles, ha sido el evento que necesitaba EEUU para realizar un ataque el 22 de junio para, en palabras de Trump, “conseguir la paz a través de la fuerza”, afectando severamente a las instalaciones nucleares de Irán.

Contrario a lo que relata la prensa burguesa, la respuesta de Irán atacando a bases estadounidenses no se trata de una escalada del conflicto. En el terreno de la ciencia militar burguesa, la desescalada en estos contextos se da mediante una respuesta con ataques anunciados a lugares militares fortificados al enemigo, como ha hecho Irán. Esto advierte a EEUU e Israel que Irán tiene capacidad de responder, pero no tiene voluntad de escalar en la virulencia de los ataques. La ausencia de respuesta podría suponer, por contra, carta blanca a EEUU e Israel para escalar en sus ataques y así doblegar a Irán sin consecuencias.

En este contexto, Irán también ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz (por el cual circula el 30% del petróleo crudo del mundo), los EEUU han forzado un alto al fuego inestable entre ambos países. Los EE.UU probablemente busque cierto aperturismo y una desescalada en el programa de investigación atómica del régimen persa, evitando también una escalada bélica más importante en la región que afecte a sus intereses inmediatos y a los de sus lacayos árabes. Desde el 24 de junio el alto al fuego permanece, y se ha bautizado a esta guerra Israel-Irán como “La Guerra de los Doce Días”, saldándose con 935 muertos y 4746 heridos en Irán, y 28 muertos y 3238 heridos en Israel.

Breve caracterización de Irán:

Irán es una semicolonia dependiente principalmente de Rusia y China, regida por un gobierno islamista ultra-conservador. Su gobierno, a pesar del marcado carácter antiyanqui y generalmente opuesto a las potencias occidentales, está lejos del carácter antiimperialista que le achacan ciertos sectores campistas del movimiento comunista. Los motivos de nuestra caracterización se expanden en nuestro artículo de análisis sobre Irán [1]. Fundamentalmente, como otras semicolonias de la región, el capitalismo burocrático se sostiene mediante la exportación de petróleo (del cual China es la principal compradora, en un 36% y bajo condiciones draconianas) así como de otras materias primas y productos semimanufacturados [2]. El capital ruso y chino dominan la economía iraní mediante grandes contratos con el Estado para la concesión y construcción de infraestructuras, la financiación de su economía mediante prácticas usurarias o la ejecución de pelotazos especulativos como en el desarrollo urbanístico [1].

Las motivaciones para las intervenciones de Irán en Oriente Próximo siguen esencialmente dos razones:

  1. Aquellas que parten de la legítima defensa, como el reciente intercambio de ataques con Israel. En este contexto, el régimen actual tiene como fundamento el rechazo a EEUU y Occidente como fuerza imperialista contra la que Irán se ha rebelado (aunque para caer en las garras de otras potencias).
  2. Aquellas que parten de deseos expansionistas de su clase dominante en la región, similares a los de países como Marruecos o Turquía, con nula vocación antiimperialista.

Los EEUU llevan varias décadas ejerciendo presión económica, política y militar contra Irán. Esta presión se ha traducido en durísimas sanciones económicas que han afectado mucha a la población, que se ve aún más golpeada por la suma entre las agresiones estadounidenses y la propia explotación a la que la somete el capitalismo burocrático iraní. El descontento interno se ha traducido en protestas en los últimos años, demando reformas democráticas y mejoras de tipo económico. Ello se junta con las luchas internas de diferentes facciones de la burguesía compradora y burocrática, una más aperturista, que tiene la presidencia del gobierno actual, otra más conservadora, que tiene la jefatura de la Revolución Islámica. El desarrollo de esta situación puede hacer que Irán cambie ligeramente su posición en el tablero imperialista internacional. En este sentido, es relevante recordar que los imperialismos ruso y chino son los que sostienen a las facciones más conservadoras de la burguesía burocrático-compradora.

El campismo en el movimiento comunista

En anteriores ocasiones ya hemos caracterizado esta desviación revisionista [3]. Desde el PRT nos oponemos a la visión campista dentro de ciertos sectores del movimiento comunista que presentan a Irán como un país con un gobierno antiimperialista, e incluso a los imperialistas rusos y chinos como aliados genuinos con perspectiva antiimperialista. Debemos profundizar en la esencia y contradicción de los conflictos, analizarlos desde una perspectiva de clase, y no quedarnos en un análisis superficial, donde estamos mecánicamente a favor de aquellos que vayan contra tal o cual potencia. Esto es especialmente frecuente en el caso de los enemigos de los EEUU, y de las potencias occidentales en general, sean o no semicolonias, como el propio Irán o el caso de Venezuela, que analizamos en otro artículo [4], o sean países imperialistas, como Rusia y China.

Este carácter anti-estadounidense es especialmente proclive a ser confundido con antiimperialismo honesto. Las consecuencias ideológicas y políticas del campismo son la negación del análisis marxista y la subordinación de la legitimidad de los pueblos para rebelarse a las «necesidades geoestratégicas» de tal o cual Estado catalogado como «antiimperialista», sin atender a su carácter de clase, y sin atender a la lucha de clases en su interior. Se abandona pues, el marxismo por la geopolítica burguesa barata. El régimen burocrático-comprador de los Ayatolás no busca romper con el imperialismo, sino un encaje más cómodo en el sistema, como muestran los constantes vaivenes de negociaciones con los EE.UU. y el resto de potencias occidentales. Pero ello no debe impedirnos reivindicar como justo y legítimo el derecho de Irán a defenderse de las agresiones imperialistas.

Así pues, aunque justos, debemos poner en su lugar la significación de la respuesta militar de Irán al Estado sionista. Aunque lo desestabilizan, no suponen un avance de las masas iraníes ni tampoco de los países de la región hacia una verdadera liberación del imperialismo. Esta solo vendrá de movimientos de liberación nacional consecuentes, con una alianza de las clases dominadas por el imperialismo bajo el programa de la revolución nacional-democrática, sea en Irán o en Palestina. En la era del imperialismo, el movimiento de liberación nacional solo podrá establecer una república consecuentemente antiimperialista y encaminada al socialismo, la Nueva Democracia, si se encuentra liderada el proletariado, con el Partido Comunista a la cabeza, sea en Irán o en Palestina.

Las posiciones burguesas y pequeño-burguesas del campo burgués:

¿Cuál es la lectura de la situación por parte de las distintas capas y sectores del campo burgués? Entender estas posiciones, no solo en lo que enuncian sino en lo que realmente significan, es un punto de partida fundamental, y es de alta relevancia para la agitación y propaganda revolucionaria que desmienta la perspectiva burguesa.

La posición más abiertamente reaccionaria es la posición que defiende Israel sin tapujos, y/o justifican la masacre perpetrada por el Estado sionista argumentando que regímenes como Irán son todavía peores. En España, por la popularidad o simpatía masiva de la población por la causa Palestina y por la antipatía general que existe hacia Israel, la versión más recalcitrante de estas opiniones está circunscritas al ala derecha del parlamentarismo burgués, que las por lo general expresa de manera muy mesurada (por ejemplo, mediante comparaciones odiosas señalando que al gobierno progresista “le importan más los terroristas de Gaza que los españoles”), y a sus medios de comunicación más conservadores. Una versión más moderada es la del actual gobierno del PSOE, que hacen gestos a favor de Palestina, pero en la práctica sostienen la legitimidad de Israel (como por ejemplo, las declaraciones de Sánchez de “reconocimiento del Estado palestino” sucedidas por “sin detrimento a mantener unas buenas relaciones con el pueblo amigo de Israel”). Por ello, a pesar del circo en falso con el aumento de los presupuestos militares, cierra filas junto a la OTAN aduciendo que «Irán no puede tener la bomba nuclear» porque «desestabilizaría» la región: es decir, porque dificultaría el dominio imperialista de las potencias occidentales. Ambas siguen la retórica iniciada por George Bush del Eje del Mal, y utilizan el carácter islamista y expansionista del régimen iraní para tildar de terroristas los movimientos anticoloniales o de liberación nacional que reciben su apoyo, como Hamás en Palestina, Hezbolá en Líbano, o Ansarallah en Yemen, para justificar la agenda imperialista en la zona.

Por otro lado, están aquellas más veladas, que activa o pasivamente sirven a los intereses de la oligarquía financiera pero que se presentan bajo una capa de ideas progresistas:

1) La más común entre las masas progresistas es la del pacifismo abstracto pequeño-burgués. Este frecuentemente apela a la no-violencia y al derecho internacional y condena la guerra como algo no deseable en abstracto, sin comprender que el derecho internacional es papel mojado ante los deseos de los imperialistas y la no-violencia un recurso ideológico para criminalizar la resistencia contra estos. Aunque el pacifismo pequeñoburgués puede ponerse discursivamente de parte de las víctimas reales (en este caso, Irán), por ejemplo señalando a Israel como el agresor, al condenar toda forma de violencia toma un carácter ambiguo o equidistante. El ejemplo evidente es la condena del régimen sionista, pero también de los ataques de Irán, así como otras acciones justas y necesarias de autodefensa y de lucha por la liberación, como el alzamiento de Hamás junto con otras fuerzas de Liberación Palestina, en octubre 2023. El resultado es el mismo: se invita a poner en el mismo paquete un proyecto colonial y un genocidio perpetrado por fascistas con el gobierno de los Ayatolás, que aunque sea un régimen opresor y capitalista burocrático, no somete al pueblo al exterminio absoluto.

Esta posición no entiende que no es cuestión de que las guerras sean deseables o no, sino que el imperialismo, en este caso el estadounidense, con el Estado de Israel como su ejecutor, conduce invariablemente a la guerra por el reparto de un mundo, y que a los pueblos no se les ofrece alternativa: la lucha es la única vía de resistencia y la única vía para la liberación. De este modo, conciben las guerras y la paz de una forma metafísica y desligada de la lucha de clases internacional.

Esta postura tiene un alcance relevante entre las masas populares, y es importante que la agitprop revolucionaria sea capaz de desementir esta concepción y ganar a las masas para el apoyo a las luchas de liberación.

2) En segundo lugar, partiendo de esta concepción pacifista, encontramos el oportunismo del reformismo radical, ejemplificado por las posturas de condena de Sumar y el resto de socios parlamentarios a la izquierda del PSOE, que emiten comunicados con diferentes grados de condena a Israel, pero siguen sosteniendo a un gobierno que piensa que Irán es una amenaza «para la paz internacional». Un gobierno de una potencia imperialista, que además ha jugado activamente a mentir al pueblo a la cara respecto al papel del Estado español en el apoyo militar y económico al Estado de Israel y, por extensión, en el genocidio en Palestina. Las palabras de condena de los reformistas, incluso los que quieren aparentar ser más radicales, como Podemos, caen por su propio peso a la mínima oportunidad de conseguir sillones, como ya han demostrado vez tras vez. Debemos ser hábiles en señalar su hipocresía, pero en el caso de reformistas que están o han estado en el gobierno al servicio del capital, debemos atender a que en el contexto son enemigos del pueblo.

¿Cuál debe ser la posición proletaria?

Los comunistas debemos denunciar la injerencia y los ataques del imperialismo yanqui y su perro guardián, el Estado sionista de Israel, sean contra quien sean, aunque se produzcan contra la más reaccionaria de las semicolonias. Estos ataques no resultan en beneficio alguno para la emancipación del pueblo iraní, y por tanto debemos desmentir cualquier discurso que así lo afirme.

Al mismo tiempo, aunque debamos estudiar y señalar la naturaleza reaccionaria del Estado iraní, no debemos confundir a las masas: nuestro principal deber es apoyar las luchas de liberación de todos los pueblos de la región (y del mundo) por deshacerse del dominio imperialista estadounidense, que es el principal enemigo de todos los pueblos del mundo.

Para ello, debemos construir movimientos de solidaridad amplios, democráticos y combativos, que señalen y pongan en jaque a la oligarquía financiera y al imperialismo de nuestro propio Estado, que fomenten el avance de las posturas proletarias y sean escuela para la educación política de las masas y su creciente auto-organización.

¡Fuego al imperialismo de EEUU e Israel!

¡Vivan las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos del mundo!

¡Alcemos alta la bandera del internacionalismo proletario!

[1] https://revolucion-prt.es/analisis-iran-situacion-regional-palestina/

[2] https://oec.world/es/profile/country/irn

[3] https://revolucion-prt.es/contra-imperialismo-solidaridad-pueblos-siria-liberacion/

[4] https://revolucion-prt.es/analisis-chavismo-2024/

Otros artículos

La victoria de Irán y la debilidad del imperialismo

Hoy se firma el acuerdo que cierra la guerra de Irán. Este acuerdo es una humillación para la administración Trump. Al inicio del conflicto,...

Contra el imperialismo y la reacción, recuperemos el Movimiento Obrero para la Revolución

El Imperialismo engendra guerra y miseria. El capitalismo es una enfermedad y se encuentra en fase terminal. Su estancamiento provoca la guerra y opresión hacia...

Los 10 puntos de Irán y la victoria sobre el imperialismo.

Nos encontramos ante un nuevo punto de inflexión en la guerra. Anoche, el mundo contenía la respiración ante el ultimátum de la Casa Blanca,...