¡Contra el campismo y contra la injerencia imperialista! ¡Solidaridad con los pueblos de Siria y su lucha de liberación nacional-democrática!

El pasado domingo 8 de diciembre se televisaba en todo el mundo el colapso en vivo de la República Árabe de Siria y su ejército, y la huida a Moscú del dictador sirio Bashar Al-Ásad. En primer lugar, debemos clarificar que esto no es ninguna victoria de un pueblo oprimido levantado en armas contra su opresor. La victoria de las «fuerzas rebeldes» hoy en Siria no es otra cosa que un canje de piezas en el conflicto inter-imperialista entre Rusia y Estados Unidos, y el cambio de un títere prorruso por uno de proestadounidense. Nuestra solidaridad no ha de ser ni para con el fugado Ásad y sus lacayos, ni para con los reaccionarios y los mercenarios turcos. Nuestra solidaridad debe ser para con el pueblo sirio y todas aquellas fuerzas que se resistan a aceptar la injerencia imperialista en su país. El régimen militar-burocrático de la familia Ásad y el Partido Ba’ath hace tiempo que dejó de contarse en ese campo. En sus inicios, a mediados del siglo XX, el baathismo y la República Árabe Siria formaban parte del movimiento nacionalista árabe, siguiendo la estela del líder anticolonial Gamal Abdel Násser, presidente de Egipto en los años 50, e imitando sus políticas sociales laicas y desarrollistas1. Los restos de este pasado y la enemistad con los EE.UU., no deben cegarnos respecto a su evolución histórica y su degeneración hacia el capitalismo burocrático.2 En este proceso, pasó de ser una fuerza burguesa relativamente progresista y antiimperialista, aunque titubeante y oportunista, a ser opresores del pueblo y títeres del social-imperialismo soviético primero y, con el colapso de la URSS, del imperialismo ruso después.

Los deberes del movimiento comunista.

El movimiento comunista, tanto en España como en el resto del mundo, debe mostrar solidaridad con los pueblos de Siria y las fuerzas revolucionarias y democráticas que existen en su seno. Estas están, hoy por hoy y principalmente, entre las que forman la coalición liderada por el movimiento de liberación nacional kurdo. Los y las comunistas debemos mostrarles nuestro apoyo, a pesar de sus contradicciones internas o de las relaciones y presencia de capital estadounidense en la región de Rojava, bajo control de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), que es legítimo cuestionar (e incluso criticar). Estas contradicciones no hay que negarlas, y es importante resolverlas de manera constructiva y no-antagónica y desde la solidaridad del internacionalismo proletario. Por otro lado, sí que es imperativo que los y las comunistas evitemos caer en la tendencia revisionista del campismo, que hace pasar a cualquier enemigo de Estados Unidos, como lo era Bashar Al-Ásad, por un honesto y consecuente luchador antiimperialista. Esta postura renuncia a la tarea de hacer un verdadero análisis materialista y confunde los enemigos y los aliados, el campo del pueblo y el campo del enemigo.

En su forma habitual, el campismo tiende a presentar al imperialismo yanqui como el único enemigo relevante y a los imperialistas rusos y chinos como el mal menor o como socios deseables (cuando no directamente a Rusia como una loable potencia antiimperialista y a China como último bastión socialista en el mundo). En consecuencia, se ponen las «necesidades geoestratégicas» de la lucha interimperialista de estas potencias y sus satélites (como Irán3) contra el imperialismo yanqui por delante del legítimo derecho del pueblo a rebelarse. Así pues, cualquier oposición y revuelta contra regímenes reaccionarios y serviles al imperialismo del «bando» anti-yanqui son consideradas como «títeres de Occidente», como en el caso de Rojava, en Siria, o como «operaciones encubiertas», como las protestas de hace un año en Irán, negándoles cualquier legitimidad.

El campismo y la lucha antiimperialista en los países coloniales y semicoloniales.

Bajo la perspectiva campista, abandonamos el marxismo y una comprensión materialista de la realidad para entrar en el campo de la geopolítica burguesa, y quedamos ciegos ante las verdaderas dinámicas del imperialismo y la lucha de clases en los países coloniales y semi-coloniales. En estos países, derrotar al imperialismo y sus agentes, la burguesía compradora y burocrática y los terratenientes y caudillos feudales, solo puede hacerse a través de la revolución democrática, y requiere la movilización de amplísimas capas del pueblo: desde el campesinado y la clase obrera hasta los sectores honestamente antiimperialistas de la pequeña burguesía y de la burguesía nacional. Pero ello no significa que no puedan existir fuerzas no-proletarias liderando o integrando movimientos democráticos y de liberación nacional.4

Históricamente, han existido numerosos ejemplos: Argelia, Egipto, Sudáfrica, Irlanda o la misma China durante el predominio del Kuomintang (el Partido Nacionalista de China). Sin embargo, y como la historia de estos países demuestra, el buen término de este proceso requiere que el proletariado organizado en el Partido Comunista se ponga a la cabeza y lo lidere. Ante la debilidad actual del Movimiento Comunista Internacional, buena parte de lo que observamos hoy en países como Palestina o el Kurdistán es a fuerzas burguesas o pequeñoburguesas, más progresistas o menos, más consecuentes o menos, liderando luchas antiimperialistas contra sus opresores. Y a las fuerzas comunistas como facciones minoritarias en el seno del movimiento de liberación, conformando su ala izquierda. Cuando a ello se le suma la injerencia imperialista abierta, mediante la invasión, como en Siria, o el dominio colonial directo, como en Palestina, el proceso se ve mezclado con una Guerra de Liberación Nacional, que debe ser conjugada con la Revolución Democrática, y permite ampliar incluso más el campo del pueblo y el frente unido, y construir nuevas alianzas con fuerzas que en otras condiciones serian enemigas del pueblo. Ejemplo de ello ha sido el alto al fuego entre la coalición del movimiento de liberación nacional kurdo y las fuerzas de Ásad durante buena parte de la guerra civil en Siria para poder hacer frente a los fascistas de ISIS y los mercenarios de Turquía, lacayos al servicio del imperialismo estadounidense.

Pero estas alianzas no implican, bajo ninguna circunstancia, que pudiéramos catalogar a Bashar Al-Asad como integrante de las fuerzas democráticas y antiimperialistas de Siria. Su régimen era representante pleno del capitalismo burocrático5. Los intereses que ha defendido son principalmente los de la burguesía burocrática ligada al Estado y al Partido Ba’ath, ejerciendo la burguesía compradora un papel secundario, y siendo ambas dependientes de la oligarquía financiera rusa. A pesar de las reformas sociales y políticas de los años sesenta, el régimen baathista traicionó el espíritu del movimiento anticolonial vendiendo el país a trozos durante décadas, manteniéndolo en la semicolonialidad y la semifeudalidad. Su dependencia actual hacia Rusia era una herencia del dominio socialimperialista soviético que se afianzó en los años setenta con los acuerdos entre la URSS y Hafez Al-Ásad, padre y antecesor del depuesto dictador, y el posterior establecimiento de las bases rusas en la costa de Siria. La inversión rusa en Siria solamente ha servido a los intereses de la economía rusa, principalmente aprovechándose de la terrible situación del país para sangrar su economía. Desde la venta de trigo (en parte procedente del campo ucraniano) a precios infladísimos por encima del valor de mercado6, hasta la concesión de préstamos con intereses usurarios7. Al mismo tiempo, estos préstamos han servido para pagar las operaciones de los monopolios rusos en el país, facilitando la entrada del grano ruso, la producción de drogas y fármacos a gran escala y la venta de armas en todo Oriente Medio, su principal exportación en la región. Para afianzar más aún su posición, la oligarquía financiera rusa estuvo adquiriendo y desarrollando las infraestructuras necesarias para exprimir más al país y reforzar sus intereses imperialistas, como el arriendo (y reforma) del puerto comercial de Tartus por 49 años, firmado en 2017, donde existía también una base militar rusa de herencia soviética, hoy en proceso de desocupación.8 Los únicos sirios beneficiarios de ello han sido la burguesía burocrática (aquella ligada al aparato estatal y del Partido Ba’ath) y compradora (aquella que hace de intermediaria a los negocios del imperialismo en el país) y los grandes terratenientes, que poseen las tierras donde se explotan las riquezas naturales del país.

El conflicto interimperialista: el desbanque de Rusia y la entrada de EE.UU.

Pero ello tampoco debe hacernos perder de vista la verdadera naturaleza de las fuerzas «rebeldes»: los islamistas de Hayat Tahrir al-Sham (HTS por sus siglas y de ahora en adelante) y los mercenarios de Turquía, los autodenominados «Ejército Nacional Sirio» y «Ejército Libre de Siria», son únicamente los nuevos manijeros del imperialismo estadounidense, que ha conseguido finalmente arrebatar de manos rusas la batuta de mando en el país. En 2011, aprovechando las legítimas protestas de la «Primavera Árabe», el imperialismo yanqui rápidamente entró en juego, aupando multiplicidad de facciones armadas, entre ellos el famoso ISIS, o «Estado Islámico», hoy ya denostado. De su implosión nacieron varias milicias y facciones, entre ellas HTS, vencedores de la contienda. HTS lidera hoy una abigarrada coalición compuesta por distintas facciones: militares, grupos tribales, islamistas y demás señores de la guerra que han ido apareciendo y desapareciendo con el paso de los años. Los dirigentes de estos grupos son los que se han mostrado más predispuestos a servir a los intereses de los Estados Unidos, como Mohammed al-Jawlani, quién lidera lo que parece un nuevo gobierno del país.

El objetivo de los EE.UU. es doble: debilitar o ahuyentar al imperialismo ruso y sus aliados en la región, y a la vez mantener a la clase trabajadora y a los pueblos de Oriente Próximo sometidos bajo su yugo. La voz de su amo, Al-Jawlani ya ha hecho declaraciones públicas expresando su intención de pacificar el país y desarmar a los distintos grupos que existen: una clara referencia al movimiento de liberación nacional kurdo y a la resistencia nacional palestina. Las potencias europeas, por su parte, siguen la estela de Estados Unidos, con su habitual papel de fingir ser el lado amable de la opresión imperialista: por un lado, apelando a la negociación no-violenta y el respeto a los derechos humanos; por el otro, apresurándose a sacar tajada de la nueva situación, negociando con el nuevo gobierno surgido de las milicias, convenientemente apodadas «ex-yihadistas». A modo de ejemplo, Suecia, en 2019, ante la intensificación de la agresión turca en Siria contra el pueblo kurdo cesó la venta de armas a Turquía alegando las violaciones de Derechos Humanos y la legalidad internacional. Esas restricciones se levantaron en cuanto Suecia empezó su proceso de ingreso en la OTAN.

El papel del Estado turco.

Por otro lado, tenemos el Estado fascista turco, un país semicolonial desde la caída del viejo Imperio Otomano, en los años veinte del siglo pasado, y dominado por los intereses de los EE.UU. desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Este, desde su misma configuración y posterior entrada en la OTAN, ha actuado como base y gendarme del imperialismo en Oriente Próximo, junto a Israel y las monarquías del Golfo, con el objetivo expreso de frenar y extinguir los movimientos revolucionarios y de liberación nacional-democrática en la región. El Estado fascista turco no solo reprime a la clase obrera turca y a las naciones oprimidas que existen dentro de sus fronteras. Los arrestos masivos, las torturas, las masacres y los bombardeos se producen sin cesar a ambos lados de la frontera desde hace más de diez años, cuando el Ejército Turco intervino por primera vez en Siria.

Así pues, su estrategia expansionista hacia el territorio del Estado sirio ha sido una pieza clave del dominio imperialista estadounidense en la región. La agresión en curso contra Rojava y la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES) por parte del Ejército Turco y sus mercenarios (autodenominados como «Ejército Nacional Sirio» o SNA por sus siglas en inglés) es un ataque directo contra las fuerzas revolucionarias y nacional-democráticas a las que el imperialismo desea exterminar, así como para neutralizar a las semicolonias con gobiernos antiyanquis como Irán, o hasta este domingo, Siria. Estos grupos, desde HTS hasta el SNA, aupados por el imperialismo estadounidense y el fascismo turco, no son los verdaderos libertadores de Siria. Simple y llanamente, aspiran a ser los nuevos guardeses del coto: provocan la caída de un régimen títere para suplantarlo con otro. Disimulan que ellos son el mismo perro con distinto collar: el del imperialismo estadounidense. Actúan con el beneplácito y mediante el amparo militar y económico del Estado fascista turco, el principal perro de presa yanqui junto a Israel. Sus líderes ya son presentados como deseables moderados ante la prensa occidental y hacen públicas declaraciones de sumisión a los Estados Unidos y a Israel. Pero a menos de un mes de su victoria, ya ha quedado claro que solo reconstruirán el viejo Estado, burocrático y comprador, para desarmar al pueblo y a la resistencia, imponer en Síria la paz del cementerio, y volver a poner el país al servicio de la oligarquía financiera de las potencias imperialistas.

El papel de los rebeldes sirios y del Estado sionista.

Finalmente, tenemos la intervención oportunista del fascismo colonial sionista, Estado financiado por los EE.UU. y que sirve a sus intereses en la región. Con sus ataques y bombardeos constantes, Israel ha contribuido a la derrota del régimen baathista, pero no se ha detenido aquí. Benjamin Netanyahu, el verdugo en jefe del imperialismo en Oriente Próximo, no está contento con sus masacres en Palestina y el Líbano. Ahora quiere sacar tajada del pastel y ha decidido incrementar su ocupación de tierras sirias mandando sus tanques a cruzar los Altos del Golán. Las fuerzas sionistas han ocupado diversas ciudades del sur de Siria, al mismo tiempo que sus drones y aviones bombardeban a la población civil y lo que pudiera quedar del ejército leal al régimen. Se trata de una maniobra por hacerse con más tierras y garantizar el «espacio vital» para el proyecto colonial al tiempo que sirve de «aviso» para navegantes al nuevo gobierno. Los líderes de HTS, demostrando su verdadera lealtad hacia los EE.UU. y no hacia el pueblo sirio, han guardado silencio durante los primeros días de los ataques y cuando por fin han abierto boca, han mostrado la más abyecta y deplorable sumisión al colonialismo sionista y al imperialismo yanqui. Solo recientemente se han pronunciado, con tibieza y cobardía, buscando la «normalización» de las relaciones con Israel, apelando a los EE.UU. para que ejerzan como «mediadores imparciales» y excusándose, diciendo que aunque quisieran no podrían hacer nada ante tan descarada agresión del sionismo, representante más infecto y repugnante del imperialismo en el mundo.9 Mientras los salva-patrias de pacotilla se arrodillan, al otro lado de la frontera, el pueblo y las fuerzas de la resistencia palestina y libanesa luchan desde hace décadas contra Israel hasta con palos y piedras.

Por si fuera poco, distintas fuentes ya aseguran que se están produciendo ataques por parte de las milicias del nuevo gobierno tanto contra la resistencia palestina en Siria10 como contra el movimiento de liberación nacional kurdo11. El nuevo gobierno de Siria se pone así a la altura de la «Autoridad Nacional Palestina», que ha asumido plenamente el triste papel de gendarme para el estado colonial, incluso ante la amenaza de anexión completa hecha por el gobierno de Netanyahu. Mientras tanto, la oligarquía financiera de los países imperialistas se ha apresurado a legitimar esta campaña del sionismo con su aparato mediático. Volvemos a oír a sus voceros describir, una vez más, un crimen despreciable como una necesidad de la geopolítica, etiquetándolo como el establecimiento de una «zona de seguridad ante el aumento de la inestabilidad y la incerteza» en Siria. Estos mensajes, bajo la apariencia de análisis aséptico y equidistante, ocultan deliberadamente las intenciones genocidas y expansionistas del sionismo. Incluso el propio Netanyahu se ha atrevido a congratularse, diciendo que su intervención contra el régimen militar-burocrático de Assad ha servido para fomentar la libertad y la democracia entre las gentes de Oriente Próximo. Tales palabras, cargadas de desprecio, hipocresía y cinismo, son más un insulto que otra cosa y no deberían engañar a nadie.

La clase obrera y las naciones oprimidas del mundo tienen que ser hoy más conscientes que nunca que los imperialistas, desde EE.UU. y la UE, hasta Rusia y China, solo buscan afianzar el expolio de la riqueza y el exterminio de los pueblos.

Es el deber de todos los revolucionarios e internacionalistas honestos en España dar nuestra solidaridad a todas aquellas fuerzas que caminen hacia la liberación nacional en los países dominados y entre los pueblos oprimidos del mundo.

¡Ni Rusia ni EE.UU! ¡Fuera imperialistas, fascistas y sionistas de Siria!

¡Contra la injerencia imperialista en Oriente Próximo, internacionalismo proletario!

¡Los pueblos y revolucionarios del mundo estamos con Siria y el Kurdistán!

¡Abajo el sionismo, el imperialismo estadounidense y el fascismo turco!

1Este movimiento, con todas sus fallas y contradicciones, aspiraba a llevar a cabo en los países árabes un proyecto político de liberación nacional, de carácter laico, que introdujera reformas sociales y económicas (repartición de tierras, nacionalizaciones, construcción de sistemas de educación y sanidad públicas y gratuitas) que garantizaran el desarrollo autónomo de la nación y una verdadera independencia respecto a las viejas potencias imperialistas.

2Detallamos la definición de burguesía burocrática en nuestro análisis reciente sobre Venezuela: https://revolucion-prt.es/analisis-chavismo-2024/

3Aquí nuestro breve análisis sobre Irán: https://revolucion-prt.es/analisis-iran-situacion-regional-palestina/

4Para un análisis en profundidad de esta cuestión: https://revolucion-prt.es/la-justa-lucha-palestina-y-las-guerras-de-liberacion-nacional/

5Otro ejemplo de capitalismo burocrático en América Latina es el de Ecuador, muy ligado al narcotráfico: https://revolucion-prt.es/capitalismo-burocratico-narcotrafico-ecuador/

6https://www.xcept-research.org/wheat-and-war-how-sanctions-are-driving-russia-syria-cooperation/

7https://newlinesmag.com/reportage/exclusive-how-russia-evades-sanctions-via-syrian-loan-schemes/

8https://www.paradigmshift.com.pk/port-of-tartus/

9https://www.aljazeera.com/news/2024/12/15/israel-intensifies-syria-attacks-but-hts-leader-says-doesnt-want-conflict

10https://www.instagram.com/p/DDkesO0Slpk/?img_index=1

11https://theconversation.com/syrias-self-governing-democratic-north-east-comes-under-attack-with-country-in-flux-245717

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