Breve análisis sobre Irán y la situación regional en relación a la guerra de liberación palestina

El 31 de julio fue asesinado el máximo líder de Hamás, Ismail Haniya, por un ataque aéreo selectivo israelí sobre Teherán, capital de Irán, Esto supone una nueva elevación de las tensiones en la región, que ya habían sufrido una escalada significativa en abril. Recordemos que el 13 de abril el ejército iraní llevaba a cabo un ataque masivo lanzando decenas de drones de ataque y misiles balísticos desde su territorio contra varios objetivos israelíes, atacando directamente al Estado sionista por primera vez.

Cabe señalar que este ataque no provino de la nada, sino que se trató de una respuesta al bombardeo que aviones de combate israelíes habían realizado sobre el consulado iraní en Damasco a principios de mes. A estos ataques se suma una larga lista de operaciones encubiertas israelíes, que ha supuesto una campaña de asesinatos selectivos de miembros de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) e instancias de sabotaje a la infraestructura Iraní en los últimos años. En abril, tanto el ataque israelí como la respuesta iraní funcionaron más bien como ataques controlados, sin la voluntad de escalar definitivamente el conflicto, siendo la operación iraní una muestra simbólica de apoyo a Palestina sin un recorrido sustancial. De hecho, la maniobra iraní y la “contención” israelí podrían catalogarse en aquel momento como gestos diplomáticos de la continua confrontación entre ambos países por afianzar su influencia regional. Sin duda, el asesinato selectivo del líder de la principal facción de la Resistencia Palestina en el propio territorio iraní pone en primer plano hasta qué punto Irán ejecutará su declaración de que Israel recibirá una dura respuesta.

 

La rivalidad entre Israel e Irán

Entender la rivalidad entre Israel e Irán, y comprender cómo encaja actualmente Palestina en dicho conflicto, supone también entender la historia reciente de la región, y como la causa palestina se vio favorecida por el movimiento panarabista durante el siglo XX. El auge y declive de las tesis panarabistas fue un proceso contradictorio a lo largo de todo el siglo, que se acabó cristalizando en diversos proyectos políticos, con diferentes grados de compromiso, todos ellos bajo el objetivo común de desarrollar la revolución democrática en los pueblos árabes, enfrentándose al enemigo común del imperialismo, y apoyados por la Unión Soviética. Podíamos encontrar desde modelos panarabistas más beligerantes como el del presidente egipcio Abdel Nasser, aupado por las aspiraciones de la burguesía nacional y llegando a enfrentarse a Israel durante la guerra del Sinaí, pasando por el endeble apoyo militar de los Assad en Siria, hasta actitudes más titubeantes y oportunistas como el Irak de Saddam Hussein (que acabaría siendo durante un tiempo aliado clave de EEUU) o de la monarquía jordana (que terminaría reprimiendo las organizaciones palestinas dentro de su frontera). Por todo ello, y como fruto de las contradicciones internas del propio movimiento y de fracasos militares como el de la “Guerra de los seis días”, las tesis panarabistas entraron en un fuerte declive a finales de los años 70. Para entonces, los proyectos nacionales más contestatarios como el de Nasser habían sido liquidados, instalando en su lugar a un aliado de EEUU (Anwar El-Sadat, que sería el primer presidente árabe en reconocer el estado de Israel), o bien habían pasado a caer decididamente bajo el tutelaje de alguna potencia imperialista como Siria con la URSS. De hecho, los intentos de la URSS social-imperialista de extender su influencia en la región a menudo la habían puesto en contradicción con los partidos comunistas pro-soviéticos locales, dejándolos expuestos al anti-comunismo del régimen de turno que el revisionismo del PCUS se encontrase financiando en ese momento. En cualquier caso, la propia URSS entraría al poco tiempo en un declive irreversible, exacerbado en parte por la invasión de Afganistán.

Es en este contexto que transcurre otro evento que trastocará la correlación de fuerzas en la región: la Revolución Iraní de 1979, que instala al ayatolá Jomeiní en el poder y que popularizará sus propias ideas en relación al Islam político. Antes de la revolución el Sha de Irán había sido un aliado fiel de EEUU e Israel en la región, pero sucesos como la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense y la necesidad de marcar una ruptura con los años del Sha provocarán que el nuevo régimen islamista chiita se decante por una posición fuertemente anti-yankee, y por ende también anti-israelí. Como respuesta, Estado Unidos procedió a financiar y armar a Irak en la guerra contra Irán que tuvo lugar durante los años 80, con el objetivo de contrarrestar la influencia del país persa y debilitarlo económicamente. No obstante, para evitar que el país cayese bajo influencia soviética, el gobierno estadounidense también mantuvo contactos con el ayatolá durante este periodo, incluida la venta secreta de armas (el llamado escándalo Irán-Contra); de igual manera, Israel también otorgó cierto apoyo armamentístico a Irán para asegurar que el poder regional de Irak se mantenía a raya. Desde entonces, EEUU ha buscado mantener un control sobre el flujo de petróleo y de los puntos de transporte marítimo internacional fortaleciendo su relación con Arabia Saudí, a la vez que iniciaba guerras en Irak y Afganistán, mientras Israel hacia lo suyo propio en el sur del Líbano.

Los esfuerzos por imposibilitar el programa nuclear iraní y contrarrestar la influencia que el país pueda tener en la radicalización de las minorías chiitas de otros territorios también ha supuesto que EEUU-Israel e Irán tiendan a situarse en líneas opuestas de las guerras proxies y de los conflictos que han atravesado a países como Yemen, Siria, o el propio Irak después de la caída del régimen baaz. Hay que señalar que esta constante sucesión de guerras proxies en la región están inevitablemente ligada a la lucha de liberación nacional palestina, no solo por el hecho de que es la ocupación de territorio palestino la que permite el despliegue del Ejército Israelí y sus operativos de inteligencia, pero también porque a menudo los propios Estados circundantes han pretendido legitimarse ante sus pueblos mediante su apoyo a la causa palestina o a través de un discurso anti-yankee que les obliga a posicionarse, lo cual afecta a su predisposición por participar en operaciones militares y al fortalecimiento de unas potencias imperialistas sobre otras.

El carácter popular de la lucha de liberación nacional palestina dota a la Resistencia Palestina, en la que están representados diferentes intereses y facciones políticas, de una gran determinación anti- imperialista, cuyo programa únicamente podrá ser llevado a cabo de manera realmente efectiva con la dirección de la línea proletaria revolucionaria en su seno, actualmente secundaria. En este aspecto, es importante no caer en el error de categorizar a Irán como un Estado anti- imperialista, y entender cuál es su papel como país semi-colonial y semi-feudal en la región.

 

La semi-colonialidad y semi-feudalidad de Irán

En la medida que Irán está gobernado por un gobierno islamista ultraconservador notorio por su anti-comunismo, sus choques con Israel y su apoyo a milicias chiitas en otros países responden más bien a deseos expansionistas, similares a los de otros países como Marruecos, y no a una genuina voluntad anti-imperialista o revolucionaria. No obstante, la capacidad de Irán de llevar a cabo una agenda propia como poder regional se encuentra en última instancia cercenada por su carácter semi- colonial. El grado de dominación económica que otras fuerzas imperialistas ejercen sobre el país persa se observa principalmente en la preponderancia del comercio de petróleo y gas con países como China y Rusia (esquivando las sanciones internacionales) y en el hecho de que gran parte de la inversión extranjera se centra en el desarrollo de los campos petrolíferos del país, ahondando la dependencia de la burguesía compradora iraní en la industria petrolera, congelando el desarrollo industrial en otros ámbitos, y permitiendo la persistencia de las raíces semi-feudales desde el campo al conjunto de la economía.

Concretamente, el capital financiero chino ha ido incrementando paulatinamente su presencia en el país desde los años 80, no solo importando petróleo y gas, sino también implicándose en la explotación de los yacimientos del país a través de grandes monopolios estatales chinos como Sinopec y la CNPC, y mediante la construcción de infraestructura ligada al comercio y transporte, como ferrocarriles, puertos y aeropuertos. Recientemente ambos gobiernos llegaron a un acuerdo de “cooperación estratégico” de 25 años, que aseguraría una inversión a largo plazo de China por 400 billones de dólares y el incremento de sus importaciones. A cambio, el gobierno chino recibirá un suministro continuado de petróleo a precio descontado, tendrá permitido retrasar los pagos hasta dos años, y podrá pagar mediante moneda distinta al dólar. Adicionalmente, se planea que en los próximos años compañías chinas entren en el estancado sector de la construcción iraní, con el objetivo de mitigar la crisis inmobiliaria china.

Estos movimientos encajan con la revitalización de la iniciativa china del Belt & Road, que busca establecer nuevos gaseoductos y líneas comerciales que solidifiquen su esfera de influencia en Asia Central y en Oriente Medio. El programa a aplicar es el mismo que hemos visto aplicar al social-imperialismo con otras semi-colonias del continente africano y americano: invertir en industrias de energía, transporte y manufactura, asegurar la presencia de grandes monopolios chinos que se encarguen de explotar la mano de obra barata del país, y utilizar su posición de poder para imponer términos y precios privilegiados (contratos billonarios con descuentos para la importación). Además, con el pretexto de “proteger” el tránsito de suministros e instalaciones, el gobierno chino despliega a menudo fuerzas de seguridad en suelo extranjero (en el caso de Irán se rumorea que como parte del pacto de cooperación se acordó el despliegue de 5000 efectivos).

Bajo esta relación de dominación Irán es el país que acaba contrayendo mayores riesgos que cercenan su economía: Por un lado, asume proyectos de dudosa rentabilidad para el país (las constructoras chinas podrían declararse en quiebra una vez lanzados varios proyectos por falta de demanda real y por la crisis de sobreproducción que arrastran del mercado chino); o que ni siquiera pueda cobrar sus propias deudas, situación que se evidenció recientemente cuando los bancos chinos se negaron a descongelar los fondos iraníes procedentes de deudas, con tal de no antagonizar demasiado a las potencias occidentales que habían impuesto la sanciones internacionales. De hecho, en la medida que China parte de una posición más ventajosa como gran potencia imperialista y de que sus ambiciones van más allá de Irán, ésta puede permitirse dar la espalda al país persa ocasionalmente y favorecer las relaciones diplomáticas con otros países de la región como Israel o las monarquías del Golfo, incluso si eso supone sofocar la lucha de la Resistencia Palestina o la causa de los Hutíes en Yemen.

Frente al dominio más pragmático de China, en los últimos años Rusia también ha dirigido sus ambiciones imperialistas hacia Irán, aumentado su inversión en la infraestructura del país con 2,7 billones de dólares durante el gobierno más reciente de Ebrahim Raisi, fallecido recientemente en un accidente de helicóptero. Si bien Rusia ocupa una posición de potencia imperialista de primer orden, en las últimas décadas se ha visto en una posición debilitada ante la que ha optado por una estrategia de dominación más agresiva. De esta manera, y todavía con la capacidad de proyectar su pasado como superpotencia, busca asentar una esfera de influencia militar más sólida en la región a través de Siria e Irán; y aunque mantiene al Grupo Wagner como su organización paramilitar de referencia, también está dispuesto a utilizar de manera oportunista a Hezbolá o a los Hutíes en contextos puntuales. Y es que, a pesar del perjuicio económico que supuso inicialmente la guerra con Ucrania, su PPP (purchase power parity ligado al PIB) ha ascendido, y el intento de aislamiento internacional solamente ha hecho que acelere sus planes de desarrollar el International North–South Transport Corridor (INSTC), una ruta comercial de India a Rusia que pasaría por Irán, en el marco de la cual se finalizó recientemente el ferrocarril que conecta el Mar Caspio con la ciudad de Rasht, clave en el transporte comercial.

De esta manera, Irán se convierte en un país “de paso” para las potenciales rutas comerciales diseñadas por los poderes imperialistas. Se trata de un Estado al que poder exportar capitales para el desarrollo de infraestructura que facilite la extracción de recursos y que disponga del equipamiento suficiente para agilizar al transporte comercial, además su localización es clave para las proyecciones militares de los países imperialistas, que en ocasiones permiten darle ciertas alas a sus deseos expansionistas. Sin embargo, en esta lucha entre imperialistas por el reparto del país, el pueblo iraní tiene poco que ganar. El resentimiento de las clases populares hacia el régimen se ha ido acumulando a lo largo de las décadas y en ocasiones estalla en protestas espontáneas ante la situación de empobrecimiento generalizado.

Por ello, en los últimos años hemos visto diferentes olas de protestas: en el 2017-18, en el 2019-20 y posteriormente las de 2021-22, denunciando la situación de inflación, así como el encarecimiento de servicios como el agua, gasolina o electricidad, y que posteriormente en septiembre de 2022 continuarían con las protestas por la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial. Las demandas democráticas de las masas (relativas a la libertad sindical y de asociación, del derecho al empleo y a la vivienda, de la separación de Estado y religión, de la abolición de la segregación de género y códigos de vestimenta obligatorios, de libertad de los presos políticos) afectan a amplios sectores de la población y promueven la lucha de los trabajadores de los sectores de la enseñanza, enfermería, así como de los obreros de la industria del metal y del petróleo, no obstante, aunque las protestas generalmente se encuentran encabezadas por los juventud del país, éstas carecen de un liderazgo revolucionario organizado.

En lo que se refiere a las élites del país, tras la muerte de Jomeini y la elección del nuevo Líder Supremo Ali Jamenei el capitalismo burocrático del Irán se ha sostenido mediante intentos de conciliar los intereses de parte de la mediana y pequeña burguesía (expresados en el Movimiento Reformista) con los de la burguesía-compradora y los terratenientes, cuya alianza sigue siendo la base del poder clerical y su ideología reaccionaria. Aunque en los últimos años el régimen ha favorecido un discurso más tecnócrata y pragmático tras los años de “radicalidad” discursiva de Ahmadineyad, el Estado iraní no ha sido capaz de hacer frente al estancamiento económico del que derivan su inflación y desempleo crónico, con estallidos puntuales de protestas populares y violencia espontanea. Por todo lo señalado anteriormente, aunque desde los medios occidentales se intenta presentar a Rusia, China e Irán como un eje de países enemigos sin grandes distinciones entre ellos, lo cierto es que Irán en absoluto podría categorizarse como un país imperialista.

 

¿Qué posibilidad hay entonces de dar un apoyo genuino a la lucha Palestina?

El apoyo militar o diplomático puntual e interesado, sea de Irán o sea de parte de Estados árabes, necesariamente no puede ser ni será el factor principal para la liberación de Palestina. Esto es cierto incluso cuando venían de proyectos políticos resueltamente antiimperialistas y con la coherencia y determinación de luchar por otros pueblos árabes por su liberación, como ilustra el ejemplo de Nasser. Las limitaciones de un apoyo proveniente de la burguesía compradora iraní son aún más evidentes. Está claro que la liberación de Palestina debe venir de la mano de los propios palestinos y a través de su lucha de liberación nacional, sin ser la moneda de cambio de ningún país.

De hecho, la consecuencia de dicha dinámica ha sido que la frágil unidad del mundo árabe en torno a la cuestión palestina ha pasado a un segundo plano, y de manera indirecta, también ha significado un retroceso histórico de los postulados comunistas en los ojos de las masas de dichos países. Actualmente estamos en un nuevo proceso en el que diferentes corrientes del Islam político -inherentemente heterogéneo y contradictorio- intentan influenciar y marcar posiciones respecto a Palestina con mayor o menor incidencia. En el caso de Irán, sus acciones o gestos diplomáticos a favor de Palestina, responden más bien a su hostilidad regional con Israel y su discurso anti-yankee, que en ocasiones pretenden revestir como un apoyo político anti-imperialista a la causa palestina. La Resistencia Palestina podrá explotar aquellas contradicciones que los diferentes actores políticos le brindan en su favor si así lo considera, pero no debería confundirse con una política de alianzas incondicionales o basadas en principios políticos comunes.

La tarea del proletariado revolucionario tanto en Irán como en el mundo árabe consiste en volver a ganarse a sus aliados naturales y ofrecer una estrategia revolucionaria realmente efectiva, con el potencial de librar revoluciones de Nueva Democracia en cada país. Para ello, cada pueblo debe confiar principalmente en sus propias fuerzas, puesto que tal revolución solo es posible con la amplia movilización de los sectores explotados y oprimidos.

En el caso de Palestina esto ha implicado la constitución de un Frente Único Nacional contra la ocupación y el exterminio, librando una guerra de liberación nacional. Es en este Frente Único en el que la línea proletaria pueda fortalecerse, desarrollando a las fuerzas progresistas, ganando a las fuerzas intermedias y pugnando con el ala conservadora; sirviendo de ejemplo al resto de luchas de los pueblos del mundo.

En el caso de Irán, en tanto que país semi-colonial y semi-feudal, dominado por el imperialismo ruso y el social-imperialismo chino, y gobernado por la alianza de la burguesía compradora y la clase terrateniente bajo el programa ultraconservador del Islam político, pone ante el proletariado iraní y el resto del pueblo la bien caracterizada situación de revolución de Nueva Democracia para barrer a la vez las tres montañas que aplastan al pueblo persa: el imperialismo, la semifeudalidad y el capitalismo burocrático. Este es el único camino para su liberación, así como para una alianza verdaderamente genuina con la lucha de liberación del pueblo palestino.

 

¡Viva la la Resistencia Palestina, vanguardia en la lucha anti-imperialista de Oriente Próximo!

¡Abajo Israel, todos los imperialistas, y todos los lacayos que les sirven en el gobierno de los países dominados!

¡Por las revoluciones de Nueva Democracia en los países dominados por el imperialismo!

 

 

Fuentes del presente artículo:

[1] http://www.toufan.org/Statsments/Eteraz%20%20mardomi%20%20in%20ingilish

%20%2020180101.htm

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Iran%E2%80%93China_25-year_Cooperation_Program

[3] https://www.iranintl.com/en/202402094030

[4] https://mehriran.tv/en/news/chinas-investment-in-iran-has-increased-tenfold-to-2-billion/

[5] https://energypress.ir/en/irans-share-of-chinas-oil-investments/

[6] https://www.industriall-union.org/oil-and-gas-workers-in-iran-on-strike

[7] https://carnegieendowment.org/russia-eurasia/politika/2023/06/a-north-south-corridor-on-putins- dime-why-russia-is-bankrolling-irans-infrastructure?lang=en

[8] https://financialtribune.com/articles/domestic-economy/116934/russians-overtake-chinese-to-top- list-of-foreign-investors-in-iran#:~:text=Russians%20Overtake%20Chinese%20to%20Top%20List

[9] %20of%20Foreign%20Investors%20in%20Iran,-Russians%20Overtake%20Chinese&text=E

[10]%20ver%20since%20the%20government,deputy%20economy%20minister%20Ali%20Fekri

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