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INTRODUCCIÓN
Desde hace ya algunas décadas, la oligarquía financiera de nuestro país ha visto cómo se reducían sus márgenes de ganancia bajo las contradicciones del sistema imperialista y como el estancamiento económico en el sector productivo se acentuaba. Los años recientes se han caracterizado, pues, por una fuerte apuesta de los grandes monopolios por las actividades especulativas del sector inmobiliario. Mientras tanto, la clase trabajadora, obligada a concentrarse en las ciudades en busca de oportunidades, ve ahora como se intensifica la explotación y la inflación de precios, y es progresivamente expulsada a la periferia de las ciudades y a las ciudades dormitorio. En este sentido, no es extraño que los centros urbanos se hayan convertido en el principal punto neurálgico de los grandes movimientos de masas en lucha por sus derechos, atrayendo a las principales clases populares en contradicción con el imperialismo (proletariado, semiproletariado, el resto de la clase trabajadora y el grueso de la pequeña burguesía independiente). Entre estos movimientos urbanos populares (como el feminista, estudiantil, antirrepresivo…), el Movimiento por la Vivienda (MxV) se encuentra ahora mismo en un momento clave de movilización y protagonismo, fruto de la imparable subida del precio del alquiler y la vivienda en general.
En este contexto, con un movimiento más maduro, varios debates han ido aflorando sobre una serie de cuestiones fundamentales: ¿Cuál es la manera más eficaz de organizar todos aquellos que nos vemos afectados por este problema? ¿Cómo podemos evitar ser cooptados por el Estado? ¿Qué estrategia tenemos que seguir a largo plazo para avanzar y no estancarnos? ¿Cómo encaja el movimiento en una estrategia revolucionaria más amplia?
Recientemente, el II Congreso de Vivienda de Catalunya ha servido de espacio para debatir algunas de estas cuestiones, y creemos que es de especial importancia dar nuestra visión sobre este. Por eso, en este artículo queremos, en primer lugar, dar la perspectiva del Partido Revolucionario de los Trabajadores sobre qué estrategia y táctica consideramos que puede ser más efectiva en la lucha por la vivienda, y en segundo lugar, nuestra propuesta y opinión en cuanto a la posible constitución de una organización sindical de vivienda a nivel de Catalunya.
1.- ESTRATEGIA Y TÁCTICA EN EL MOVIMIENTO POR LA VIVIENDA
Aunque en los últimos años lo MxV ha ido profundizando en varios aspectos de la problemática de la vivienda, mediante todo tipo de análisis, talleres y publicaciones (ya sea examinando el fenómeno de la gentrificación, la historia de las políticas de vivienda en el Estado…) y ha ido ganando una valiosa experiencia en las técnicas de enfrentamiento directo y colectivo contra algunas facetas del poder burgués (parando desahucios, negociando con propietarios, manifestándose y haciendo frente a las fuerzas policiales…), lo cierto es que este trabajo teórico y práctico no se ha acabado de traducir en el planteamiento de de una táctica clara para la lucha por la vivienda por parte de las organizaciones que conforman el MxV. Esto ha conducido a que, ante la dispersión de los conocimientos acumulados y la carencia de un consenso sobre qué pasos seguir, la inercia a menudo haya conducido el movimiento hacia un tipo de acción sindical muy atomizada, con un discurso demasiado genérico, pretendiendo una ofensiva indiscriminada en todas las direcciones en que se presentan problemas estructurales, sin un criterio concreto que determine el tiempo y fuerzas necesarios que es recomendable destinar a cada objetivo. Pese al gran auge del movimiento, este está muy lejos de la masividad que puede alcanzar.
Entendiendo que la estrategia es aquello que indica qué batallas luchar y la táctica lo que indica cómo lucharlas, no haber podido lograr una táctica clara y concreta es fruto de no haber definido una estrategia clara y concreta. Por eso hay que entender quienes son nuestros enemigos, quienes son nuestros aliados, y quienes son los sectores vacilantes. Particularmente, hay que distinguir quién es el enemigo principal a quien hay que dirigir la mayoría de la atención, en vez de dispersar nuestras fuerzas en las diversas manifestaciones del problema.
Además, como comunistas, entendemos que para plantear una estrategia coherente también hace falta un elemento consciente, un Partido Comunista, que lo entronque con una línea política revolucionaria capaz de movilizar estratégicamente todas las clases del campo popular contra el capital. La ausencia de este elemento consciente y de un horizonte revolucionario puede hacer que el grueso del MxV se constituya meramente como un ente negociador con las instituciones, cayendo en un reformismo estéril que desmovilice las masas, o que se acabe contentando con ser un movimiento residual de resistencia. La historia ya ha demostrado que la revolución no se lleva a cabo mediante la mera lucha económica o por reformas, ni tampoco mediante intentos mecánicos de sumar diferentes luchas parciales sin ningún criterio o análisis común entre ellos. Nosotros vemos la revolución como un proceso prolongado, una guerra de larga duración, en que el Partido Comunista, agrupando los elementos del pueblo más experimentados, capacitados en la lucha y con mayor conciencia y conocimiento de la ideología revolucionaria, es capaz de movilizar las capas más amplias posibles alrededor de los intereses de la clase obrera, buscando la presa del poder y el fin del capitalismo. Esto implica que los parámetros de la lucha sindical y los de la lucha revolucionaria por la presa del poder son diferentes, en términos de envergadura, alcance, capacidad de movilización y aspiraciones, pero que a la vez el progreso de los dos está íntimamente relacionado en términos estratégicos. Es decir, consideramos que es importante ser conscientes que el adelanto, el crecimiento y la sofisticación del MxV no es, por sí solo o automáticamente, revolucionario, sino que dependerá en la forma y el grado en que sus objetivos se alineen con los de una estrategia revolucionaria que vaya más allá de la esfera de la vivienda.
A la vez, el Partido Comunista se construye con la lucha de las masas, y no al margen de esta. Una estrategia que permita vincular el movimiento por la vivienda con la lucha revolucionaria no surgirá ni de pensar mucho sin participar en él ni de imponer consignas muy radicales y decir que eso es una estrategia. Cuando decimos que el movimiento no tiene una estrategia clara y concreta, no decimos que esta tenga que venir predefinida, todo lo contrario; una estrategia común en un movimiento de masas no se desarrolla en el primer momento, sino a lo largo del desarrollo y práctica de la lucha, cuando esta se demuestra eficaz; esto es lo que echamos de menos en el MxV.
Ahora bien, ¿como tendríamos que llevar a la práctica esta voluntad estratégica? En los contenidos del Primer Encuentro Revolucionario por la Vivienda[1] que tuvo lugar en València ya presentamos nuestro análisis de la situación actual y avanzamos los aspectos esenciales de nuestra propuesta táctica –basada en unas líneas estratégicas que hemos recogido principalmente a nuestros Documentos Congresuales[2]– sobre la que ahora nos interesa resaltar ciertos aspectos que consideramos de especial relevancia para el contexto catalán.
En este Encuentro Revolucionario señalábamos el potencial que tiene el MxV de abrir un nuevo flanco que debilite la posición de los especuladores inmobiliarios, la posibilidad de madurar la politización de las bases y de construir organizaciones genuinamente masivas, democráticas y combativas. Así mismo, consideramos que el desarrollo de estos puntos tácticos tiene que ir ligado con los objetivos más amplios que tenemos como revolucionarios: atacar a elementos fundamentales de la oligarquía financiera, situar la clase obrera al frente de la lucha popular y dotar a las masas de los principios políticos más útiles para fortalecer las posiciones más avanzadas y preparar la ofensiva contra el enemigo, especialmente teniendo en cuenta la relevancia que los grandes centros urbanos tienen en los países imperialistas. A continuación nos centraremos en algunos de estos puntos claves:
Una acción sindical coherente con las contradicciones principales en la cuestión de la vivienda
Desde nuestro punto de vista, identificar y esquematizar las principales contradicciones y actores que intervienen en el sector de la vivienda es una primera tarea esencial que favorecerá una acción sindical más efectiva, permitiendo una mejora de la priorización y distribución de nuestras fuerzas. Denominamos contradicción principal a aquella que determina e influye en todas las otras contradicciones, y denominamos contradicción antagónica aquella que no se puede resolver por la vía de la negociación, aquella donde no hay una conciliación posible.
En primer lugar, consideramos que la contradicción principal y antagónica que se da en la lucha por la vivienda es entre las clases populares y los monopolios del sector bancario, representados en bancos y fondos de inversión. Estos tienen que ser distinguidos claramente como el enemigo principal, pues son los mayores responsables de la subida de los alquileres y del precio de la vivienda en general, fruto de buscar la máxima rentabilidad de su inversión especulativa constriñendo la oferta disponible y aumentando los precios artificialmente, y presionando de manera directa en el Estado para evitar ningún cambio que pueda no serlos beneficioso (como por ejemplo en las reuniones de Pedro Sánchez con los principales especuladores inmobiliarios, o con Barcelona siendo la sede del The District, el congreso de especuladores). Esta contradicción define la línea general de nuestra estrategia y de esta se tendrían que derivar nuestras prioridades y métodos de trabajo como movimiento organizado.
Entendemos que la estrategia general tiene que estar centrada en la lucha para limitar y cercar el grado de actuación de los especuladores, por todos los medios, en relación con el precio de la vivienda, y que por lo tanto, si bien hay otros elementos significativos en la lucha, como por ejemplo contrarrestar la turistificación y masificación de ciertas zonas o la paralización de los desahucios, estos no tienen que copar la centralidad de nuestras acciones y reivindicaciones.
Profundizando en el tema de la turistificación, si bien este problema se manifiesta con una intensidad especial en algunas poblaciones y ciudades de Catalunya, tenemos que entender que el modelo turístico no es la raíz o núcleo de las tendencias vigentes, sino que es la pujanza de la oligarquía financiera inmobiliaria, muy a menudo mediante sus representantes institucionales, la que en última instancia patrocina estos modelos como forma de acelerar y justificar las subidas de precio. Solo hay que ver que en lugares donde casi no hay turismo los precios también suben. En comparación con otras potencias imperialistas europeas, la burguesía española se encuentra en una posición relativamente más débil, cosa que los hace optar por actividades de rentabilidad más rápida pero más volátiles, como por ejemplo el turismo y la hostelería o el sector inmobiliario y de la construcción, ante otras potencias más fuertes, en que la industria, el sector científico y el desarrollo de redes de comunicaciones ha llevado la delantera históricamente. Cualquier movilización tiene que tener presente este contexto y tiene que señalar a la oligarquía financiera como responsable, evitando desviar la atención hacia otros actores menores. En este sentido, la turistificación es el chivo expiatorio principal para la socialdemocracia y el reformismo; decir que el turismo es el responsable principal o total del problema de la vivienda es una forma de desmovilizar y de desviar el foco de la cuestión principal, presentando la cuestión como un problema compartimentado que se puede resolver sin chocar frontalmente con los intereses y el poder de la oligarquía financiera, de forma que las reformas más pequeñas pueden ser mejor recibimientos, a la vez que justifican una situación injustificable como es la subida indefinida de los alquileres.
En líneas generales, consideramos que se pueden delimitar una serie de reivindicaciones fundamentales que sirvan para fomentar la unidad de acción en el movimiento, adecuadas para centrar la atención en la fuerza que ejercen los monopolios del sector bancario y conseguir la movilización más grande de las capas populares, y que podrían resumirse en:
- Regulación del precio del alquiler con una limitación efectiva.
- Regulación del precio de la vivienda para que este refleje su valor real.
- Aumento del parque de vivienda pública, sobre todo mediante la expropiación a grandes tenedores.
Además de estas reivindicaciones principales, existen otros más específicas como establecer contratos de alquiler indefinidos o poner freno a planes urbanísticos que abren el camino a la especulación.
Continuando con nuestro análisis, observamos otra contradicción secundaria antagónica con los especuladores/rentistas grandes y medios. Sus intereses están claramente ligados con los de los monopolios del sector bancario, pero no tienen la fuerza para ejercer el mismo grado de presión, o bien obtienen la ganancia otras inversiones y por tanto no son tan agresivos en el ámbito de la vivienda, pues lo ven más como un mercado para diversificar la inversión. También son claros enemigos de las clases populares, pero con un grado inferior de incidencia. En este sentido, tenemos que avanzar para solidificar unas posiciones organizativas y políticas sindicales suficientes sustanciales, que fuercen estos actores a negociar con nosotros.
En esta lucha contra los monopolios del sector bancario y los rentistas grandes y medios consideramos que es imprescindible que la acción sindical se articule como eje principal de los sindicatos locales, como forma de movilización y organización más estructurada y que conduzca a la politización de las amplias masas. Es importante resaltar que la acción sindical en materia de vivienda no se puede comparar mecánicamente con el sindicalismo del movimiento obrero (MO), puesto que este último se origina en relación con una contradicción más profunda que afecta las propias raíces de la producción capitalista y con un claro protagonismo de la clase obrera. La acción sindical en materia de vivienda, por el contrario, tendrá que ser más amplia y flexible, puesto que, por un lado, se manifiesta en unas coordenadas económicas diferentes (en la esfera del mercado y el consumo), con un carácter más interclasista propio de los movimientos urbanos populares, que une todas aquellas capas con interés objetivo en derrocar el capitalismo; y por otro lado, la participación en el MxV tiene un carácter más bien voluntario para muchas personas, mientras que en el MO la lucha se da al puesto de trabajo y por tanto dejar de luchar puede querer decir perder el trabajo. Esto comporta que las organizaciones permanentes del MxV serán necesariamente más pequeñas que las del MO, de aquí la necesidad de flexibilidad.
Situar la acción sindical como pilar central de la acción de los sindicatos locales no implica construir un grupo dirigista que, en nombre de “la acción sindical”, dirija toda la acción política del sindicato, sino que precisamente tiene que servir para descargar a los sindicatos de las tareas más mecánicas, dejando que la dirección política tome el protagonismo de las asambleas, luchando contra las inercias asistencialistas o incluso apolíticas. No es lógico que en parte de los sindicatos locales persista una práctica de asesoramiento asistencial de “militantes” hacia “afectados”, con el consecuente desgaste del sector “militante” y falta de desarrollo político de los “afectados”. Los sindicatos locales no pueden limitarse a funcionar como servicios sociales y tienen que desplegar una acción sindical más ambiciosa, centrándose en la acción conjunta contra grandes monopolios, rentistas grandes y medios que operan por todo el territorio, con el resto de problemáticas ocupando un plano más secundario, y alejándose de las dinámicas asistencialistas.
Por otro lado, en cuanto a la contradicción con los pequeños propietarios –generalmente rentistas de escala menor o “accidentales”, que obtienen cierto margen de rentabilidad de la explotación económica del segundo o tercera vivienda– consideramos que este no se tendría que tomar como antagónica en general, siendo un sector muy variado, que puede incluir personas que, dadas sus condiciones de vida materiales, realmente tengan intereses más o menos contrapuestos o más o menos identificables con los de las amplias clases populares, que hagan en mayor o menor grado la obtención de rentas su ingreso económico principal. Se trata por lo tanto de un sector vacilante que se puede ver fácilmente influenciado por la política ultrareaccionaria, y con el cual interesa hacer principalmente una tarea de persuasión para sumar a la mayor parte posible definitivamente al campo popular, con el objetivo de incluirlo en la lucha. En los casos en que esto no sea posible, habrá que ser hábiles y conscientes con los mecanismos de presión por no aislar el movimiento del resto de la población con potencial de ser movilizada.
Finalmente, hay una clara contradicción secundaria antagónica con el Estado, no solo en el sentido más inmediato y notorio (represión directa, carencias de infraestructuras y regulación en materia de vivienda), sino también en un sentido más de fondo, como Estado capitalista que sirve a los intereses de la burguesía, y que actúa como herramienta de dominación sobre las clases populares, siente necesaria su destrucción para transformar la situación. Sin embargo, tenemos que entender que este objetivo va ligado a otras tareas estratégicas de más importancia, y que no se desarrolla en el vacío. Hay que tener claro que el potencial crecimiento cuantitativo del MxV y el posible protagonismo en el debate político estatal no es un acontecimiento revolucionario en sí mismo, y que una confrontación real por la conquista del poder estatal es un proceso que implica la constitución efectiva de una serie de actores esenciales (Partido Comunista, Ejército Popular, Frente Unido), que eleven cualitativamente el carácter de la lucha en conjunto. Es decir, el papel del Estado no se puede magnificar desde posturas reformistas (considerando que todo cambio posible se tiene que encontrar con las instituciones como eje central) pero tampoco se puede minimizar la fuerza como aparato represivo de clase, cayendo en fórmulas idealistas que subestimen su alcance y la viabilidad de una estrategia que no tenga un poder militar real y un sostén popular detrás que lo defienda de manera efectiva.
En este mismo ámbito incluimos como enemigos secundarios a los servidores de la oligarquía, es decir, a los políticos que gestionan la miseria necesaria para el beneficio de los capitalistas, sea de manera abierta como hace la derecha o haciéndose pasar por parte del pueblo y fingiendo que comparten sus intereses, como hace la izquierda.
Así pues, como hemos explicado, consideramos que el MxV tiene varios enemigos a combatir, de entre los cuales la oligarquía financiera inmobiliaria, en forma de bancos y fondos de inversión, son los principales. Así pues, tenemos que señalarlos con toda la claridad y contundencia posible, y consideramos que usar el término «rentistas» de manera tan general desdibuja al enemigo principal, y puede implicar, a futuro, derivar en una línea política que no ataque a quién tiene que atacar y que dé igual relevancia a combatir a un rentista pequeño que a un fondo de inversión que aglutina un porcentaje elevado de los pisos en el mercado.
Politización y perspectiva de clase obrera
Todo movimiento popular urbano contiene el potencial de convertir aquello que inicialmente es un movimiento de resistencia en un apoyo firme a la revolución, y es en este proceso de pasar de un estadio a otro que la cuestión de la conciencia revolucionaria se vuelve esencial. En este sentido, en el Encuentro Revolucionario por la Vivienda ya mencionábamos la necesidad que el MxV se dotara de espacios de educación, reflexión y decisión política colectivos. Y es aquí donde la ideología comunista y el conocimiento revolucionario tiene que ser capaz de ofrecer un análisis científico de la situación, que exponga los intereses de la clase burguesa y haga avanzar una perspectiva de clase obrera a los movimientos urbanos populares.
¿Pero qué queremos decir con perspectiva de clase obrera? Cómo comentábamos previamente, en las ciudades de las potencias imperialistas se concentra mucha población de diversa condición social. La dinámica intrínseca del capitalismo, no obstante, genera el fenómeno conocido como proletarización: las capas medias de la sociedad progresivamente se acercan más al nivel de vida de un proletario, no solo en términos de empobrecimiento sino también en términos de condiciones de vida generales, pérdida de autonomía al trabajo, masificación de profesiones que antes eran exclusivas… Este proceso de proletarización, especialmente en las potencias imperialistas, no se da de manera mecánica e ininterrumpida, sino mediante ciclos que pueden durar décadas a diferentes ritmos para diferentes sectores de la población. En cualquier caso, la bota del capitalismo aplasta a cada vez más capas de la sociedad y el grueso de las clases populares se amplían cada vez más. Sin embargo, dentro las capas explotadas, el proletariado, por su relación en la cadena de producción capitalista, se encuentra en una posición ventajosa para dar una respuesta más contundente y definitiva a los capitalistas y se distingue como aquella capaz de forjar un mundo nuevo superior al capitalista: el comunismo.
Por eso, transmitir esta perspectiva de clase obrera implica, en los términos más básicos, que las capas populares identifiquen claramente que sus intereses están intrínsecamente ligados y sujetos a los intereses de la lucha del proletariado por el poder, que el problema de la vivienda no es puede desvincular de la superación del capitalismo. A la vez, hay que entender que durante la revolución, entendida como guerra del pueblo contra la burguesía que intenta mantenerse al poder, los movimientos de masas harán un gran salto cualitativo, puesto que las fuerzas revolucionarias necesitarán el apoyo de estas organizaciones y estructuras de masas para defender los avances en las relaciones sociales y de producción en aquellos territorios bajo poder obrero.
Esta perspectiva proletaria destaca especialmente en la lucha del movimiento obrero, que dispone de un largo historial de disciplina, masividad, capacidad y experiencias que tiene que brindar a todos los ámbitos de la lucha popular, incluida la lucha por la vivienda. Una tarea que tenemos como comunistas consiste en extrapolar estas enseñanzas generales de la lucha obrera a los movimientos urbanos populares, dotando al movimiento de las herramientas y las estructuras organizativas necesarias para unir las capas populares en la lucha contra la especulación (dispuesto a coordinar las diferentes luchas y trabajar con estructuras supralocales), implica elevar los medios de confrontación y formas de lucha (tanto legales como no legales, reforzando la seguridad y protección antirrepresiva) y un trabajo de formación y educación política (no limitado a cuestiones jurídicas sino que señale a los enemigos principales y a quienes los defienden).
Finalmente, y a pesar de que ya se han comentado algunas cosas, vemos imprescindible remarcar la necesidad de romper con lo que denominamos híperactivismo, es decir, aquellas prácticas que solo son asumibles por activistas “profesionales” y que acaban generando debates estériles, asambleas eternas y poco resolutivas, la creación de grupitos dirigentes, etc; todas estas prácticas debilitan la democracia en el seno del movimiento y en general dificultan la participación de las amplias clases populares en éste. Nuestra tarea como comunistas tiene que ser romper con las restricciones que nos imponen las dinámicas actuales de los movimientos sociales, impulsando movimientos masivos, democráticos y combativos, reafirmando que cualquier cambio sustancial requerirá de la movilización consciente de las masas más avanzadas y entendiendo que es imprescindible que la perspectiva de clase obrera se sustente sobre las inquietudes y punto de vista de estas. Las posiciones revolucionarias no caen del cielo; cualquier postulado político revolucionario es un producto del desarrollo, sintetización, y elevación del conocimiento desarrollado por las masas al calor de la lucha de clases.
Así pues, a modo de conclusión del apartado:
Si queremos que el movimiento sea realmente masivo, hay que hacerlo accesible para las clases populares; favorecer la conciliación laboral y la ejecutividad de las reuniones (rebajando la duración de las asambleas, combatiendo el debate estéril improductivo y estableciendo otros espacios amplios que faciliten asistencia regular), establecer diferentes grados de participación en el movimiento según las posibilidades de implicación, ser proactivos en la agitación y la propaganda fuera de los circuitos habituales y situar la acción sindical como forma principal de empoderamiento.
Si queremos que el movimiento sea realmente democrático, hace falta que los sindicatos generen espacios de debate y decisión amplios y honestos, como lo pueden ser las asambleas, que actúen como centro de la dirección política. Hace falta que estos espacios sean resolutivos y capaces de asignar responsabilidades en su seno (pues no hay nada menos democrático que debatir mucho algo y que después nadie la lleve a cabo), y, por otro lado, que en caso de adherirse a estructuras supralocales, las decisiones tomadas en estos espacios amplios continúen teniendo un recorrido efectivo.
Si queremos que el movimiento sea realmente combativo, tiene que señalar y atacar a sus enemigos principales, sin tapujos, dejando claro quién son los responsables de nuestra miseria y movilizando a todo el pueblo contra ellos, demostrando en la práctica y no solo con consignas la fuerza que tenemos para arrebatar derechos en el Estado, a la vez que se prueban los límites del capitalismo y se desarrolla más la conciencia revolucionaria, se deslegitima el poder estatal y se construyen las condiciones para la presa del poder.
2. EL MOVIMIENTO POR LA VIVIENDA EN CATALUNYA
Habiendo tratado ya nuestra posición para el movimiento en general, ahora hablaremos en concreto del estado del movimiento en Catalunya, y particularmente sobre el II Congreso de Vivienda.
El I Congreso de Vivienda se celebra al 2019 en un contexto en el que, pasados los años en los que las PAHs eran las únicas organizaciones de vivienda, habían nacido varios sindicatos locales y el Sindicato de Inquilinas. El movimiento era extremadamente diverso y poco coordinado, y se vio necesario establecer un espacio de encuentro para trabajar conjuntamente las limitaciones del movimiento y hacer avanzar la lucha. En este sentido, aplaudimos la iniciativa que se tuvo en aquel momento y la que se está teniendo actualmente con el II Congreso y hacemos un llamamiento a todas aquellas personas del movimiento por la vivienda de Catalunya a que participen el máximo posible de los espacios del II Congreso.
De aquí a pocos meses, a principios del 2025, se celebrará el II Congreso de Vivienda, con la previsión de que este culminará en la creación de una organización conjunta que aglutine a gran parte de los sindicatos locales en una estructura más elaborada que la coordinación que surgió del I Congreso. La necesidad de la creación de una estructura conjunta, más allá de los detalles sobre esta, es compartida por una gran parte de los colectivos locales y de las organizaciones políticas presentes en el MxV, y nosotros también pensamos que es necesaria. Ahora pasaremos a desgranar aquello que creemos positivo de la organización conjunta, como nos lo imaginamos en un futuro inmediato y más lejano, y qué peligros pensamos que se tendrán que enfrentar (y como tratarlos).
La nueva organización nace con la idea de romper con el “localismo”, es decir, romper con las limitaciones de la acción sindical local (una capacidad de negociación reducida y muy desigual y una capacidad de presión minúscula), y expandir el horizonte de actuación fuera de los límites del barrio mismo, con una perspectiva más amplia, adecuada para los problemas de gran escala. Nosotros entendemos que esto tiene que implicar inmediatamente coordinar mejor las fuerzas del movimiento para limitar y cercar el poder de los especuladores y, en consecuencia, poder tanto responder a sus ataques como actuar a la ofensiva contra ellos. Y es que si bien es cierto que la acción sindical se tendrá que adaptar a las particularidades de cada barrio (hay zonas de más interés especulativo que otros, unas que están mejor conectadas que otras, o barrios donde predominen ciertos perfiles de clase sobre otros, etc.), creemos que la unidad de acción contra los enemigos principales, que son comunes, también tiene que tener su reflejo en la forma organizativa, tendiendo más a la unificación que a la fragmentación o escisión. Esto se conseguirá siempre que se despliegue todo el potencial de movilización que tiene el movimiento por la vivienda.
Por otro lado, las campañas paralelas de cada sindicato local podrán encontrarse y organizarse conjuntamente de manera natural, en vez de que las «coordinaciones» se produzcan apresuradamente, solo en situaciones de urgencia o incluso por casualidad o contactos personales. La compartición formal de información permitirá que las campañas se generen razonadamente e incluyan en todo el mundo que pueda participar, además de ser adecuadas a la realidad del movimiento y del mercado inmobiliario.
Así pues, entendemos que las fortalezas principales de la nueva organización residirán en:
- Su capacidad de ser un espacio democrático de dirección política real del movimiento, y no una reunión de coordinación de asambleas locales en que cada cual explica su situación y se comparten consejos.
- Su capacidad de generar un órgano de acción sindical funcional, que pueda proponer campañas masivas y combativas que respondan a los intereses y necesidades de las masas y que hagan avanzar la lucha del movimiento.
- Su capacidad de generar secciones sindicales por propiedad que puedan negociar y presionar a las propiedades de manera efectiva y conseguir victorias.
- La capacidad de centralizar información que permita tener un análisis (tanto en aquello concreto como en aquello general) más afilado, de forma que podamos planificar la estrategia del movimiento con más acierto.
Teniendo en cuenta que el grado de participación en el II Congreso ha sido desigual, y que no siempre se ha conseguido movilizar todos los perfiles que forman el MxV, predominando los aspectos más ideológicos durante esta fase de debates, ahora tiene que ser el momento de promover una forma de trabajo más accesible y transparente que fomente el elemento popular, esencial si queremos que sea realmente funcional. Es fundamental que la nueva organización sea accesible a las masas, y esté arraigada en estas, es decir, que responda a los intereses y necesidades de estas, las pueda incorporar, desarrollarlas políticamente y movilizarlas para lograr los objetivos del movimiento.
En este sentido, también es probable que, con el objetivo de aglutinar a la mayor parte de los sindicatos de vivienda, PAHs combativas, etc., se acuerde una estructura inicialmente más laxa, en forma de federación o confederación. Ahora bien, nosotros apostamos por que en un futuro la organización se convierta en el sindicato único, unificado, de vivienda de Catalunya, pues es el tipo de estructura que más fácilmente permite convertirse en referentes y sumar a más y más gente en la lucha por la vivienda.
Habiendo visto ya los aspectos de la nueva organización que harán avanzar la lucha, pasamos a hablar de los posibles aspectos negativos. Nosotros observamos algunos problemas incipientes o futuros problemas que puede tener la nueva organización, y en el punto clave en el que nos encontramos consideramos necesario señalarlos y actuar en consecuencia.
Del mismo modo que señalamos el potencial de una nueva organización para conseguir una movilización más grande del pueblo y un salto cualitativo en nuestra forma de trabajo, también tenemos que ser conscientes de la posibilidad opuesta, como consecuencia de los peligros que pueden aflorar en cualquier estructura política que acaba de nacer (confusión jerárquica entre los diferentes órganos, carencia de representatividad, problemas de financiación continuada, burocratización y acomodo etc.), y que podría traducirse fácilmente en una degeneración de los elementos que comentábamos anteriormente (masividad, democracia, combatividad).
Concretamente, el problema fundamental que puede tener la nueva organización es el aislamiento de las masas, es decir, que la actividad de la organización no responda a las necesidades e intereses de las clases populares y que la relación con estas sea paternalista o sencillamente inexistente. Esto se podría traducir en que las convocatorias, acciones y actividad en general de la confederación estuvieran reducidas a un grupito de militantes con muy buenas intenciones y que asumen mucho trabajo, pero que al hacerlo no desarrollan políticamente al resto de los involucrados en el movimiento, ni hacen avanzar la lucha hacia la masividad que puede y tiene que obtener. La nueva organización no puede ser un entramado de grupos de militantes que se queman participando en mil comisiones y grupos de trabajo. Esto es parte del híperactivismo del que hablábamos antes; estructuras solo asumibles por activistas muy comprometidos y que dificultan la participación política de las masas. La estructura tiene que ser sencilla y los diferentes niveles de compromiso no tienen que suponer trabas burocráticas y presa opaca de decisiones; no tenemos que cometer el error de pasar del asamblearismo extremo a los sindicatos locales a una cúpula divorciada de toda la base. Es decir, no se puede pensar que la simple suma matemática de los sindicatos que se adhieran a la nueva confederación inmediatamente asegurará una reserva infinita de militantes, y no sirve de nada tampoco tener miles de afiliados si estos son tratados como una multitud pasiva, como hacen los partidos reformistas. De nada servirán grandes discursos si la actividad está aislada de las amplias masas; la confederación tendrá que ganarse a las masas y ser una herramienta de organización y radicalización de las clases populares.
Otro problema que podríamos encontrar y que afecta a la democracia interna es el de intentar esconder las diferencias ideológicas existentes en la nueva organización, con ánimos de no generar conflicto en el seno de esta, o que la dirección política se acabe reduciendo exclusivamente a órganos superiores. Si bien estamos de acuerdo en que las disputas concretas entre organizaciones políticas no tienen que paralizar el trabajo de los varios espacios del movimiento por la vivienda, esconder las diferencias ideológicas bajo la alfombra solo agravará el momento en que todas salgan de golpe, o que se hagan públicas por vías no deseadas. Por otro lado, tampoco se tienen que tratar las diferencias ideológicas de manera antagónica, entendiendo que la mínima discrepancia tiene que suponer una rotura o la inactividad absoluta hasta que no se «resuelvan los problemas» y «se logre la unidad».
La solución a estas dos posturas es tener una lucha de líneas abierta, donde todas las posturas se expongan abiertamente y claramente en los espacios de la nueva organización. Partiendo siempre de la voluntad de unidad, se hacen las críticas pertinentes, se debaten abiertamente, y finalmente se obtiene una nueva unidad ideológica. Este es el método más democrático de resolver las diferencias ideológicas y de acercar posturas; ni hacer ver que no existen, ni poner en marcha debates con la voluntad de romper o someter a las otras visiones. Sobra decir que la lucha de líneas no se tiene que traducir en fracciones dentro de la confederación ni en posturas diferentes de cara al externo como confederación, a pesar de que sí será bueno dar a conocer los debates internos a todo el movimiento para asegurar que la nueva unidad se construya con un consenso más grande y más rico.
En cualquier caso, para cualquier tipo de avance ideológico o táctico, es esencial que los espacios de participación más amplios puedan ver su voluntad reflejada y ejecutada en las decisiones que se tomen en los diferentes órganos de la nueva organización. Los periodos congresuales o de asambleas generales están obviamente reservados específicamente para eso, pero también tenemos que pensar en términos más generales y de fondo: la dirección política tiene que partir y sustentarse en gran parte sobre los conocimientos y experiencias que las masas demuestran en su día a día.
Todo lo que hemos expuesto anteriormente se puede traducir, a la vez, en una pérdida de combatividad. Una organización cuyos órganos se aíslan de las masas sufrirá de una falta de fuerzas que puede llevar a buscar más y más compromisos con nuestros enemigos. Por otro lado, una organización que puede movilizar amplias capas populares pero que no cuenta con los aparatos democráticos para desarrollar y concretar su voluntad, que la da por hecho y se acomoda, se traduce en una dirección política divorciada de los intereses objetivos de quienes dice representar, y por tanto, tendente hacia el reformismo, en que los afiliados son un ente pasivo.
Así pues, a modo de conclusión del apartado:
Al respecto de la propuesta de nueva organización del II Congreso, lo entendemos como una mejora en las condiciones del movimiento, a pesar de haber señalado los posibles peligros. También hace falta que, como comunistas o personas comprometidas con el movimiento por la vivienda y que queremos que avance cualitativamente, entendamos que nuestros esfuerzos en la hora de impulsar esta organización serán muy necesarios, y por eso hacemos un llamamiento a participar. Nos podrá parecer imperfecta, nos podrá parecer que tiene muchos problemas, pero hay que confiar en que la experiencia práctica y el trabajo diario, no mecánica sino guiada políticamente, nos ayudará a desarrollarla y convertirla en una herramienta poderosa al servicio de la clase trabajadora.
CONCLUSIÓN
Como avanzábamos al principio, el Movimiento por la Vivienda está en auge, y además está empezando a protagonizar las grandes movilizaciones masivas que no se veían desde hacía años, señal de que, pese a las carencias que hemos mencionado, el movimiento ha madurado en los últimos años y está evolucionando.
Aun así, para que el movimiento deje de actuar totalmente o mayoritariamente a la defensiva, consideramos necesario poner el foco en el enemigo principal, que son los monopolios del sector bancario (bancos y fondos de inversión), y que nuestra estrategia y tácticas busquen atacarlos con contundencia, limitando y cercando su grado de actuación.
Como complemento a la conclusión de la anterior sección, hacemos un llamamiento a participar en el MxV, con voluntad y objetivos políticos. Por un lado, la lucha obrera revolucionaria no se reconstruirá aisladamente al resto de luchas del pueblo, y rechazar la participación en un movimiento porque no se ajusta a unos parámetros ideales predefinidos debilita el potencial revolucionario del movimiento y el desarrollo de la lucha revolucionaria. Por otro lado, participar mecánicamente, sin principios políticos, lleva a dejar de lado el desarrollo político de las masas, a asumir mucha cantidad de trabajo y a cansarse de la militancia, contribuyendo también así a la debilitación del movimiento.
En definitiva, animamos a todo el mundo a reforzar las filas del movimiento por la vivienda, con una perspectiva revolucionaria que señale a nuestros enemigos principales y a sus aliados y que enfrente las actitudes e ideas que frenan el potencial movilizador y combativo del movimiento.
¡Combatir la especulación capitalista, organizar la revolución!
¡Luchemos por un movimiento por la vivienda al servicio del pueblo y de la revolución!
[1]https://revolucion-prt.es/encuentro-vivienda-valencia-2024/
[2]https://revolucion-prt.es/tercera-postura-congresual-nuestra-linea-politica-estrategia-y-tactica/
