El pasado 26 de octubre estuvimos en la manifestación por la libertad de los 6 antifascistas de Zaragoza, que cumplen ya seis meses desde su encarcelamiento. Su recorrido fue desde Glorieta Sasera hasta las puertas del CSO Kike Mur, que esa semana estaba celebrando su XIV aniversario. Ahí se preparó una comida popular post-manifestación. A la manifestación acudieron unas 2000 a 3000 personas que gritaban «la lucha es el único camino» o «ser antifascista no es un delito».
Desde el PRT repartimos en torno a un centenar de panfletos entre la multitud que decían así:
Todos los aquí presentes conocemos la historia: 6 antifascistas se manifiestan contra un mítin de Vox junto a una multitud de unas 200 personas y parte de la manifestación se dirige hacia Ciudad Universitaria, donde los manifestantes se intentaron refugiar dado que la policía no podía entrar legalmente sin permiso. Ante esto, decidió rodear el recinto. Después del conflicto, la policía creyó necesario el arrestar a una serie de personas aleatoriamente para infundir el miedo entre la gente. Esas personas arrestadas fueron los 6 antifascistas de Zaragoza. Tras varios años de juicios, múltiples movilizaciones contra la represión a los 6 y la ausencia de pruebas dadas por la policía (no había ninguna evidencia para probar que ninguno de los 6 antifascistas quebrantó la ley) se condenó a 4 de los antifascistas a 4 años y 9 meses en prisión y se les impuso una multa de 14.000 euros a los 2 restantes por ser menores de edad. Esta condena fue posible gracias a la Ley Mordaza, bajo la cual el testimonio de la policía ya es una prueba suficiente. Esta ley, recordemos, no fue derogada por el Gobierno PSOE+Podemos+PCE.
El ejemplo de los 6 de Zaragoza no nos intimida, sino que nos anima a luchar. Hoy la respuesta de la gente frente a los ataques del Estado y los fascistas es, sobre todo, reactiva. Esto es normal en la medida en la que las luchas del pueblo en general no son suficientemente amplias y profundas, ni contamos todavía con organizaciones populares sólidas y listas para luchar sistemáticamente. Debemos, por tanto, ampliar y profundizar nuestras luchas cotidianas y, en ese proceso, mejorar la capacidad de autodefensa del movimiento obrero y popular, para lograr una capacidad organizativa de autodefensa independiente del Estado y para lograr empujar con mayor fuerza nuestras propias demandas a través de la movilización masiva.
Quedarnos en el caso de Zaragoza sería un error. Al rededor de todo el Estado español presenciamos múltiples infiltraciones policiales dentro de los movimientos sociales con el objetivo de, según el Ministerio del interior, «prevenir la delincuencia» (¿es que son criminales las organizaciones populares para el estado?). En Asturias, Xixón, las seis sindicalistas de La Suiza han sido condenadas por hacer sindicalismo, por enfrentarse a su patrón después de que el mismo obligase a una trabajadora a cargar con un saco de harina de 25 kilos mientras estaba embarazada, lo que podía provocarle riesgo de aborto. Podríamos continuar con más ejemplos, pero nos concentraremos en uno:
En Cádiz, al calor de la huelga del metal de 2021, los trabajadores fueron reprimidos tanto en la violencia de las calles como en forma de multas o condenas. Tras la extensión del conflicto a los barrios y pueblos obreros donde vivían los trabajadores, el “Gobierno más progresista de la historia” envió una tanqueta militar para intensificar la represión, acción justificada por Enrique Santiago, Secretario General del PCE y miembro por entonces del Gobierno. ¿Cuál fue la razón de una represión tan intensa? La capacidad de la clase obrera de paralizar la producción. Mientras la represión estaba en su punto álgido, Raquel Rodríguez, una gaditana solidarizada con la huelga, dio unas tajantes declaraciones para la RTVE: «Si es necesario “que arda Troya”, porque esto hay que defenderlo con uñas y dientes. No voy a permitir que estos sicarios […] se metan en las zonas residenciales donde tenemos nuestros hijos». Cuando fue llevada a juicio declaró: «No me declaro culpable porque no he hecho nada. La idea es perseguirnos judicialmente».
La represión de los 6 de Zaragoza se extiende, con otros nombres y apellidos, por el resto del Estado. La clase obrera debemos intensificar la lucha reivindicativa y, a través de ella, construir nuestras propias formas de autodefensa independientes. Así, cuando el Estado golpee, podremos defender nuestras reivindicaciones a través de organizaciones fuertes.
