Versió en català:
10S i 11S: Antifeixisme popular contra la ultradreta i el feixisme!
La próxima semana en Barcelona hay dos convocatorias antifascistas:
En primer lugar, el 10 de septiembre se ha convocado una movilización popular contra la presencia y el uso que hace Aliança Catalana del espacio histórico del Fossar de les Moreres. La Izquierda Independentista, bajo el lema «Unidad Antifascista para una tierra de todos», impulsa esta movilización para defender una identidad catalana inclusiva y diversa.
Por otra parte, el 11 de septiembre, Diada Nacional de Cataluña, diversos colectivos antifascistas han convocado una manifestación en respuesta a la concentración anunciada por Núcleo Nacional bajo el lema «Hispanidad es catalanidad», a 25 minutos del acto institucional de la Diada.
Desde el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) damos apoyo a las dos convocatorias y hacemos un llamamiento a asistir el jueves 10 de septiembre a las 17:00 h en el Fossar de les Moreres y el viernes 11 a las 18:00 h en el Paseo de San Juan (salida Metro Verdaguer). El ascenso de la ultraderecha, del fascismo y la tendencia autoritaria del Estado e instituciones deben ser combatidos en las calles.
La ultraderecha y los partidos del Estado Burgués nos llevan juntos hacia el fascismo
Las encuestas de las próximas elecciones nos muestran el ascenso electoral meteórico de Aliança Catalana; algunas pronostican que podría quedar como segunda fuerza en Cataluña.
Lo que también enseñan estas encuestas son las «fugas de votos» de partido a partido: los lazos de AC con los sectores radicales de los partidos de derecha tradicionales, así como la facilidad de integrar al electorado anti-independentista procedente de Vox y PP acusándolos, por ejemplo, de ser «demasiado blandos» con la inmigración latinoamericana1.
Esto nos muestra cómo la ultraderecha, tan española como catalana, es parte del mismo brazo del sistema que busca estrangular más fuerte a una clase obrera ya pauperizada y decepcionada por los gobiernos y partidos burgueses tradicionales, que han mantenido la miseria popular. Estos partidos tienen un discurso cada vez más fascista (importado casi calcado desde Estados Unidos) y arrastran a los partidos institucionales de todo el arco parlamentario burgués a posturas cada vez más de derechas. Elementos fascistas entran en las instituciones y el circuito político burgués, creciendo a la sombra del amplio paraguas de los partidos electoralistas de ultraderecha, sus fundaciones y organizaciones satélite. En el caso de Núcleo Nacional, incluso el Ayuntamiento del PSC no tiene problema en anunciar su concentración en la página web institucional2.
Elementos y grupos fascistas o fascistoides infiltran las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, o estrechan sus relaciones con estos, a veces incluso de forma descarada. Esto refuerza la tradicional pasividad que los integrantes de esta rama del aparato estatal han demostrado tener históricamente con los elementos reaccionarios y fascistas a la hora de tener que reprimirlos, y la simpatía con sus ideas, con claras coincidencias y «puertas giratorias» entre los cuerpos policiales y militares y las sedes fascistas o las empresas de seguridad privada y despidos.
Portavoces reaccionarios y fascistas como Núcleo Nacional ganan peso en su capacidad de influencia masiva, especialmente de la mano de los grandes monopolios de la comunicación y las nuevas tecnologías. Demagogia de tipo racista y xenófobo contra la población migrante; de tipo patriarcal contra el movimiento feminista y LGBTIAQ+; ultranacionalismo y criminalización contra el movimiento antifascista; uso de noticias falsas, desinformación… Aunque este tipo de actividades son la norma en una democracia burguesa, gracias a la complicidad abierta de las grandes multinacionales de las redes sociales y de inteligencia artificial, estas actividades han alcanzado una dimensión nunca vista, suprimiendo las publicaciones «de izquierdas» y promocionando contenido de ultraderecha de manera activa. La oligarquía financiera y su maquinaria organizan la reacción para redirigir el malestar popular de la crisis que ellos mismos han provocado hacia los más vulnerables. Porque sí, la falta de inversión pública en los barrios obreros, el deterioro de servicios públicos en sanidad y educación, la subida de precios de la vivienda, los alimentos o la energía tienen culpables, pero no son los que la ultraderecha nos quiere hacer creer.
Los culpables de la crisis son los mismos que nos animan a mirar por encima del hombro a nuestras vecinas y compañeras de trabajo solo por su origen o su identidad de género. Pero lo tenemos que decir muy claro: ¿quién nos lleva por el camino de la guerra imperialista? ¿Quién se enriquece con beneficios extraordinarios gracias al trabajo de toda la clase trabajadora? ¿Quién goza de lujo mientras los barrios obreros se marginalizan y se deterioran sus servicios públicos?
La burguesía, con sus gobiernos tanto socialdemócratas como conservadores, es culpable de nuestra miseria. Por eso mismo, los gobiernos central y de la Generalitat también son cómplices de su propia pérdida de credibilidad y de la intensificación de medidas autoritarias, que fomentan aún más el crecimiento de las fuerzas de la ultraderecha y la propagación de sus discursos populistas de odio fundamentalmente centrados en la inmigración, la izquierda y la pérdida de tradición e identidad.
El gobierno más progresista de la historia es culpable de sus propios descréditos y de dejar amparar al fascismo en las calles. Es culpable de mantener la precariedad de la clase obrera y las opresiones que vivimos día tras día en la calle, en la empresa y en el hogar. El gobierno «progresista», la ultraderecha y el fascismo sirven a un mismo amo, la burguesía, que se pone una careta u otra según le conviene. Aliança y Núcleo Nacional, la semana que viene, servirán a los mismos amos.
Contra la ofensiva reaccionaria, autodefensa popular y organización revolucionaria
Los discursos autoritarios, racistas y anticomunistas buscan crear un clima político favorable a las prácticas represivas contra las clases populares organizadas y asentar una base sobre la que pueda aparecer una base de masas reaccionaria capaz de ser movilizada por la ultraderecha y sus amos burgueses. Una situación social con actores institucionales y camisas negras que aplauda la criminalización abierta de disidentes políticos, personas LGBTIAQ+, inmigrantes, militancia organizada e incluso periodistas3.
Esta base de masas reaccionaria ya no es una hipótesis, se está consolidando y movilizando, como vimos en Badalona la Navidad pasada y más recientemente en Ceuta. La experiencia muestra que la movilización reaccionaria solo puede ser detenida con la amplia movilización de la clase obrera y el pueblo. Hay que organizar la autodefensa popular y consolidación en torno a un proyecto que defienda los intereses del pueblo, para después poder pasar al ataque contra la reacción y el fascismo. Esto no es posible si permitimos que nuestra clase permanezca dividida. Debemos extender la solidaridad y la organización obrera con los trabajadores migrantes y todas las personas que son utilizadas como chivo expiatorio por la extrema derecha.
Las fuerzas reformistas y socialdemócratas, que intentan presentarse como alternativas frente a la ultraderecha, nunca lo hacen cuestionando el Estado burgués ni el papel que ellas juegan dentro del sistema. Nuestra tarea es asegurarnos de que esta realidad esté presente en la conciencia de las masas, al tiempo que ofrecemos una respuesta revolucionaria a sus preocupaciones, contra las propuestas descorazonadoras del «no hay nada que hacer» o «solo podemos detener el fascismo votando».
Llamamos a la lucha y organización independiente de la clase obrera y clases populares frente a su enemigo común: la burguesía, que el 10 y 11 de septiembre hará uso de sus convocatorias reaccionarias y sus discursos para seguir dividiendo al pueblo.
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Denunciamos a la ultraderecha y sus discursos por distraer a la clase obrera de su principal enemigo, que es la burguesía.
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Denunciamos a los gobiernos central, autonómicos y locales como cómplices de la miseria de los trabajadores y del auge de la reacción.
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Animamos a todo el mundo a asistir a la movilización y a seguir organizándose en sindicatos laborales, movimientos sociales y organizaciones antifascistas.
La organización en espacios de lucha antifascista, aunque necesaria, no es suficiente para articular una lucha política general contra la ultraderecha y el fascismo. Hay que partir de los centros de trabajo y las luchas populares, los puntos neurálgicos que pueden atacar el sistema y dotar de fuerza y masividad a la lucha contra la reacción y el sistema capitalista, la principal fuente de nuestra opresión.
Como comunistas, tenemos la tarea de estar presentes en las luchas obreras y populares de las masas para vincularlas y transformarlas en luchas políticas contra la tendencia fascista y autoritaria. Debemos buscar que las organizaciones populares, tanto en los barrios como en los centros de trabajo, aumenten su masividad. Debemos hacer todo lo posible para que el pueblo pueda combatir unido, haciendo frente a los discursos de odio que señalan a nuestros vecinos. No permitiremos la lucha del último contra el penúltimo.
Llamamos a militar en organizaciones revolucionarias que busquen defender los intereses de la clase obrera, que busquen transformar la ideología del proletariado en una fuerza social capaz de movilizarse más allá del derrotismo del mal menor y hacia la esperanza de la victoria revolucionaria.
¡Organicemos al pueblo contra la reacción!
