Sobre las nuevas medidas económicas del Gobierno

Desenmascaremos todas las caretas del capitalismo

La semana pasada se aprobó en el Consejo de Ministros el Plan económico de contención ante las consecuencias económicas de la presente guerra en Oriente Medio, medidas que incluyen tanto bajadas de impuestos a las grandes compañías eléctricas y energéticas como medidas que benefician a las clases populares, como la prórroga de los alquileres, la rebaja del precio del combustible, etc.

Estas medidas, sumadas a la condena de la agresión a Irán por parte de Estados Unidos, coloca al PSOE y al Gobierno de España como un opositor al polo imperialista representado por Trump y la oligarquía norteamericana. Pero, ¿es cierta esta afirmación? ¿Acaso ha cambiado el papel de España en la cadena imperialista? ¿Cómo debemos posicionarnos los comunistas ante estas medidas? ¿Son positivas o negativas para el grueso del pueblo?

Ante estas cuestiones que surgen entre sectores del pueblo, de los activistas de los movimientos sociales y de las diferentes organizaciones del espectro anticapitalista, los comunistas debemos analizar la raíz de toda medida, analizando a qué intereses beneficia.

1. Como hemos analizado en más de una ocasión, la crisis estructural y la intensificación de la pugna entre Estados Unidos, Rusia y China ha supuesto un viraje político de una parte de la oligarquía financiera internacional. Estados Unidos ha apostado por un gobierno fascista que defiende con violencia abierta los intereses de su oligarquía financiara, siendo éste respaldado por algunos gobiernos ultraderechistas europeos. En esta coyuntura internacional, una parte de la oligarquía española, así como el gobierno, se ha desmarcado de este viraje político: actualmente, el gobierno beneficia a la facción de la oligarquía española que apuesta por la democracia burguesa liberal, y en concreto, la socialdemocracia como forma de comprar a las capas intermedias y parte de los trabajadores.

Esta situación ha hecho que el Gobierno de España entre en contradicción con parte de la oligarquía mundial y, además, estas contradicciones están siendo verbalizadas en posicionamientos abiertos contra las políticas de Estados Unidos. Con todo esto, el Gobierno de España está intentando acercamientos políticos con otras potencias como Canadá, que se encuentran en una situación semejante. Esto no significa que España sea un polo antiimperialista, sino que es el reflejo de las pugnas interimperialistas.

2. Estas medidas sirven para proteger la paz social. A diferencia de la derecha, que tiende a sacrificar la paz social para movilizar a los sectores más atrasados en clave reaccionaria, el PSOE representa “El partido de Estado”. ¿Qué significa esto? El PSOE protege la paz social y funciona como una agente de conciliación entre clases. Mientras que las grandes empresas se beneficiarán de una reducción de impuestos, las clases populares también van a disfrutar de medidas de protección, poniendo parches a una crisis que podría acelerar una escalada en la lucha de clases. Así pues, el PSOE garantiza ciertas medidas populares para asegurar la complacencia de varios sectores dentro de las clases populares.

3. Al tratarse de un gobierno burgués, las medidas sociales populares se financian gracias al trabajo del pueblo. Se trata de una transferencia de rentas del trabajo al capital. Es decir, provienen de las arcas públicas del Estado, sostenidas con los impuestos de la clase trabajadora. Si hacemos memoria, encontramos más ejemplos de transferencia de rentas del trabajo al capital, como el rescate de inmobiliarias y bancos con dinero público tras la crisis de 2008.

Por mucho que estas medidas tengan un carácter popular, el PSOE no deja de ser un partido burgués. Las medidas que proponga nunca van a tocar los beneficios de las empresas en su conjunto. Además, la aplicación burocrática de estas regulaciones suele hacer que queden en papel mojado. Si el gobierno quisiera hacer algo realmente efectivo para paliar la crisis, podría presionar a las grandes empresas energéticas y electrónicas, a las inmobiliarias y a los grandes tenedores para que sacrificar parte de su capital.. Pero con la derechización del arco parlamentario, y la consecuente “moderación” de la izquierda parlamentaria, estas medidas no están en el horizonte.

Con todo esto, el Gobierno de España ha desplegado una estrategia comunicativa muy eficaz para sacar el máximo jugo a estas contradicciones: actualmente, los medios y parte de la opinión pública equiparan los intereses de la gran burguesía con los intereses de la clase trabajadora. Venden que la única alternativa contra la reacción es mantener un gobierno que, como cualquier gobierno burgués, ha reprimido a la clase trabajadora y ha empeorado sistemáticamente sus condiciones de vida. No podemos olvidar que:

  • El Gobierno más progresista del mundo desplegó tanquetas para reprimir huelguistas.

  • No sólo no se ha derogado la Ley Mordaza sino que ha permitido la infiltración de la policía en los movimientos sociales y la creación de grupos escuadristas como Desokupa.

  • Fue el mismo PSOE quien mantiene entre sus filas a feministas transexcluyentes y al sector que pretende declarar la Ley Trans como anticonstitucional.

  • El Gobierno aun no ha expropiado a ningún gran tenedor ni ha aumentado el parque público de viviendas.

Los comunistas no debemos caer en la trampa de acogernos al ‘mal menor’ o a seguir la agenda de la socialdemocracia. Nuestro deber es convertirnos en propagandistas de la clase obrera, desenmascarando el capitalismo en todas sus manifestaciones, desde las más brutales hasta las que se acercan con rostro amigo.

Pero tampoco podemos caer en posiciones izquierdistas siendo propagandistas en una cámara de eco, aislándonos de las masas. Esto sólo contribuye a fomentar el nihilismo y el inmovilismo; de nada sirve convencer de la naturaleza explotadora del régimen capitalista, si no demostramos con actos cómo la clase trabajadora es capaz no sólo de luchar, sino de poner en jaque al Estado. Para convertir a los activistas en revolucionarios, debemos luchar codo a codo con ellos.

Debemos estar en cada barrio, en cada centro de trabajo, en cada centro educativo, elevando sus luchas y aprendiendo de ellas. La única forma de construir un partido comunista de revolucionarios es a través de la participación en la lucha de clases, sintetizando las formas de lucha más avanzadas, expandiendo estas experiencias, encontrando la manera de golpear de cada vez más fuerte; sin esto, sin la práctica, no sólo perdemos nuestra capacidad de elaborar tácticas acertadas, sino que perdemos nuestra credibilidad como comunistas.

Otros artículos

Nuestras tareas como comunistas ante la nueva situación internacional

Pedro Sánchez vuelve a protagonizar titulares internacionales al oponerse a la guerra contra Irán. Los sectores populares de todo el mundo aplauden y celebran...

La dimissió de Mazón i el circ electoral

Un any després de la catàstrofe, Carlos Mazón ha presentat la seua dimissió com a president de la Generalitat Valenciana, en un discurs execrable...

Organicemos la respuesta contra la violencia fascista

Torre-Pacheco se ha convertido en el “coto de caza” de escuadras fascistas contra la población musulmana. Armados con machetes y bates, el fascismo militante...