El hilo rojo de la historia
La revolución de Asturias
La revolución del 34 en Asturias fue una huelga general que se extendió durante dos semanas y se defendió con la fuerza de las armas. Tenía el objetivo declarado de derrocar a la II República española e instaurar el poder obrero y la socialización de la economía. Todo esto ocurrió entre el 5 y el 18 de Octubre de 1934, es decir, hace exactamente 90 años.
Más allá de toda la épica que rodea al Octubre del 34, hay que tener en cuenta que esto no fue otra cosa que gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias, como han sido todas las revoluciones. No lo tenían más fácil que ahora. De hecho, el trabajo manual estaba más extendido y era más duro, la gente no estaba acostumbrada a leer ni a escribir, y las herramientas de trabajo, con las que luego se fabricaron armas y suministros para la guerra, eran más rudimentarias; en general, había mayores dificultades para organizarse, coordinarse e instruirse. Tampoco es que no tuvieran nada que perder, recordemos que esto ocurrió bajo el paraguas de la Segunda República; que sigue siendo a día de hoy la forma de Estado más progresista que ha conocido este país. El factor diferencial fue el grado de conciencia política de la clase obrera asturiana.
A esta experiencia se la llamó “La Comuna de Asturias” por el parecido a la Comuna de París. Estos dos acontecimientos nos hablan tanto del potencial del movimiento obrero como de sus limitaciones: el potencial de aunar a amplias capas del pueblo tras la dirección del proletariado para librar una guerra política, poner en jaque al Estado y comenzar a construir órganos de contrapoder; y las limitaciones de no contar con el liderazgo político de un Partido Comunista que se ocupe de consolidar y extender el Poder obrero, preparar a todo el pueblo para resistir militarmente y socializar las relaciones de producción en las zonas controladas.
Estas son solo algunas de las lecciones a extraer de este hito, dejamos como referencia este artículo que profundiza mucho más en este tema: https://somosrevolucion.es/aniversario-90-revolucion-asturias/
La conciencia sindical resurge
A principios de este mes, el principal sindicato de estibadores de EEUU logró sumar a 50.000 personas en una huelga que paralizó el 60% del tráfico naval de mercancías del país. Tras solo 3 días lograron arrancar a la empresa una subida salarial del 62%.
Los titulares de la prensa estadounidense llevan ya un par de años anunciando un nuevo auge de la actividad sindical: las huelgas de 2023 sumaron a un total de más de 500.000 trabajadores, manteniendo algunos de los paros más duraderos que se han visto en décadas, de golpe se unionizan sectores y empresas que hasta ahora no conocían la lucha sindical, la popularidad y la afiliación de los sindicatos están creciendo… Y esta tendencia se ha extendido más allá de Estados Unidos.
En España, los cinco sindicatos más numerosos (CCOO, UGT, CSIF, USO y CGT, en ese orden) sumaron a más de 70.000 afiliados en los últimos tres años, y el número de representantes sindicales ha aumentado un 14% desde 2015. La clase trabajadora de todo el mundo parece estar tomando conciencia de dos hechos. El primero: que las cosas no van a ir bien por sí solas, que ni sus empleos, ni sus salarios, ni sus condiciones laborales están aseguradas. Y el segundo: que solo pueden apoyarse en sus compañeros para cubrirse las espaldas y asegurarse un sustento y una calidad de vida decente.
Parece que, tras décadas de marasmo, los años de la lucha sindical están volviendo, y la tarea que tenemos delante, como trabajadoras y como comunistas, es la de reaprender muchas lecciones largamente olvidadas de la tradición sindical. Animamos a todo el que esté leyendo o escuchando esta charla a tomar esa responsabilidad en sus propias manos, a estudiar las nociones básicas que desarrollaremos a continuación, y a revivir en la medida que pueda el espíritu de confrontación de clase.
Nociones políticas para el trabajo sindical
La fuerza de trabajo y los sindicatos
Bajo el capitalismo, la fuerza de trabajo es una mercancía más, y su precio es el salario. Los obreros empiezan a limitar la oferta de fuerza de trabajo asociándose para tener mayor poder de negociación. De este modo, los sindicatos son, en parte, cárteles de trabajadores para fijar mínimos al precio de venta de su fuerza de trabajo, que pueden provocar escasez social de fuerza de trabajo negándose a trabajar en ciertas condiciones.
La lucha sindical siempre es una lucha contra los efectos del capitalismo y no contra el sistema en sí, siempre concluye en un acuerdo dentro de sus límites. Pero la lucha revolucionaria necesita al sindicalismo como escuela para fortalecer a la clase obrera y como trampolín para perseguir reivindicaciones cada vez más ambiciosas.
La conquista de leyes
Igual que puede conquistarse un acuerdo más favorable con un burgués particular, puede obligarse al conjunto de la burguesía a cumplir un acuerdo en forma de Ley si se cuenta con la fuerza suficiente. Cuando esto sucede, lo que ocurre realmente es que la burguesía no tiene más remedio que romper su frente común y sacrificar a sus elementos más débiles. La conquista de una ley mediante la lucha es la máxima conquista parcial de la lucha económica en el marco capitalista.
La conquista de leyes sirve de palanca incluso para aquellos trabajadores más susceptibles de pactar condiciones todavía peores, y erige una “barrera social” que fija una nueva referencia de lo que es la explotación “normal”. De esta manera, los triunfos de una sola plantilla o de un solo sector pueden extenderse a otros que no han participado directamente en la lucha, y mantenerse en pie para generaciones venideras. Más adelante veremos por qué esto es de suma importancia.
La aristocracia obrera
A partir del siglo XX empieza a diferenciarse una capa superior del proletariado que, en países imperialistas como el nuestro, se suele desarrollar en torno a los puestos de trabajo más cualificados, concentrados en las empresas más modernas y estables. Su posición acomodada le permite aprovechar y valorar en cierta medida las migajas que negocian los reformistas. La aristocracia obrera está compuesta por esta capa superior del proletariado y, secundariamente, por la pequeña burguesía engrosada por las superganancias imperialistas.
Tanto en las empresas como en los sindicatos y partidos políticos de base obrera, la aristocracia obrera actúa como lugarteniente de los capitalistas entre los trabajadores, colaborando de manera más o menos consciente en disciplinar y mantener a raya a los elementos más disruptivos. Así, con sus cuotas sindicales y de partido, sus votos y su tolerancia, la aristocracia obrera de sindicatos y partidos socialdemócratas puede permitirse mangonear y desorganizar a las masas hondas del proletariado, que constituyen la mayoría.
El corporativismo
Ni todos los trabajadores están explotados con la misma intensidad (ni dentro ni fuera del trabajo), ni exactamente de la misma manera (distintas demandas a corto plazo), y la burguesía puede y suele aprovechar estas divisiones.
El corporativismo es la tendencia del movimiento sindical a aislarse en “corporaciones” que solo luchan por sí mismas, a veces incluso conscientemente sacrificando o abandonando a otras. Este fenómeno existe también dentro de sindicatos que teóricamente son de toda una industria o de toda una clase, y es utilizada por los dirigentes más pactistas para fortalecer su propia posición en los sindicatos.
Este corporativismo tiene su manifestación más común en la defensa de aquellos trabajadores más fáciles de defender (en casos extremos en el siglo XIX, con sindicatos gremiales donde solo podían organizarse trabajadores cualificados para una cierta tarea) y la exclusión de los trabajadores más pobres.
Deslocalización y esquiroles
Muchos de los grandes conflictos sindicales de las últimas décadas han surgido a raíz de un fenómeno común: la deslocalización. Abaratar costes llevándose la producción a un país donde la mano de obra sea más barata y la fuerza sindical más inexperta, provocando despidos masivos en el país de origen.
Lo que está ocurriendo aquí es que la clase capitalista se aprovecha de la desigualdad dentro de la clase trabajadora. El hecho de que siempre vaya a existir gente peor parada que tú, dispuesta a hacer lo mismo que tú pero cobrando menos, es una espada de damocles sobre la cabeza del proletariado del primer mundo. Esto es precisamente lo que ocurre en otro fenómeno muy conocido: el esquirolaje. Desde que existen las huelgas, la contrajugada por excelencia de la patronal ha sido contratar esquiroles que ocupen el puesto de los trabajadores en huelga.
Lo cierto es que, aunque a todos se nos ha inculcado el afán de competir para no quedarnos atrás en lo que se llama “la carrera de ratas”, a la clase obrera nunca le ha salido a cuenta que haya tanta desigualdad en su seno. Esto siempre ha ido a favor de los capitalistas, que hacen todo lo que pueden por asegurarse un “ejército de reserva” que les permita tratar a los trabajadores como piezas intercambiables de una gran máquina. Por muy seductora que sea la idea de conquistar una buena posición en el sistema por méritos propios, lo que ha salvado a la clase trabajadora de la miseria nunca ha sido la competencia, sino la solidaridad.
Dejamos aquí dos documentos de referencia para ahondar en la trayectoria del movimiento obrero y los principios políticos que se derivan de ella:
https://somosrevolucion.es/wp-content/uploads/2024/05/PRT-Postura-Congreual_Movimiento-Obrero.pdf
Conclusiones
Para el movimiento obrero, prácticas como el corporativismo, la discriminación o el burocratismo son un tiro en el pie. Como veíamos al principio, los destinos de todos los miles de millones de miembros de la clase obrera están ligados entre sí. Por eso Marx decía que el proletariado no puede liberarse sin liberar consigo a todos los oprimidos: a los estudiantes, a las trabajadoras informales, a los parados, a todo el pueblo contra los explotadores.
Esperamos haber contribuido con esta charla a arrojar un poco de luz sobre la situación difícil y complejísima en la que nos encontramos. Esperamos haber fortalecido vuestra conciencia de clase y haberos dado algunas claves para extenderla en vuestro entorno.
Por último, no queremos despedirnos sin hacer un llamamiento a los y las comunistas sin partido de este país para que se unan a la lucha colectiva por reconstituir lo que Marx y Engels llamaban “el Estado Mayor de la clase obrera”: el Partido Comunista.
Esta charla ha sido elaborada como parte de las formaciones mensuales del Grupo de Estudio Marxista de Madrid (GEMA), vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Síguenos en redes en @gema_rxista y @ocrevolución
