¡Resistir contra el Capital, preparar la Revolución!

Todas las teorías burguesas de que, ahora sí que sí, el desarrollo del capitalismo repercutiría en mayor bienestar y armonía, se rasgan por completo. El capitalismo en su fase monopolista, el imperialismo, con ya más de un siglo de crímenes a su espalda, solo puede prometer guerra y miseria. El estancamiento económico y las crisis profundas son estructurales. La lucha inter-imperialista por “esferas de influencia” es la normalidad. Los capitalistas, en la necesidad de ganar en este “todos contra todos” para mantener su posición, aplastan con mayor intensidad a la clase obrera en el centro imperialista y despliegan una dominación más vehemente de los pueblos del tercer mundo.

De ahí el incremento constante de los ritmos de trabajo, de los precios de la vivienda y de los objetos de consumo, las guerras comerciales entre potencias, y las operaciones militares dirigidas por estos mismos países por todo el globo. Esto ha ocurrido en la última década con gobiernos de todo color: todos los partidos burgueses son miserables lacayos de la oligarquía. En España, esto incluye todo el espectro del Parlamento.

Pero las tensiones se agudizan, y es necesario explotar al pueblo y reforzar la capacidad militar del Estado aún más: es necesario aupar a fuerzas de ultraderecha en las potencias imperialistas para ejecutar estas políticas con mayor contundencia, es necesario instaurar el terror fascista abierto en los países dominados para explotar con aún más sangre y fuego a los pueblos del tercer mundo. Este auge reaccionario derechiza todo el arco parlamentario. Con él empieza la ofensiva contra derechos y servicios que se creían intocables (garantías judiciales, políticas de igualdad, sanidad, educación, derechos sindicales y laborales…).

El “rearme europeo” ha sido la piedra de toque de esta ofensiva reaccionaria. No es una respuesta ante una amenaza bélica inminente, sino una respuesta de los imperialistas europeos ante el esquinazo estadounidense a continuar dando apoyo bélico a Ucrania. EEUU ha optado por repartirse Ucrania con Rusia, normalizando sus relaciones para apaciguar uno de sus frentes abiertos y así centrarse en Taiwán y Palestina. Esto, a su vez, sirve para empujar a la UE a las posiciones que EEUU demanda: reforzar su capacidad militar, y derechizar sus gobiernos para justificarlo.

Los grandes capitalistas cambian su careta de inclusión y progreso por el discurso reaccionario de enfrentar al penúltimo contra el último, la premisa perfecta para la división de nuestra clase y generar una peligrosa base de masas de la reacción:

  • Mientras se despliegan campañas alarmistas contra las personas migrantes, la criminalidad y la okupación, se oculta la crisis habitacional que nos atraviesa.

  • Mientras se montan circos mediáticos contra las mujeres trans, se refuerzan los roles de género, aumenta la violencia callejera LGTBfóbica y se ponen en cuestión los derechos reproductivos.

  • Mientras se envenena a los hombres jóvenes y precarios con la retórica de machos alfa y emprendedores, pasa desapercibido el hecho de que se recrudece su explotación.

La división del pueblo solo beneficia a los capitalistas. La unidad del pueblo es la base para resistir a la violencia capitalista. En el corazón de esta unión esta la unidad de la clase obrera. Es la explotación descarnada de la burguesía al proletariado la que le dota de una visión integral y progresista, puesto que esta explotación se ejerce tratando de aprovechar las diferencias en género, sexualidad, credo, nacionalidad, raza, etc. Los sistemas opresivos son funcionales a la explotación capitalista, por lo que la visión propia del proletariado es unir a todo el que pueda ser unido para acabar con toda forma de explotación y opresión.

Ni la socialdemocracia ni el reformismo van a parar la ola reaccionaria. Sus eslóganes sobre “parar el fascismo” solo son un ejercicio hipócrita para recabar votos, puesto que terminarán aplicando las mismas políticas al servicio de la oligarquía, simulando pena en vez de expresando entusiasmo mientras aplastan al pueblo. Es la clase obrera, liderando al resto del pueblo, la única capaz de plantar cara a la ofensiva reaccionaria con su propia organización y lucha.

Actualmente, la clase obrera parte de una situación de debilidad y disgregación a escala global, que se debe a la debilidad del Movimiento Comunista Internacional. En el caso de España no es diferente: partimos de un movimiento obrero que, aunque ha crecido ligeramente en los últimos años, sigue estando fundamentalmente capitaneado por la aristocracia obrera, adoptando como consecuencia la agenda del reformismo y la socialdemocracia. La clase carece de agenda propia. En cuando al Movimiento Comunista en España, la Guerra Civil, la represión franquista y la claudicación del PCE supusieron una brecha en la continuidad de la lucha revolucionaria, que cortó el hilo rojo de la historia que encontramos en otros países. En España, el proletariado no cuenta con un Estado mayor, con un Partido Comunista, y recuperarlo no es tarea fácil.

Este contexto no lo hemos descrito para sembrar la desesperanza, sino todo lo contrario. En las manos de los comunistas actuales recae una gran tarea: la reconstitución del Partido Comunista.

Por ello nuestra apuesta principal debe ser concienciar y dar herramientas para que el proletariado actúe políticamente como clase, que sea una clase para sí. Esto significa que el proletariado debe ser consciente de cuál es su papel histórico como clase revolucionaria, y por lo tanto, en las luchas diarias, en la lucha revolucionaria, y en la relación de las primeras con la segunda. A este respecto os animamos a leer nuestro artículo ¡El capitalismo es guerra y miseria, es el momento de que la clase obrera pase a la ofensiva! donde se concretan los principios y orientación política para abarcar estas tareas.

Resistir al capital y preparar la revolución son las dos caras de la misma moneda. Cuando las tensiones imperialistas se agudizan, los estrechos márgenes de la negociación languidecen, y el posibilismo reformista da paso al cretinismo más abierto, que sigue ejerciendo su influencia. El imperialismo empuja a la clase y al pueblo a luchar, a elevar nuestro grado de organización, a mejorar nuestra orientación política. El fortalecimiento ideológico, político y organizativo de las organizaciones de resistencia es inseparable, convirtiéndolas en escuelas de socialismo, escuelas de guerra, y palancas de la revolución.

  • Escuela de socialismo, en tanto que fruto de las necesidades de la lucha de resistencia se hace necesario para el proletariado y el resto del pueblo bajo su liderazgo desarrollar una visión y orientación propias que entroncan con el fin del capitalismo y la instauración del socialismo.

  • Escuela de guerra, ya que la lucha de resistencia tiene como elementos fundamentales el enfrentamiento, la preparación, la coordinación, y el secreto, en un contexto de autodefensa contra la violencia del Estado y sus agentes.

  • Y palancas de la revolución, puesto que son estas mismas organizaciones de resistencia de las que surgirán las milicias obreras como fuerza de combate y el frente unido como nuevo poder, indispensables para la toma del poder: una insurrección iniciada en los focos industriales que dará paso a una guerra de la clase trabajadora y el pueblo para derrocar el régimen de la burguesía y sus lacayos.

Debemos partir de la actual situación de debilidad y construir la fuerza social para poder desplegar este programa revolucionario. El primer paso estratégico es que el proletariado vuelva a contar con un Estado mayor: el Partido Comunista. Este no es una suma de siglas, no emerge del vacío: el Partido Comunista se reconstituye en la orientación consciente de la lucha de clases. Para ello, partimos de las formas de lucha actuales, aisladas y locales, con el objetivo de aumentar su masividad y contundencia, y dar el salto a que formen parte de la lucha política general.

El Partido Comunista solo podrá reconstituirse si el destacamento de vanguardia es capaz de elevar la contundencia y masividad de las luchas de masas, y aglutina sistemáticamente a las y los luchadores más conscientes y abnegados que se forjan en la lucha de clases.

Los retos que enfrenta nuestra clase no son menores. Nos enfrentamos a un rápido empeoramiento de la situación internacional. Pero nuestras tareas no podrían estar más claras. Por ello hacemos un llamamiento a todos los obreros conscientes, a todos los elementos del pueblo dispuestos a luchar, a luchar resueltamente y a militar en el movimiento revolucionario:

¡Reconstituyamos el Partido Comunista!

¡Resistir contra el Capital, preparar la Revolución!

¡El capitalismo es guerra y miseria, es el momento de que la clase obrera pase a la ofensiva!

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