El 9 de Junio se van a celebrar las elecciones al Parlamento Europeo. Así pues, en este comunicado expondremos la naturaleza de las elecciones burguesas como herramienta de gobernabilidad y estabilidad para los capitalistas, así como nuestra posición sobre la Unión Europea, una alianza interimperialista disfrazada de progreso.
Como hemos explicado en anteriores análisis, es necesario entender el carácter del parlamentarismo burgués y el papel de las elecciones[1][2]. Los comunistas nos referimos a las elecciones como una farsa debido a que, ni más ni menos, el modelo de democracia burguesa es el modelo que mejor representa los intereses de la oligarquía financiera, asegurando a mantener intocable el régimen de explotación capitalista.
En los Estados más aparentemente democráticos se maquilla el carácter represor del Estado con la separación de poderes y el voto: El monopolio de la violencia legal se aplica con contundencia a las capas populares empobrecidas y ante todo aquel que ose protestar, mientras que los incumplimientos flagrantes de la ley por parte de la burguesía solo reciben, a lo sumo, irrisorias multas económicas. Los abusos por parte de los cuerpos represivos del Estado son amparados por la legalidad, y cuando no, por la judicatura, aún en los casos más graves y en las infiltraciones policiales en movimientos sociales, actuando con total impunidad. La Ley de Seguridad Ciudadana, la reforma del Código Penal, la Ley de Convivencia Universitaria, todas ellas reformadas o aprobadas bajo el gobierno socialdemócrata “más progresista de la historia de España”, restringen bajo una careta democrática los derechos fundamentales de expresión y de reunión, y aumentan la capacidad de represión e impunidad hacia los activistas en particular y el pueblo en general.
Como vemos, incluso bajo un gobierno “de izquierdas”, no es que la burguesía siga ejerciendo su dominio, sino que sigue perfeccionando la capacidad represiva del Estado capitalista para poder llevar a cabo esta dominación [3]. El Estado capitalista no puede cambiar su sello de clase, ni el más democrático de ellos puede cambiar el motivo de su existencia a través de un mecanismo habilitado a través del mismo.
Así pues, las elecciones son el momento periódico en que la clase trabajadora podemos elegir quién va a sujetar la correa: los bloques de la derecha política representan los intereses de los capitalistas de forma más frontal y sin tapujos, y los bloques de izquierda se encargaran de desmovilizar a las luchas de masas mediante reformas aparentemente populares, pero cada vez más irrisiorias, y cuando no, directamente aplican las medidas más agresivas de la agenda burguesa camufladas de progresismo (la agenda verde, la entrada en la OTAN, el refuerzo del dominio imperialista, etc.). Además, en la actualidad, los partidos reformistas radicales, que en el pasado mantenían una careta más sólida, ya que tenían capacidad de movilización (como el histórico ejemplo de los partidos eurocomunistas), han defraudado en tal grado su base electoral que han quedado relegados a ser partidos bisagra, cada vez menos radicales, y bajo la agenda directa de la socialdemocracia.
Pero, ¿qué es la Unión Europea? Los medios de comunicación venden la UE como una unión entre países democráticos para caminar juntos hacia el progreso, pero, en realidad, la UE no es más que una unión política entre imperialistas para ejercer su dominación en varios frentes según los intereses de la oligarquía financiera:
- Dentro de la Unión Europea, existen países como Portugal, Grecia, Irlanda, Rumanía, Bulgaria, Polonia, Eslovenia…, que se encuentran en una situación de dependencia de la Unión Europea, en la que ésta utiliza prácticas de usura y endeudamiento de cara a asegurar el control y el dominio sobre otros países.
- Fuera de Europa, la Unión Europea participa en el reparto del mundo entre potencias imperialistas.
La caracterización como de la Unión Europea como “alianza imperialista” entraña una serie de consecuencias de relevancia política: el desarrollo del imperialismo se caracteriza por la competencia absoluta entre la oligarquía financiera, por lo que las alianzas entre distintas facciones siempre son relativas, temporales y no cesan esta competencia interna. La creación de estructuras supraestatales encarnan, precisamente, estas alianzas entre imperialistas.
Esta es la realidad, y por mucho que la Unión Europea se jacte de encarnar estos “valores democráticos” que maquillan los Estados burgueses, su estructura burocrática hiperextendida hace de sus poderes ejecutivos y legislativos un laberinto burocrático, ausente de cualquier transparencia y control por parte de la “ciudadanía europea”. Si ya dentro de un Estado burgués es imposible que los políticos rindan cuentas o se supervise su actividad de forma efectiva, el Parlamento Europeo, órgano legislativo, es una farsa: las decisiones se toman en comisiones opacas conjuntamente con multinacionales, Estados miembros, gabinetes, etc.
Pero nuestra posición como comunistas no es exigir una mayor transparencia, ni una mayor democracia, porque ya sabemos que es un juego amañado desde el principio, destinado a hacer valer la agenda del imperialismo: las instituciones europeas, capitaneadas por el fuerte peso económico y político de Alemania, en alianza con Francia, sirven para poder competir en mejores condiciones con otras potencias imperialistas. Como ejemplo de actualidad, la UE ha sido el único frente común al que sus países imperialistas miembros han podido asirse ante el envite de China como aspirante a superpotencia imperialista, iniciando ésta una guerra económica en el sector automóvil y semiconductor. Por otra parte, la tensiones interimperialistas están a la orden del día, como podemos ver con el caso de Rusia y la invasión de Ucrania. Las principales potencias de la UE han empezado a defender un rearme y la coordinación del gasto militar y la compra de armas, preparándose para una escalada del conflicto que ha tenido como principal elemento las tensiones con el suministro energético (siendo Rusia el principal suministrado de la UE). Finalmente, cabe destacar que que la UE participa en la colonización de Palestina, incorporando a Israel en los Fondos Europeos de Defensa, además, Alemania, que tiene un gran papel como potencia imperialista de primer orden, es uno de los mayores vendedores de armas a Israel. Y la lista de ejemplos de la hipocresía y servilismo a los intereses de la oligarquía podría seguir: ¿dónde está el progresismo en los pactos con Marruecos y Turquía para que estos países actúen como matones del control migratorio a las puertas de Europa? ¿dónde quedan los derechos democráticos fundamentales de las mujeres y el colectivo LGTB en países como Hungría y Polonia? La UE es el reflejo de una alianza imperialista, y su único principio es servir a los intereses de la oligarquía. Ningún ideal de progreso es real, solo una burda careta propagandística.
Las elecciones al Parlamento Europeo tienen una tasa de participación baja, puesto que existe una sensación generalizada de irrelevancia de estas elecciones, una idea aunque sea superficial de que la UE es un entramado que escapa a la participación y elección de los votantes. Pero esto está lejos de significar que las masas impugnen el sistema en su totalidad, una afirmación errónea que puede tener una traducción nefasta en términos políticos. La percepción general de las elecciones europeas como unas elecciones poco relevantes se traduce en un contexto de menor competencia con los “partidos de Estado” que aprovechan los partidos populistas de diferentes tintas, desde reformistas hasta partidos reaccionarios, para hacer campaña electoral. En este desfile participan diversos partidos comunistas de alrededor de Europa, que se presentan también a dichas elecciones.
En el caso de España, partidos reaccionarios, incluso los que están pintados de rojo, aprovechan estas elecciones mediante el discurso populista y falseado de que España es un país dominado por la Unión Europea, con la intención de usar el chovinismo como arenga. Esta errónea caracterización también es común en partidos populistas de izquierda. No debemos permitir que esta errónea caracterización se propague: España mantiene relaciones de dominación con parte de América Latina y el Norte de África, así como fuertes monopolios propios. El hecho de que España dentro de la UE tenga una posición más débil que Alemania o Francia no viene de que sea un país dominado por el imperialismo sino que, precisamente, España participa en esta alianza imperialista de acuerdo a la fuerza de su oligarquía, que es relativamente inferior a la de Alemania o Francia. Si estas son “potencias de primer orden”, capaces de impulsar su agenda imperialista de forma independiente, España es una “potencia imperialista de segundo orden”, que en general debe aliarse con otras para poder participar en la rapiña imperialista. Reforzar la independencia y soberanía de España con respecto a Europa sin romper con el sistema capitalista, es reforzar la dominación imperialista de España, es reforzar el saqueo y la usura a países dominados.
Con esto, la celebración de las elecciones implica que la burguesía va a desplegar todas sus armas ideológicas tratando de justificar la explotación capitalista desde cualquier óptica: desde las posturas más neoliberales hasta aquellos que engañan a las masas alegando que las instituciones europeas son reformables y pueden ser un bastión para el progreso. Por eso, es importante que, en los procesos electorales, los comunistas evidenciemos la naturaleza del Estado como una herramienta de dominación de una clase sobre otra y desenmascaremos las alianzas imperialistas pintadas de democracia. Aun así, debemos reconocer que no existe una situación de deslegitimidad real entre las amplias masas respecto a la Unión Europea y su política parlamentaria, así que los comunistas debemos utilizar nuestros recursos agitativos y de educación política para combatir los “discursos del miedo” ante la ultraderecha, combatir el europeísmo imperialista y a su vez el socialchovinismo, y apostar decididamente por la organización de la clase obrera para luchar. Solo a través de su propia organización la clase y el pueblo pueden hacer frente a cada uno de sus problemas, y solo a través de la experiencia de lucha es posible desarrollar la capacidad ideológica, política y organizativa para conseguir una resolución definitiva los mismos: la toma del poder político por parte de la clase obrera, la revolución socialista.
¡Combatamos el europeísmo imperialista y su discurso del miedo
¡Organicemos a la clase y al pueblo para luchar!
¡Ante el humo electoral, el fuego de nuestra clase!
[1] https://somosrevolucion.es/documento-del-partido-acerca-de-la-cuestion-electoral/
[2] https://somosrevolucion.es/comunicado-ante-las-elecciones-generales/
[3] https://somosrevolucion.es/el-gobierno-a-la-baja-psoe-sumar-pacto-de-investidura-amnistia-y-repaso-del-gobierno-saliente/
