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Balance, análisis y propuesta para el movimiento estudiantil internacionalista de València
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Balanç, anàlisi i proposta per al moviment estudiantil internacionalista de València
Artículo elaborado por Joventut Revolucionària (@joventutrevol)
14 de julio de 2024
Queremos abrir el curso haciendo balance de la principal experiencia de lucha estudiantil del año anterior, de la que podemos aprender y que debe inspirar un nuevo curso en el que, esperemos, obtengamos muchos éxitos en el movimiento estudiantil.
Durante el segundo semestre del curso 2023-2024, hemos sido testigos de la capacidad organizativa del estudiantado en de todo el país. Tras el surgimiento de las acampadas universitarias propalestinas en Estados Unidos, los estudiantes de diferentes universidades alrededor del mundo empezaron a acampar en sus universidades a modo de imitación y solidaridad. En España, el movimiento inició en la Universitat de València impulsado por el movimiento BDS PV, UV Combativa y Estudiants per Palestina. El surgimiento de esta primera acampada impulsó una oleada de acampadas a través de todo el país, cuyas demandas iban desde el posicionamiento público de la universidad en cuestión hasta el corte de relaciones con empresas e instituciones israelíes o que financiasen el colonialismo israelí, así como reivindicaciones en el mismo sentido dirigidas al Gobierno español.
Desde un primer momento, el movimiento estudiantil en València partió de un posicionamiento ideológicamente avanzado en cuanto a la comprensión de la lucha por la liberación de Palestina y la ofensiva colonial israelí [1], influyendo en el resto de movimiento de solidaridad con Palestina y en el resto de acampadas. Las reivindicaciones centrales hasta el momento de “alto el fuego humanitario” y la solución de un Estado único secular en el que convivan palestinos e israelís mayoritario hasta el momento (cuando no la ambigüedad con la “solución de dos Estados”) se ha visto desplazada progresivamente: la Acampada por Palestina de la UV (APUV, de ahora en adelante) se posicionó en su manifiesto a favor de la liberación de Palestina a través del fin de Israel y la constitución de un solo Estado, palestino, secular, democrático y popular, indicando que el fin del genocidio no era suficiente, exigiendo el fin del colonialismo y posicionándose a favor del derecho del pueblo palestino a la liberación por medio de la lucha guerrillera.
Poco después nació la Acampada por Palestina de la Universitat Politècnica de València (UPV) (APUPV, de ahora en adelante). Esta acampada se creó cuando estudiantes de la UPV acudieron a la acampada de la UV mostrando interés por expandirla a la UPV, por lo que se convocó una reunión espontánea mediante redes sociales y cartelería, formándose rápidamente un grupo para anunciarla previamente megáfono en mano, y se le prestó apoyo logístico y material desde la APUV. De la Acampada de la UPV no solo debe resaltarse su desarrollo político e ideológico, sino también que han ido mejorando su comprensión de los mecanismos institucionales, de sus limitaciones y trampas, así como de los métodos de organización y lucha y su correcta orientación, fruto de su misma experiencia de lucha. La Acampada de la UPV se levantó el 1 de junio con importantes victorias, pero también en un contexto de represión y amenazas por parte de Rectorado.
En este análisis trataremos:
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La experiencia de la Acampada de la UPV ante la escalada represiva, que pone al descubierto tanto el carácter servil a los intereses de los imperialistas de la universidad, como la necesidad de elevar la capacidad organizativa del movimiento.
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Profundizaremos en estos dos aspectos, describiendo la universidad como una herramienta de la oligarquía tanto para generar trabajadores especializados como para ejercer su dominación ideológica.
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A la luz de la experiencia de la escalada represiva, queremos hacer balance, aprender de las experiencias, y fortalecer las organizaciones populares para hacer avanzar los movimientos estudiantil y antiimperialista.
1. La experiencia de la acampada por palestina de la upv: una retirada táctica ante una escalada represiva
La Acampada por Palestina de la UPV se crea el lunes 13 de mayo, en el centro de la universidad, el Ágora, a partir de una convocatoria espontánea apoyada por la APUV y Estudiants per Palestina. Se dio prioridad al desarrollo de una línea política consensuada y, en un plazo de dos días, se debatió y aprobó un manifiesto propio a partir de los ya elaborados por la APUV y ExP, incorporando aspectos propios.
Las demandas de la Acampada por Palestina de la UPV (APUPV) se dirigían tanto a la universidad como al Estado español. La APUPV solicitaba un posicionamiento público a la universidad a favor del pueblo palestino y su derecho a la liberación, el corte de relaciones con empresas e instituciones israelíes y/o que se beneficiaran del sionismo (señalando en particular a los bancos Sabadell y Santander), y la prohibición y cancelación de la participación de estas empresas en el Foro de Empleo.
Ante la falta de garantías de la universidad y la evidente participación de empresas pro-sionistas en el Foro, el 28 de mayo, la asamblea movió sus tiendas de campaña desde el Ágora hasta el emplazamiento del Foro, a lo que la universidad respondió llamando a al menos 8 furgones policiales (entre otros vehículos) para intentar un desalojo de la acampada. La seguridad privada de la UPV intentó desalojar por la fuerza la acampada, pero sin el apoyo activo del despliegue policial, la resistencia pasiva del estudiantado pudo resistir el desalojo. Probablemente, el despliegue policial tenía un fin intimidatorio, y hubiera actuado si hubiese habido resistencia activa por parte del estudiantado. Sin esta, y ante las múltiples cámaras, el Gobierno debió dar instrucciones explícitas de no cargar ante los estudiantes el mismo día que su Presidente había “reconocido el Estado palestino” (el enésimo gesto hipócrita, acompañado del mantenimiento de las relaciones con el pueblo amigo [sic] de Israel).
En esta situación, Rectorado de la UPV decidió cancelar el Foro de Empleo, demostrando que prefiere cancelar el evento en su totalidad a deteriorar sus relaciones con la oligarquía que se beneficia del colonialismo sionista. Con la cancelación unilateral e injustificada del Foro de Empleo, Rectorado pretendía cargar la responsabilidad de esta cancelación sobre las espaldas del estudiantado organizado, criminalizándolos en medios y actos públicos y convocando oficialmente manifestaciones «espontáneas» a través de las plataformas de tipo «aula virtual» (PoliformaT) de las que dispone, así como por los grupos de WhatsApp laborales de investigadores y profesorado, y empleando a la Delegación de Alumnos para hacer lo propio a través de los grupos de estudiantes.
No contento con causar la división del alumnado, provocando la llegada de amenazas a la asamblea, ni con solicitar el auxilio de las fuerzas de represión del Estado, Rectorado prosiguió con sus amenazas: se abrió un procedimiento judicial para desalojar violentamente la acampada y una denuncia para pasar a los manifestantes los costes millonarios de la suspensión del Foro, así como anunciaron que iniciarían procesos de sanción administrativos-penales desde la administración académica (la “apertura de expedientes”) aplicando la nueva “Ley de Convivencia Universitaria” (apodada “Ley Mordaza Universitaria”, que habilita sanciones desproporcionadas y arbitrarias ante la más mínima protesta) [2]. La violencia sufrida también vino de parte de algunos guardias de la seguridad privada, que intentaron arrancar las tiendas y empujaron y tiraron al suelo a un compañero.
Sin embargo, sería un error que los episodios de represión nos llevaran a resignarnos y pensar que estos hechos suponen una derrota del estudiantado, y no ver que ha sido un éxito en cuanto a experiencia de lucha, movilización y aumento de la conciencia política a partir de materializar la solidaridad con la lucha de liberación del pueblo palestino en acciones y resultados concretos.
Rectorado había cancelado el Foro de Empleo priorizando mantener su servilismo a la oligarquía a limitar el acceso de las principales empresas colaboracionistas con el sionismo. La cabeza de turco de esta cancelación iba a ser la Acampada. El cambio del contexto hacía que las reivindicaciones de la Acampada hasta ese momento quedaran obsoletas: la lucha se había elevado a un nuevo nivel, la careta “progresista” de la UPV se había caído, la represión adquiría un rol central, y en el corto plazo no había posibilidad de arrancar declaraciones o acuerdos a una Administración que había activado toda su maquinaria de guerra para dar un castigo ejemplar al estudiantado organizado. En este contexto, una retirada táctica era indispensable. Mantener la acampada y “librar esta batalla” de la que no había nada que ganar y todo que perder, hubiera sido un grave error. La Acampada atendió a estos argumentos e hizo propia la máxima militar de que “una retirada a tiempo es una victoria”.
Para recoger los frutos de la movilización es necesario proteger y mantener nuestras fuerzas, minimizando los efectos de la represión. Es indispensable hacer balance de las experiencias y retomar la lucha bajo nuevas formas organizativas que consoliden los avances teóricos y políticos que se han adquirido con la lucha. Solo así se puede plantear la continuación de la lucha de forma mas eficaz y a un nuevo nivel. Estas tareas están siendo llevadas a cabo por la APUPV de forma encomiable.
«Luchar, fracasar, luchar de nuevo y fracasar de nuevo, volver a luchar; y así hasta la victoria: ésta es la lógica del pueblo y jamás marchará contra ella.»
Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha (1949) – Mao Tse-tung
Debemos tener siempre los objetivos políticos en mente, y mantener la acampada por un sentido de deber moral o conseguir una imagen propagandística de la cara autoritaria de las instituciones habría sido un completo suicidio. La represión se muestra a plena vista y viene a buscarnos cada vez que el pueblo tensa la cuerda con la que se le ata, por lo que no es necesario salir en su busca y debilitar con ello el movimiento. Tras un episodio de lucha, las calles y entradas cortadas se desvanecen, y flaco favor hace a la lucha popular quien sacrifica el movimiento a la represión por un titular y una foto. Una perspectiva similar debemos mantener con respecto a las concesiones arrancadas a la contraparte, o cualquier otro tipo de victoria: se mantendrán en tanto que exista la fuerza popular que obligue a la contraparte a mantenerlas. Lo único que verdaderamente podemos acumular es nuestro aprendizaje político colectivo, que se forjen militantes populares más capaces y consecuentes, y organizaciones que reflejen este fortalecimiento de nuestras filas.
Este fortalecimiento político adquiere un carácter estratégico si entendemos la relación dialéctica entre los movimientos populares de resistencia al capital y el movimiento revolucionario para su destrucción. Los movimientos populares emergen espontáneamente como respuesta a las distintas formas de explotación y opresión, que son el fundamento del sistema capitalista. Lo vemos por doquier: desde las huelgas obreras a las movilizaciones feministas, de las reivindicaciones por los servicios públicos a las manifestaciones en solidaridad con Palestina. Pero estos movimientos de resistencia, que luchan por legítimas reivindicaciones concretas, nunca podrán satisfacerlas plenamente en el marco del sistema capitalista. Jamás podremos evitar que el Gobierno español apoye a Israel y otras rapiñas imperialistas si no acabamos con el propio carácter imperialista del Gobierno de España. Para ello es necesaria la revolución socialista. Pero esto no debe llevarnos a equivocación: para nada significa que las luchas populares no tengan un valor en sí mismas. En estas luchas populares se suman amplios sectores populares, a través de esta lucha sienten como se rasgan sus concepciones del mundo impuestas sobre la supuesta “armonía de intereses” entre los capitalistas y el pueblo, y se forjan verdaderos cuadros políticos populares. Pero todo ello solo se hace en el marco, aún estrecho, de la resistencia.
La tarea fundamental de los revolucionarios en este punto es la de dotar a los movimientos populares, y sobre todo a sus elementos más capaces y abnegados, de una comprensión profunda de la relación entre estas reivindicaciones y el sistema capitalista, así como cómo vincular la lucha concreta reivindicativa con la lucha revolucionaria contra el capitalismo. Solo así podrán poner todo su potencial al servicio de su causa concreta y la causa revolucionaria general.
Es en este marco en el que cada lucha es una batalla de una misma guerra. Así, podemos entender el carácter estratégico de la elevación organizativa y de la educación política para hacer avanzar, a la vez, tanto la lucha popular como la lucha revolucionaria.
2. La universidad como herramienta de la oligarquía
Hemos resumido el desarrollo y escalada de la Acampada por Palestina de la UPV porque esta muestra con toda su crudeza la realidad de la universidad, permitiéndonos introducir el valor para la causa revolucionaria que tiene la lucha popular, y poner en primer plano la participación amplia y educación política para sumar a todo el que puede ser sumado a luchar, combatiendo la perspectiva de escalar rápidamente en consignas y acciones que solo aquellos ya convencidos de partida van a seguir. Con la represión y la difamación, la UPV ha sacrificado su careta democrática y de progreso, y se ha puesto en evidencia delante de la mayoría del estudiantado. El deplorable comunicado de Rectorado por el que culpabilizaba a la Acampada de su decisión de cancelar el Foro de Empleo recibía las burlas de todo aquel que mínimamente conociera la Acampada, y solo hizo que incrementar el alcance e interés de la misma. No pocos se acercaron el día siguiente a la Acampada para aclarar sus dudas.
La actividad de la Acampada ha hecho patente las redes de intereses en los que se encuentran inmersas las estructuras universitarias. Y es que, aunque pretendan aparentar ser un espacio inclusivo y democrático, están insertadas en el tejido productivo industrial, que es el principal generador de valor en el capitalismo, así como otros sectores económicos, todos ellos regidos por los intereses de la burguesía.
La gran mayoría de estudiantes son conscientes, en mayor o menor medida, de que son el producto de una fábrica de mano de obra. La universidad no esconde que el contenido de los másteres cambia en función de las necesidades de mano de obra técnica de las empresas, ni que rebaja la dificultad (y el aprendizaje) de grados como Telecomunicación cuando hay falta de graduados para satisfacer la demanda de trabajadores del sector privado. Si bien la universidad intenta venderlo como una simbiosis positiva, la instrumentalización de las universidades para servir los intereses de los capitalistas deriva en situaciones más difíciles de justificar.
A modo de ejemplo, mientras que la mayoría de graduados acabarán siendo empleados como mano de obra especializada, a estos no se les enseña derecho laboral, una formación que cada vez es más y más útil y necesaria en puestos antaño privilegiados y que no tenían esta necesidad (ingenieros técnicos, diseñadores, especialistas de la comunicación, que cada vez ven sus condiciones de trabajo más asimiladas a las de un proletario, más proletarizadas). Ese conocimiento en derecho laboral queda prácticamente reservado para los estudiantes de Administración y Dirección de Empresas, cuya posición en la máquina consiste en apretar la bota en el cuello de los trabajadores hasta aquellos límites que les son permitidos, traspasando y jugando con los límites de la legalidad vigente, minando las históricas conquistas de la lucha obrera tanto como sea posible, y dificultando la actividad sindical todo lo que esté en su mano. En cambio, a los ingenieros se les enseña como crear su propia empresa, cómo gestionar una oficina técnica «propia» como falsos autónomos, y asquerosas asignaturas que les enseñan a gestionar plantas industriales tratando a los trabajadores como poco más que animales de tiro con acciones, reacciones y pensamientos predecibles y manipulables.
Lejos de ser casual, la preparación ante estos escenarios improbables y minoritarios (que, si ocurren, son útiles a la oligarquía financiera y a cualquier monopolio dentro de cuya cadena logística se inserte la startup de turno), sirven para legitimar el sistema y crear mano de obra dócil, inyectando por gotero durante toda la carrera académica la ideología neoliberal que transforma todos los problemas colectivos en individuales, ocultando la idea de la lucha colectiva, que es el único camino que puede dar una solución real a la explotación y opresión que atraviesa todas las esferas de nuestra vida. Esta ideología se presenta también en sus programas de «emprendedurismo», premios de empresas y campañas sociales en las que el apoyo a minorías o cuestiones sociales se establece en términos económicos con consignas del estilo de «invertir en feminismo».
No debemos olvidar tampoco la actividad productiva que realiza la propia universidad como las prácticas, que aportan a las empresas mano de obra cualificada muy por debajo del salario mínimo. Aquellos pocos estudiantes que realizaron prácticas en la propia universidad nos cuentan como se desilusionaron al ver como había proyectos de «investigación» que no suponían innovación, en las que los equipos actúan como mano de obra subcontratada por la empresa, o como la tecnología creada para beneficio público acaba siendo simple propiedad intelectual, vendida a precio de saldo, y a partir de la cual determinadas industrias pueden extraer más plusvalía. Esta es la realidad concreta que se esconde tras conceptos como la «transferencia de conocimiento», un eufemismo que describe esta realidad desde la óptica del capitalista, y barre bajo la alfombra cualquier atisbo de problemática.
Como ha demostrado el estudiantado en su movilización, cuando la camisa de fuerza ideológica que supone toda esta visión inculcada por mil medios a los estudiantes empieza a rasgarse, entran en escena la desmovilización por dos vías:
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La primera, hipócritamente afirmar que la dirección de la universidad está del lado de la protesta, y mentir sobre las dificultades administrativas a las que se enfrenta la universidad para hacer valer tal reivindicación. Los mecanismos institucionales requieren de mil trámites complejos, con tiempos largos, que empantanan a los activistas en un laberinto de burocracia en el que la universidad tiene ventaja.
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La segunda, si la primera no surge efecto es la mano dura de la represión.
Al igual que en la Universitat de València, los representantes de Rectorado de la UPV se ampararon en las dificultades burocráticas para argumentar la imposibilidad de cumplir las demandas, volcando sobre la acampada el deber de navegar la burocracia. No fue una sorpresa que, tras refutar la imposibilidad de que Rectorado actuara de forma inmediata emitiendo un comunicado condenando una invasión, con la extensión política de cortar relaciones con colaboracionistas de tal país (como hizo con Rusia ante la invasión de Ucrania), o tras navegar y solventar los supuestos impedimentos impuestos por los contratos del Foro de Empleo [3], la negativa se mantuviese.
El Estado capitalista es “el consejo de administración de la clase capitalista”, y continuamente se perfecciona para poder realizar de forma más diligente su función de dominación. En ese sentido, el control de la oligarquía financiera sobre las universidades (históricamente estructuras autónomas, con cierto grado de autogobierno por parte de la comunidad universitaria) se ha recrudecido, para así aumentar su control y limitar que estas sean posos de radicalización y rebelión. Este control actualmente se concreta en la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) y la Ley de Convivencia Universitaria (LCU).
Este proceso partió del Plan Bolonia y el 3+2, y se ha traducido en la emisión de la LOSU. La LOSU sigue alineada con la reducción del coste de la educación de mano de obra, reduciendo la duración de los grados universitarios a 4 años, pero, adicionalemnete, la LOSU también facilita la instrumentalización de la universidad por parte de las empresas con la «revitalización de los consejos sociales» (órgano máximo de dirección de la Universidad, integrado fundamentalmente por las empresas de mayor relevancia de la economía local), y con la inédita opción de que las elecciones a Rectorado sean indirectas, a través de otros órganos de «representación» del estudiantado y personal [2].
Mientras la LOSU instrumentaliza, la Ley de Convivencia Universitaria (LCU) reprime. Este documento, con un nombre tan eufemístico, permite a Rectorado la administración de sanciones a su discreción, juzgada por órganos controlados por éste, a cualquier actividad que «interrumpa el modo normal de funcionamiento de la universidad», dando carta blanca para reprimir cualquier actividad política. Esta ley ha sido apropiadamente renombrada por activistas populares como Ley Mordaza Universitaria, y criticada por ser más restrictiva que la Ley franquista de 1954 a la que sustituye [2].
El primer día de negociación entre la Acampada y Rectorado de la UPV, los representantes de la institución se mostraron con los brazos abiertos y realizaron grandes promesas, dejando entrever una vía para la conquista de demandas a través del puro diálogo. Retiraron las promesas en las siguientes reuniones con un fingido enfado y acusaciones hacia la Acampada, haciendo amagos de retirar la vía de negociación que fingían haber abierto si la Acampada no cesaba toda la actividad política: desde la propia acampada hasta la difusión mediante carteles y pancartas. La amarga (y reiterada) experiencia sindical muestra como no hay error más grave para la parte social que despojarse de su capacidad de protesta para negociar con la parte patronal. Es la protesta, movilización y acción la que nos da poder de negociación, y los estudiantes supieron desde un primer momento que no podían renunciar a sus armas.
Por supuesto, el nivel político es siempre desigual, y mientras que para algunos participantes esto era un principio irrenunciable, para otros cada paso que la Acampada daba estaba revestido de mil obstáculos, de los que afloraban mil dudas, y que condujeron a mil aprendizajes.
La negociación con Rectorado estuvo llena de falsedades y mentiras deliberadas, como considerar que las empresas que orgullosamente se anunciaban como “proveedores del ejército israelí” no eran responsables del uso de esas armas y no eran merecedoras de sanción. ¡Incluso a pesar de condenarlo en anteriores reuniones! ¡Desdiciéndose en cómo la colaboración de la universidad con éstas empresas les convertía en cómplices!
Cuando estas tácticas dejaron de funcionar, Rectorado canceló el Foro de Empelo, y lo empleó como ataque de falsa bandera con el que difamar a la Acampada a través de sus redes de comunicación y los medios de información. Con ello dividió al estudiantado y al resto de la comunidad universitaria, y justificó su posible represión, anunciando la preparación de un castigo ejemplar, con el que desalojar por la fuerza a la Acampada y hacerle pagar los costes millonarios del Foro. Pero también se dejaron en evidencia delante de los estudiantes, incluso de parte del sector ideológicamente atrasado, revelando que anteponen su imagen y complacencia con el genocidio palestino y colaboración con los intereses más sanguinarios de la oligarquía afín al sionismo, a atender a las justas reivindicaciones de la comunidad universitaria. Con ello la universidad muestra su incoherencia con lo que afirma ser y se desviste del manto de espacio democrático y por la paz con el que constantemente se anuncia.
«Generar disturbios, fracasar, generar disturbios de nuevo y fracasar de nuevo; y así hasta la ruina: ésta es la lógica de los imperialistas y de todos los reaccionarios del mundo [..] y jamás marcharán contra ella. […] Los imperialistas nunca dejarán de lado sus cuchillas […], y así hasta su ruina.»
Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha (1949) – Mao Tse-tung
La cancelación del Foro de Empleo supone un precedente antes inexistente de la capacidad de la movilización estudiantil. El Foro de Empleo no es más que un escaparate de las multinacionales para blanquearse y publicitarse, a la vez que captan mano de obra barata entre el estudiantado. Las posibilidades de realizar prácticas de empresa para los estudiantes tampoco se han visto perjudicadas, puesto que estas son independientes de la celebración del Foro. Aunque su cancelación total no era parte de las demandas de la Acampada e incluso se posicionaron en contra, tampoco debemos lamentarnos por las pérdidas de la burguesía.
Episodios como estos evidencian a ojos de todo el que quiera ver que la lucha de clases no cesa. Que vivimos en guerra, una guerra que intenta aparentar paz y democracia, pero que sirve para perpetuar la explotación y la opresión que ejerce la clase dominante capitalista y sus lacayos. Esta dominación se ejerce de la forma más sanguinaria y abierta a los pueblos del tercer mundo, del que Palestina es la muestra más flagrante y uno de los ejemplos de resistencia más heroicos, pero también se ejerce contra nosotros, quienes vivimos en el centro imperialista. En nuestro frente, el frente interior del imperialismo, esta dominación se ejerce preferentemente de forma velada, pero basta osar luchar, sea por nuestras condiciones y derechos, sea en solidaridad con otros pueblos, para que los que la maquinaria represiva del Estado capitalista se dirija con contundencia contra nosotros.
3. La importancia de la construcción del movimiento
La mayor victoria de este episodio de movilización ha sido la experiencia que las masas involucradas han adquirido, no solamente en València, sino en todo el Estado. En el caso de la UPV, esta ha supuesto un aprendizaje constante, pues era la primera experiencia militante de muchos de los participantes. En cuestión de días, estas experiencias de lucha han puesto de relieve las verdaderas condiciones objetivas a las que se enfrenta el estudiantado: las universidades no son centros de cultura y democracia, sino instituciones al servicio de la oligarquía financiera. Revelar la verdadera esencia del enemigo que se tiene enfrente ha transformado su estado de ánimo y su capacidad de organizarse. Esto posibilita dar un salto cualitativo en las condiciones subjetivas del movimiento. Es decir, un salto en la comprensión del movimiento sobre el papel que puede tener el mismo, dada su comprensión más profunda de la lucha a la que se enfrenta y el contexto general en el que se desenvuelve, en el que las universidades son focos de dominación ideológica por parte del imperialismo, permitiéndoles prepararse mejor para combatir frontalmente a estos enemigos.
3.1 La mejora organizativa
A través de la práctica política, los estudiantes han aprendido a identificar y priorizar los objetivos políticos, a mejorar sus formas organizativas y sus métodos de propaganda, siendo uno de los ejemplos más claros la evolución del asamblearismo:
El asamblearismo es una forma primitiva de democracia. Permite el funcionamiento democrático de las organizaciones a la par que fomenta la participación, mejorando las conclusiones colectivas y capacitando nuevos miembros. Sin embargo, el asamblearismo, inherentemente, pierde su carácter democrático cuando aumenta el número de participantes, cosa que se manifiesta progresivamente cuando se supera la decena de miembros. Ante este incremento, lo primero que se manifiesta es que muchos de ellos estarán callados mientras que una minoría realizará la mayoría de las intervenciones, por lo que para mantener la participación general se hace necesario que desde los miembros más activos se fomente activamente la participación del resto de integrantes.
El asamblearismo suele ir de la mano del consenso. Esta forma de toma de decisiones parte de la necesidad democrática de implementar buenas prácticas que eviten la mera búsqueda de la obtención de una mayoría simple en las asambleas, priorizando el fomentar el debate, la cohesión y el aprendizaje. Sin embargo, no debe ser elevada a principio organizativo porque puede derivar muy fácilmente en imposición de la minoría a la mayoría, puesincluso tan solo uno o dos miembros pueden bloquear la decisión.
Si además se reniega de toda forma de responsabilidad unipersonal elegida por hacer una “crítica a la totalidad” de todos los falsos métodos “democráticos” de la democracia burguesa, la realidad es que existen dos alternativas: o la disfuncionalidad, o que afloren los liderazgos informales. El primer caso es el más común cuando se crea una comisión sin ningún responsable asignado para que salga adelante: sencillamente, la responsabilidad de llevar las tareas a cabo se diluye entre los miembros y la tarea o función raramente verá la luz, y no hay nada más antidemocrático, frustrante y negativo que nuestras decisiones no se vuelvan realidad. En el mejor de los casos, alguien por, capacidad e iniciativa propias, terminará por ejercer de “responsable” de la asamblea o de los grupos de trabajo generados, pero será su criterio personal el que determinará qué tareas ejecutará y cuáles no, independientemente de la voluntad democrática, y sin la posibilidad de exigirles todo aquello que sería exigible si fueran electos: rendición de cuentas, transparencia con la información, priorización de su actividad, o revocación del cargo.
Podríamos citar otras formas tradicionales de democracia primitiva, como rotación de cargos, cuotas de participación, etc. que no se han materializado en las Acampadas de València, pero que su puesta en práctica ha demostrado cómo, a pesar de las buenas intenciones, todo lo que no son cargos electos y revocables termina por ser en perjuicio tanto del poder de decisión como de la consecución de los objetivos de la organización.
Sin embargo, quizás el principal limitante de esta forma primitiva de democracia, y que por ello dio paso a otras formas más avanzadas en el movimiento obrero y movimientos populares, es que al ser la asamblea el único órgano con capacidad de decisión, impide que se tomen decisiones rápidas en línea con la voluntad mayoritaria. Por poner un ejemplo, ante la convocatoria de concentración por parte de Rectorado el día de la cancelación del Foro de Empleo, la asamblea de la Acampada no pudo reaccionar a tiempo para decidir asistir a la concentración, pero sí llamó a asistir por RRSS a todo el que pudiera. Para sorpresa de los solidarios, acabaron por asistir a una concentración en contra de la Acampada, ¡sin ninguna contra-concentración! En ocasiones similares, ante un imprevisto, la solución se tuvo que tomar, o bien entre los miembros presentes, o bien depositando la confianza en el criterio del dirigente informal más cercano, dejando que el azar y no la voluntad colectiva guíe el rumbo del movimiento.
Ante esto, se hace patente la necesidad de elevar la capacidad organizativa para que podamos:
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Velar por la participación general, de forma que podamos utilizar ampliamente todo nuestro potencial colectivo para luchar.
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Tener la capacidad de tomar decisiones con rapidez cuando las circunstancias lo requieran.
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Que toda decisión se tome con la garantía que atienda a la voluntad de la mayoría, una vez expuesta la información y los argumentos por cada postura.
Estas necesidades han sido resueltas hace tiempo, puesto que la clase obrera y resto de clases populares necesitaban también la capacidad de reacción rápida que ofrece una estructura. Pero, a diferencia de los capitalistas, debían habilitar una verdadera democracia, puesto que es la única forma de desplegar todo nuestro potencial y de verdaderamente tener la motivación de luchar. Incluso cuando luchamos por una causa de solidaridad internacionalista, con mayor o menor grado también luchamos por nuestra propia liberación y por derrocar este sistema explotador para forjar uno en el que podamos vivir plenamente. El movimiento obrero es el que ha sistematizado en mayor medida esta política organizativa, denominada comúnmente democracia obrera,
La democracia obrera podemos definirla como sigue:
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La democracia obrera es el régimen de funcionamiento en el que se ejecuta la voluntad de la mayoría, y solo puede entenderse en tanto que es una herramienta para luchar aprovechando al máximo nuestras fuerzas al máximo, en la que se une a todo el que puede ser unido para luchar. A diferencia de la “democracia” de los capitalistas, que es una democracia para engañar y dominar al pueblo, la democracia obrera es una democracia para luchar.
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El régimen democrático consta de tres aspectos: la toma de decisiones, la ejecución de estas decisiones, y la valoración de las mismas. Los tres aspectos tomarán formas distintas dependiendo del objetivo de la organización, el contexto general, y el momento concreto. Por ejemplo, la participación puede ser más amplia y abierta en un contexto de relativas garantías democráticas, y no podrá serlo tanto en un contexto altamente represivo, pero en todo caso habrá una unidad entre estos tres poderes.
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Con el fin de dotarse de capacidad de reacción rápida y asegurar la ejecución de las decisiones tomadas, se eligen responsables unipersonales para cada función o tarea. Estos adquieren obligaciones de acción, rendición de cuentas, y pueden ser revocados por mayoría simple.
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La democracia obrera vela por principio por la participación máxima posible en la toma de decisiones y su ejecución, abogando por la igualdad general e inclusión activa de sus miembros, y la dirección colectiva de la toma de decisiones, para maximizar el acierto y la creatividad.
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La democracia obrera aboga por la unidad en la acción para que el disenso tras un debate abierto y honesto no se traduzca en una pérdida de fuerzas para luchar, sino que la acción pueda contar con todo el mundo y que el balance de la acción ratifique o permita rectificar las decisiones tomadas.
La democracia obrera condensa las formas organizativas diseñadas para la consecución de nuestros objetivos e intereses en la lucha popular, permitiendo el despliegue de una verdadera democracia, y cumple un doble objetivo: nos permite luchar mejor, aprovechando todo nuestro potencial, y nos permite empoderarnos, ejercer poder, a la escala que alcancen nuestras fuerzas.
3.2 La mejora de la comprensión política
Los militantes de la asamblea han aprendido también el verdadero costo de arrancarle conquistas al Estado, han rechazado las falsas apariencias de la democracia burguesa y han descubierto la necesidad de luchar, elevando su nivel de conciencia política. Estos aprendizajes aplican incluso en el panorama general del capitalismo imperialista a pesar de que parten de la lucha contra el colonialismo en Palestina, pues éste no es más que la forma en la que el imperialismo se concreta sobre ese territorio.
A pesar de las vacilaciones de elementos más moderados y conformistas, durante la acampada ha prevalecido la idea de que nuestra capacidad de negociación proviene de nuestra capacidad de presión, no de las cesiones de las instituciones ni de la renuncia a nuestras «armas».
Esta postura ha ido reforzándose según las tácticas y posiciones de Rectorado se hacían evidentes. Si bien la falsa conciliación inicial de Rectorado supuso una reducción en la combatividad, cuanto más evidentemente desmovilizadora, falsa, y agresiva era la actuación de Rectorado, más predominaban las posturas combativas, posturas que, con el tiempo, se extienden y extrapolan a la naturaleza del Estado.
3.3 La responsabilidad de los comunistas
Los y las militantes comunistas debemos participar en las reivindicaciones del resto de activistas y luchadores sociales entendiendo sus tiempos, su voluntad, y aquello que perciben como problemas. Tenemos el deber de participar en las luchas populares con un doble propósito: con el propósito de aportar nuestros conocimientos políticos y compartir nuestra capacidad de análisis y organización, para así poder distinguir firmemente entre amigos y enemigos, unir a todo el que puede ser unido y golpear al enemigo, así como para aprender de todo lo que otros activistas saben mucho mejor que nosotros por su experiencia. Es a esto a lo que los comunistas denominados “línea de masas”, nuestro método de dirección política.
Este proceso es continuo e iterativo, y muestra de ello es el presente artículo. Con este artículo tratamos de hacer accesible nuestros aprendizajes de esta experiencia, que hubiera sido imposible sin el intercambio de impresiones con muchos activistas populares que no militan en nuestra organización revolucionaria. Así mismo, intentamos aportar claridad política ante las complejas situaciones a las que nos enfrentamos, y enfoques que nos permitan superar los obstáculos que tenemos delante.
En este análisis nos hemos centrado en la experiencia de la Acampada de la UPV, por ser la que ha llegado finalmente a las cotas más altas de enfrentamiento con la autoridad universitaria en Valencia, así como mayores aprendizajes políticos, pero debemos tener presente que esta pudo partir con la ventaja de la primera experiencia de la UV, con sus aciertos y errores.
Ya comentamos que la APUPV se encontraba integrada por un grueso de activistas que tenían como primera experiencia militante esta acción de solidaridad. La realidad de la APUV fue distinta: poco después del inicio de la acampada contó con la incorporación en una proporción relevante de militantes de organizaciones comunistas juveniles, que ganaron rápidamente la dirección de la acampada, particularmente OJS y Arran .
Ya hemos evidenciado al inicio del presente artículo la gran contribución al movimiento estudiantil y el movimiento de solidaridad con Palestina que fue el inicio de la Acampada por Palestina de la UV, partiendo de un nivel ideológico avanzado que tuvo influencia en el movimiento. La APUV empezó como acampada en el jardín exterior de la Facultad de Filosofía, contó con decenas de acampados y eventos diarios que alcanzaron un par de centenar de personas, visibilizó la causa palestina a ojos de amplias masas, y elevó progresivamente el nivel de presión hacia Rectorado para hacer valer sus reivindicaciones, pasando a tener acceso del interior de la Facultad durante la noche y fin de semana a la semana de estar acampados (haciendo frente a la amenaza de desalojo policial), y finalmente ocupó la Facultad por tres días, impidiendo el acceso, en un último intento de forzar la mano de Rectorado. Para sorpresa de la Acampada, Rectorado no llamó a la policía a desalojar la ocupación, por lo que la Acampada de la UV se levantó tras 19 días de lucha.
Este proceso no estuvo exento de errores, y desde nuestra perspectiva se encuentran íntimamente relacionados con la concepción de cuál debe ser el papel de los revolucionarios en la lucha de masas por parte de OJS y Arran. Estos errores, aunque probablemente nacidos de la buena fe, limitaron el desarrollo de la Acampada gravemente, y queremos compartirlos no con el fin de desprestigiar a estos compañeros, sino con el fin de aportar a aprender de esta experiencia. Haríamos la misma crítica si fuéramos nosotros quienes hubiésemos cometido estos errores:
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La falsa democracia y el dirigismo: Hemos mencionado porqué el asamblearismo es una forma primitiva de democracia, que solo puede funcionar con números muy reducidos de personas. Ante un incremento del número de miembros se torna inoperante, dando paso a liderazgos informales y toma de decisiones en pequeños círculos no elegidos por la asamblea. La APUV fue un ejemplo de ello.
Ante esta situación se debe impulsar una alternativa eficaz que los miembros del colectivo identifiquen y asuman de manera consciente como un cambio que promueve la democracia y el mejor funcionamiento. No obstante, se cometió el error de, en la práctica, seguir funcionando de forma aparente como asamblea «democrática» a la par que las decisiones y posicionamientos de relevancia política se tomaban en pequeños corros de miembros con mayor afinidad entre sí, siendo el grueso de ellos militantes de OJS y Arran.
Bajo una apariencia de extensa democracia, las decisiones las tomaban en la práctica un número limitado de personas, sin posibilidad de rendición de cuentas ni de revocación (puesto que nadie las había elegido, y sus acciones respondían a su propia voluntad de participación, conforme rigen las normas del asamblearismo). Que la toma de decisiones se realice por parte de un buró de personas es lo que se conoce como burocratismo, que muchas veces se encuentra blindado por una muralla de resoluciones, artículos y procedimientos, pero como vemos, el burocratismo puede también engendrarse en ausencia de volúmenes ingentes de documentos, reglamentos y protocolos.
Es aquí cuando el dirigismo aflora, esto es, priorizar los resultados inmediatos a costa de coartar el proceso de aprendizaje colectivo. Esto se ilustra desde el principio con el primer intento de ocupar la Facultad: la OJS llegó a la APUV y cortó el debate sobre qué hacer para sacar adelante una votación sobre ocupar o no la Facultad, en la que prácticamente solo su decena de miembros votó a favor, y en el desconcierto, las docenas de otros compañeros se abstuvieron. Rápidamente, la decena de votantes a favor procedieron a entrar en la Facultad, y a los escasos minutos, tras verse en solitario y la amenaza de seguridad de llamar a la policía, volvieron al jardín. Escalar los niveles de protesta y llevar la acampada dentro de la Facultad era un buen objetivo, pero para ello era necesario convencer al resto de compañeros y sumarles a la acción, cosa que no se hizo. Como hemos señalado antes, esto es sacrificar el objetivo estratégico con el que los revolucionarios debemos participar en las luchas populares. Paradójicamente, el asamblearismo y la horizontalidad que tienen como principal objetivo evitar un funcionamiento antidemocrático, generan la inoperancia que es el caldo de cultivo del burocratismo y el dirigismo.
El dirigismo llevó a emprender acciones para las que el grueso de los participantes de la acampada no estaban preparados, no compartían su utilidad, o incluso desconocían que se iban a ejecutar hasta que estaban en marcha, como fue el intento de entrada en Rectorado o la ocupación de la Facultad de los últimos tres días. Lejos de que la participación en la lucha sirva para aumentar la comprensión y capacidad de todos los activistas, las tareas de análisis, elaboración de discurso, planificación de las acciones, organización de las mismas, etc. recaían en un número reducido de activistas revolucionarios experimentados, no implicando al resto de compañeros, generando eventualmente frustración en ambas partes: frustración en los avanzados ante verse aislados en las acciones y la baja participación del resto de compañeros, y frustración por parte de estos compañeros al verse alejados de la toma de decisiones y no compartir el porqué se emprenden las acciones.
El dirigismo lleva a los dirigentes a ir perdiendo pie de la perspectiva y capacidad que tienen el grueso de compañeros del movimiento.
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Sólo apelar a los avanzados: como consecuencia del dirigismo y las marchas forzadas, la implicación política de una lucha aparentemente amplia se cerró a la verdadera implicación de sólo los convencidos de partida (los avanzados en cuanto a su nivel de conciencia, entre los que están los militantes de organizaciones comunistas). Esto es lo que se conoce como izquierdismo, una desviación que abandona el movimiento de masas amplio y la propaganda en él, rompiendo con las formas de lucha de masas para hacer acciones aisladas en las que solo participan las masas más avanzadas. Es así como el movimiento acaba por desprenderse de un mayoritario grueso de estudiantes, la abrumadora de los cuales sin ninguna afiliación, que se movilizan por aquello que creen justo, y por tanto con una elevado potencialidad de elevar su conciencia y capacidad de lucha.
Uno de los principios fundamentales de la línea de masas (el método de dirección comunista que se desarrolla con el maoísmo) es ganar a la izquierda, arrastrar al centro, aislar a la derecha para golpear al enemigo (no confundir izquierda, centro, derecha con posiciones parlamentarias). Esto hace referencia a que en cualquier sector están los consecuentemente decididos a luchar (normalmente compuesto por los avanzados), que hay que ganar políticamente (convencer para luchar de cierta forma, de acuerdo a cierta táctica política o plan), de forma que conjuntamente podamos llegar a movilizar al grueso del centro (aquél sector mayoritario que entiende la necesidad de un cambio pero alberga dudas sobre luchar). Solo uniendo a todo aquel que puede ser unido podemos aislar a la derecha (es decir, el sector del pueblo que no ve la necesidad de luchar y que pueden verse arrastrados por el enemigo, por lo que queremos mantenerlo neutral, aislado), y golpear al enemigo desde la superioridad. Arrastrar al centro a la lucha, y progresivamente a posiciones avanzadas donde consolidarles, se convierte en una tarea fundamental que cobra una mayor importancia en los tiempos de debilidad del movimiento estudiantil actual.
La radicalidad alcanzada no había sido fruto de arrastrar al centro hacia posiciones avanzadas. Empezó por ser una forma comunicativa impuesta que el grueso del movimiento vio con simpatía, y progresivamente se fueron alejando de estas posturas. El grueso de los participantes de la Acampada se alejaban porque no se compartía porqué realizar tal acción y porqué hacerla de tal manera, en la medida que se decidía por el reducido grupo radical emprender acciones cada vez más contundentes. Se aislaba más y más al centro, porque esta radicalidad era una inserción decidida exclusivamente entre los círculos de militantes previamente organizados políticamente. Estos militantes ganaron a solo una parte de la izquierda, y no apostaron por arrastrar al centro. Las organizaciones de estos militantes no ocultaban sus objetivos: ganar a unos pocos activistas para sus filas, y a eso se limitaron.
Algunos de estos militantes populares pasaron a engrosar las filas de las organizaciones comunistas que dirigieron la Acampada de la UV, y esta misma alcanzó altas cotas de mediatización y popularidad. Es fácil, como consecuencia de esto, intentar justificar y reafirmar las acciones realizadas, pero creemos que hemos justificado suficiente hasta ahora porqué esto desaprovecha todo el potencial de educación política de la lucha popular, cómo aisla al grueso del centro de la elevación política, y cómo juega en detrimento tanto de la causa particular, la solidaridad con Palestina, como en general de organizar la revolución proletaria.
Este proceso por el que se cae en el izquierdismo, el burocratismo y el dirigismo se da muchas veces de forma «accidental» y proveniente de un deseo genuino de la consecución de los objetivos a corto plazo. Sin embargo, la buena fe no cambia las consecuencias. Esta táctica viene con el alto precio de pausar e hipotecar la construcción del movimiento y el aprendizaje de las masas (de los compañeros que participan en el movimiento, y de todos los que podrían haber participado en él con un enfoque adecuado), indispensables tanto para la lucha particular de la solidaridad con Palestina como para la consecución de objetivos mayores. Debemos recordar que nuestros objetivos mayores, la revolución proletaria, será sin ningún lugar a dudas una lucha abierta y prolongada de masas, puesto que son las masas y únicamente las masas las hacedoras de la Historia: ninguna revolución socialista puede triunfar sin este gran torrente creador, del que los revolucionarios somos solo su (pequeña) parte más avanzada, y toda actividad revolucionaria debe tener presente esta perspectiva que da nombre a nuestro método de dirección, la línea de masas. El objetivo último de los comunistas no es llegar nosotros al poder, sino llevar a las masas al poder, de las que formamos parte, y ello pasa necesariamente por empoderarlas y promocionar la democracia obrera allá donde participemos.
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Ausencia de confianza en las masas y tendencias sectarias: Se debe abandonar todo atisbo de paternalismo hacia el pueblo. La ligazón con las masas (el grueso del pueblo que no son revolucionarios) no debe partir desde el recelo, sino desde la confianza en su capacidad de lucha. Esta es una capacidad que demuestran día a día, sin necesidad de la participación comunista, aunque esta capacidad de partida no sea tan avanzada como los deseos de un comunista inquieto. No debemos olvidar que los comunistas también aprendemos de las masas, y que son éstas las que constantemente desarrollan y nos enseñan nuevas formas de lucha.
Justificar una posición izquierdista no rara vez pasa por el desprecio de la opinión de las masas que expresan legítimamente sus inquietudes y sus dudas. En el caso de la Acampada de la UV las masas llegaron a explicitar con contundencia la división entre trabajo intelectual y manual, que veían como un problema relevante: identificaron una división entre quienes componían las comisiones de alta relevancia política e ideológica (fundamentalmente comunistas de OJS y Arran) y las de trabajo manual (fundamentalmente activistas sin afiliación política), señalaron las dificultades a las que se encontraban para implicarse en tareas políticas por las dinámicas de grupo cerrado de estas comisiones políticas y la permanencia de los corros de afinidad, y lamentaban no estar pudiendo aprovechar la oportunidad de educarse e implicarse políticamente, a la vez que denunciaban la falta de democracia y transparencia… Inicialmente, estas críticas cayeron en saco roto. Solo cuando fueron incontenibles, se trataron. Las medidas que se aplicaron para subsanar esto fueron superficiales, y perpetuaron en lo esencial los problemas señalados.
Otro ejemplo claro de recelo frente a la capacidad de las masas fue la movilización previa a la disolución de la acampada APUV. Cuando se vio que la acampada no podía continuar de manera prolongada y se perdía la capacidad de presionar, en lugar de exponer honestamente el análisis al resto de miembros y simpatizantes, se decidió “salir por la puerta grande” ocupando la Facultad de Filosofía y barricando las entradas. Ésta no tenía otro objetivo que dar una muestra de aparente combatividad que culminaría con un hipotético desalojo. La UV, viendo que la acampada iba a finalizar por su propio curso natural, no intentó llevar a cabo el desalojo, provocando que los presentes improvisaran una retirada de las barricadas y una marcha hacia rectorado con tal de conseguir transmitir una sensación de fuerza y victoria, pero dejando a muchos simpatizantes confundidos por la decisión.
Es posible que las masas, ante sus críticas, ofrezcan soluciones con mayor o menor grado de acierto. La tarea del comunista, en tanto que es el elemento más avanzado del pueblo (supuestamente con mayor capacidad de análisis y de comprensión de la realidad social), pasa por atender y procesar esta información con ayuda de las herramientas de análisis de nuestra ideología, filtrando, por tanto, lo correcto de lo incorrecto, lo principal de lo secundario, tanto de la crítica como de la solución propuesta, e intentando ofrecer una respuesta que haga avanzar la lucha.
3.4 Un paso adelante
En un contexto en el que el movimiento estudiantil valenciano se encontraba marchito y el poco existente se encontraba copado por organizaciones afines a partidos reformistas, el movimiento estudiantil de València en solidaridad con Palestina (en el que aglutinamos ambas Acampadas, de la UV y de la UPV, así como la organización previa Estudiants per Palestina) van en dirección a constituirse como organización permanente.
Esta será una organización con experiencia de lucha, alertada contra las falsas promesas de la izquierda parlamentaria, y conocedora del carácter reaccionario y servil al imperialismo de la administración universitaria. Pero lo que es más importante: una organización que ha superado ya una de las principales batallas ideológicas de nuestro tiempo; conocedora de que los capitalistas en el poder, bajo falsas consignas pacifistas, impunemente ejecutan su represión y cometan verdaderas barbaries, que rehúsa de toda idea de conciliación con los intereses capitalistas, y que es sabedora que la única opción que nos queda a los pueblos es luchar, tanto en el frente interior como en el frente exterior del imperialismo.
A la luz de esta experiencia podemos afirmar cuál es el objetivo del movimiento estudiantil internacionalista con Palestina y su ligazón con el resto de movimientos populares y la revolución:
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La lucha del movimiento estudiantil internacionalista con Palestina tiene como principal objetivo minar la legitimidad y la capacidad del imperialismo para sostener su apoyo al Estado de Israel.
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Como hemos visto, la lucha en solidaridad con el frente exterior en seguida despierta los monstruos que habitan en nuestro propio suelo: la careta democrática cae aprisa, y se extiende la larga vara de la represión.
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La represión del Estado capitalista une al movimiento de solidaridad con Palestina al resto de movimientos populares y al movimiento obrero, evidencia que los estudiantes nos enfrentamos a la Universidad y al Estado capitalistas, de la mano del resto de clases, sectores y movimientos.
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A su vez, evidencia que estas luchas contra manifestaciones del capitalismo forman parte de un objetivo más grande: el derrocamiento del mismo mediante la revolución.
Partimos de una situación de extrema debilidad del movimiento estudiantil previo a las Acampadas, y esto tiene una relevancia crucial: las lucha de solidaridad con Palestina ha desvelado el verdadero carácter de las instituciones universitarias, unas instituciones de dominación ideológica, serviles al imperialismo, que no son ningún “refugio del conocimiento” sino otra expresión más de la opresión del capitalismo. Para poder desplegar la lucha de solidaridad más consecuente con el pueblo palestino, debemos hacer frente a este enemigo concreto que son la Alta Administración Universitaria. Haber desvelado que la lucha en solidaridad con Palestina en las Universidades es una batalla dentro de una guerra más amplia hace que tengamos que plantearnos la constitución de organizaciones que sean las más adecuadas para este fin, atendiendo al principio general de que debemos unir a todo el que pueda ser unido para combatir al enemigo.
Para constituir lo más pronto posible la organización potencial que hemos descrito más arriba, que pueda continuar con más fuerzas la lucha tanto dentro de la UPV como de la UV, nuestra propuesta es la constitución de dos frentes de lucha: un Comité de Lucha Estudiantil y un Colectivo de Solidaridad con Palestina. Por supuesto, los nombres de estos frentes se han escogido de forma genérica y descriptiva:
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Un Comité de Lucha es una organización permanente compuesta por organizadores populares convencidos de la necesidad de luchar en un ámbito determinado. Son comunes en los centros de trabajo para hacer frente a distintas formas de explotación y arbitrariedad, en barrios para hacer frente a distintas necesidades y carencias, etc. En el caso del Comité de Lucha Estudiantil, tiene como frente de lucha toda forma de opresión y arbitrariedad en el ámbito universitario, tratando de aglutinar al estudiantado para luchar.
La creación de un Comité de Lucha (tenga el nombre de sindicato estudiantil o el que decida el movimiento) es necesario en tanto que tanto el Rectorado de la UV y como el de la UPV han demostrado que el revestimiento democrático y pluralista con el que se presentan es una burda mentira. En el fondo no son más que una herramienta de la oligarquía financiera para la dominación ideológica. Esta sería una organización combativa, independiente y anti-imperialista, que seguiría pudiendo actuar por la cuestión palestina, pero también expandiría su actividad al resto de luchas del estudiantado, actuando en estrecha colaboración con las organizaciones de lucha de otros sectores universitarios, como los trabajadores de cafetería, de limpieza, profesorado o investigadores.
La agudización de la causa palestina ha mostrado a plena luz el colaboracionismo de gobiernos e instituciones a todas las escalas, desde locales a internacionales. Nuestra lucha ha mostrado como nuestro enemigo principal es la oligarquía financiera española, así como contra el imperialismo en todo el mundo. Los colaboracionistas del imperialismo no han dudado ni dudarán un segundo en criminalizar a aquél que proteste, lo que nos obliga a desarrollar herramientas para unir a toda persona que se pueda unir contra el enemigo, ya sea por la lucha por Palestina como por todas aquellas cuestiones que inevitablemente nos enfrentaran con la arbitrariedad, la mentira y la represión del Estado, del Rectorado de la UPV o de la UV, y de sus secuaces.
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El Colectivo de Solidaridad con Palestina es la continuación directa del actual movimiento universitario internacionalista con Palestina, con las cuatro funciones y objetivos descritos más arriba.
El Colectivo de Solidaridad con Palestina podría ser una organización independiente del Comité de Lucha con estrecha relación con la misma (y, naturalmente, compartiendo gran parte de su afiliación, por su origen), una plataforma vinculada al Comité de Lucha, u otra forma orgánica que se decidiese.
Permitiría:
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Seguir solidarizándonos con la causa palestina, aun cuando pase esta oleada de movilización, y librar un envite antiimperialista en el seno del sistema universitario.
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Enfrentarnos en esta cuestión a las Administraciones Universitarias de la UV y la UPV, así como sus cómplices, que se arrodillan ante la oligarquía financiera y el sionismo.
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Defendernos ante la represión en conjunción con una plataforma más amplia.
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Por lo tanto, este Colectivo (Plataforma, Frente, o el nombre que se le atribuya) tendrá una postura antiimperialista clara y explícita. Es necesario que esta organización se aleje, como ha hecho el movimiento hasta ahora, de las reivindicaciones que se limitan a la apelación a la legalidad internacional y los derechos humanos, que para los imperialistas no son más que papel mojado, como ellos mismos han demostrado. De forma que evitemos que nuestro discurso pueda ser fácilmente cooptado por reformistas oportunistas y pacifistas pequeñoburgueses que acaban siguiendo el juego de la socialdemocracia apoyando la solución de los dos Estados o equiparando la violencia de opresor y oprimido. Por este motivo, es necesario que se apoye de forma clara y sin ambigüedades la liberación del pueblo palestino y los métodos de lucha y protesta militantes.
En cuanto al Colectivo de Solidaridad, proponemos que este esté vinculado con Samidoun, convitiéndose en su rama en València. Samidoun es un movimiento internacional centrado en el apoyo a los presos palestinos y vinculado al Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP), partido que lidera el ala izquierda del movimiento de liberación nacional. Los grupos de Samidoun tienen independencia de acción y disfrutan del apoyo logístico y teórico, así la visibilidad y la legitimación que supone ser parte de la red internacional. Como movimiento, Samidoun denosta la legalidad internacional como papel mojado en la práctica, defiende abiertamente una estrategia de liberación basada en la destrucción de Israel por medio de la liberación de Palestina por todos los medios, incluidos los militares, y la constitución de un solo Estado, palestino, secular, democrático y popular. Aunque BDSPV se encuentra en una posición de izquierda dentro del movimiento BDS en su conjunto, debemos tener presente que el BDS está principalmente vinculado a Fatah (fuerza dirigente de la colaboracionista Autoridad Palestina), que defiende y apela a la legalidad internacional y la solución de dos Estados, y se centra en animar a acciones individuales de boicot por el consumo en vez de en principalmente boicots militantes y movilizaciones. Por lo tanto, la constitución de una organización vinculada a Samidoun nos permitiría reforzar las posiciones antiimperialistas consecuentes en el seno del movimiento de solidaridad con palestina de la ciudad y del País Valencià.
Referencias y notas
[1] Como muestra un botón: los Principios Políticos de Estudiants per Palestina no solo condenan el genocidio perpetrado por Israel, sino “el brutal régimen colonial” que “tiene raíces profundas” ligadas a “los grandes intereses económicos” “de un puñado de estados imperialistas que subyugan a los pueblos”, señalando a su vez “el carácter legitimador de organismos internacionales” y a las “supuestas democracias avanzadas” que “son cómplices directos” (de Israel), señalando la represión contra los manifestantes solidarios en estos países. Ver aquí:
https://drive.google.com/drive/folders/1xoL-MbdHLoyamaP2KVe-G9KJRsjwkH-w?hl=es
[2] Podéis leer más sobre la LOSU y la Ley Mordaza Universitaria en https://somosrevolucion.es/dos-caras-de-la-misma-moneda-la-venta-de-la-universidad-publica-y-la-represion-del-estado/
[3] La UPV argumentaba que no era posible expulsar empresas del Foro de Empleo porque se habían comprometido mediante contrato, a lo que, posteriormente, añadieron que, aún de estar permitido por el contrato, la expulsión podría sentar un precedente de incertidumbre que perjudicaría las relaciones con estas empresas (argumento que, correctamente, se consideró irrelevante por parte de muchos miembros de la acampada). Posteriormente, no solamente se encontró que las empresas podían ser expulsadas por incumplir las inefectivas cláusulas de comportamiento ético, sino que también vimos como todo el Foro de Empleo podía ser suspendido por la universidad.
