Hacemos eco de la convocatoria de movilización del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Málaga [1]:
«Una gran manifestación este 29 de junio ante la degradación y la explotación neoliberal del cuerpo común que encarnamos y habitamos y que en Málaga, como en tantos otros territorios con los que nos solidarizamos, aterriza a través de los circuitos cada vez más extensos de las industrias turísticas.
Esta convocatoria es amplia y es transversal, porque no podemos pensar la turistificación y la precarización del trabajo desligadas de los circuitos capitalistas, coloniales y patriarcales que nos aíslan y someten. No podemos pensar en los centros urbanos masificados, homogeneizados bajo la premisa del beneficio extractivista y exclusivo de unos pocos, sin pensar en el desgaste de los ecosistemas y territorios tanto dentro como fuera de las ciudades.
Creemos fundamental luchar contra este tipo de explotación que se cuela hasta el último resquicio de nuestras vidas y entornos si queremos imaginar un futuro que le haga frente al servilismo, a la expulsión de nuestros barrios y ciudades, a la explotación de los entornos naturales, a la precarización y al empobrecimiento de nuestras vidas.»
La contradicción principal en la lucha por la vivienda en Málaga se encuentra en la especulación inmobiliaria, un fenómeno que refleja las tensiones fundamentales entre los intereses capitalistas y las necesidades de la población trabajadora. Los fondos buitre, como agentes del capitalismo financiero, son la principal herramienta de la burguesía para alzar los precios de la vivienda, explotando una necesidad básica para obtener ganancias exorbitantes.
Esta situación hace evidente que la explotación capitalista se extiende más allá de los marcos del trabajo asalariado, y la explotación directa (dentro del trabajo) se ve complementada por la explotación indirecta (fuera del trabajo), a través de la especulación con los medios de vida. Bajo el capitalismo, todo es susceptible de convertirse en mercancía, y la vivienda, desde los albores del capitalismo, ha sido víctima de la especulación: las urbes concentran el grueso de los puestos de trabajo, por lo que la concentración de la mano de obra lleva a un aumento de la demanda de vivienda. Y, como expondremos, los capitalistas controlan la oferta para hinchar los precios y exprimir a las clases populares.
La especulación inmobiliaria en España como potencia imperialista
El mundo está dividido en países imperialistas y países dominados. Actualmente, sin países bajo poder obrero, no hay tercera categoría. Como resulta evidente, la economía como el resto de ámbitos de un país se encuentran condicionados por su posición en esta cadena mundial.
Por tanto, la situación de la vivienda en España está condicionadapor su papel como potencia imperialista de segundo orden. De segundo orden, en tanto que España mantiene su influencia en la dominación de varios países (principalmente en América Latina y Noroeste de África), mientras que se encuentra en una posición de desventaja frente a las potencias de primer orden y superpotencias (como Estados Unidos, China, Alemania, etc.). Mientras que las potencias de primer orden y superpotencias pueden tener una agenda propia con sus propias fuerzas, las potencias imperialistas de segundo orden como España (o Italia, Canadá, Noruega, …) no tienen la fuerza política suficiente, y se ven obligadas a participar en la rapiña imperialista mundial en una posición subalterna respecto a las potencias imperialistas más poderosas.
La fuerza política de una potencia imperialista está principalmente relacionada con la acumulación de capital de su oligarquía financiera, del estrato superior de la clase capitalista. Esta se encuentra en competencia interna, en competencia con otros sectores de la gran burguesía en los marcos de su propio país, y en competencia contra la de otros países. La competencia y la lucha son absolutas, las alianzas son siempre relativas.
La posición de relativa debilidad de España en la cadena imperialista influye directamente en la economía del país, ya que la oligarquía debe priorizar la inversión en sectores de ganancia rápida para poder mantener su posición en vez de realizar costosas inversiones con una retribución que, si bien podría ser mayor a largo plazo, implica una rotación de capital mucho más lenta. A nivel de desarrollo industrial, España es un país que, efectivamente, está industrializado, pero de una forma poco diversificada, con hipertrofia en sectores como el automóvil. Por su lado, la construcción y el turismo, que son estos sectores de ganancia rápida, suponen un 8,0% y un 5,2% del PIB respectivamente. Esto produce que en España se den crisis de la vivienda más agudas que en otras partes del globo.
Pero las razones de estas crisis son de escala internacional:
- La competencia entre burgueses lleva a que cada cual tecnifique, planifique y mejore más y más su cadena de producción, invirtiendo más y más en capital constante (infraestructuras, maquinaria, herramientas, etc.).
- Aunque esta tecnificación repercuta en poder producir a menor precio unitario, obliga a todos los competidores a realizar la misma inversión.
- Sectores que en el pasado requerían, prácticamente, de únicamente una inversión en capital variable (en mano de obra), y por tanto, con altas tasas de beneficio, ahora se ven enfangados en altas inversiones de capital constante para ser competitivas.
- Esto lleva a que la tasa de beneficio industrial tienda a la baja.
Por lo tanto, sectores que no se encuentran tan tecnificados (sea por atraso, sea porque no se ha encontrado la forma rentable de hacerlo), resultan de gran interés para la inversión de capital. La especulación en estos sectores y con los medios de vida crece en relación con el estancamiento en el corazón de la producción.
Esto solo acelera y agrava la característica intrínseca del capitalismo de las crisis de sobreproducción. Cada burgués compite con el resto, en la industria y en el resto de sectores, pero no es capaz de prever qué demandará el mercado y sobre todo qué hará su competencia, lo que lleva a que en algún momento se produzca más de lo que se pueda vender, no se consiga el retorno en forma de beneficios que se esperaba, y se produzca una cadena de impagos y cierres.
Ya vimos cómo esto sacudió completamente a las clases populares en España en 2008, que puso fin a la cultura de la vivienda en propiedad heredada del franquismo, y abrió la veda a una transición a un mercado de vivienda regido cada vez más por la vivienda en alquiler. Esto abrió camino a nuevas formas de explotación indirecta generalizadas con el aumento coordinado del alquiler desde los fondos buitre e inmobiliarias.
El desarrollo histórico de la vivienda en España
La cuestión de la vivienda es inseparable del modelo económico de España y la evolución de los monopolios desde el tardofranquismo hasta el imperialismo actual. En esencia, durante el franquismo y la reconstrucción de los monopolios, se dio un enorme proceso migratorio periferia-ciudad, provocando la necesidad de ampliar y reedificar las ciudades (especialmente Madrid y Barcelona).
Sin embargo, el régimen franquista no fue capaz de dar respuesta a la demanda de vivienda hasta bien entrados los 60, provocando el auge del chabolismo. En el campo ideológico, la política de vivienda de inicios del franquismo vivió una disputa entre los sectores falangistas del régimen y los intereses de la burguesía vinculada a la construcción y el alquiler.
La Falange proponía un modelo urbanístico que evitara la concentración geográfica de la clase trabajadora en barrios específicos y así pacificara la lucha de clases. Planteaban un modelo en el que distintas clases sociales convivieran en los mismos edificios, pero con viviendas de distinta calidad según la riqueza de cada habitante. De esta manera, buscaban acabar con la segregación entre barrios ricos y pobres, y, sobre todo, con la posible conflictividad en los barrios obreros contra el régimen. Además, este modelo urbanístico se basaba en la familia patriarcal y la vivienda en propiedad para “convertir España en un país de propietarios y no de proletarios”.
Por otro lado, estaban los intereses de la burguesía urbana rentista, que obtenía sus ingresos del alquiler de viviendas y veía peligrar su modelo de negocio con las nuevas políticas propuestas por la Falange. El resultado de esta lucha entre distintos sectores del franquismo fue una postura intermedia. El modelo de barrio falangista con múltiples clases sociales conviviendo fracasó, aunque sobrevivió la idea de la vivienda en propiedad.
La única manera de financiar la construcción en una España destruida por la guerra fue hipotecar las nuevas viviendas basándose en los ingresos futuros de los propietarios. Este sistema se sustentó en el capital acumulado por las clases populares en las cajas de ahorros y montepíos, y funcionó gracias a la baja morosidad de los préstamos hipotecarios. Este modelo se mantuvo sin grandes cambios hasta la crisis de 2008.
La turistificación como manifestación concreta de la especulación
La turistificación en el Estado español, que comenzó a partir de los años 60, transformó profundamente la economía y el paisaje social del país. A partir de los años 50 y 60, el régimen franquista promovió el turismo como una herramienta clave del desarrollo de la economía. El Plan de Estabilización de 1959 marcó el inicio de una apertura económica y liberalización facilitando la entrada de capital extranjero y el desarrollo del sector turístico.
Las costas españolas se convirtieron en destinos principales de atracción turística, y mientras, el franquismo invirtió en infraestructuras turísticas (hoteles, aeropuertos, carreteras). A lo largo de las costas mediterráneas y en las Islas Baleares y Canarias se desarrollaron proyectos urbanísticos. Se construyeron hoteles, apartamentos turísticos, y complejos de ocio, transformando pueblos pesqueros en destinos turísticos de masas.
Desde los años 60 hasta los 80, el número de turistas en Málaga creció exponencialmente. En 1960, España recibía unos 6 millones de turistas al año, y en 1980, esa cifra superaba los 30 millones. Durante las décadas de los 60 y 70, se invirtieron millones de pesetas en la mejora de infraestructuras turísticas en Málaga. La construcción de hoteles y complejos turísticos se multiplicó.
La especulación de la vivienda y el fuerte vínculo de la economía con el turismo ha desembocado en un proceso de expulsión de la clase trabajadora hacia la periferia de la ciudad, obligándonos a abandonar nuestros hogares.
Para intentar paliar el problema de la vivienda, la burguesía se ha servido de diversos recursos, como alquileres sociales, regulaciones, cooperativas, etc. Pero estas medidas son parches insuficientes para paliar la situación actual, y además, han contribuido a hacer una división geográfica aún más evidente entre barrios obreros y barrios burgueses.
En definitiva, la turistificación no es más que una forma particular de especulación capitalista en el sector inmobiliario. Esta caracterización es fundamental. Atacar a la turistificación desligado de atacar a la especulación y los beneficios de los capitalistas es no acertar a combatir los intereses del capital, que son antagónicos a los de las clases populares.
La última crisis de la vivienda y el modelo de vivienda actual
En la última década, el modelo basado en la propiedad de la vivienda ha comenzado a entrar en crisis. Como mencionamos, la construcción representa una parte importante del PIB, por encima del 5%, siendo un negocio que facilita la recuperación rápida del capital.
Los datos de 2000-2004 son significativos y muestran la vinculación entre la construcción y sus subsidiarias con el sector inmobiliario: «El grueso de la creación de empleo se concentra en la rama ‘Construcción’, que por sí sola generó 561.300 empleos directos, y la rama de ‘Servicios’, que alcanzó la cifra récord de 1.208.600 empleos creados. Además, una buena parte de los empleos creados en la rama ‘Servicios’ están directamente relacionados con la ‘Construcción’. Concretamente, se crearon 263.800 empleos en ‘Inmobiliarias y Servicios Empresariales’, de modo que entre quienes construyen las casas y quienes las venden absorbieron 825.100 puestos de trabajo directos, es decir, el 47% del empleo creado. Si sumamos los puestos de trabajo creados en la rama ‘Industria’ relacionados con actividades auxiliares de la Construcción, probablemente alcanzaríamos la cifra del 75%» (Fuente: “Crecimiento y especulación inmobiliaria en la economía española, José Francisco Bellod Redondo”).
A pesar de que el nivel de vida no era significativamente más elevado que el actual, los bancos concedían créditos con facilidad, y los cálculos sobre la capacidad de pago de los trabajadores no siempre eran acertados. Con todo esto, durante la crisis capitalista de 2008, la morosidad hipotecaria aumentó drásticamente y casi colapsó buena parte del sistema financiero español. Uno de los sectores más afectados en España fue el de la vivienda. Fue necesario un rescate bancario con capital europeo para salvar al sistema financiero español de la quiebra. Se rescataron los bancos y cajas de ahorros más afectados, pero ante la situación de crisis y la caída en la compra de viviendas, fue necesario vender los “activos tóxicos” para obtener liquidez.
Así, en 2012, se creó la SAREB mediante la fusión bancaria e inyección de dinero público, comprando una gran cantidad de viviendas y parcelas de difícil venta con el objetivo de revenderlas y obtener la máxima rentabilidad. Para facilitar esta compra, entraron con fuerza las SOCIMIS o fondos buitre, a los que se les concedieron ventajas fiscales.
A partir de este punto, la burguesía vinculada a la construcción y la vivienda cambió de rumbo y comenzó a priorizar el alquiler sobre la propiedad. Como mencionamos, la construcción representa una parte importante del PIB, alrededor del 5%, y es un negocio que facilita la rápida recuperación del capital.
Esta situación llevó a un cambio de tendencia en el modelo de vivienda: España pasó de ser un país de propietarios a uno donde los arrendatarios tienen cada vez más peso, en consonancia con las cifras de otras potencias imperialistas de primer y segundo orden.
Un país de propietarios es una anomalía dentro de la norma general del capitalismo y representa un proyecto muy específico. Observando la media europea, en el caso de España, este modelo se impuso a raíz de una crisis del sistema capitalista, generando una base de arrendatarios que tienen que alquilar con pocas garantías. Además, mientras en otros países europeos hay un alto porcentaje de vivienda pública y alquileres sociales (por ejemplo, llegando a un 60% en Viena, Austria), estas concesiones aún no se han conseguido en España, ya que el cambio de modelo ha sido relativamente reciente y forzoso.
Por lo tanto, se hace evidente que una de las grandes luchas que debe librar el movimiento popular es presionar al Estado para aumentar el porcentaje de vivienda pública y de alquiler social, que actualmente se encuentra en un irrisorio 3% de la vivienda total.
En lugar de expropiaciones u otras soluciones más radicales, los partidos burgueses suelen proponer nuevas construcciones destinadas a este fin, lo que lleva a soluciones improvisadas, cuando no a pelotazos urbanísticos, donde las constructoras amplían su margen de beneficios aludiendo sobrecostes, mientras escatiman en materiales , en colaboración con los políticos al cargo. Como muestra un botón: proponiendo el Ajuntament de Palma construir viviendas sociales con contenedores marítimos.
En cuanto al modelo de trabajo, la clase trabajadora del sector terciario se ve obligada a trasladarse a la ciudad, ya que es donde se concentra el consumo. Esto provoca una disminución en la oferta de viviendas en comparación con la demanda, un problema que se agrava con el aumento de los alquileres vacacionales, las estrategias especulativas de los fondos buitre y las modificaciones urbanísticas promovidas por el gobierno (como zonas verdes, calles peatonales, edificios culturales, etc.), que buscan atraer aún más visitantes y aumentar el consumo. El resultado son precios exorbitantes que hacen que la vivienda en el centro de la ciudad sea inaccesible para la clase trabajadora, obligándola a desplazarse nuevamente a la periferia. Esto genera problemas adicionales, ya que los lugares de trabajo siguen estando en el centro y las conexiones de transporte con la periferia son, cuanto menos, ineficientes.
La situación de las capas populares de Málaga
En Málaga se sigue la misma tendencia que en el resto de España: la mayoría trabaja por cuenta ajena (80%), y la minoría como autónomos (20%). De aquí debemos resaltar que los municipios de Fuengirola, Benalmádena y Mijas son los que tienen mayor tasa de autónomos de toda la comunidad autónoma de Andalucía [2].
En cuanto a la precariedad del empleo en Málaga, el número de contratos anuales es más del doble que el total de personas contratadas. Esto muestra un elevado índice de rotación, y una tendencia elevada de contratos temporales, que en 2015 llegó al 4,2 (esto quiere decir que se firmaron 4,2 contratos temporales por cada persona asalariada). Resaltamos también el protagonismo de los contratos eventuales por circunstancias de la producción, que suponen más de la mitad de todos los contratos registrados, frente a los contratos indefinidos que suponen el 5,9% en el año 2015.
Destacamos la relevancia de los contratos a tiempo parcial, suponiendo más del 24% de la población, y el 40% del total de contratos. Este tipo de contrato, además, gana protagonismo sobre todo en las mujeres, doblando al del porcentaje de los hombres [3].
El caso de la vivienda en la provincia, en este mapa vemos que las provincias donde el alquiler es más alto son: Barcelona (1.603€), Madrid (1.549€), Baleares (1.522€), y Málaga (1.393€). Vemos que Málaga es la cuarta provincia con el alquiler más alto en todo el país, y a esto le sumamos que la renta por hogar en Málaga es de unos 24.287€, y el gasto de la vivienda supone unos 9.536€ anuales, suponiendo un 39,26% de la renta de un hogar medio. Todo esto se debe, en gran parte, al boom de las viviendas con fines turísticos que comenzaron a registrarse en 2016.
Málaga se sitúa como la provincia española con más viviendas turísticas, con un 4% del total de viviendas (41.000 en total [4]), llegando a oscilar entre el 16% y el 29% en la ciudad [5]. Todo ello viene de un proceso de turistificación y de gentrificación que dificulta aún más el poder vivir en una ciudad que está intentando remodelar el casco urbano, implicando la afluencia masiva de visitantes y prácticas especulativas. Como consecuencia, en 2017, de los 1.078 desahucios que se hicieron, más de la mitad fueron por impagos de alquileres [6].
Un enfoque de lucha contra la especulación
La concentración de la clase trabajadora en los mismos barrios es lo que permite que diversas luchas se conecten entre sí, facilitando nuestra organización para desafiar las restricciones legales y luchar por el uso popular de los espacios públicos. La lucha por la vivienda está ligada por mil hilos al resto de luchas populares, y todas tienen en común que son luchas contra manifestaciones opresivas del sistema capitalista.
El dominio de los capitalistas es desigual: son los barrios burgueses los que concentran mayor presencia policial, la fuerza que limita el uso libre y popular del espacio público, así como la protesta. La represión arbitraria, principalmente a través de sanciones administrativas, es la forma concreta en que ejercen el monopolio de la violencia. De esta forma se convierte el espacio público en una extensión de los negocios de la burguesía, en los que solo es bienvenido aquel que viene a consumir.
Así, la ciudad, que es producto del desarrollo capitalista, aún se manifiesta más abiertamente como una extensión misma de la lucha de clases y de las contradicciones que se existen en su seno. A medida que un barrio obrero se va gentrificando, aumenta también la presencia de los cuerpos de represión del Estado, la transformación del espacio público en una extensión de los negocios encuentra un amparo directo en la violencia legal de la policía, y la expulsión de los vecinos y vecinas por no poder costear las subidas de precios supone un debilitamiento progresivo de nuestras fuerzas para luchar.
Nuestra masividad es nuestra principal fuerza. La propia burguesía nos hacina y concentra en las ciudades para disponer de nuestra mano de obra. Por ello, las tareas de concienzación y agitación, de tratar de sumar a todo el que pueda ser sumado a la lucha, adquieren un carácter central en la lucha contra la especulación, y es una de las tareas principales de toda asociación popular de lucha por la vivienda.
La turistificación debe entenderse en todo momento como una concreción de la especulación capitalista. Debemos evitar que los políticos burgueses utilicen el turismo como chivo expiatorio de un problema que es consecuencia de la especulación de grandes monopolios, tanto españoles como extranjeros. Si bien en las zonas turísticas la situación se agrava y la regulación debe contemplarlo específicamente, el turismo nunca será el problema principal. El problema principal es la especulación capitalista, la cual precisamente engendra dicho modelo turístico.
La lucha contra la especulación no debe entenderse como una lucha contra algo intangible, una lucha exclusivamente en el terreno ideológico: es la lucha a todos los niveles, ideológico, político y económico, por el que las clases populares limitan la capacidad de explotación indirecta de rentistas y especuladores a través de la lucha y presión, principalmente a través de la movilización militante y masiva.
La movilización política desafía la dinámica de pasividad y el asistencialismo, es una forma de lucha efectiva para golpear al enemigo, para pasar a la ofensiva. No es necesario tener un problema individual con el arrendador o el banco para enfrentar la especulación: la dificultad para emanciparse, el aumento del coste de vida en comparación con los altos precios del alquiler, las dificultades para tener una vivienda a un precio estable (inseguridad jurídica, ausencia de vivienda social, etc.), entre otros aspectos, son motivos suficientes para la movilización de amplísimas capas de la población, repercutiendo no solo en mayor fuerza para arrancar conquistas, sino a la vez en elevar la afiliación a las estructuras permanentes del movimiento de lucha.
El capitalismo extiende la explotación a todas las esferas de la vida, empuja, por tanto, a todas las capas populares a luchar. Nuestro papel como revolucionarios es poner en pie de guerra a todo el que esté dispuesto a emprender esta lucha, a contribuir a orientarla para golpear de la forma más contundente al enemigo de clase, y a llevar la lucha a sus más altas cotas, porque esta será la mayor escuela de organización y combate para nuestra clase. La experiencia de lucha popular es el mejor catalizador para mostrar la cruda realidad: el capitalismo nos condena a resistir, y la revolución es necesaria para vencer. Solo con la revolución socialista podremos conquistar el derecho universal a la vivienda.
¡Aplaudimos la iniciativa de movilización del Sindicato de Inquilinas de Málaga!
¡Viva la lucha popular contra la especulación capitalista!
[1.]De la web https://www.29jmalaga.es/
[2.]https://ws089.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/blog/2014/01/crecen-un-34-los-autonomos-con-algun-asalariado-en-andalucia/
[3.]https://andalucia.ccoo.es/4f77e024d0e8fbba9c9aeb3dbb6f75d0000057.pdf
[4.]https://www.ine.es/experimental/viv_turistica/experimental_viv_turistica.htm
[5.]https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2023/12/19/malaga-lidera-cifra-viviendas-turisticas-espana-centro-96027047.html
[6.]https://inquilinatomalaga.org/wp-content/uploads/2019/11/Dossier-V3.pdf
