Ante la tragedia del día 30 en Ceuta en la cual ya han muerto unas 141 personas por el momento, estamos presenciando una guerra mediática contra los migrantes. En este contexto, defendemos que el proletariado debe tener una posición propia para no caer presa de las ideas reaccionarias, venga en el envoltorio que venga. Intentaremos analizar la situación desde una perspectiva que sitúa en el centro los intereses de la clase obrera, diferenciándolos de otras perspectivas burguesas (más o menos reaccionarias) o pequeñoburguesas.
Por un lado, tenemos la perspectiva del ala derecha de la burguesía, una parte abiertamente reaccionaria que describe lo ocurrido en Ceuta como una invasión. Esta parte habla de que estamos presenciando un reemplazo poblacional y de que nuestra “civilización europea” debe defenderse cerrando las fronteras y aumentando las deportaciones en nombre de la «prioridad nacional».
Por otro lado, está el ala izquierda de la burguesía. Se trata de la posición del gobierno central y de la izquierda reformista en general, que sitúa a España como víctima que está haciendo su parte, que trata de llegar a un acuerdo. Con una apariencia democrática y de conciliación, defienden en esencia lo mismo que el ala más abiertamente reaccionaria: propondrán el refuerzo de fronteras como remedio a la situación, bajo la careta de «medidas de seguridad ciudadana», medidas que no hacen más que servir a la agenda reaccionaria.
Hay también posturas pequeñoburguesas desarrolladas desde lo humanitario, posturas que identificamos como utópicas, ya que no analizan las causas de los eventos sino que intentan remediar sus efectos mediante el asistencialismo. Estas perspectivas, al no cuestionar el sistema que causa estas crisis, acaban siendo caricaturizadas por los reaccionarios, dando alas al discurso de que los migrantes reciben privilegios y ‘ayudas’ por parte del Estado y asociaciones. Cuando la realidad es otra: la poca atención que reciben por parte del Estado apenas llega a una tirita en comparación al grado de sobreexplotación y precarización que sufren.
Sin embargo, la perspectiva proletaria debe comprender estos sucesos como una manifestación de la crisis imperialista actual. El imperialismo genera miseria e innumerables víctimas entre la clase obrera y las clases populares. La oligarquía financiera de los países dominantes se beneficia de forma estructural de la sobreexplotación del proletariado de los países dominados, forzando una situación de atraso económico y político, impulsando regímenes autoritarios que impiden la existencia de derechos democráticos mínimos. Este es el caso de Marruecos, un país con una situación de dependencia, cuyo gobierno oprime a su pueblo, no sólo en el ámbito democrático, sino también en el laboral, empujando a su clase obrera a trabajar bajo condiciones infrahumanas. Esta situación hace que la clase obrera se vea empujada a migrar buscando mejores oportunidades.
Estas situaciones producen crisis migratorias y, al contrario de lo que manifiesta la ultraderecha, las fronteras por las cuales los migrantes intentan cruzar son zonas militarizadas, en las cuales desaparecen cada año miles de personas. En esta ocasión llevamos recogidos 141 fallecidos del mar, por mucho que la cifra habitual en los periódicos sea mejor en tanto publican las cifras ofrecidas por el Gobierno de España y no el de Marruecos, como si los muertos fuera un asunto competencial. El Gobierno de España, con sus fuerzas de represión, ha sido responsable de matanzas en la frontera del Norte de África, ya sea por sus medios directos o delegando la represión en el Estado marroquí. Si los migrantes consiguen cruzar, la violencia continua: pueden ser internados en CIEs (cárceles para inocentes) y deportados, o bien ser víctimas de la violencia patronal más descarnada trabajando en pésimas condiciones por necesidad.
¿Y cuál es el papel de España? España es un país imperialista y por tanto participa y se beneficia de la opresión y rapiña de los pueblos. Con sus inversiones en Marruecos dirigidas a la superexplotación de la clase obrera marroquí, se convierte en copartícipe de la situación del pueblo marroquí y, a su vez, de las masacres en las fronteras. No debemos olvidar que Marruecos realmente tiene una posición de subordinación con España, como país dominado que es. Esto favorece un modelo migratorio de Marruecos hacia España que encaja con el sistema capitalista: un modelo migratorio construido en función de los intereses de la oligarquía financiera, que no es capaz de garantizar unas oportunidades laborales o de vivienda dignas para los migrantes. Estas personas acaban siendo deshumanizadas, utilizadas como armas arrojadizas en argumentos que enfrentan a la clase obrera entre sí.
¿Cómo es posible que el Estado marroquí presione e incluso avergüence repetidamente al Gobierno español si Marruecos es un país dominado entre otros por España? Que un país sea dominado no significa que sus clases dominantes no tengan agenda ni margen político para pelear por sus intereses. El dominio nunca es absoluto. La situación geográfica de Marruecos permite a sus clases gobernantes negociar al alza utilizando a las capas populares depauperadas como baza. Dentro de los estrechos márgenes de posibilidades que tiene, aprovechan momentos en los que los Gobiernos de España se encuentren más débiles y vacilantes. Sin embargo, el uso inteligente de la presión negociadora no es un dominio estructural. Marruecos no tiene la capacidad de orientar la economía de España bajo sus intereses mediante inversiones derivadas de las superganancias de sus multinacionales. La oligarquía española, sí, y lo hace subsidiando parte de la producción con menor valor añadido o acaparando los contratos de grandes infraestructuras. Marruecos tampoco tiene la capacidad de corromper capas enteras de la burocracia del Estado español o de poner a decenas de Estados imperialistas a defender en bloque sus intereses. La oligarquía española, sí.
Por eso, el paso de decenas de miles de migrantes a Ceuta llevado a cabo por Marruecos, ya sea como director o como partícipe, es el empleo de una baza negociadora, no una manifestación del dominio del Estado marroquí sobre el Estado español. Tampoco es una “invasión”, como el ala derecha de la burguesía dice, una idea que permea con facilidad en las capas populares en España. Una invasión es un acto de guerra en el que toma parte un ejército, no el paso de migrantes de los cuáles la mayoría habían sido “devueltos en caliente” en 24 horas. Por tanto, los revolucionarios debemos tener cuidado con las filtraciones de ideas socialchovinistas entre nuestras filas, así como realizar un persistente trabajo de propaganda entre el pueblo: no confundir el pueblo marroquí con el régimen autocrático marroquí, no confundir una baza negociadora con una relación de dominio y no confundir a los miembros de nuestra clase, sean nativos o extranjeros, con invasores.
El PSOE, como partido de Estado y garante de mantener el orden en la frontera sur de la Unión Europea, mantiene el orden por todos los medios: bases militares, presencia de la Legión, boyas, devoluciones en caliente, drones, reconocimiento por IA, uso desproporcionado de la fuerza en los CIEs, etc. Es decir, tiene el monopolio de la violencia y no duda en utilizarla. Aún así, quedan días o semanas de utilización de los migrantes y, en particular, de los menores no acompañados, como arma arrojadiza entre los partidos parlamentarios. En medio, algún alarido en defensa de la patria contra una semicolonia que hasta hace pocas décadas era una colonia hispanofrancesa.
Las fronteras, el control migratorio y la violencia contra la libre circulación de personas -la mayoría de clase obrera- son cuestiones que son irreformables, son estructurales al propio sistema imperialista. Eso no significa que la clase obrera no podamos desplegar un programa de lucha para mejorar las condiciones inmediatas de nuestros compañeros migrantes, para que puedan organizarse en grandes números.
Llamamos a las personas organizadas en el Movimiento Comunista o en los diferentes movimientos sociales a combatir la propaganda racista, venga de la ultraderecha o venga de las filas del reformismo o la socialdemocracia. Para conseguir construir un movimiento revolucionario, no debemos hacerlo comprando el marco de la burguesía, sino en nuestros propios términos: las reivindicaciones de las personas migrantes contra la violencia institucional, la arbitrariedad policial, el acceso a una vivienda digna o unas mejores condiciones de trabajo son parte de las reivindicaciones del pueblo en su conjunto, y debemos luchar por ellas como un solo puño. Debemos dejar bien claro que la única clase que gana con la división que generan las ideas socialchovinistas, racistas y reaccionarias es la clase dominante.
