La victoria de Irán y la debilidad del imperialismo

Hoy se firma el acuerdo que cierra la guerra de Irán. Este acuerdo es una humillación para la administración Trump. Al inicio del conflicto, hace tres meses, el presidente de EEUU aseguraba que se trataba de una simple operación militar, y que sería corta. Desde entonces ha anunciado numerosas veces que Irán estaba acabado y que su rendición era inminente. Pero finalmente son los estadounidenses quienes se han visto obligados a ceder y retirarse.

A día de hoy, ninguno de los objetivos que perseguía EEUU al inciar la guerra se ha cumplido: ni la destrucción de sus misiles ofensivos, ni de su marina, ni de su capacidad de producción de armamento, ni la clausura definitiva de su programa nuclear. Además, la nula protección que ha brindado EEUU a los países del golfo durante la guerra ha dejado claro que ser aliado de los estadounidenses es una mala estrategia.

Con todo, no debemos confiarnos. La guerra imperialista no abandonará oriente medio mientras el proyecto colonizador que es Israel continúe su expansión militar en la zona. Israel nunca actúa solo, hace la guerra con el apoyo y bajo los intereses de Estados Unidos. Es por eso que la retirada de EEUU de la región solo es parcial. Esto les repliega a la situación anterior: la de utilizar a Israel como perro de presa en oriente medio, en vista de que no es capaz de sostener un conflicto directo contra Irán.

Tras décadas de soportar las agresiones de EEUU, el régimen iraní finalmente ha decidido golpear de vuelta. Y se ha demostrado que vale la pena plantar cara. Con todo, la guerra nunca sale gratis. Esta aventura imperialista de EEUU le ha costado al mundo entero una crisis económica sin precedentes. Una crisis cuyos efectos se notarán durante mucho tiempo tras el fin de la guerra. Esto sin olvidar, por supuesto, a las miles de víctimas militares y civiles que han perdido la vida bajo las bombas de Israel y Estados Unidos.

No olvidamos los chantajes de EEUU a la Unión Europea para tratar de arrastrar a más países a la guerra. Todo esto después de imponer aranceles, después amenazar con tomar Groenlandia, de convertir a Europa en el principal cliente de su industria armamentística, y después de financiar en todo el continente a una extrema derecha a imagen y semejanza de la administración Trump. El imperialismo se vuelve brabucón si no se le combate, pero no es más que un gigante con pies de barro. El halo de omnipotencia que se había formado alrededor de Estados Unidos comienza a resquebrajarse. Lanza un mensaje claro a todos los pueblos del mundo: ¡Resistir y combatir! ¡No debemos agachar la cabeza!

¡Viva la resistencia antiimperialista!
¡Plantemos cara a la injerencia yanqui!

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