Contra la ofensiva reaccionaria: ¡Reorganicemos la autodefensa LGTBIAQ+!

Frente a la ofensiva reaccionaria que avanza a nivel global y al maquillaje liberal del capitalismo rosa, debemos reorganizar la autodefensa del colectivo. Las personas LGBTIAQ+ no podemos confiar en las instituciones del Estado burgués ni en las promesas de quienes nos explotan y reprimen. La única salida no sólo es reconstruir nuestras herramientas de resistencia sino dar un salto hacia la lucha por un sistema que garantice nuestra existencia y nuestra libertad: el socialismo.

1. Las personas LGBTIAQ+ son el blanco de los ataques reaccionarios

Como ya hemos expuesto en anteriores comunicados, hemos analizado un cambio en la apuesta política de la oligarquía financiera: la supuesta ilusión de paz social y derechos civiles se desvanece, dando paso a una ola de políticas reaccionarias y antipopulares. En cuanto a los derechos de las personas LGBTIAQ+, se observa una ofensiva clara por parte de dicha oligarquía: en Estados Unidos, el Gobierno de Trump ha sentado un precedente peligroso al revertir cambios registrales en los pasaportes, impidiendo la entrada y salida de personas trans. A nivel ideológico, Trump ha contado con el respaldo de numerosos grupos antitrans, desde lobbys como Project 2025 hasta organizaciones supuestamente feministas como Woman Liberation Front (grupo transexcluyente vinculado al ultraconservador Herritage Project).

En Europa, gobiernos como el de Viktor Orban (referente ideológico de VOX) han prohibido la celebración del Orgullo, sumándose a la lista de países europeos abiertamente hostiles hacia la comunidad LGBTIAQ+. A ello se añaden medidas como la persecución y el acoso mediático al colectivo, práctica también presente en Polonia.

También es necesario mencionar el caso del Reino Unido para desmontar una idea extendida: votar a la izquierda parlamentaria no supone un alivio para las personas LGBTIAQ+. Todo lo contrario: la transfobia institucionalizada en Reino Unido ha avanzado dentro del Partido Laborista, financiada por billonarios como J.K. Rowling. El resultado ha sido la exclusión de las mujeres trans de las leyes de igualdad, junto con las consecuencias del Informe Cass —un texto ideológico disfrazado de tratado científico— cuyos métodos han sido cuestionados incluso por sectores de la academia burguesa. En la práctica, este informe restringe aún más el acceso a la terapia de sustitución hormonal.

Así, se evidencia de forma más clara que nunca cómo la oligarquía financiera interviene en los Estados para asegurar la opresión de las disidencias sexuales y de género.

2. El capitalismo rosa se quita la careta

Desde los años ochenta, el capitalismo cambió su estrategia frente al movimiento LGBTIAQ+: si antes recurría a la represión directa y a leyes higienistas que catalogaban a las personas disidentes como un peligro social, ahora ha adoptado una vía más sutil para desactivar el movimiento. Las empresas comprendieron que ponerse una máscara de diversidad e inclusión podía generar la ilusión de simpatía por parte del sistema, ampliando así su nicho de mercado.

De este modo, el Orgullo se transformó en una fiesta turística con patrocinadores privados, y en junio, todas las empresas adaptan sus logos al arcoíris. Como señalamos desde los colectivos comunistas y LGBTIAQ+ revolucionarios y de clase: esto no es más que una ilusión. En un contexto de crisis generalizada del imperialismo, las máscaras caen y, tras el giro político de la oligarquía financiera, observamos cómo los mismos agentes del capitalismo que decían defender al colectivo promueven políticas internas y externas de carácter homófobo y tránsfobo. Un ejemplo claro lo hallamos en los grupos mediáticos que han eliminado toda regulación del discurso de odio.

Otra vía de asimilación ha sido la institucionalización del movimiento mediante asociaciones integradas en el Estado burgués. En España, destaca el caso de la FELGBT, vinculada al PSOE. Actualmente, estas asociaciones —dependientes de subvenciones— no solo atraviesan una crisis y un proceso de desinversión, sino que actúan como auténticas empresas explotadoras: se han denunciado casos de filiales autonómicas de la FELGBT que ejercen explotación laboral y toleran dinámicas internas de acoso.

Cabe añadir que el capitalismo rosa sigue siendo funcional al imperialismo: mientras la oligarquía financiera impulsa políticas para borrar del mapa a las personas trans, proclama que la guerra de exterminio en Gaza se libra por la democracia y los valores occidentales. Sin embargo, es sabido que el supuesto “oasis LGBT” en Israel es una ilusión: se trata de una teocracia fascista que también oprime a la disidencia y la instrumentaliza para su proyecto colonial.

3. Reorganicemos la autodefensa del colectivo LGBTIAQ+

No debemos olvidar que los intereses de las personas LGBTIQ+ de clase trabajadora y los del capitalismo son antagónicos. La sexualidad disidente pone en evidencia el régimen de la heteronorma, una dinámica relacional impuesta por los estados burgueses para garantizar la reproducción de la mano de obra y, en contextos coloniales, para disciplinar ideológica y políticamente a los pueblos oprimidos. Un ejemplo claro es que las leyes contra la homosexualidad en Gaza provienen del Código Británico de 1936.

Asimismo, la existencia trans desafía el esencialismo sexual al mostrar que “hombre” y “mujer” no son categorías inmutables, sino construcciones sociales e históricas. La burguesía ha intentado justificar la opresión de las mujeres mediante discursos biologicistas, y el momento actual no es la excepción: los ataques al colectivo van de la mano con la reacción patriarcal y el retroceso de derechos de las mujeres.

Además, este retroceso se enmarca en un programa más amplio de pérdida de derechos sociales para la clase trabajadora: el imperialismo ya no concede ni migajas. Por ello, debemos organizarnos con nuestras propias fuerzas. Como comunistas, es nuestro deber combatir la ideología burguesa dentro de todos los movimientos sociales, señalando que el objetivo de la oligarquía financiera es fragmentar a la clase obrera —diversa en sí misma— explotando sus contradicciones. Debemos oponernos a la transfobia tanto en el movimiento comunista como en el feminista, donde, aunque secundaria, su presencia es relevante.

En este contexto, no debemos olvidar que los derechos conquistados no han sido regalados, sino arrebatado al estado en base a revueltas y acciones colectivas, enmarcadas en la lucha de clases: ejemplo de ello son las revueltas históricas de Stonewall y la fundación de los movimientos de liberación sexual, que se enfrentaban tanto a la represión policial como al imperialismo. Por todo ello, llamamos a los activistas del colectivo a recuperar esta historia de lucha y organizarse de forma autónoma a las instituciones, con el objetivo de generar un movimiento amplio de autodefensa ante los ataques reaccionarios. Solo nosotros tenemos la fuerza y la capacidad para resistir. Pero, si queremos que nuestros derechos sean garantías reales, debemos ser conscientes de que exigimos más de lo que el capitalismo está dispuesto a ofrecer.

Para superar de una vez por todas las relaciones patriarcales y sus formas de control de la sexualidad, necesitamos un sistema verdaderamente comprometido con la liberación de toda la humanidad, un Estado al servicio de nuestra clase —que es intrínsecamente diversa— con instituciones nuevas que podamos controlar y que garanticen nuestras demandas. Ese sistema, el socialismo, solo será posible mediante un salto de la lucha de masas por reformas a la lucha revolucionaria, a través de la reconstitución del Partido Comunista.

¡Contra la ofensiva reaccionaria, reorganicemos la autodefensa LGBTIAQ+!

¡No hay liberación posible sin revolución!

¡Fuego al capitalismo rosa, fuego a la reacción!

PD: Además, con motivo del Orgullo, editamos nuestro análisis La cuestión LGTB y la lucha de clases, apta para impresión, en castellano y en catalán (variedades oriental y occidental), disponible para descarga a continuación:

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