8M: ¡Reorganicemos el feminismo de clase!

¡Hagamos frente a la ofensiva reaccionaria!

Identificamos un cambio relevante en la situación política internacional. Esta se caracteriza por:

1) El estancamiento económico de la última década, fruto de la propia tendencia del capitalismo monopolista.

2) Las superganancias imperialistas se reducen, las tensiones interimperialistas aumentan: la guerra comercial entre EEUU y China y la invasión rusa de Ucrania representan los conflictos interimperialistas más agudos; en un contexto en que la tajada que sacan los países imperialistas de la explotación del tercer mundo es cada vez menor. La escalada en la violencia colonial del régimen israelí en Palestina, Líbano y Siria ante la resistencia de los pueblos es un frente de desgaste relevante para el imperialismo estadounidense.

3) Los Estados burgueses se rearman: la inversión militar y represiva de los miembros de la OTAN, incluída España, alcanza cuotas históricas, así como también en Rusia y China.

4) Las condiciones de vida de las masas populares se recrudece: aumenta la inflación y los tipos de interés, la especulación con la vivienda ahoga a la clase trabajadora, la lucha obrera sindical no es capaz en el momento actual de hacer que los salarios sigan el ritmo al incremento del coste de vida.

5) En este nuevo contexto, la oligarquía financiera necesita de una política más agresiva para defender sus intereses: su nueva apuesta es la ultraderecha. Esta es necesaria para justificar a las masas la necesidad de defender el país de la amenaza externa, justificar el gasto militar y la participación bélica, así como dar una justificación populista a las razones de su miseria criminalizando al inmigrante, a las feministas, a las disidentes de género u a otros sectores sociales.

En consecuencia, la oligarquía financiera abandona como apuesta política principal la careta de moderación y progreso.

Este es un cambio relevante para los movimientos populares, y en particular para el movimiento feminista, y requiere una reorientación política:

  • El movimiento revolucionario y la militancia feminista con perspectiva de clase tienen como tarea principal la reorganización masiva y combativa del movimiento feminista para plantar cara a la ofensiva reaccionaria.
  • La lucha contra feminismo burgués e institucional y su política desmovilizadora pasa a ser un golpe secundario, atendiendo a que ya no es la forma política principal de la oligarquía financiera.
  • En particular, la contradicción con el feminismo transexcluyente pasa a ser antagónica, en tanto que su ideario es recogido punto por punto por la nueva fuerza política representante principal de la oligarquía financiera.

EL IMPERIALISMO ES DECADENCIA

Estamos en un momento de cambio político internacional. El imperialismo es el capitalismo en su etapa monopolista, es un sistema económico mundial que tiene como características fundamentales el estancamiento económico y la decadencia política y social. Las crisis económicas son inevitables en el capitalismo, pero estas son aún más agudas y de escala mundial en el imperialismo. Peor aún: el puñado de grandes capitalistas de cada país no van a ceder en su posición sin antes hacer todo lo que esté en su mano. Acumulan tal grado de capital que tienen un poder directo sobre la política del Estado. La militarización de los Estados es la preparación para una guerra por sus beneficios que solo trae miseria y destrucción a las masas trabajadoras. El imperialismo tiene como tendencia principal la decadencia, no hay alternativa dentro del sistema capitalista.

En la década anterior la oligarquía financiera podía defender sus intereses bajo una careta de progreso o de democracia liberal-conservadora moderada. En esos momentos, la oligarquía financiera primaba la estabilidad de sus negocios mediante la absorción y desmovilización de las justas luchas de masas. Los avances sociales fruto de la lucha de masas son la otra corriente en el imperialismo. Las conquistas sociales representan la tendencia secundaria, siendo la principal la tendencia a la decadencia, el estancamiento y a recrudecer la explotación. La tendencia secundaria puede verse particularmente fortalecida en momentos de bonanza económica, pero que debido al carácter periódico de las crisis no serán sino puntuales en comparación al estancamiento general.

LA INFLUENCIA BURGUESA EN EL MOVIMIENTO FEMINISTA

En España, la la institucionalización del masivo movimiento feminista y LGTB es un fenómeno reciente. En este contexto, la oligarquía financiera prefería vestir la careta de progreso por el bien de la estabilidad de sus negocios. Sus partidos políticos, fundamentalmente PP y PSOE, aceptaron parte de las reivindicaciones ante la presión popular, como fue el compromiso por la erradicación de la violencia de género. El reformismo, y parcialmente la socialdemocracia, fueron las fuerzas políticas que se hicieron con la dirección política del movimiento mediante distintas estrategias. Concentraron las justas reivindicaciones de transformación radical del movimiento en cambios culturales y legislativos, obviando el carácter de clase del Estado capitalista o la relación de la cultura y la política al régimen de clase; cooptaron a dirigentes del movimiento para las instituciones burguesas; y terminaron por instrumentalizar la movilización de masas con fines electoralistas.

Esto no es nada nuevo, es el mismo fenómeno que a escala internacional ocurrió a final de la década de los 80 y principios de los 90 en el resto de países imperialistas occidentales. El feminismo cultural fue la síntesis de la claudicación de las corrientes anteriores de entender la relación entre patriarcado y capital e intentar poner fin a ambas. Esta corriente del feminismo reducía la lucha por la emancipación a un cambio cultural que permitiera convertir la igualdad formal en una supuesta igualdad real entre hombres y mujeres, independientemente del sistema capitalista.

En España, el movimiento feminista de la última década recogió fundamentalmente el legado del feminismo cultural. La línea finalmente hegemónica fue un feminismo pop que no desafiaba al sistema e ideología capitalistas. Aunque en el movimiento de masas convivieron distintas corrientes pequeñoburguesas radicales y la perspectiva obrera, politizando y radicalizando a amplias capas de mujeres y disidentes y teniendo un impacto significativo en la política general, la línea obrera no fue capaz de ganar la dirección ideológica y política del movimiento.

Es en ese contexto en el que debemos entender que el enemigo principal era el feminismo burgués e institucional. Pero esa situación ha cambiado.

EL AUGE DE LA REACCIÓN

En los últimos años identificamos las posiciones de extrema derecha han ido ganando peso: en los países imperialistas el aumento del peso político de los partidos políticos de ultraderecha (Fratelli y Lega en Italia, AfD en Alemania, Le Pen en Francia, o Vox en España), el viraje hacia posturas ultraderechistas de los partidos conservadores (entre los que destaca el Partido Republicano de Trump en EEUU), pero también en los países dominados (Milei en Argentina, y sus aliados en Ecuador, Uruguay y Centroamérica, donde destaca Bukele; o los regímenes ultraconservadores de Europa del Este).

Su auge representaba el incremento del estancamiento y las tensiones internas y externas. La reelección de Trump en el corazón del imperialismo mundial y el despliegue de una política abiertamente reaccionaria es un punto de inflexión en este desarrollo. Representa un cambio de rumbo en la cultura y en la política, que barre una buena parte de los derechos obtenido a partir de la lucha feminista. Ya en 2022, el Tribunal Supremo de los EEUU dejó de blindar el derecho al aborto por Constitución. Desde ese momento, un tercio de los estados han ilegalizado el aborto o es en la práctica inaccesible. La actual ofensiva de Trump concentra la reacción en un retroceso de los derechos adquiridos para las personas trans y el resto de las disidencias sexuales y de género: prohibición de cambio de registro, incluyendo a nivel de pasaporte, reubicación carcelaria de las mujeres trans a módulos masculinos, etc.

La ofensiva particular contra las personas trans es la punta de lanza de la ofensiva reaccionaria, que también se dirige contra los derechos de las mujeres, las personas racializadas, y toda representación progresista de la sociedad. En Reino Unido, se ha prohibido la transición a menores y, es más, a través de un informe acientífico de Hillary Cass (vinculada a las terapias de conversión, al feminismo transexcluyente y la ultraderecha) pretenden prohibir transicionar a menores de 25 años, como si ya de por sí no existiera una lista de espera de aproximadamente 10 años para poder transicionar médicamente. En España, el antecedente de Vox es directamente Hazte Oír, lobby ultracatólico contra la educación sexual en los colegios y contra el aborto que lideró la ofensiva contra los derechos trans, y que en este aspecto particular encuentra aliados entre el feminismo transexcluyente ligado a la socialdemocracia.

Estas políticas siguen un patrón común: la reacción ha empezado por la deshumanización de las personas trans, un colectivo muy minoritario y que padece un elevado grado de opresión que se materializa en todos los ámbitos de su existencia.

Al final, ser trans expone una verdad que siempre ha sido incómoda para el sistema capitalista: el género es una construcción social y el patriarcado se sostiene principalmente no sobre una base biológica, sino económica y política. Con todo esto, el discurso antitrans compartido vergonzosamente punto por punto por la ultraderecha y las feministas transexcluyentes, es la nueva versión del esencialismo biologicista de género; es decir, el discurso burgués de siempre. No nos engañemos, la pérdida de los derechos de las personas trans está siendo la antesala de una escalada en la ofensiva de la oligarquía financiera. Es el caballo de Troya de la agenda reaccionaria en la conciencia de las masas.

Con todo esto, mientras que en 2018 la oligarquía financiera pretendía hacerse pasar por aliada del colectivo, ahora pretende imponer un cambio en la opinión pública. Esto queda patente en las posiciones políticas de los grandes magnates de la comunicación, como Zuckenberg y Elon Musk, que no sólo permiten el discurso de odio sino que su algoritmo premia los discursos reaccionarios.

En el caso de España, esta ola reaccionaria está en proceso de difusión: la ultraderecha y el pensamiento fascistoide está ganando popularidad, siendo eventos importantes la constitución de un partido pseudofascista como el de Alvise, la nueva Ministra de Igualdad que es abiertamente tránsfoba y, en general, un avance del antifeminismo cultural gracias al amarillismo de los grandes medios de comunicación, al impulso en las redes sociales del contenido reaccionario, y finalmente a su normalización y difusión de nuevo en las grandes plataformas televisivas.

LA LÍNEA OBRERA EN EL MOVIMIENTO FEMINISTA

Nuestra consigna principal es:

  • Movilizar a las mujeres y al colectivo LGBT bajo la consigna de reorganizar el feminismo de clase, masivo y combativo para plantar cara a esta ofensiva reaccionaria. Ya hemos comprobado como nuestros derechos son de papel, y la única forma de autodefensa efectiva es la organización masiva.

Como consignas secundarias:

  • Señalar el papel cómplice del feminismo institucional, que por su propia definición es incapaz de proteger a las mujeres mediante el cumplimiento de las propias leyes que son su estandarte y, encima, desmoviliza y desarticula el movimiento inoculándole la perspectiva de que solo es necesario “votar y confiar”, perspectiva que termina inevitablemente por desengañar a las masas y que puede recoger la reacción.
  • Por otra parte, es indispensable señalar en particular el papel cómplice de las feministas transexcluyentes con la ultraderecha, cuyas vinculaciones son cada vez mayores. Ahora mismo, la contradicción con las TERF dentro del movimiento pasa a ser antagónica y se las señalará públicamente como enemigas de las mujeres trabajadoras y del colectivo.

¡Hacemos un llamamiento a los y las revolucionarias a organizar a su entorno para hacer frente a la ofensiva reaccionaria!

Todo y toda comunista debe tratar de contribuir a la reorganización del feminismo de clase, partiendo de las organizaciones existentes o impulsándolas:

  • ¡Impulsemos asambleas abiertas de organización del Día de la Mujer Trabajadora!
  • ¡Compartamos y debatamos con las activistas este análisis y esta perspectiva de lucha!
  • ¡Despleguemos una amplia agitación presencial y en redes sociales, con notas de prensa y actos, por un movimiento feminista de clase, amplio y combativo!

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