Sobre el boicot a La Vuelta

La vuelta ciclista ha dejado de nuevo en evidencia ante el mundo entero dos cosas: la hipocresía de quienes blanquean el genocidio que está cometiendo Israel, y la voluntad del pueblo de dar la lucha internacionalista por Palestina.

A lo largo de La Vuelta se han ido sucediendo diversas muestras de apoyo al pueblo palestino, que servían de ejemplo e inspiración para las etapas posteriores. Así ha ido aumentando la masividad y combatividad de las movilizaciones hasta llegar a la última etapa, donde el clamor contra el blanqueamiento del genocidio era ya imparable: los más de 1000 antidisturbios movilizados por Marlaska se vieron totalmente impotentes ante la fuerza de las masas, que conquistaron una importante victoria.

A grandes rasgos podemos dividir las movilizaciones entorno a la vuelta ciclista en dos tipos: acciones de pequeños comandos y movilizaciones de masas.

En las acciones de pequeños comandos pudimos asistir a casos ejemplares de organización y colaboración entre diversos colectivos, en las que la militancia y activistas más combativos se interpusieron en el recorrido para boicotear la vuelta y denunciar su colaboración con el sionismo. En la etapa final se prepararon de manera independiente y poco coordinada multitud de acciones, como cortes de carreteras, despliegue de grandes pancartas y acciones performativas. Al final todas estas acciones quedaron eclipsadas por la invasión en masa del circuito; por la movilización de cien mil personas que, sin un liderazgo ni convocatoria demasiado claros, vieron la oportunidad de mandar un mensaje contundente de solidaridad con el pueblo palestino y de repudia a cualquier tipo de colaboración con el Estado genocida de Israel.

En ambos tipos de acciones, de comando y de masas, nos cruzamos con la hipocresía de la izquierda parlamentaria, que aparecía en las movilizaciones como si fueran sus portavoces. El pueblo no olvidamos cómo hace un año agredían en un mítin de Sumar a manifestantes de la acampada por Palestina de Madrid [1]. No olvidamos que Sumar es cómplice del PSOE que manda miles de antidisturbios a reprimirnos y que sigue manteniendo relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, a pesar de las múltiples falsas promesas de los últimos años. Y tampoco olvidamos que Podemos estuvo en el gobierno y no hizo absolutamente nada por el pueblo palestino, que ya en ese momento llevaba 7 décadas sufriendo limpieza étnica bajo el colonialismo sionista. Es importante que aumentemos el señalamiento a esta panda de hipócritas, obligándoles a romper su concordato con las instituciones burguesas, si quieren mantener un mínimo de legitimidad ante sus bases. No podemos permitir que sigan viviendo de brindis al sol.

Hemos podido ver que cuando las acciones de comandos cuentan con la simpatía y legitimidad de las masas, pueden servir como herramientas de agitación y concienciación. Pero, como se ha vuelto a demostrar en la final de la vuelta ciclista, las grandes victorias vienen de luchar junto a las masas, no de aislarnos en secreto quienes ya estamos convencidas de la necesidad de luchar. La movilización y organización de las más amplias masas para la lucha es un objetivo estratégico para la revolución. Es en esas luchas donde estrechamos lazos y aprendemos las habilidades necesarias para seguir aumentando la amplitud y combatividad.

Esto no quita valor a la ejemplar organización de acciones disruptivas que, incluso en grupos relativamente pequeños, han desbordado a unas fuerzas del orden que claramente no está entrenada para enfrentar estas situaciones. Aprendamos de la organización de estas acciones y, para maximizar su efectividad, pongámoslas en el lugar que les corresponde: como refuerzo y complemento de la lucha principal, la lucha de las amplias masas. Acciones de comando aisladas de las masas nos convierten en objetivo fácil de su represión, quemando y arruinando económicamente a la militancia. Esto no significa que usemos a las masas de escudos humanos; al contrario, debemos aprender a analizar su estado de ánimo, su preparación y convencimiento para la lucha, asumir nuestra responsabilidad en elevar ese ánimo, preparación y convencimiento, y en relación con el momento de la lucha, saber hasta qué punto es adecuado elevar las formas de lucha. No podemos inmolarnos; mucho menos inmolar al pueblo en batallas perdidas; pero tampoco esperar a que las ganas de luchar se desarrollen espontáneamente. Es nuestro trabajo concienciar, movilizar y organizar a las amplias masas.

En las próximas semanas tendremos la oportunidad de poner en práctica estos aprendizajes, aumentando la amplitud y combatividad de las luchas. Ya se están sucediendo diferentes movilizaciones y encierros de apoyo a Palestina en diversos sectores, como los colegios e institutos madrileños ante los intentos de censura de Ayuso [2]. El estudiantado está organizando respuestas a los previsibles ataques a la Global Sumud Flotilla, y la combatividad que vimos en la final de La Vuelta no hará más que aumentar hasta que se detenga definitivamente el genocidio y el pueblo palestino haga justicia.

¡Que viva la solidaridad internacionalista!

¡Que viva la lucha del pueblo palestino contra el imperialismo!

¡Desde el río hasta el mar Palestina vencerá!

[1] https://www.diario-red.com/articulo/espana/estudiantes-acampada-palestina-madrid-denuncian-haber-sido-expulsados-violencia-mitin-sumar/20240603060000031036.html

[2] https://www.eldiario.es/madrid/politica/comunidad-educativa-madrid-planta-prohibicion-ayuso-apoyo-palestina-no-silenciar_1_12614090.html

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