Desde el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores, queremos realizar un llamamiento amplio a la militancia comunista que participa en el movimiento por la vivienda y al conjunto de activistas con perspectiva revolucionaria que están en la lucha. Desde el desahucio de Maricarmen el pasado miércoles 23 de septiembre han redoblado esfuerzos en presentar batalla frente a la oligarquía financiera y sus cómplices.
Este nuevo impulso de la lucha por la vivienda se sitúa dentro de un escenario político más amplio. El desahucio de Maricarmen, las movilizaciones posteriores, las acampadas y su rápida extensión territorial no parten de cero: se apoyan sobre un movimiento que desde 2024 ha experimentado cambios importantes en sus reivindicaciones, sus métodos de lucha y su capacidad organizativa.
En este llamamiento queremos tratar un total de seis cuestiones:
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Nos encontramos ante un posible nuevo ciclo de movilizaciones sociales: tomando como precedente las movilizaciones por Palestina, el curso político viene marcado por la huelga de Airbus, el redoble en las huelgas de docentes, y ahora las movilizaciones por el derecho a la vivienda. Este nuevo ciclo está reivindicando una mejora de las condiciones de vida.
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Una nueva crisis imperialista se ha ido gestando en los últimos años. Esto, sumado al fortalecimiento de la nueva ola reaccionaria, significa que tendremos que pelear por conservar u obtener incluso los derechos y libertades más básicas.
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Las acampadas y otro tipo de acciones que se están articulando estos días son herramientas de presión más allá de las manifestaciones y deben enfocarse en arrancar reformas al gobierno en el ámbito de la vivienda. Expondremos por qué hemos de apoyar e impulsar esta escalada de lucha y cómo esta debe ayudar a construir un movimiento amplio, democrático y combativo; tratando de extender la lucha por todo el Estado.
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Los movimientos sociales son interclasistas y, actualmente, la debilidad del movimiento comunista hace que la clase obrera ejerza muy poca influencia en ellos; lo que lleva a que las formas de protesta tengan un cariz pequeñoburgués al no liderarlas el proletariado. Expondremos el papel que consideremos que han de tener los comunistas ante esto.
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Expondremos el papel que consideramos que deben tener las y los comunistas en la transformación de las protestas espontáneas en escuelas de lucha y posteriormente escuelas de socialismo; reuniendo a los elementos avanzados, elevando la conciencia de los intermedios y convirtiendo los estallidos en organizaciones permanentes.
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Definiremos las tareas que, desde esa perspectiva, se plantean a militantes y activistas. Definiremos el papel que, consideramos, hemos de tener en las diferentes acciones, cómo elevar el nivel de conciencia, extender la lucha movilizando a obreros y estudiantes y ampliar nuestras reivindicaciones para golpear más fuerte. Para ello será necesario una correcta gestión de las contradicciones en el seno del pueblo; señalando al reformismo como la principal perspectiva con capacidad de desactivar el movimiento.
1. ¿Un nuevo ciclo de movilizaciones sociales?
A esta movilización se suman diferentes conflictos obreros y laborales, destacando las diferentes luchas del cuerpo docente cada vez más extendida por los territorios del Estado. Esto tiene como centro una reivindicación de la mejora de las condiciones de vida.
La evolución de la lucha por la vivienda desde 2024 ocupa un lugar central en esta lectura. En todo el Estado se produjo entonces un cambio de orientación respecto a etapas anteriores. Sin abandonar la paralización de desahucios y los casos particulares, el movimiento comenzó a enfocarse en reivindicaciones que afectan a millones de personas: reducción del precio de los alquileres, estabilidad contractual y medidas generales contra la especulación.
Al cambio de táctica se ha sumado un cambio generalizado en el discurso. Antes de las movilizaciones de 2024, la turistificación ocupaba un papel central. Ahora esta se entiende como uno de los principales mecanismos de la oligarquía financiera para aumentar la rentabilidad del negocio inmobiliario; y solo se plantea como problema central en aquellos territorios donde el turismo es el mecanismo principal para encarecer la vivienda.
Además, se ha avanzado desde el localismo hacia estructuras de coordinación superiores y movilizaciones extendidas territorialmente (COSHAC en Catalunya i la CSI en el resto del estado). Aunque esto pueda dar más músculo a las protestas, al menos en el corto plazo, se ha dado de manera que el papel de las asambleas de base ha quedado en segundo plano. Esto acentúa el problema de burocratismo que existe en el movimiento por la vivienda, y lo debilita a la larga. . El centro de nuestra política debe ser movilizar a las asambleas de base para reforzar las estructuras de coordinación a través de ellas. Este punto es importante porque es el que asegura que el movimiento sigue siendo democrático, de manera que al reformismo y las instituciones les sea más difícil cooptarlo.
Finalmente se ha podido aprovechar la rabia producida por un caso particular y plantear rápidamente reivindicaciones generales que beneficiarán a millones de personas.
A partir de este fin de semana se empezarán a convocar manifestaciones en muchos puntos del país. Para aprovechar todo este ímpetu que se ha desatado, los sindicatos deben prever formas de incorporar e instruir rápidamente a las nuevas personas que se afilien. Para ello, hay que habilitar espacios de base en los que se expliquen la visión y forma de funcionar del sindicato. De esa forma, cada vez más personas podrán participar en lo que debe ser una escalada de movilización y lucha. En resumen, debemos pasar rápidamente de la fase de movilización a la fase de consolidación.
2. Crisis imperialista y ofensiva reaccionaria
Una nueva crisis imperialista se ha ido gestando en los últimos años con la imposición de aranceles y las guerras en Ucrania y Oriente Medio. El breve ciclo político de “estado del bienestar” y reformas sociales fue una ilusión y está llegando a su fin. Esto, sumado al fortalecimiento de la nueva ola reaccionaria, significa que tendremos que pelear por conservar u obtener incluso los derechos y libertades más básicas.
Una cuestión especialmente relevante es la manera en que la reacción se está construyendo una base masas para sacar su agenda adelante. primero con Torrepacheco y ahora con Ceuta se ha observado cómo el racismo y el chovinismo pueden canalizar el descontento popular en una dirección favorable a la reacción.
Sin embargo, buena parte de este descontento también se está canalizando a través de las protestas por la vivienda. De hecho, la manifestación del sábado 26 de septiembre que culminó con la acampada en la Plaza del Sol duplicó en asistencia a una ya masiva movilización promovida por la extrema derecha ese mismo día.
Este hecho está siendo interpretado como una amenaza directa para la derecha, la ultraderecha y sus grupos fascistas. Un movimiento capaz de organizar a trabajadores y capas populares alrededor del alquiler, los desahucios y la especulación disputa precisamente el terreno social sobre el que la reacción intenta construir una base de masas. De ahí que se esté elaborando una campaña mediática para desligitimar las protestas..
Los elementos más reaccionarios se están organizando públicamente para intentar desalojar la acampada de Sol, siendo una de sus voces principales el empresario fascista Daniel Esteve de “Desokupa”. Otros provocadores como Vito Quiles y Ndongo también han tratado de acercarse a Sol, siendo expulsados de manera contundente.
Debemos imprimir este carácter de autodefensa y antifascista a las protestas, enseñando a quienes participan en ellas que sólo con métodos de lucha consecuentes y combativos podremos hacernos oír.
3. De las manifestaciones a nuevas formas más combativas de presión
Las acampadas que se han organizado en repulsa del desahucio de Maricarmen son herramientas de presión; deben enfocarse en arrancar reformas al gobierno en el ámbito de la vivienda.
Tenemos que apoyar e impulsar esta escalada en la lucha, dando el salto desde las manifestaciones a otras formas de presión que redoblen la apuesta. Nuestro objetivo es hacer que el movimiento por la vivienda sea cada vez más amplio, democrático y combativo. Para ello, debemos tratar de extender la lucha por todo el Estado.
La acampada como herramienta de lucha tiene muchos puntos fuertes: es muy visible y masiva, lo que ayuda a politizar a personas que hasta ahora no se habían acercado a los movimientos sociales. Con todo, también tiene sus limitaciones, no hay que convertirla en la forma universal de lucha, sino mantener flexibilidad táctica y utilizar en cada momento las formas de presión más adecuadas.
El objetivo inmediato sería arrancar reformas y demostrar mediante la experiencia que la presión organizada puede producir conquistas.
Prueba de ello es que el Consejo de ministros ha aprobado dos reales decretos-leyes con medidas sobre desahucios, prórrogas contractuales, alquiler temporal y renovación de determinados contratos, que tenían guardados en un cajón.
Pero la lucha por reformas presenta un riesgo: dar alas al reformismo. Las luchas por reformas ayudan a mejorar las condiciones de las masas; pero el reformismo trata de plantear esto como un fin en sí mismo, olvidando que estas conquistas solo son treguas y parches bajo el sistema capitalista.
Los reformistas oportunistas tratarán de desactivar los movimientos populares cuando ya no les resultan útiles para trepar en las instituciones. Por eso es imprescindible desenmascararlos y limitar su influencia política.
4. El papel de los comunistas en los movimientos interclasistas
Los movimientos sociales son interclasistas y, actualmente, la debilidad del movimiento comunista hace que la clase obrera ejerza muy poca influencia en ellos. Es normal que las formas de protesta tengan un cariz pequeñoburgués teniendo en cuenta que el proletariado no las está liderando. Ante esto, los comunistas no debemos quedarnos aparte y ser cínicos criticando los movimientos de masas, sino romper el cerco pequeñoburgués que los limita.
Este cerco pequeñoburgués reduce las conquistas de luchas interclasistas a aquellas que les resultan suficientes para mantener su posición social. La actitud pequeñoburguesa normalmente viene marcada por una desconfianza en las masas, impidiendo la participación amplia en los espacios de decisión, dificultando así la consolidación de un movimiento democrático y amplio.
Por eso es tan importante reivindicar la democracia obrera y dar centralidad política a las asambleas de base. Así es cómo se generan espacios de educación política accesibles, facilitando la participación y el liderazgo de las clases básicas en estas luchas.
Esto exige también gestionar correctamente las contradicciones en el seno del pueblo, entendiéndolas como no antagónicas y haciendo un trabajo consciente por unir a todo el que puede ser unido contra el enemigo principal: la oligarquía financiera.
5. De la lucha espontánea a la escuela de socialismo
Las miserias del capitalismo siempre generan movimientos espontáneos de masas. De los comunistas depende convertir estas protestas en escuelas de lucha y posteriormente escuelas de socialismo. Aquí no hay atajos. Se trata de sumergirse en los movimientos de masas, reunir a los avanzados y elevar la conciencia de los intermedios; convertir los estallidos espontáneos en organizaciones de lucha permanente.
Las y los comunistas tenemos el deber de aplicar de manera adecuada la línea de masas, de las masas a las masas; localizando dentro de estas luchas a los elementos más avanzados, contribuir a convertirlos en organizadores y ayudar a elevar la conciencia de los sectores intermedios; entendiendo que esta no solo se construye de manera progresiva, sino también a saltos en situaciones como esta.
6. Entonces, ¿qué debemos hacer ahora?
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Entendemos las acampadas como una apuesta táctica justa, pero si intervenimos en ellas debemos ser flexibles y aplicar las formas de presión más adecuadas para cada contexto.
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Debemos aprovechar esta coyuntura para elevar la conciencia de nuestras compañeras: en un momento de flujo como este, en el que los esquemas tradicionales se tambalean, es más fácil que la gente salga de su apatía y alienación política.
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El movimiento actual solo logrará prosperar si conseguimos extender la lucha: hay que movilizar a obreros y estudiantes, unir a todos los sectores que puedan ser unidos y ampliar nuestras reivindicaciones para golpear más fuerte. No podemos dejar que el gobierno acalle las protestas con gestos simbólicos y medidas endebles.
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Tampoco debemos dejarnos intimidar por la violencia fascista y los ataques de la ultraderecha. La fuerza que están dirigiendo contra este estallido popular muestra que esta lucha tiene potencial de debilitar su avance. Ante esto, señalemos la necesidad de organizar una amplia autodefensa popular.
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Debemos gestionar correctamente las contradicciones en el seno del pueblo. En cualquier protesta masiva afloran elementos derechistas y ultraizquierdistas. Saldrán a relucir multitud de perspectivas que no compartimos, pero no dejemos que eso nos abrume o nos desanime. Entre todas las perspectivas erróneas, la que tiene más posibilidades de desactivar el movimiento es el reformismo. Por tanto, debemos desenmascararlo y combatirlo.
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La lucha por la vivienda en España abarca una amplia diversidad de problemas. La huelga y otras formas de elevar la presión están sobre la mesa y condicionarán cómo avanzará la lucha, si se diluye o se eleva la apuesta. Debemos ser prestos, ágiles y creativos en la toma de decisiones guiados siempre por los principios de amplitud, democracia y combatividad; sin perder el norte en nuestra brújula: limitar y poner cerco al capital especulativo inmobiliario.
¡Organicemos al pueblo para luchar contra la reacción!
¡Desenmascaremos a los reformistas!
¡Convirtamos la lucha por la vivienda en un foco de rebelión!
