Primera Escuela de cuadros

Recientemente, el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores celebramos nuestra Iª Escuela Central de Cuadros, en la que decenas de militantes revolucionarios pudieron avanzar en su comprensión de las tareas históricas que tenemos por delante, la relevancia de la firmeza ideológica, así como de los métodos organizativos del Partido Comunista de Nuevo Tipo. Agradecemos la asistencia y contribución de representantes del Movimiento Revolucionario Filipino a nuestra Escuela, enriqueciéndola con su perspectiva y las herramientas que han desarrollado en su larga lucha por la liberación nacional y social.

En esta Escuela nos basamos en una obra fundacional del marxismo-leninismo como etapa de nuestra ideología, y por ello también fundamental en nuestra ideología actual, el marxismo-leninismo-maoísmo: Qué hacer, problemas fundamentales de nuestro movimiento, de Lenin (1902). Complementamos esta obra con una resolución de su aplicación en el contexto de los EEUU en la década de 1970 por parte del entonces revolucionario RCP.

Queremos compartir las tesis extraídas, así como las conclusiones y reflexiones más relevantes. A nivel fundamental, debemos tener presente que:

  • La ideología revolucionaria del proletariado es producto de la aplicación del método científico a la realidad social capitalista.
  • Esto marca el origen de clase de la ideología del socialismo científico: proviene de la intelectualidad.
  • Por lo tanto, la conciencia revolucionaria viene «desde fuera» de las luchas espontáneas de resistencia al capital.
  • Solo desde esta base podemos entender el error del «espontaneísmo». Esta concepción, de que la conciencia revolucionaria emanara directamente de las luchas espontáneas, niega la necesidad de la agitprop y educación revolucionaria como elemento fundamental para organizar la revolución.
  • Dada esta realidad, el papel principal de los revolucionarios es convertir nuestra ideología en una fuerza social revolucionaria.

Esto no se realiza sin impedimentos y dificultades, como son:

  • El liberalismo en el terreno ideológico, la denostación del socialismo como producto del desarrollo científico, degradándolo al grado de opinología. Esta tendencia se ve respaldada por la producción de la academia burguesa, con distintas corrientes que tratan de reducir el marxismo al reformismo bajo una apariencia socialista.
  • La estrechez de miras política, muchas veces de la mano con el debilitamiento de las bases ideológicas, lleva al economicismo: a degradar las tareas de educación política revolucionaria al grado de luchador por reformas, aunque vaya acompañado de un discurso rojo genérico o estrecho.
  • Así mismo, las deficiencias organizativas que se traducen en limitaciones para convertir las orientaciones políticas en realidad engendran también economicismo: sin la capacidad de analizar, planificar, y dar continuidad a nuestros esfuerzos con una orientación correcta, la organización revolucionaria se ve arrastrada por las exigencias del momento, dejando de lado las tareas revolucionarias.
  • El punto de no retorno del economicismo, que se da inicialmente de forma inconsciente, es cuando producto del liberalismo en el terreno ideológico, político y organizativo, se termina por justificar la práctica reformista haciéndola pasar por marxismo, degenerando la organización revolucionaria en revisionista: ha sustituido la concepción revolucionaria por un placebo ineficaz, perdiendo toda capacidad de ser verdaderamente una herramienta para organizar la revolución proletaria.

Ante esto, debemos tener claro que:

  • Los cuadros del Partido, como representantes de la clase revolucionaria, no solo representan los intereses del proletariado, sino de todas las clases y sectores que solo pueden liberarse de su explotación y opresión a través de la revolución proletaria.
  • Así que, para ello, debemos poner en el centro la elevación ideológica, política y organizativa de las masas, particularmente a través de la lucha política contra las manifestaciones más flagrantes de esta dominación y ligándolas con las demás que afectan a otras clases y sectores, evidenciando la necesidad de la revolución.
  • Para todo ello debemos armarnos organizativamente con una estructura que nos permita ser el Estado mayor de la lucha revolucionaria frente a un enemigo cada vez más pertrechado, tecnificado y fortificado en un Estado capitalista más militarizado y burocrático. Se hace necesario una organización de revolucionarios profesionales regida por el centralismo democrático.

Desde que el socialismo devino ciencia, desde que el análisis científico de su puesta en práctica se convierte en el criterio de verdad, su estudio se eleva al grado de obligación militante. Animamos a todo revolucionario y a todo militante popular que entienda la envergadura de esta tarea a que nos contacte para ayudarle a empezar a abarcarla, incluso como primer paso a dar para incorporarse a la militancia revolucionaria.

«No existe práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria».

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