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Los pasados días 24 y 25 de mayo tuvo lugar en Nairobi, Kenya, la IV Conferencia Teórica Internacional del Frente Nacional Democrático de Filipinas. Esta edición estuvo coorganizada con el Partido Comunista Marxista de Kenia (CPMK), y trató sobre el capitalismo comprador y burocrático en las neocolonias.
En palabras de los organizadores: la conferencia es un lugar para el intercambio sistemático entre partidos y grupos marxistas-leninistas y/o socialistas de sus puntos de vista teóricos sobre el capitalismo comprador y burocrático, su base de clase, su papel clave como herramienta esencial del dominio imperialista sobre las neocolonias y sus implicaciones en el carácter, la estrategia y las tácticas de los movimientos de liberación nacional y los movimientos de masas en estas neocolonias.
Se analizaron las siguientes cuestiones:
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El análisis del modo de producción semifeudal, aún predominante en un gran número de neocolonias.
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Análisis respectivos de la estructura de clases de su propio país fruto de la semifeudalidad.
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Los intereses socioeconómicos del imperialismo en sus neocolonias.
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La naturaleza compradora o burocrática del capitalismo en las neocolonias.
Agradecemos la invitación de los organizadores y lamentamos no haber podido asistir. A continuación compartimos nuestra contribución a la Conferencia, donde caracterizamos el papel del imperialismo español en América Latina y África Occidental, así como en menor medida en el sudeste asiático. Para ello, compartimos nuestro análisis de España como potencia imperialista de segundo orden: un “socio voluntario en la opresión y explotación de los pueblos y naciones oprimidas, como un buitre escuálido que participa en la rapiña de los depredadores más grandes.
CARACTERIZACIÓN DEL IMPERIALISMO DE ESPAÑA: POTENCIA IMPERIALISTA DE SEGUNDO ORDEN
Saludos a todos los revolucionarios y fuerzas antiimperialistas. ¡Nosotros, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, enviamos un saludo rojo y solidario desde España! Agradecemos la invitación a la 4ª TheoCon: nuestro Partido considera que este es uno de los espacios más útiles para el fortalecimiento de los lazos y el entendimiento común entre las fuerzas internacionalistas y antiimperialistas del mundo. Lamentamos no poder estar presentes hoy entre vosotros. A pesar de ello, hemos querido compartir nuestra contribución, porque el papel de España no es el de una gran potencia imperialista, pero sí el de un socio voluntario en la opresión y explotación de los pueblos y naciones oprimidas del mundo, como un buitre escuálido que participa en la rapiña de los depredadores más grandes. Presentaremos nuestro análisis del papel de España como país imperialista de segundo orden. Puede ser una contribución menor y muy modesta, pero consideramos que distinguir entre países imperialistas de primer y segundo orden es importante para un análisis preciso del frente interimperialista. Creemos que esto es importante para entender el papel de España en la maraña del capitalismo burocrático en América Latina y África Occidental, y en menor medida en el sudeste asiático.
Los países imperialistas de segundo orden se caracterizan por tener una oligarquía financiera que se ha dotado de un aparato de Estado burocrático-militar moderno, con monopolios desarrollados, que exporta capitales y puede participar en guerras imperialistas de rapiña. Sin embargo, sus monopolios se concentran en sectores específicos y no tienen la capacidad de imponer una agenda imperialista propia. Su dominio imperialista lo ejercen desde una posición de relativa debilidad con respecto a otras potencias imperialistas; no solo de la superpotencia dominante EEUU, sino también de potencias de primer orden como China, Alemania, Francia o Japón. Estos países son los que dirigen los principales golpes de la oligarquía financiera y son los mayores beneficiados de las operaciones imperialistas, mientras España les sigue a la cola.
La oligarquía de los países imperialistas de segundo orden se subordina voluntariamente a la superpotencia y las potencias de primer orden, cediendo algunos mercados y posibilidades de dominación. A cambio, son partícipes del expolio imperialista dirigido por estas, acceden a capital que impulsa sus operaciones y aprovechan las oportunidades que abren las guerras de rapiña.
Analizar con precisión qué papel juegan dentro del entramado imperialista permite entender las contradicciones internas del frente interimperialista. Esto es útil en los países dominados para 1) estudiar la debilidad y fortaleza de los países que los subyugan y 2) entender las dinámicas de alianzas y pugnas del frente interimperialista.
En este análisis, en la primera sección analizaremos el dominio de la oligarquía española para después, en la segunda sección, estudiar qué rasgos de este dominio le hacen ser una potencia de segundo orden y qué implica eso para otros países imperialistas.
La oligarquía española: banca como vehículo para la exportación de capitales y expolio de recursos.
Como España, muchas potencias imperialistas tienen como base de su dominio imperialista aquellos países que antiguamente fueron colonias. Las clases que en su día fueron aliadas de los colonizadores, aristocracia y nueva burguesía, son hoy la burguesía compradora. Los lazos comerciales pasados y la influencia cultural e idiomática son los puentes que facilitan el nuevo dominio imperialista. Es este el marco que explica la base del dominio imperialista español: Latinoamérica y, en menor medida, puntuales países africanos como Marruecos y Guinea Ecuatorial.
La oligarquía española centra su actividad en banca, energía, telecomunicaciones y construcción.
Empezando por los bancos, que facilitan las operaciones del resto de monopolios nacionales, el Banco Santander y el BBVA son los dos bancos más grandes de España con grandes inversiones en América Latina y Europa. Por el valor de sus activos, BBVA es el banco más grande de México, el segundo de Perú, el cuarto de Argentina y Colombia. El Banco Santander es el segundo en Chile, tercero en Argentina y quinto en Brasil. Ambos cuentan con importantes filiales en otras partes del mundo: BBVA en Turquía, Estados Unidos y Reino Unido; Banco Santander en Polonia y también en Estados Unidos y Reino Unido.
Repsol lidera el extractivismo español en América Latina. Extrae petróleo en México y la mayoría de países de América del Sur, mientras también lo refina en algunos de ellos. Por otra parte, empresas como Naturgy o Iberdrola son parte del proyecto oligárquico europeo de las energías verdes, con decenas de proyectos en Latinoamérica. De manera similar, las constructoras españolas como ACS, Acciona, Indra, FCC o Sacyr han construido plantas energéticas o infraestructuras urbanas como autopistas, hospitales o metros. AENA, multinacional cuyo 51% es propiedad estatal, es el mayor operador aeroportuario del mundo por número de pasajeros, enfocando sus operaciones en América Latina. Además, multinacionales del sector textil como Inditex o Mango mantienen su producción en semicolonias como Portugal, Marruecos, Turquía y otras del Sudeste asiático, que permiten llevar a cabo una superexplotación de la mano de obra.
La base bancaria facilita las inversiones extractivas energéticas y la adjudicación de proyectos millonarios. No solo en Latinoamérica, sino también en otras semicolonias y países imperialistas. Por ejemplo, en el mes de marzo de 2025 Iberdrola se financió con 1.000 millones de euros mediante el Banco Santander. También bancos como el Banco Interamericano de Desarrollo provee fondos para “la energía sostenible y el cambio climático”, un sector donde se especializan las multinacionales españolas energéticas.
La rápida expansión de la banca, las telecomunicaciones y las energéticas fue posible con la ola de liberalización de empresas estatales en América Latina durante la década de 1990. Los vínculos sociales y culturales también fueron ventajosos respecto a otros bancos extranjeros Hasta hoy la presencia de estos bancos se ha incrementado mediante la adquisición de pequeños y medianos bancos nacionales.
Aunque de manera menos agresiva que primeras potencias como la francesa respecto a África, la oligarquía española utiliza la diplomacia del Estado y sus inversiones para desestabilizar los gobiernos latinoamericanos que no le interesen. El caso paradigmático es Venezuela: manipulación mediática de grupos empresariales como PRISA, presiones de la banca y refugio en España para los golpistas de la burguesía compradora venezolana.
Este ecosistema de multinacionales en semicolonias permite, de forma secundaria, exportar bienes industriales de alto valor añadido. Por ejemplo, la importante industria española de fabricación de autopartes es parte de la cadena de producción de las matrices del automóvil europeas y de las plantas de EEUU, Japón, Alemania y Corea del Sur en México.
Por tanto, en sus operaciones imperialistas, la oligarquía española: 1) exporta capitales mediante su extensa banca en Latinoamérica y países semicoloniales; 2) los monopolios son extractivistas o de construcción de infraestructuras; 3) de manera secundaria, financia proyectos mediante bancos de inversión al desarrollo; 4) en el campo de la diplomacia despliega diversos mecanismos de presión.
La debilidad y función de los países imperialistas de segundo orden.
España llega a la era del capitalismo como un viejo imperio de raíz feudal en decadencia y es un país donde el capitalismo tuvo un desarrollo tardío, débil y políticamente muy inestable. Esta inestabilidad culmina con la guerra civil de 1936 y la toma del poder por parte del fascismo del general Franco. El fascismo franquista buscó retomar el desarrollo de los monopolios y el estatus de España como potencia imperialista con gran dependencia hacia el capital estadounidense. En la restauración de la democracia burguesa, tras la entrada de España en la Unión Europea, la estrategia imperialista se adaptó, reforzando algunos sectores de la oligarquía española, pero despojándole de sus grandes monopolios industriales estatales creados por el fascismo franquista.
Profundizando en ese segundo periodo, con el fin del franquismo y recién restaurada la democracia burguesa, la situación de muchos monopolios españoles estaba en desventaja con respecto a los de los países vecinos, principalmente las potencias de primer orden como Alemania y Francia. Desde el inicio de la dictadura franquista la oligarquía española desaprovechó sus oportunidades imperialistas. Su acceso a mercados exteriores era débil, fruto primero de décadas de autarquía (1940-60) y luego progresiva pero lenta apertura (1960-77). Además, la falta de capitalización dejó a sectores estatales tecnológicamente atrasados, de baja escala y poco productivos, como la producción de acero o de automóviles.
Desde la perspectiva de la oligarquía española, la entrada a la Comunidad Económica Europea (predecesora de la Unión Europea) posibilitaba arreglar parcialmente estos problemas. Como contrapartida, significaba desprenderse de parte de su potencial desarrollo y dejar caer parte significativa de su capacidad industrial. Por otra parte, la oligarquía europea, principalmente alemana y francesa, condicionaron la entrada estableciendo límites a la propiedad estatal e intervención sobre las empresas o la disminución de la capacidad de algunos sectores productivos.
Desde la perspectiva de la oligarquía de la Unión Europea, principalmente la alemana y francesa, esto significaba: 1) desprenderse de parte de su competencia y aumentar sus mercados; 2) adquirir parte del aparato productivo español a bajo coste; 3) invertir en monopolios españoles con buenas perspectivas, en especial hacia América Latina. Este proceso se alargó desde los años 80 hasta los 90.
Por ejemplo, buena parte de la industria metalúrgica del norte y este del país se desmanteló (Altos hornos de Sagunto y Altos hornos de Vizcaya, entre otros) y una parte relevante pasó a integrar el gigante del acero Arcelor Mittal. También se produjeron cierres de astilleros navales en el norte y sur de España: AESA (Cádiz), ASCON (Vigo) y Euskalduna (Bilbao).
En el sector del automóvil, Volkswagen adquirió la principal empresa española, SEAT, y Nissan compró Motor Ibérica. Ambas se beneficiaron de los bajos costes laborales y proletariado cualificado, instituciones de investigación de alto nivel en ingeniería, tejido industrial de medianas y grandes empresas de capital español dedicadas a las autopartes y de su situación geográfica e infraestructura, que facilitaba la importación y exportación.
Aunque inicialmente el papel intermediario de España con América Latina y el norte de África no fue importante en las negociaciones con la oligarquía europea, durante los años 90 y principios de los 2000 pasó a ser uno de los grandes intereses de las inversiones en la banca española. El Banco Santander y BBVA experimentó un crecimiento vertiginoso con el que se expandió, como se ha detallado antes, por América Latina. La enorme inversión de capital extranjero llevó progresivamente a que el Banco Santander en 2014 solo fuera en un 5% capital español; el BBVA, el mismo año, solo un 15%.
Esta gran presencia de capital extranjero se aceleró tras la crisis del 2008. Desde aquel año hasta 2007 hasta finales del año 2023, el capital extranjero creció del 36,6% al 50,3% en el principal índice bursátil español (IBEX-35).
Es decir, el peso de los beneficios de los monopolios españoles provienen de servicios e inversiones locales (banca, comunicaciones, energía), obtención de materias primas (energía) o macroproyectos (construcción de infraestructuras), pero no de la venta de productos manufacturados de alto valor añadido. Este hecho se refleja en la industria automovilística, la más importante del país. España es el octavo productor mundial de automoviles. Sin embargo, todas las matrices son de capital extranjero (Volkswagen, Nissan, Ford, etc.), mientras que la industria de autopartes que la asiste sí es de capital español.
Si “la política es la expresión concentrada de la economía”, esta realidad económica tiene una expresión muy clara en el plano político. Ni Italia, que consideramos similar, ni aún menos España, tienen un papel relevante en las grandes políticas europeas. Ni las impulsan, ni las modifican en sus ejes principales, sino que realizan enmiendas que matizan políticas y presupuestos en favor de su oligarquía. A su vez, esto podría resultar en un peligro para la oligarquía financiera alemana y francesa. Junto a las semicolonias del Este y Sur de Europa, los países imperialistas de segundo orden del Sur, España e Italia, son una importante debilidad para la alianza oligárquica europea ante la agudización de contradicciones interimperialistas. Por ejemplo, en la actualidad, ante la agresiva política estadounidense y las jugosas posibilidades que puede ofrecer la entrada de capital chino, como en el puerto comercial de Barcelona.
En definitiva, la caracterización de España como potencia de segundo orden y no de primero es: 1) monopolios poco diversos sin competencia abierta en bienes industriales con las primeras potencias; 2) alta capitalización extranjera de sus grandes monopolios; 3) la oligarquía española cede su capacidad estratégica y lo apuesta todo al seguidismo hacia las primeras potencias.
