Estos últimos días hemos conocido la sentencia contra Las 6 de La Suiza de 3 años y medio de prisión y una multa de más de 150.000 €, además de la detención de 23 obreros en la huelga del metal en Cádiz con fianza de 40.000 €. Estos casos suponen un claro y peligroso precedente judicial contra el movimiento obrero, que se enmarca dentro del auge de la ola reaccionaria en las democracias burguesas, evidenciando de manera aún más clara que el sistema judicial no es un ente neutral, sino que se encuentra al servicio del Estado burgués y sus intereses de clase serviles a la oligarquía financiera.
La condena a Las 6 de La Suiza corre a cargo del juez Lino Rubio Mayo, conocido por anteriores sentencias de cárcel contra sindicalistas e insumisos al servicio militar; juez que ha podido enviar a la cárcel a las compañeras sindicalistas gracias a la denuncia de los empresarios Álvarez Meana, propietarios de la Pastelería La Suiza de Xixón, estrechamente ligados con el gobierno reaccionario de Milei en Argentina. Por su parte, la jueza a cargo de los obreros detenidos en Cádiz es María Lourdes del Río, hija de juez franquista y hermana del presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía; estas detenciones se enmarcan dentro de la llamada “Operación Fuego”, orquestada por la Brigada Provincial de Información con el objetivo de reprimir sistemáticamente la huelga del metal.
Más allá de los nombres concretos de los enemigos del pueblo que orquestan, detienen y encarcelan a las y los sindicalistas que luchan por los derechos de nuestra clase, debemos ser conscientes de que nos encontramos en un momento de pérdida de derechos democráticos, donde las fuerzas del Estado han elevado el nivel de represión (como en Cádiz), e incluso reprimen duramente luchas que antes no se atrevían a reprimir (como en La Suiza). Lo que antes era un derecho conquistado por la clase obrera, ahora se reprime y judicializa. Lo que antes toleraba la burguesía en el marco de una democracia burguesa, ahora lo castiga. Esto no es casual, el incremento de la represión es una de las consecuencias de la necesidad del imperialismo de intensificar la explotación sobre las amplias capas del pueblo trabajador para poder seguir obteniendo beneficios de un sistema que tiende al estancamiento cada vez más aceleradamente. La oligarquía financiera se quita su careta progresista para aupar y financiar a fuerzas reaccionarias que legitimen el aumento de la represión contra los elementos del pueblo que se rebelen contra la opresión.
Frente al aumento de la represión y el recrudecimiento de la dictadura de la patronal, hemos de fomentar la solidaridad entre las y los trabajadores de todas capas, sectores y procedencias, llamando a la unidad de la clase obrera para golpear con fuerza al enemigo. No obstante, hemos de ser conscientes de que esta pérdida de derechos del movimiento obrero en España nos pone en una nueva situación, donde deberemos desarrollar nuevas tácticas y establecer nuevas orientaciones para poder desplegar la lucha sindical. Impulsar métodos de trabajo donde el peso de las actividades secretas sea mayor (asambleas de obreros a espaldas de los jefes, reuniones de organizadores con mayor grado de rigor, estratificación de la información correspondiente a la organización de acciones de protesta), o tomar conciencia de la formación y la autodefensa a todos los niveles (medidas de seguridad, piquetes más profesionalizados, formación básica en tácticas de gestión del espacio urbano ante la represión) son cosas que cada vez deberán tenerse más en cuenta en este contexto de escalada represiva.
La intención del Estado y la burguesía con esta escalada represiva contra el sindicalismo es doble: por un lado, atemorizar a las y los trabajadores combativos y evitar que se organicen sindicalmente; por otro lado, fomentar el amarillismo y el pactismo con la patronal. El pactismo podrá prosperar si el terror represivo aísla a las y los sindicalistas más combativos. Su objetivo es limitar la acción del sindicalismo a una negociación ceñida exclusivamente a los estrechos cauces legales que establece la legalidad burocrática burguesa, neutralizando las armas básicas del movimiento obrero como lo son las movilizaciones masivas y la presión popular contra los explotadores.
Ante esta situación, para hacer avanzar el movimiento obrero y que no sucumba ante el auge reaccionario y su represión, es necesario defender los derechos sindicales organizando a los y las trabajadoras para luchar. Esto significa ejercer de forma efectiva nuestro derecho a la organización y movilización sin importar que tal o cual ley burguesa trate de impedirlo. La ley burguesa solo es el reflejo de lo que el movimiento obrero ha conseguido conquistar y defender en un momento dado. Solo desde esa posición de fuerza que da la masividad se conseguirá ganar, convirtiendo así en ley burguesa lo que se conquista por la fuerza de la movilización.
Los derechos se arrancan y se defienden ejerciéndolos. La lucha por ellos mismos debe estar vinculada a su ejercicio en la práctica. Debemos combatir la tendencia de los aparatos sindicales a la lucha legalista por el mantenimiento o consecución de los derechos sindicales en sí mismos. Esta perspectiva puede terminar encerrando a las y los sindicalistas más combativos en un cerco de aislamiento frente a las amplias masas trabajadoras. La lucha en el terreno legal debe ser un complemento, supeditado a la lucha concreta. La forma de arrancar o mantener los derechos es ejerciéndolos, de manera que el sindicalismo sea escuela de lucha en el movimiento obrero, mostrando de manera efectiva a las masas que solamente mediante la lucha es como se ganan y consolidan los derechos.
Así pues, y ante el peligroso precedente represivo y judicial que se nos presenta, llamamos a la solidaridad de todo el pueblo, a forjar la unidad entre las y los trabajadores de todas capas, sectores y procedencia. Pero no solo basta con la “unidad” en abstracto para lograr avanzar en las distintas y justas luchas de resistencia contra el capital, sino que debemos organizarnos políticamente como clase, con una agenda y visión propias. A tal fin, hacemos un llamamiento a las y los obreros más conscientes a sumarse a la militancia revolucionaria, sea a las filas de nuestro Partido, sea uniéndose a las Redes de Trabajadores o Grupos de Estudio Revolucionarios allí donde hemos contribuido a impulsarlas. La construcción de organizaciones revolucionarias es fundamental para poder luchar de manera efectiva contra la ofensiva represiva del Estado capitalista, y su papel es fundamental para que el sindicalismo obrero sea escuela de socialismo.
¡Solidaridad con las compañeras encarceladas y libertad para los detenidos!
¡Unidad frente al terrorismo patronal!
¡Convirtamos el sindicalismo obrero en escuela de lucha y escuela de socialismo!
Partido Revolucionario de las y los Trabajadores
