Crónica breve: asistimos a la histórica Manifestación LLL

Todos los años se celebra en Berlín la manifestación de la “triple L” en conmemoración de la muerte de Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Vladimir Lenin. Personas de todo el mundo acuden cada enero a participar en la que es la mayor manifestación expresamente comunista de toda Europa. El fin de semana previo a la marcha se suelen celebrar multitud de eventos políticos, aprovechando la gran afluencia de organizaciones de todo el mundo que confluyen en la ciudad.

Este año enviamos una delegación para acudir a la marcha y participar en el Simposio Juvenil Internacional organizado por YDG (Nueva Juventud Democrática, por sus siglas en kurdo), la organización de diáspora juvenil del TKP-ML. En este evento pudimos compartir puntos de vista con multitud de organizaciones de Alemania, Francia, Irlanda, Suiza, Filipinas, Túnez y Chipre, entre otros. Nuestras intervenciones, que adjuntamos a continuación, se centraron en la amenaza de una nueva guerra mundial y el papel político de la juventud en la lucha internacionalista.

En la foto: Kommunistischer Aufbau. | Créditos: Truth in frame.

Contribución del Partido Revolucionario de los Trabajadores sobre la lucha internacional de la juventud contra el imperialismo

La juventud contra el imperialismo

El mundo lleva más de un siglo bajo el control ominoso de las grandes potencias. Y una de las lecciones que nos han dejado los últimos 100 años es que la movilización juvenil es, muy a menudo, la chispa que incendia la pradera. Una y otra vez hemos observado cómo los jóvenes son los primeros en lanzarse a protestar, arrastrando tras de sí un movimiento imparable de lucha popular. La historia nos ha demostrado que la juventud es el sector social más propenso a la rebeldía, el que marca el ritmo de la lucha social.

En nuestra anterior intervención hablábamos del contexto de estancamiento y tensión entre los países imperialistas, de cómo la oligarquía opta por una política más agresiva. La inversión militar y represiva está alcanzando cuotas históricas en todas partes. Esta dosis de “mano dura” se dirige tanto las potencias rivales como a su propio pueblo. Muchos derechos y libertades que dábamos por sentadas, ahora están en disputa. Es imposible no darse cuenta de que los “tiempos de paz” están llegando a su fin.

También es imposible pasar por alto las injusticias flagrantes propiciadas por el imperialismo fuera de nuestras fronteras. Esta década nos ha dado uno de los mayores ejemplos de ello. El pueblo palestino, tras casi un siglo de ocupación colonial, de apartheid y limpieza étnica, se levanta contra sus opresores. Y la respuesta del Estado de Israel, EEUU y la comunidad internacional han sobrepasado todas las expectativas de crueldad y desfachatez.

El proyecto colonial y genocida de Israel ha servido como campo de pruebas para desarrollar la industria militar estadounidense. La matanza en Palestina ha colocado a EEUU y la UE en un pulso contra el movimiento de solidaridad internacional. De este modo, las potencias occidentales han engrasado y puesto a prueba su aparato represivo.

El genocidio en Palestina supuso el despertar politico de millones de personas en todo el mundo. Puso en evidencia que las personas que ostentan el poder estan dispuestas a perpetrar, apoyar y consentir los peores crimenes, sin justificacion alguna y a la vista de todos. La indignacion ha sido practicamente unanime: manifestaciones, huelas, boicots, acampadas e incluso expediciones a Palestina. Nunca en la historia reciente habiamos visto una muestra de solidaridad internacional de esta magnitud. Y la punta de lanza han sido los jóvenes.

La solidaridad internacional se extiende

Uno de los primeros fenomenos de protesta que surgio a escala mundial fue el de las acampadas universitarias. Tras el surgimiento de las primeras acampadas propalestinas en Estados Unidos, los estudiantes de diferentes universidades alrededor del mundo empezaron a acampar en sus universidades a modo de imitación y solidaridad. La oleada de acampadas se extendió por todo el mundo. Sus demandas iban desde el posicionamiento público de la universidad contra el genocidio hasta el corte de relaciones con empresas e instituciones proisraelíes. De ahí se dio el paso a extender estar reivindicaciones a gobiernos, corporaciones y empresas.

La participación en el movimiento propalestino ha tenido un impacto profundo en la juventud de todo el mundo. Primero, les ha introducido a la lucha política, a la cultura de la protesta, a la acción de masas. Segundo, les ha mostrado con toda nitidez la corrupción del Estado y las instituciones. Tercero, les ha abierto la puerta a observar injusticias que hasta ahora les habían pasado desapercibidas.

A día de hoy, el imperialismo no da tregua. La masacre continuada en Gaza, la amenaza de guerra en el Caribe, las matanzas en Sudán o la escalada de tensión en el mar de China,… todo nos muestra que lo ocurrido en Palestina no es la excepción, sino la regla en el juego de la dominación imperialista.

Cómo movilizar a la juventud

Durante los últimos años, las protestas juveniles le han dado la vuelta al mundo. En todas partes han surgido protestas contra las guerras de agresión, contra la violencia estatal y contra la injusticia económica. Es lo que en muchos lugares se ha dado a conocer como movimiento gen z.

La juventud tiene mucho a lo que enfrentarse: la dependencia hacia la familia, el yugo del sistema educativo, la precariedad laboral,… Y por si fuera poco, los discursos reaccionarios tratan constantemente de desacreditar sus protestas. Es de vital importancia que nos enfrentemos a esta campaña de desprestigio que sufren los movimientos juveniles y, para ello, nuestras tareas son tres:

  1. Por un lado, extender las demandas justas de los jóvenes al resto de sectores del pueblo. No debemos dar cabida a sectarismos o discursos de guerra generacional. Nuestra premisa es simple: sumar a todo el que pueda ser sumado. Cuando la juventud da el primer paso, hay que hacer que el resto de la sociedad avance tras ella. Por otro lado, hay que sacar a los jóvenes de su burbuja, hacerles entender cómo viven y por qué luchan otros sectores del pueblo. Que los estudiantes marchen mano a mano con los trabajadores, con las mujeres, con los inmigrantes. En resumen, es necesario construir el puente desde los dos lados de la orilla.

  1. Enseñar a la juventud a luchar mejor. La inexperiencia suele dar pie a errores, pero no es necesario que cada generación vuelva a reinventar la rueda. Tenemos el respaldo de todas las décadas de lucha que nos preceden. La teoria marxista contiene todas esas experiencias revolucionarias, sus lecciones y sus errores. Pero no es solo la inexperiencia lo que lastra al movimiento juvenil. En todos los movimientos interclasistas, las tendencias pequeñoburguesas son muy prominentes. En la práctica, esas tendencias pueden traducirse en intelectualismo, performatividad, sectarismo, ultrademocratismo u otras desviaciones.

  1. Por último, y quizá esto es lo más importante, debemos alentar a la juventud a seguir luchando. Todos los Estados del mundo tratan de inclulcar a sus jóvenes la sumisión servil y la disciplina ciega. La juventud debe romper ese cerco, debe entender que es justo rebelarse.

La pugna por el corazon y las mentes de los jóvenes es decisiva, y cada vez lo será mas. Para organizar a la juventud, hay que empezar por los centros de estudio. Los institutos y universidades, diseñados para ser focos de adoctrinamiento capitalista, pueden convertirse en focos de rebelión. Allá donde ellos traten de propagar el chovinismo imperialista, nuestra respuesta sera el internacionalismo proletario. Si logramos llegar a cada universidad, a cada instituto, a cada barrio, y explicamos a los jovenes quienes son sus amigos y quienes son sus aliados, si les hacemos conscientes de sus problemas y tambien de sus fortalezas, si logramos todo eso, tendremos el futuro en nuestras manos. No dejemos de confiar en nuestras propias fuerzas, la verdad esta de nuestra parte.

Los partidos comunistas

En todos los paises del campo imperialista queda aun pendiente la tarea de reconstituir los partidos comunistas. En muchos de nuestros paises, los partidos comunistas que en su dia fueron honestos y revolucionarios, hoy han caído en el oportunismo y el revisionismo más absolutos. A la hora de la verdad, estos partidos reformistas se pondran de parte de los imperialistas.

La historia ya nos ha demostrado en numerosas ocasiones que es imposible ganarle el pulso al imperialismo sin un Partido Comunista fuerte. La clase obrera necesita un Estado Mayor que dirija la guerra contra la burguesia. El Estado mayor del proletariado es el Partido Comunista.

La juventud juega un papel incontestable en la reconstitucion de los partidos y el movimiento revolucionario de todos los paises. Todo movimiento vivo necesita un relevo generacional. Restauremos el hilo rojo de la historia, que durante tantos ha estado roto. Las iniciativas revolucionarias de todo el mundo debemos apoyarnos mutuamente en este propósito. Despertemos el potencial revolucionario de la juventud. Tiremos por la borda la propaganda reaccionaria y chovinista de los señores de la guerra. Ese es nuestro deber para con todos los pueblos del mundo.

¡Adelante la juventud antiimperialista!

¡Por la liberación de los pueblos y la revolución socialista!

Secretaría Internacional del Partido Revolucionario de los Trabajadores

En la foto: Kommunistischer Aufbau. | Créditos: Truth in frame.

Contribución del Partido Revolucionario de los Trabajadores sobre la amenaza de la III Guerra Mundial

El sistema imperialista arrastra consigo contradicciones ineludibles.

  • La principal es la contradicción capital-trabajo, el núcleo del capitalismo: mientras que la producción incorpora a cada vez más personas a la esclavitud asalariada, la apropiación se concentra en cada vez menos manos.
  • La segunda es el conflicto entre las potencias imperialistas y los países dominados, entre los imperios colonizadores y los pueblos que luchan por su liberación nacional.
  • Por último, la tercera es la pugna interimperialista, el conflicto entre las distintas potencias por repartirse el mundo entre ellas. Esta última es la que da lugar a las guerras mundiales.

En los últimos años, estas contradicciones se han ido agudizando debido, principalmente, a tres fenómenos:

  • Un estancamiento general de la producción.
  • El incremento de las tensiones interimperialistas, que han traido consigo un aumento de la inversión militar en todo el mundo, lo que genera todavía más tensión y conflictos bélicos.
  • El crecimiento de la extrema derecha en los países imperialistas y el fascismo abierto en los países dominados, con la pérdida acelerada de derechos y libertades democrático-burguesas que se creían consolidadas.

La preparación de la guerra

Recientemente, EEUU ha girado su centro de gravedad a su enfrentamiento con su mayor contendiente: China. La guerra comercial cada vez es más agresiva, y vemos cómo ambos países están haciendo acopio de recursos para un gran conflicto bélico. Esta deriva es muy alarmante, significa que los dos principales polos del imperialismo, EEUU y China, están preparando el terreno para un enfrentamiento directo. Debemos tener claro que una guerra entre potencias de esa magnitud tendrá una escala global. Ahora mismo los focos de tensión están localizados en algunos puntos concretos, pero la ola terminará llegando a todas partes.

En los últimos años, el famoso «techo de gasto» de la UE solo se ha roto para poder ampliar el gasto militar. Esto ha ocurrido a raíz de la decisión de EEUU de dejar en segundo plano el frente ucraniano. La administración de Trump ha concentrado su capacidad militar en apoyar a Israel y luchar contra China. De este modo, EEUU gana por partida doble: desplaza los recursos destinados a Ucrania hacia su enfrentamiento contra China, y fuerza a los países europeos a comprar armamento a la industria estadounidense.

Lo cierto es que Rusia en la actualidad no es un peligro para la existencia de las oligarquías europeas. Sí que supone una amenaza para el control de la UE sobre Europa del Este, pero la amenaza de la guerra contra Rusia ha sido principalmente una excusa para justificar el gasto militar. El verdadero motivo para el rearme, aunque no se declare explícitamente, es el pronóstico de una nueva guerra interimperialista. En este escenario, todos estados europeos necesitan armarse para mantener un cierto grado de autonomía.

Las tensiones entre la Unión Europea y Estados Unidos

El discurso belicista del “rearme” ha crecido a pasos agigantados en la Unión Europea. EEUU lleva años presionando a través de la OTAN para que los estados europeos aumenten el gasto militar. Esta presión se ha visto redoblada por la posición del gobierno estadounidense respecto a Ucrania. De este modo, la OTAN está logrando que Europa se alinee completamente con EEUU en el terreno militar y político.

Europa ha estado intentando desarrollar un plan para una política exterior independiente de los EEUU desde el primer gobierno de Donald Trump. Aun así, sigue dependiendo de la infraestructura militar estadounidense. Los norteamericanos son los principales proveedores de armamento y municiones a nivel mundial. Y lo que es aún más decisivo: poseen capacidades de inteligencia y logística militar con las que la UE no puede competir.

En consecuencia, Europa y EEUU se encuentran en una relación contradictoria. Por un lado, la dependencia económica y militar. Por otro, la presión arancelaria, que obliga a las potencias europeas a fortalecer sus propios proyectos nacionalistas. Incluso la tendencia ultranacionalista que crece hoy en Europa es un reflejo de lo que ocurre en norteamerica. La extrema derecha patriótica ha crecido en Europa gracias al ejemplo y patrocinio de EEUU. Y es que alimentar las divisiones internas de la UE también beneficia a los magnates estadounidenses, que se encuentran así un socio político más dócil y complaciente.

Las tensiones entre los estados europeos

La UE, por su parte, no es una potencia imperialista como tal: no ha existido, ni existe, una oligarquía financiera europea unificada. Los estados europeos se encuentran bajo el liderazgo compartido, y en conflicto, de Alemania y Francia. Esta alianza es principalmente comercial, no tanto política. Las diferencias entre los estados miembro ya se vieron durante la crisis de 2008, con el Brexit y, ahora, con las reticencias de Alemania respecto al conflicto con Rusia.

Cada potencia europea tiene diferentes zonas de influencia (Francia en África; Alemania en Europa del Este; España en América Latina y Sahel…) y no están dispuestas a ayudarse altruistamente las unas a las otras. No existe la suficiente cohesión entre las diferentes facciones de la oligarquía europea

como para que avancen en una dirección unificada. Cada una querría que se diese prioridad a su propio coto antes que al de los demás, y al mismo tiempo trata de aumentar su cuota a costa de sus socios.

La oligarquía financiera no está lo suficientemente cohesionada ni se enfrenta a una amenaza que justifique costear un ejército europeo unificado. Incluso medidas a medio camino como mejorar la interoperabilidad de los ejércitos de los países de la UE dependen de las capacidades estadounidenses. Gran Bretaña, Francia y Alemania pelean por ganar cuota de poder en el terreno militar. Y la UE en general se encuentra con una industria armamentística disgregada entre los estados, cada cual peleando por obtener una cuota mayor de los fondos europeos.

A ello se suman las contradicciones entre los países imperialistas y los países dominados que conviven en suelo europeo. La UE ha servido a las distintas oligarquías europeas, especialmente a la alemana, para atraer y atar en corto a países más débiles. Los inundan con sus capitales y mercancías, controlan sus finanzas y recursos naturales, y usan a su población como mano de obra barata.

La dominación imperialista sobre el continente viene de varios frentes. China ha hecho grandes inversiones en los puertos de Barcelona y del Pireo (Grecia) para tener puertas de entrada en Europa. Por otro lado, EEUU mantiene intereses estratégicos de una punta a otra de Europa, prestando apoyo abierto a los partidos ultraderechistas. Todo esto no hace más que erosionar cada vez más la unidad europea.

El auge del fascismo

En el frente interior, el fascismo está adquiriendo hoy un papel cada vez más relevante en los países imperialistas occidentales. Las posturas neo-fascistas son canalizadas por la ultraderecha y favorecidas por la permisividad de los partidos burgueses tradicionales. Y en ningún lugar del mundo es tan evidente este avance como en el corazón del imperialismo. La influencia de la alt-right estadounidense es enorme, ha impulsado y financiado a organizaciones reaccionarias de todo el mundo.

La burguesía siempre ha virado hacia el ultranacionalismo como último recurso para afianzar su poder. Se propaga el discurso de que el país se encuentra en un estado de emergencia contra los enemigos internos y externos. Por un lado, se suprimen derechos democráticos y aumenta la represión a la disidencia. Por otro, se prepara a la población para ir a la guerra.

En los países imperialistas los partidos minoritarios de ultraderecha ganan en influencia, financiación e intención de voto. Los partidos conservadores tradicionales se radicalizan. Los partidos socialdemócratas y reformistas abrazan sonrientes su papel de partidos de Estado justificando la necesidad del rearme.

Conforme la inflación y los tipos de interés aumentan, la oligarquía financiera busca un chivo expiatorio para eludir su responsabilidad. Para ello, abre la puerta a los discursos populistas que criminalizan a los inmigrantes y las disidencias políticas y de género. Con todo esto, se genera un estado de conciencia que acepta la pérdida de derechos y libertades democráticas, el recrudecimiento de la explotación, y los recortes sociales.

El problema para los imperialistas es que esta apuesta hacia la extrema derecha también puede ser un doble filo. Se van dejando atrás los discursos hipócritas de tolerancia y convivencia, rompiendo con el sueño de la socialdemocracia capitalista. La realidad toma un aspecto mucho más crudo: matar o morir. Esto empuja a millones de personas a politizarse y tomar partido, por el imperialismo o contra él.

Nuestras tareas

En España, como el resto de Europa, las posiciones de extrema derecha han ganado peso en los últimos años. Con un discurso similar al del «Make America Great Again», la oligarquía de nuestro país se ha sacado la careta liberal-moderada que llevaba la década pasada. Ahora señala a los inmigrantes como responsables de la miseria. También se ha estado introduciendo la idea de la proximidad de una guerra, ya sea con Rusia o con China. De este modo se trata de justificar el aumento del gasto militar ante la opinión pública. A pesar de tener un gobierno socialdemócrata, el Estado Español no puede escapar de la necesidad de militarizarse.

En el campo popular, partimos de una situación de debilidad: el movimiento obrero está capado por la burocracia sindical, los movimientos urbanos populares reúnen a una pequeña fracción de todos los que podrían sumarse a la lucha en sus colectivos. En todas partes cunde la desorganización, el sectarismo político y el subjetivismo pequeñoburgués. Nuestra propuesta política para hacer frente a la amenaza del fascismo y la guerra se basa en tres ejes:

1. Reorganizar el movimiento obrero, liberándolo del control de la aristocracia obrera.

2. Democratizar y ampliar los movimientos urbanos populares, sumando a todo el que pueda ser sumado. Dirigirlos contra la pérdida de poder adquisitivo y derechos democráticos.

3. Extender por todas partes el discurso antiimperialista y la consigna de “guerra a la guerra”.

Camaradas, no hay tiempo que perder. La historia ya nos ha enseñado que nunca hay que subestimar la podredumbre del imperialismo, ni los horrores del fascismo. Pero también nos ha enseñado que la fuerza política de las masas puede hacer frente a la bestia.
Confiemos en nuestras propias fuerzas, extendamos la solidaridad internacional en cada sindicato, cada colectivo, cada barrio.

¡Ni un respiro para los señores de la guerra!

¡Convirtamos la crisis imperialista en revolución socialista!

¡Viva el internacionalismo proletario!

Secretaría Internacional del Partido Revolucionario de los Trabajadores

En la foto: Kommunistischer Aufbau. | Créditos: Truth in frame.

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