La lucha de las mujeres en el socialismo. Parte 2: La Revolución China

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La lucha de las mujeres en el socialismo. Parte 2: La Revolución China


INTRODUCCIÓN: La Revolución China, contexto histórico y antecedentes.

La Revolución China, tanto durante su Guerra Popular Prolongada (GPP), como en la fase de construcción socialista y en el proceso de la Revolución Cultural, nos proporciona una serie de aportes universales a través de la práctica revolucionaria que hoy reconocemos como fundamento de la tercera etapa de la ideología proletaria, el maoísmo. Principalmente, estos son:

  • En el terreno de la filosofía, lleva el materialismo dialéctico a su mayor nivel de operatividad y desarrollo al clarificar que la única ley de la dialéctica es la Ley de la Contradicción.

  • En lo correspondiente a la economía política, analiza la semifeudalidad y el capitalismo burocrático de las semicolonias, así como identifica el motor del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el socialismo.

  • Y en la parte de “socialismo científico”, o la parte integrante de nuestra ideología sobre la toma y defensa del poder político: desarrolla la teoría militar universal del proletariado, una guerra de las masas contra el viejo Estado (GPP), la Revolución Cultural, como un instrumento del proletariado en la lucha contra la restauración capitalista bajo la Dictadura del Proletariado en China, etc. [2].

No podemos esperar otra cosa, sino grandes aportaciones, de una experiencia revolucionaria de décadas de duración, que llevó a cientos de millones de masas populares a la primera toma del poder en un país dominado por el imperialismo, y que además debió enfrentarse a la degeneración revisionista de la Unión Soviética, la restauración capitalista de mano de Jrushchov del cuartel general de la revolución mundial.

La ideología revolucionaria se fragua en la lucha de clases, es una guía para la acción que se pule con su aplicación, por lo que el transcurso de esta experiencia revolucionaria permitió generar nuevos planteamientos y respuestas a las problemáticas que se habían constatado en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), además de otras problemáticas añadidas que emergerían del propio desarrollo de la revolución china.

En esta segunda parte, trataremos los avances que hubo en la China Revolucionaria de cara a la emancipación de las mujeres.

Antes de adentrarnos en los avances, vamos a repasar brevemente el contexto histórico y político del territorio:

En el 1912 se produce la caída del Imperio Chino, a causa de revueltas que se suceden por todo el país, dejando como resultado un gobierno provisional altamente inestable y que rápidamente se ve avasallado por diversos «señores de la guerra» (caudillos que se hacen con el control de enormes porciones de tierra).

En los siguientes años, y ante el cada vez mayor control de los señores de la guerra, se refundó el Kuomintang (Partido Nacionalista Chino, KMT), que tenía intención de unificar el país para intentar avanzar hacia un estado burgués más sólido. La URSS y el PCCh (Partido Comunista de China) ayudaron en ese momento a la burguesía nacional como estrategia para luchar contra los caudillos hasta 1927, momento en que, ya con prácticamente todo el territorio chino bajo control del Kuomintang, rompieron con la URSS y el PCCh[1].

Entonces comenzó la persecución hacia el PCCh y comienza el periodo de 1927 – 1949 de la Guerra Popular Prolongada [2], donde el PCCh había establecido en diversos núcleos campesinos del norte de China. Debido a que en 1937, Japón comenzó su rápida invasión del territorio Chino, se suspendió la guerra civil, aliándose ambos partidos contra el invasor japonés.

Tras finalizar la segunda guerra sinojaponesa a finales del 1945, se dio paso a un avance en la GPP, con el PCCh más fortalecido y pudiendo lanzarse a la ofensiva, pasando a una etapa de equilibrio con el Estado del Kuomintang y de rápido paso a la superioridad estratégica que permitió expulsar al Kuomintang de la China continental y establecer la República Popular China en el 1949 [3], concluyendo en una experiencia revolucionaria sin igual en una tesitura (semicolonial y de desarrollo de la Nueva Democracia 1 , cuyo análisis es uno de los principales aportes del maoísmo) que aún no había sido suficientemente estudiada por la Tercera Internacional y la Kominform.

En este proceso revolucionario, salieron a la luz interrogantes y problemas sobre la cuestión de la mujer que, durante la época de la URSS, quedaron pendientes. Cuando se instauró el revisionismo, la firme adscripción al ML (marxismo-leninismo) del PCCh y su aplicación hasta las últimas consecuencias, hizo posible que empezaran a apuntar hacia diversas soluciones para la liberación de la mujer.

Al ser la China prerrevolucionaria una semicolonia con un sistema económico basado en la semifeudalidad, había fuertes raíces patriarcales que atravesaban la vida social. Por lo tanto, el tipo de familia que imperaba era una familia patriarcal de régimen de propiedad por parte del hombre sobre mujer y sus hijos. La violencia más opresiva estaba a la orden del día: matrimonios forzosos, mutilación de extremidades (los famosos pies de loto), matrimonios infantiles, violencia de género, etc.

Para la revolución socialista era un objetivo clave impulsar un movimiento femenino al servicio de la construcción socialista con el fin de conseguir su liberación, puesto que las mujeres eran miembros de las clases revolucionarias, partícipes en la vida económica -tanto formal como informal-, atravesada por la brutal opresión y explotación patriarcal. Las mujeres jugaron un papel central en la construcción socialista china, y la política en materia de igualdad avanzó cualitativamente respecto a los logros de la Unión Soviética.

« Sólo en el proceso de la transformación socialista de la sociedad en su conjunto se podrá alcanzar una auténtica igualdad entre ambos sexos.»
[«Las mujeres se integran al frente de trabajo» [Septiembre y diciembre de] (1955), El auge socialista en el campo chino [Mao Zedong, Obras Escogidas, t. V]

Con el avance de la revolución y la destrucción del régimen de dependencia y atraso, la situación de las mujeres cambió drásticamente, librándose del yugo semifeudal en lo económico pero, aun así, las dinámicas patriarcales y la ideología feudal y burguesa seguía presente entre las masas y entre los miembros del Partido.

1. Los límites del modelo soviético.

Aunque tras resolver la contradicción principal capital-trabajo, se dan las bases necesarias para resolver las contradicciones secundarias, esta resolución no es por arte de magia. Además, el socialismo es, por definición, un régimen histórico de transición, en el que el proletariado y clases revolucionarias deben defender y consolidar el recién conquistado poder político de enemigos internos y externos, y es esta condición la que limita la abolición de las clases y la instauración del comunismo. Aunque la contradicción capital-trabajo se haya resuelto a escala local, no se ha resuelto a nivel general. La revolución no termina con la toma del poder en un país, sino que solo se ha completado la primera etapa en una esfera nacional de una tarea internacional de transformación social a nivel mundial.

Con todo, a partir de que el poder político en un país pasa a ostentarlo la clase obrera, es posible organizar a las masas para remediar estas contradicciones secundarias. Esta resolución se encuentra íntimamente ligada a la edificación de una nueva sociedad que se sacude de la vieja opresión y explotación, por lo que resolver las contradicciones secundarias del sistema de explotación anterior significa movilizar a las masas para la construcción del socialismo.

La Unión Soviética demostró, por una parte, que las mujeres son un pilar fundamental para la revolución socialista y, por otra, que la opresión de las mismas no se resolverá si no se moviliza activamente a las masas para ello. [4]

Más, es importante también recordar las problemáticas y los frenos en el avance de la construcción socialista y de la emancipación de las mujeres en la propia experiencia soviética, de estas nacen las críticas efectuadas por el PCCh que culminan en varias aportaciones universales que iremos desarrollando:

1. La supresión de la división sexual del trabajo derivó en una aplicación burocrática por parte del Estado. A pesar de que liberar a la mujer del yugo del trabajo reproductivo fue una prioridad de máxima importancia para el poder soviético, la solución que se aplicó, siendo progresista y justa, fue estancarse en la mecanización. Se construyeron guarderías, lavanderías y otros servicios públicos que facilitaban el trabajo reproductivo, pero seguían siendo gestionados exclusivamente por comités de obreras.

2. Naturalización de roles de género concretos. Aunque las mujeres podían ejercer con libertad cualquier oficio, y la Unión Soviética promocionó las carreras técnicas y científicas entre mujeres, los roles relacionados con el cuidado y la “naturaleza femenina” seguían estando muy presentes en la época, y no se construyó ningún movimiento de masas para ponerlos en cuestión.

3. La II Guerra Mundial supuso que las mujeres empezasen a entrar en el ejército rojo como combatientes antifascistas, rompiendo con los roles de género anteriormente prevalentes de que no era adecuado para las mujeres participar de forma directa como combatientes. A pesar de que esto supuso un gran impacto cultural, la II GM también supuso atrasos por la escasez y la situación de invasión, como el aumento de peso de la iglesia ortodoxa y la restricción de las políticas del aborto, que seguía siendo legal pero sujeto a varias restricciones. [4]

En el XX congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) se da el Golpe de Estado de la camarilla de Jrushchov. En este momento, no se había desarrollado en profundidad cómo se da la lucha de clases en el socialismo (tanto Lenin como Stalin trataron este tema), haciendo que no fuera posible prever cómo se podía desarrollar una nueva burguesía en la sociedad. Una clase burguesa burocrática que había nacido entre los jefecillos de fábricas, el alto funcionariado militar y los altos y medios dirigentes de la Administración pública soviética. [19]

El golpe de Estado de Jrushchov cimentó el poder de esta clase social, rompiendo con la construcción socialista, y dejando de lado el compromiso con la igualdad, reduciéndolo a una cuestión legislativa del Estado, sin llevar a cabo ninguna movilización de masas que la fundamentase. Así se estancó la cuestión de la liberación de la mujer sin permitir ningún tipo de avance.

Por tanto, hay que atender a la liberación de las mujeres antes, durante y tras la revolución socialista. En este sentido, es necesario construir un movimiento de mujeres obreras que luchen por el socialismo y por su propia liberación. Pero en este terreno, pese a que éstas deben tomar el papel principal, de vanguardia, los hombres tampoco se pueden quedar de brazos cruzados.

2. La Revolución China: sus etapas y la cuestión de la mujer.

En esta parte, destacaremos lo que ha supuesto la Revolución China en la cuestión de la liberación de las mujeres. Partiendo de la victoria tras la Guerra Popular Prolongada del PCCh junto a las masas contra el viejo Estado y la proclamación, desde el gobierno del PCCh liderado por Mao, de la República Popular China en 1949. Con los aportes del libro de Claude Broyelle «La Mitad del Cielo» [5] expondremos las prácticas revolucionarias aplicadas en las diferentes etapas que prosiguen: La reforma agraria (1949-1953), el Gran Salto Adelante (1958-1962) y, especialmente, la Revolución Cultural Proletaria (1966-1976).

«Las mujeres llevan sobre sus espaldas la mitad del cielo y deben conquistarlo. Si esa parte del cielo permanece serena, las tempestades revolucionarias que deben barrer el viejo mundo, se reducirán a nubarrones pasajeros»
Mao Tse-tung.


2.1. La Reforma Agraria 1949-1953

En 1949 el PCCh ya había puesto en marcha la campaña de la reforma agraria, donde la línea principal del movimiento era la movilización revolucionaria del campesinado contra la semifeudalidad [2], erradicar el sistema feudal y semifeudal de explotación del campesinado; expropiar el excedente y distribuir de manera uniforme y equitativa estas tierras y terrenos, dónde se incluía ganado, herramientas, maquinaria, instalaciones, casas, el grano (medios de producción) y otras propiedades de la clase de terratenientes feudales, entre las asociaciones de campesinos (cooperativas agrícolas y grupos de apoyo mutuo) y de acuerdo con toda la población de las aldeas, independientemente del género o la edad.

«La reforma agraria ha logrado realmente el objetivo por el que los agricultores chinos han estado luchando durante miles de años: obtener tierras, y les ha permitido desarrollarse en la producción. Esto movilizó el entusiasmo de las masas campesinas por la revolución. Mejoró la productividad agrícola. Fue una gran liberación. La reforma agraria también estableció la posición dominante de los campesinos y trabajadores pobres en el campo, consolidó la alianza de trabajadores y campesinos y creó las condiciones para guiar a cientos de millones de agricultores a embarcarse en el camino hacia la colectivización.»  [6]

En todo este movimiento, la cuestión de la mujer no quedaba ajena ni fuera del proceso. Tras el día de la liberación (proclamándose la República Popular) China tenía que confrontar con la cuestión de cómo millones de mujeres, que habían sido relegadas al ámbito privado y doméstico, entrasen en la producción social. Esta no sería la única pregunta a resolver, ya que, a partir de la raíz patriarcal más visible, se fueron ramificando más cuestiones que necesitaban ser respondidas, tales como: la cuestión del matrimonio, la organización de las campesinas, la doble explotación, la repartición del trabajo reproductivo entre hombres y mujeres, el desbalance educacional, roles y división sexual del trabajo, etc. Después de la victoria de la revolución, tras veinte años de guerra nacional y civil, la vieja ideología sobre la inferioridad de las mujeres había sido confrontada a través del movimiento femenino:

«Millones de mujeres habían participado activamente en la guerra antijaponesa, en las regiones liberadas, habían ejercido el poder directamente, y con frecuencia de manera preponderante; habían tomado a su cargo en numerosos lugares las tareas de producción agrícola.» [5] pág. 23-26

A partir de aquí, estas experiencias de lucha y liderazgo habían servido para establecer un proceso prolongado que garantizase el proseguir de su emancipación. «Había ahí una adquisición extremadamente importante sobre la cual el movimiento femenino podía apoyarse para abordar la nueva etapa.» pag 23-26

A través de la Línea de Masas2, se desarrollan una serie de estrategias y tácticas organizativas que implicaban un contacto directo entre las y los cuadros del Partido y las campesinas para recopilar sus necesidades económicas, políticas y sociales para llevarlo después a la base política del Partido con tal de dar respuestas a sus demandas y volver a organizar la movilización; «de las masas a las masas». [7]

En este periodo, donde se distribuyó la tierra a hombres y mujeres por igual, fue significativo para las mujeres principalmente por dos razones de peso:

1. Porque se llevó a cabo a partir de la movilización de las mujeres con una serie de tácticas que se basaban en confrontar a los maridos y padres. El modelo de propiedad en China aún estaba muy ligado a la familia, cosa que seguía, de entrada, relegando a las mujeres a un papel todavía subordinado al hombre. La detección de necesidades entre el Partido y las masas, dio luz a recalcar la importancia de cambios sociales en el matrimonio y la familia. Entre sus principales preocupaciones apuntaban al derecho al divorcio y el consentimiento (libre elección de tu pareja y marido) y la violencia de género (las costumbres feudales y el modelo que aún imperaba fomentaban las palizas, los regaños y la negligencia alimentaria o insuficiente a los hijos por parte del padre, esto vinculado a la dependencia económica que tenía la mujer). La línea de masas permitió cuestionar y cambiar las relaciones en las familias, en especial sobre la cuestión del matrimonio y las problemáticas que se arrastraban, convirtiéndolo en un modelo para el resto de la población. [7]

2. Porque esta distribución de tierras y excedentes dio independencia económica y base para la emancipación de las mujeres, algo que sirvió para ir solventando uno de los problemas de la violencia de género que arrastraban muchas en sus matrimonios, la violencia económica.

«La reforma agraria, al destruir la gran propiedad territorial, dio un golpe fatal a las antiguas estructuras familiares; distribuyendo la tierra, no solamente a cada familia de campesinos sino también a cada mujer que vivía sola, o que deseaba dejar a su marido»  [5] pág. 201

Para enfatizar este hecho, se dieron certificados de tierra a cada mujer con su propio nombre o al lado del nombre del marido. «Antes, los demás siempre se habían referido a las mujeres como “esposa de tal” o “madre de tal”. Ahora, por primera vez en sus vidas, muchas mujeres oyeron pronunciar sus propios nombres en público» (Hsu Kuang, 1975; pág. 44).

La decisión del Comité Central en 1948 garantizó los derechos de las mujeres a la tierra y dijo que debían hacerse anotaciones en las escrituras familiares indicando que hombres y mujeres tenían iguales derechos sobre la tierra. Esta escritura no solo significaba la independencia económica de su marido y una factibilidad para el divorcio, sino que que también acompañaba un cambio político.

En esta tesitura nacen los primeros grupos de ayuda mutua, y, a posteriori, las primeras cooperativas agrícolas. Este surgimiento no solo tenía la intención de resolver la problemática de que aquellas familias con mas manos que producían más y extraían más rédito, amenazando esto el colectivismo y la sociedad socialista en desarrollo; sino que también fue un primer paso para que las mujeres participasen activamente en la producción colectiva, teniendo el espacio y la escucha del resto de compañeros, alzaron su voz como cualquiera de ellos y rechazaron la posición de mantenerse calladas bajo las órdenes de su marido:

«Si nos ayudábamos mutuamente para los trabajos agrícolas, debemos hacerlo también para los domésticos”, tal era la posición de las mujeres. Yo le decía a mi marido: “Es necesario que entremos a esa cooperativa”. Pero él me respondía: “Tú no eres más que una yegua, no entiendes nada de estos asuntos, ¡tú no irás a trabajar fuera!” Eso me llenaba de cólera: “Las mujeres se han emancipado, no tienes ningún derecho a tratarme así; Lo que tenemos lo hemos obtenido luchando, ¡no cederé!” Y entré a la cooperativa sin él. Cuando protestaba por las dificultades en su trabajo (particularmente por su incapacidad, como antiguo campesino pobre propietario de una parcela, para efectuar solo todos los trabajos agrícolas) yo le explicaba, apoyándome en hechos, la superioridad de la cooperativa; después de un tiempo comprendió que el origen de su terquedad eran las ideas feudales que conservaba al respecto de la propiedad privada y al papel de las mujeres. Habiéndolo comprendido, pudo incorporarse a la cooperativa. En el pueblo conozco muchas familias en que pasan las mismas cosas.» [5] pág. 54

Era imprescindible que las mujeres pudiesen incorporarse en la vida económica y política de la sociedad china para romper con las viejas tradiciones que las ataban al ámbito privado. Para ello se fomentó además la implementación de guarderías, y más tarde, alimentos comunes administrados colectivamente y escuelas gratuitas para la educación de los niños, niñas y las mujeres [9].

Esto no sucedió por arte de magia, sino que fue fruto de la labor en educación política revolucionaria realizada por el PCCh a través de su línea de masas y por la movilización de las mujeres chinas en múltiples ámbitos: en cooperativas agrícolas, fábricas de nueva creación (particularmente durante la época del Gran Salto Adelante), comités y organizaciones de mujeres, tanto en el campo como en la ciudad, equipos de barrio, organizaciones estudiantiles… En esta época se comenzaron a colocar los peldaños para construir el camino hacia la liberación, pero se hará especial hincapié en cómo este proceso comenzó a formarse y materializarse durante el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural.

El matrimonio tras un año de la reforma agraria.

Una de las tácticas que se implementó en la época para dar a conocer las violencias y desigualdades que sufrían las mujeres era tratarlas abiertamente en sus discursos mientras se extendía la reforma agraria por las zonas: como los matrimonios «arreglados», forzosos y con menores de edad, la bigamia (donde el hombre tenía derecho a un segundo matrimonio si quería, estando ya casado y sin consentimiento de su otra mujer) y el concubinato obligatorio que involucraba frecuentemente la esclavitud sexual de la mujer.

La difusión de estos discursos aumentó en especial en 1950, cuando la Nueva Democracia promulgó ciertas modificaciones en las relaciones entre hombres y mujeres, estableciendo la primera Ley del Matrimonio [8] del reciente gobierno.

«Son prohibidos la bigamia y el concubinato. El matrimonio de muchachas y muchachos menores de dieciocho años es igualmente prohibido. El libre consentimiento mutuo es la única condición exigida para el matrimonio. Es instaurado el divorcio gratuito, sin ningún motivo restrictivo de las causas.» [5] pág. 201

A partir de aquí, un gran número de matrimonios arreglados fueron disueltos y hubo una enorme ola de divorcios por toda China, más aquellos que no siguieron un proceso, sino que se hicieron a través de la alcaldía y por consentimiento mutuo.

Esto permitió movilizar y atraer a muchas más mujeres a la causa comunista, y desde el Comité Central del Partido se incentivó al resto de seguir reforzando esta movilización y amonestar aquellos cuadros que ridiculizasen el trabajo de las mujeres o cayesen en actitudes machistas [10].

La ley del matrimonio de China no contenía ninguna cláusula discriminatoria o desfavorable para las mujeres, buscaba proclamar la igualdad de género y el respeto, además, tuvieron presente que la desigualdad no se resolvía estableciendo «unas premisas igualitarias para todos», sino que había que regularizar esa desigualdad a partir de medidas especiales de protección para las mujeres, es decir, cláusulas discriminatorias y desfavorables para los hombres. ¿Por qué? Porque aprendieron en gran parte de las consecuencias que se obtuvieron desde le modelo soviético sobre los derechos iguales para la libertad sexual y para la unión libre:

«la Unión Soviética al día siguiente de la revolución. Se promulgaron una serie de leyes en ese sentido:

1) Reconocimiento del matrimonio de facto (bastaba vivir juntos para tener los mismos derechos y deberes que las parejas casadas);

2) Divorcio por la simple demanda de uno de los cónyuges;

3) Separación de bienes entre el hombre y la mujer, el marido no puede ya acaparar lo que pertenece a su mujer.» [5] pag 249.

En una encuesta realizada entre la juventud comunista a principios de los años 20, respondieron que ya no necesitaban la prostitución y que no había problema con suprimirla, pero sus motivos eran muy distintos: «¿La supresión de la prostitución es un problema para los hombres jóvenes?” Se respondió: “¡No! ya no hay necesidad de recurrir a la prostitución puesto que uno puede tener gratuitamente a las muchachas komsomols que quiera.» [5] pag 251

Esto alentó el renacimiento de un movimiento reaccionario entre las mujeres, que reabriesen las casas de tolerancia (los prostíbulos) para garantizar su seguridad debido a esta nueva situación. Llenaron tribunales soviéticos de quejas dónde las mujeres explicaban que estaban siendo abandonadas encinta (tras el embarazo), o campesinos que para tener más fuerza de trabajo en las épocas de primavera, se casaba con una mujer para sacar su fuerza de trabajo y luego se divorciaba una vez finalizada la temporada, con tal de no alimentar una boca más durante el invierno.

Si en una sociedad todavía las mujeres están en una situación de inferioridad, estas leyes no serían igualitarias, sino que reforzarían esta desigualdad. Los hombres desechaban a las mujeres como pañuelos, dejándolas con las tareas reproductivas del cuidado y la educación de los hijos, para ellos practicar una nueva forma de poligamia legal.

Ejemplos de estas medidas preventivas chinas para que los hombres no siguiesen reproduciendo esa desigualdad después de la elección libre de pareja, fueron articuladas de la siguiente forma:

«La ley sobre el matrimonio estipula, en su artículo 18, que el hombre no puede pedir el divorcio mientras que su mujer esté encinta, ni en el año siguiente al parto, pero la mujer encinta o que acaba de dar a luz, puede divorciarse. El párrafo 1 del artículo 21 precisa que después del divorcio, si el hijo es confiado a su madre, el padre debe tomar a su cargo parte o la totalidad de los gastos necesarios para la manutención del niño, pero la ley no dice que la madre se encargue de los gastos cuando el hijo sea confiado al padre. Según el artículo 24, el marido es responsable sobre sus bienes propios del pago de las deudas de la comunidad cuando ésta es deficitaria, aunque comparta con su mujer la administración de esta comunidad. El artículo 23 sobre el retorno de los bienes propios después del divorcio, no se refiere más que a los bienes de la mujer.» [5] pág. 251

Sin embargo, seguía siendo una ley, es decir, una sanción para poner fin a las costumbres feudales para ir marcando una orientación política sobre el consentimiento y compensar la desigualdad que vivían las mujeres en estas situaciones. Todavía se necesitaba que en la práctica fueran realmente suprimidas las antiguas funciones de la familia.

Es por ello que Teng Ying Chao (Secretaria del Comité de Mujeres del Comité Central del PCCh y miembro del Comité Preparatorio de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino) precisaba en 1950 que la lucha por la justa aplicación de la ley debía apoyarse en los siguientes puntos:

«1. Es necesario emprender entre los cuadros el estudio de la ley sobre el matrimonio y la reforma ideológica, a fin de depurar la influencia feudal restante, que reconoce la superioridad del hombre sobre la mujer y considera al sexo femenino como un objeto de diversión.

2. En favor de la ley, las organizaciones del partido, las organizaciones gubernamentales y populares a todos los niveles, deben proceder seriamente a una popularización y a una educación amplias y profundas entre las masas haciendo de la acción llevada contra el sistema matrimonial feudal un vasto movimiento de masas. Siguiendo las directrices del comité central del Partido Comunista Chino, todo el partido debe considerar el trabajo de propaganda y de organización para asegurar la exacta ejecución de la ley sobre el matrimonio como una de las más importantes tareas del programa permanente, de la hora actual.

3. Es necesario proclamar la libertad de relaciones sociales entre ambos sexos y la libertad de amarse entre los hombres y las mujeres no casados. Muy a nuestro pesar comprobamos que sobre este capítulo existe cierta atmósfera malsana, aun en el seno de nuestros cuadros. Con frecuencia, cuando camaradas de ambos sexos se frecuentan un poco, suscitan gesticulaciones y habladurías interminables. Debemos oponernos a esta tendencia. Debemos preparar buenas condiciones sociales para la realización de la libertad del matrimonio.» [5] pág. 203.

Debemos dar importancia a las cuestiones legislativas y los avances dados en esta época, sin perder de vista los problemas sin resolver que se tuvieron que plantear más adelante, y abordar con la movilización de masas, educación política y, en última instancia, la GRCP (La Gran Revolución Cultural Proletaria).

2.2 El Gran Salto Adelante 1958-1962

En los años 50, la RPC (República Popular China) redistribuyó la tierra y avanzó la producción del país, comenzando a industrializarse con ayuda de la Unión Soviética. A partir del año 1953, establecieron una serie de objetivos que se recogen en el primer plan quinquenal, dónde se apuntó a elevar el crecimiento económico bajo el control obrero: a partir del desarrollo de la industria pesada, previamente se pusieron a las fábricas privadas al control estatal o se incentivó a iniciar empresas conjuntas con el Estado; y modificando el sistema agrícola, dónde la reforma agraria ya había comenzado una de las primeras fases de esta campaña. En la segunda y tercera fase los trabajadores agrícolas formaban asociaciones voluntarias para trabajar la tierra, compartiendo sus animales y herramientas de trabajo, recibiendo un salario a parte, dónde luego dependían sus ingresos a partir del trabajo de los y las agriculturas.

Tras el XX congreso del PCUS y el desarrollo de la URSS como potencia socialimperialista, rompiendo en gran medida los lazos de China, se hizo patente la necesidad de dar un «salto» en el avance de la industrialización y la producción nacional para poder desarrollar el país por su propia cuenta. Los principales problemas eran el estado de atraso productivo de China y, en concreto, la falta de producción de acero.

Es en este contexto en el que el PCCh exhorta a las masas a llevar a cabo esta labor de industrialización y colectivización de la producción, a generar nuevas fábricas y a que las mujeres se lanzaran al trabajo fabril y técnico. Este plan no pretendía cumplir estándares de rentabilidad capitalista, sino aportar un valor material en el avance de la producción china, como describe Mao:

«Es bueno considerar la ley del valor como un instrumento para el trabajo de planificación. Pero no hay que hacer de ella la base principal de la planificación. Entre nosotros, el Gran Salto adelante no se ha fundado en las exigencias de la ley del valor sino en la ley económica fundamental del socialismo y en las necesidades de crecimiento de nuestra producción. Si se examina el problema únicamente desde el ángulo de la ley del valor, se concluye inevitablemente que «había más pérdidas que ganancias» en nuestro Gran Salto adelante y se sostiene forzosamente que la fabricación de acero a gran escala no era un trabajo rentable, que el acero producido por métodos locales era de mala calidad, que las subvenciones del Estado eran muy elevadas, que la eficacia económica dejaba mucho que desear, etc. Si se adopta un punto de vista parcial y a corto plazo, parece incluso que la fabricación de acero a gran escala haya producido pérdidas. Pero si se considera el problema en su conjunto y a largo plazo, esta campaña en favor de la fabricación de acero tuvo muchos méritos, porque abrió el camino al conjunto de la edificación económica de nuestro país. La implantación en todo el país de numerosas bases siderúrgicas nuevas y de numerosos centros industriales nuevos para las otras industrias nos ha permitido acelerar rápidamente el ritmo de nuestra industrialización.» [11]

Durante el el Gran Salto Adelante se continuaron expandiendo los caminos para incorporar a las mujeres en la vida económica y política de la sociedad china, dónde ya se dieron los primeros pasos anteriormente y durante la Reforma Agraria.

Que las mujeres se incorporasen a la esfera del trabajo social era importante por diversos motivos, puesto que es difícil o imposible tener y ejercer poder político desde dentro de las cuatro paredes de tu casa, sin ser parte de la producción que hace avanzar a la sociedad, y sin poder relacionarte con el resto de la clase trabajadora.

Sin embargo, en 1958, la gran mayoría de las mujeres todavía permanecía en sus casas para cuidar de los hijos y ocuparse de las tareas reproductivas. Una de las principales cuestiones a resolver en la etapa anterior, tanto en el campo como en la ciudad, que apenas había avanzado lo suficiente. Esto se debe a que, pese haber tomado un papel de centralidad política en muchos aspectos durante la guerra contra Japón y la guerra civil, en China pervivía una fuerte visión semifeudal todavía.

Como Mao analiza, en las colonias y semicolonias no encontramos un sistema capitalista desarrollado, sino que en ellas existen todavía, en gran medida, unas relaciones económicas y sociales feudales. Estas persisten al ser países en los que el capitalismo no se había desarrollado todavía, o de forma muy incipiente, y antes de poder hacerlo, son aplastados por la bota del imperialismo. En China esto era evidente tras el «siglo de humillación», en el que las potencias imperialistas del Reino Unido, Francia y Japón (mayormente, pero no solo) subyugan al antiguo Imperio Chino. [12] [13]. La dominación imperialista se traduce en un desarrollo desigual a causa de que los países imperialistas buscan exclusivamente su ganancia económica, desarrollando lo necesario de las ciudades principales que vayan a hacer servir (generalmente ciudades portuarias, como en el caso de China), y generar un sistema subordinado a ellos [2].

Es decir, pese a que ciertas zonas se desarrollan económicamente para servir a los intereses del capital extranjero, esto no se exporta al resto del territorio, este desarrollo es burocrático y artificial, totalmente opuesto al desarrollo capitalista que emana de las revoluciones burguesas, dejando por lo demás un país feudal, tanto en su estructura social como en su economía. A su vez, la feudalidad en el resto del país no es estanca: los campesinos, arrastrados por los caciques locales a las actividades económicas necesarias para la exportación de materias primas o productos a las metrópolis imperialistas, llevan consigo las relaciones sociales feudales a la nueva industria y su transporte. El progreso que exportan los imperialistas no es tal, sino que aprovechan las relaciones sociales feudales existentes para someter a las masas trabajadoras del país dominado a un régimen de explotación aún más salvaje.

Esto implicaba que, previo a la revolución china, la familia seguía siendo la unidad básica de producción, lo cual, con el modelo de familia feudal y burgués lleva necesariamente a la subyugación de la mujer, que tiene que centrarse en las tareas reproductivas, siendo económicamente del todo dependiente de su marido. Pese al Gran Salto Adelante y a la Reforma Agraria, las concepciones que nacen de este sistema no se desvanecen de la noche a la mañana, y tampoco en los 16 años de revolución previos a la GRCP.

Las ideas provenientes de la antigua estructura feudal china seguían estando inmensamente extendidas. Creencias como que las tareas técnicas y complejas no estaban al alcance de las mujeres, o que las mujeres tenían «cualidades femeninas» más útiles para la crianza y los cuidados que para las tareas dedicadas a la producción, y que esto implicaba la necesidad de que las mujeres permanecieran como amas de casa. Y estas nociones no solo se quedan en la esfera familiar, sino que permeaban en gran parte del resto de ámbitos políticos y sociales.

El proceso de incorporación de la mujer en la producción.

Fue en ese momento en que el Partido Comunista de China, como iniciativa para comenzar a talar las ramas de las viejas tradiciones, organizó una gran movilización de masas para incorporar a las mujeres a la producción. Las mujeres no se incorporaron a la producción a golpe de decreto, sino a través estas movilizaciones de masas a nivel nacional. Así lo narra Ma Yu Yin, una obrera de unos cincuenta años:

«En este barrio, hasta 1958, la mayoría de las mujeres permanecían todavía en sus casas al servicio de su familia, sus quehaceres, el cuidado de los hijos… Fue entonces cuando el país entero se levantó para realizar “el gran salto adelante”.» [5] pag 27.

Ma Yu Yin, como otras mujeres obreras que se negaban a seguir relegadas en el hogar, querían participar en este levantamiento, donde las energías fueron dedicadas a franquear esta nueva etapa de transformación de la sociedad: dónde en los campos los campesinos reagrupaban las cooperativas de formación superior para crear comunas populares; la industria se descentralizaba ampliamente, en los lugares más apartados uno veía desarrollarse pequeñas unidades de producción industrial.

«Y nosotras, las mujeres, ¿debíamos permanecer en casa, al margen de la tempestad? El presidente Mao nos excitó a “contar con nuestras propias fuerzas, desligarnos de las tareas domésticas y participar en las actividades productivas y sociales”. Nosotras queríamos responder a esa excitativa, dar también el gran salto adelante. Pero ¿cómo arreglárnoslas? Fue entonces cuando en este distrito una veintena de mujeres se decidieron a “franquear la puerta de la familia” para crear una fábrica de barrio.» [5] pag 27-28

A lo largo y ancho de China, fábricas como las de este ejemplo empezaron a proliferar, emergiendo de la propia voluntad de las masas por avanzar la producción y poder desarrollar sus propios medios de vida, mejorar sus condiciones, de su familia, de sus vecinos… de la clase trabajadora en general.

Al principio, era cierto que había ciertas cosas en su contra o más bien que estaban en proceso de desarrollo, tenían que incorporarse en la producción sin experiencia (su experiencia estaba más dotada lo referente al trabajo reproductivo, ya que habían sido amas de casa toda su vida), no eran muchas en ese momento, además, debían conciliar esto sin equipo y sin espacios propiamente aún formados cómo guarderías o comedores. Más, el objetivo de descargar a las mujeres de las tareas tradicionales era compartido y se buscaron soluciones para ello:

«No había electricidad, menos todavía máquinas lavadoras, ni guarderías. Para crear las cooperativas agrícolas, los campesinos inventaron soluciones que suplían a la falta de medios. ¿Los niños? se les llevaba a los campos en donde los más grandes los vigilaban mientras copiaban caracteres para aprender a leer. En cuanto a los viejos, asumían en el pueblo servicios colectivos: talleres de reparación y lavado de ropa, etc. En la época de las cosechas, ellos preparaban las comidas que tomábamos todos juntos.»

Así lo narraba una mujer en el 1973, en medio de la revolución cultural, refiriéndose a los avances anteriores dados en el Gran Salto Adelante [5] pág. 77-78.

A partir de la aplicación de la Línea de Masas, se organizaron desde sus agrupaciones, para detectar las necesidades de las y los trabajadores en los barrios (a través de encuestas), por ejemplo en producir artículos de primera necesidad como ollas, tubos para estufa, cacerolas, etc. Para solventar la falta de herramientas, las cogían directamente de sus hogares y recogieron materiales de las fábricas. Y entre otras obreras, se iban explicando unas a otras cómo producir y cómo usar esos medios. Se iban estableciendo cadenas de ayuda mutua para solventar las problemáticas en los barrios. El Estado aprobó los productos y pudieron distribuirse, diversificando la producción de acuerdo a las necesidades del pueblo, y de acuerdo a las nuevas que iban surgiendo después, trasladándose personas de otras fábricas para seguir compartiendo los conocimientos y proporcionar mayor autonomía.

El revisionismo, la piedra en el camino hacía la liberación.

Pero ante esta movilización también hubo una contraofensiva burguesa. La línea de Liu Shiaoqi, particularmente fuerte en Pekín.

Liu Shiaoqi fue un líder del PCCh, el segundo presidente de la RPC, e infame revisionista. Entre otras razones, conocido por su «política en la China rural» basada en parcelas privadas, mercados libres rurales, auto-financiación y cuota fija de producción. Esta política vino de la mano de la destrucción de miles de comunas chinas. En esencia esto volvía a hacer de la familia la unidad de producción base en el campo [14] pág. 214. Además de esto, a nivel de producción industrial siguió la política de la racionalización, junta con propaganda para que las mujeres volvieran a ocupar «su puesto» como amas de casa. [5] pág. 85.

Se intentaban restablecer normas en la producción de origen capitalista e impedir que las masas las destruyesen. Por ejemplo, los encargados de la dirección de fábrica, seguidores de Liu Shiaoqi, ofrecían elevar el salario del marido para que la mujer volviera a casa. Esto pretendía reducir el número de mujeres en las fábricas, en pos de producir de forma «más eficiente». Cuando no, las mujeres eran relegadas no solo al hogar, sino a trabajos feminizados que correspondían a «cualidades femeninas» (trabajar en las guarderías, en la cocina, algunos puestos en sanidad…). Liu Shiaoqi representaba la vía de la restauración capitalista, y una de sus manifestaciones más evidentes fue su defensa y reavivación de la división sexual del trabajo como punta de lanza de la ideología feudal-burguesa patriarcal. La vida en la fábrica se volvió muy tensa.

Ante esto encontraron una confrontación directa por parte de las mujeres, declarando que no regresarían a los fogones ni abandonarían su lugar. Hubo una lucha encarnizada entre esa parte de la dirección, que anteponía en la fábrica las “necesidades inmediatas”, para impedir que las obreras se liberaran. La gran mayoría de obreras que querían continuar hacia su liberación, contaron con el apoyo del resto de hombres, sus maridos y compañeros de fábrica, enfrentándose a esta ofensiva burguesa y sumándose a la resistencia de las mujeres.

Ma Yu Yin y el resto de mujeres que se fueron incorporando en diferentes sitios del país, no lo hacían por aportar mayor comodidad a la familia, sino porque querían formar parte de esa transformación de la sociedad y cambiar la condición de las mujeres: «¡Que las mujeres abrieran la puerta de la casa que les obstruía la vista! No queríamos ya servir a nuestra familia, queríamos servir al pueblo.» [5] pág. 28

En estas experiencias, se verbaliza cómo esto ayudó a confrontar las creencias de que las mujeres solo tenían unas funciones concretas, alejándolas de aquellas sensaciones del síndrome del impostor, promocionando el continuo debate del papel del la mujer, cómo superar estas viejas creencias y extendiendo sus reivindicaciones y logros al resto de mujeres para demostrar que esas cualidades femeninas no eran innatas ni inamovibles:

«Habíamos fijado en el taller un cartel con esta frase del presidente Mao: ‘Hoy los tiempos han cambiado, lo que puede hacer un hombre, también lo puede hacer una mujer’. En el fondo no había ninguna razón para que las mujeres no pudiéramos construir aquellos dispositivos. (…) A veces, ante las dificultades, el desaliento se abatía sobre algunas de nosotras. Discutíamos entre nosotras (…) Durante siglos y siglos las mujeres chinas han sido consideradas como bestias. Nosotras formamos parte de la clase obrera (…) ¡No sabemos nada! Muy bien, ¡aprendamos! ¡En páginas blancas es en donde se escriben las más bellas historias!» Y nos volvíamos a entregar a la tarea, recuperada nuestra confianza.» [5] pág. 30.

El trabajo remunerado no solo permitía romper con el ciclo perpetuo de dependencia económica hacía los hombres, sino que además, liberaba a las mujeres de seguir con los estereotipos de género y aumentando su confianza en sí mismas [15].

Cada vez eran más en las fábricas, Ma Yu Yin comenta que llegaron a ser más de 300 personas, dónde solo 20 eran hombres. Construyeron más talleres, comedores, guarderías y círculos colectivos de lavado y costura [15] cerca de la fábrica y en los barrios:

«Todo ello con nuestras manos; nosotras podemos construir el socialismo con nuestras manos.»[5] pág. 30.

Las mujeres se habían incorporado a la producción a través de una movilización de masas que exaltó a liberarse de la cárcel de las cuatro paredes de su casa, y a incorporarse no solo a la vida productiva, sino también a la vida social y política.

Aún con todo, la línea de Liu Shiaoqi llevaba detrás una intensa propaganda que impactó a nivel político y social, generando un atraso en la lucha por la emancipación de las mujeres. A golpe de decreto, trataba de hacer primar los beneficios de las fábricas por encima de la utilidad política de su producción.

Aunque las masas, en especial las mujeres, siguieron luchando contra el ala revisionista; pidiendo a otras fábricas que les confiaran trabajos, organizando y repartiendo materiales para producir, recuperando materiales para volverlos a utilizar, haciendo su propia propaganda, etc.; en Shanghai (1966), en vísperas de la Revolución Cultural, más de la mitad de las mujeres habían abandonado su trabajo y regresado a sus hogares.

Como vemos, se vuelve a evidenciar que esto no era suficiente, era necesario un avance más significativo, dar un golpe sobre la mesa, y poner el poder verdaderamente en manos de las masas.

2.3 La Revolución Cultural 1966-1976.

La Gran Revolución Cultural Proletaria fue una movilización de masas a nivel nacional con el objetivo de combatir el revisionismo incipiente y los intentos, más o menos velados, más o menos honestos, de restauración capitalista. Fue un instrumento del pueblo chino en la lucha contra la restauración capitalista bajo la Dictadura del Proletariado. [2]

Esta movilización, desatada por Mao en primera instancia desde el Comité Central del PCCh, era una respuesta directa contra los avances del revisionismo de Liu Shiaoqi y Deng Xiaoping (como los principales cabecillas, pero con mucho seguimiento detrás por parte de jefes de fábricas, políticos locales y burócratas). Se dio a través de los distintos órganos de poder del territorio chino (comites de pueblos, comunas, el movimiento de educación socialista3…) donde los revolucionarios animaban a las masas a rebelarse, a criticar aquello que es injusto y a poner el poder en sus manos.

La revolución cultural buscaba entregar propiamente el poder a las masas, asegurando de esta manera la expulsión del Partido y de los puestos de mando a aquellos individuos cuya línea política y manera de actuar significaran un retroceso en el avance socialista. Pero no solo esto, sino que también se llevó a cabo con el objetivo de destruir la superestructura4 burguesa (cultura, arte, educación…) para erigir una proletaria.

«Nuestro objetivo actual es aplastar, mediante la lucha, a los que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino capitalista, criticar y repudiar a las “autoridades” reaccionarias burguesas en el campo académico, criticar y repudiar la ideología de la burguesía y demás clases explotadoras, y transformar la educación, la literatura y el arte y los demás dominios de la superestructura que no corresponden a la base económica del socialismo, a fin de facilitar la consolidación y el desarrollo del sistema socialista.» [16] Primero de los 16 puntos de la línea de la GRCP, XI sesión plenaria del VIII Comité Central del PCCh, Agosto del 1966.

La Revolución Cultural dispuso a las masas a eliminar las antiguas concepciones del mundo engendradas en el feudalismo y el capitalismo. En este sentido, las mujeres fueron partícipes y pioneras en la toma del poder y la revolucionarización de las ideas y costumbres feudales.Tomaron parte de la movilización de masas y de las distintas estructuras de poder que se generaron a partir de ella. Generaron comités revolucionarios para educarse y tomar acciones políticas a pequeña y gran escala:

«La camarada Ton An-ming, una campesina de unos treinta años, nos contó que en Shawan, en toda la comuna popular, ellas habían organizado varios comités revolucionarios agrupando unas 5.500 mujeres, es decir, la gran mayoría (más del 80%) y que ella misma era responsable de uno de ellos.» [5] página 57-58

En las anteriores etapas hemos visto ya cómo se atacaban de cierta manera las concepciones semifeudales y se erigían nuevos principios para combatirlas, pero en la Revolución Cultural fue donde se atacó a la raíz misma de estas ideas.

Golpe directo a la línea revisionista de Liu Shiaoqi

Las mujeres obreras que lucharon contra el revisionismo que las quería arrastrar de nuevo al hogar durante el Gran salto Adelante comprendieron mucho mejor la naturaleza profunda de esa política reaccionaria durante la Revolución Cultural.

Realizaron campañas de denuncia contra el método de la pretendida “racionalización”, que defendía y afirmaba los mandatos de género sobre las cualidades femeninas, la división sexual del trabajo y la relegación de la mujer al ámbito privado. La mayoría de los que habían apoyado las posiciones de Liu Shaoqi descubrieron a qué intereses habían servido; ahora trabajan con las mujeres codo con codo.

Aquellas que habían dejado las fábricas, casi todas regresaron a la producción y a seguir organizándose en las diferentes estructuras y comités, avanzando en sus conocimientos y desarrollo. Obreras mayores que habían abandonado su trabajo doméstico de «ama de casa» mantenían un continuo lazo de compartir conocimiento y experiencias con las estudiantes y jóvenes diplomadas de las escuelas. Éstas le enseñaban a las más mayores y resto de mujeres sobre sus aprendizajes y al mismo tiempo las mayores les formaban sobre su práctica y acciones pasada, de su rebeldía revolucionaria y firmeza que tanto les había ayudado a desprenderse de las raíces patriarcales que las mantenían atadas.

Ma Yu Yin, la obrera de la fábrica que hablaba de las experiencias en el Gran Salto Adelante, comentaba que prácticamente ya no quedaban mujeres que permanecían en casa salvo las que eran ya muy ancianas o tenían problemas de salud:

«pero hasta para ellas la vida ha cambiado. Se ayudan mutuamente y toman a su cargo ciertas tareas domésticas para aligerar a las que trabajan fuera; organizan la vida política y cultural de los barrios; no están ya aisladas como antes. Este cambio es el resultado de la “partida” de millares de mujeres hacia las actividades productivas y sociales.» [5] pág. 33.

Aquellas fábricas que levantaron en la primera oleada del Gran Salto Adelante, y que fueron luego atacadas por Liu Shao qui y los seguidores de su línea haciéndolas desaparecer, volvieron y nacieron nuevas en la Revolución Cultural. Fábricas de barrio como las de la camarada Ma Yu Yin rodearon toda China. Fábricas que fueron levantadas a partir de la determinación política de creación de las obreras y obreros, ligadas a las condiciones locales de dónde corresponden y las necesidades inmediatas de las masas.

«Las mujeres del barrio tenían no solamente el deseo de hacer un trabajo colectivo útil al pueblo, sino la voluntad de transformar la realidad viva que constituía el barrio.» [5] pág. 33.

En la lucha para la creación y el progreso de esas pequeñas fábricas, las mujeres expusieron y plantearon los problemas de la compaginación del trabajo productivo y el doméstico. Así fue como se pudieron seguir creando y reforzando las guarderías y comedores sociales. Las mujeres también fueron las que cuestionaron la falta de equidad en las tareas reproductivas por parte de los hombres, haciendo que estos estuvieran más dispuestos a concienciarse y aplicar dicho reparto de trabajo. Gracias a la organización de las mujeres en la Revolución Cultural se hizo una red sanitaria en los barrios, cercana a las áreas de trabajo, dónde no solo se beneficiaban los y las trabajadoras de las fábricas, sino también todos los colectivos, vecinas y vecinos locales. También permitieron que las mujeres pudiesen regresar con mayor frecuencia a la escuela y seguir estudiando y formándose.

Otro de los grandes avances para las mujeres en China fue respecto a la medicina. El aborto era prioridad y decisión total de la mujer que lo desease, en las mejores condiciones y con la supervisión médica a su disposición, incluido también este protocolo para las embarazadas por decisión propia.

Como el procedimiento del aborto y también el embarazo generaban una serie de impactos y consecuencias en el cuerpo de las mujeres, se facilitaba inmediatamente darle puestos de trabajo acordes a lo que podían asumir o que lo valorasen como óptimo para el momento en que se encontrasen. La respuesta no era relegarla al hogar y encerrarla a esperar que pariese, sino no desvincularla de sus redes de apoyo, darle a su elección sus condiciones de vida y trabajo.

Se pudo investigar sobre las enfermedades de la mujer, sobre todo bajo condición de embarazo, permitiendo descubrir medidas y respuestas para evitar las malformaciones y afectaciones de todo tipo. La recogida de datos y la metodología que se implementó permitió una documentación muy rica para la investigación médica y en el descubrimiento precoz de las enfermedades femeninas.

«Tanto en el hospital de Pekín como en la comuna de Shawan, se insistió sobre esta idea: La contracepción no debe confundirse con un simple medio técnico. Requiere una intensa educación ideológica. Es una medida política de envergadura orientada a permitir a las mujeres dominar la “naturaleza”, participar plenamente en todas las actividades sociales, y que favorece por lo tanto, su emancipación» [5] pag 229

Las cualidades femeninas y la división sexual del trabajo.

Las extensión de las ideas revisionistas había consolidado las viejas ideas sobre los mandatos de género sobre las cualidades femeninas, lo que reforzaba al mantenimiento de la división sexual del trabajo y la relegación de la mujer al ámbito privado.

Una de las cuestiones que se combatieron fue el de la concepción de que hombres y mujeres tienen cualidades esenciales e intrínsecas diferenciadas entre sí. La idea principal es que una mujer tiene determinada función en la sociedad, que es contraria a la que tiene el hombre, y que las mujeres estaban dotadas para las tareas de cuidados y crianza y los hombres para las tareas técnicas.

En el ámbito laboral, aunque hubiese mujeres en todos los sectores de la economía, de las fábricas y distribución de tareas, también seguían persistiendo unos oficios que se denominaban «trabajos femeninos»: la sanidad, la enseñanza, la industria textil, guarderías dónde solo trabajaban mujeres, etc. Aunque esto estaba concebido como una situación en transformación y que sería algo provisional, se encontraban discursos extendidos en algunas personas que seguían calando hondo, siendo un impedimento en agilizar esa transformación y destrucción de la segregación laboral.

Estas ideas de las «cualidades femeninas» se sustentaban en la argumentación esencialista de que las mujeres no pueden realizar tareas que requieran fuerza o que la condición del parto y la menstruación afectaban significativamente a la producción. Esto se complementaba, simultáneamente, con la percepción errónea de que las mujeres son, de manera innata, mejores cuidadoras y educadoras. Esta línea revisionista y patriarcal trajo bastantes problemas:

«Algunos hombres, en nombre de la igualdad y del principio “a trabajo igual, salario igual”, se oponen a que las mujeres sean retribuidas igual que los hombres puesto que, dicen, “no hacen un trabajo igual, no llevan cargas tan pesadas como nosotros”.» pag 48.

El secretario del comité revolucionario, Pai, explicaba que esas posiciones, aunque fuesen minoritarias, seguían haciendo ruido y no generaban sorpresa. Incluso combatiendo directamente aquellas ideas patriarcales, las mujeres seguían siendo juzgadas. Era una de las manifestaciones de la lucha entre dos vías: la vía capitalista y la vía socialista: «Esas concepciones deben criticarse y combatirse vigorosamente pues son la acción de una actitud feudal respecto a las mujeres y al trabajo.» pag 48.

A pesar de los innumerables hechos y desarrollo histórico que habían conseguido las mujeres, seguían siendo asumidas como seres inferiores y que, por tanto, aportarían una menor contribución a la sociedad.

«Lo que es falso en extremo.» Comenta el camarada Pai «Igualmente respecto al trabajo, porque son los comerciantes de esclavos, los explotadores, los que acuerdan al trabajo humano el mismo valor, los mismos criterios que al ejecutado por los animales: más o menos de simple fuerza física. Los propietarios tibetanos, por ejemplo, encontraban que un esclavo de buena constitución y físicamente fuerte, podía cambiarse por otros dos un poco menos robustos. En la nueva sociedad debemos evaluar el trabajo de cada uno teniendo en cuenta en primer lugar el comportamiento político de la persona –sin importar su sexo– respecto a la sociedad, respecto a su trabajo.» pag 48.

Estas ideas, provenientes del feudalismo y sistemas socioeconómicos anteriores, son reproducidas en los sistemas burgueses, relegando a las mujeres a las tareas de cuidados y crianza y a los hombres tareas técnicas. El señalamiento y corrección estas ideas era una tarea de todas y todos en la época de la Revolución Cultural, concluyendo que efectivamente, «No solamente lo que un hombre puede hacer, también una mujer puede; sino lo que una mujer puede hacer, un hombre puede y debe hacerlo también.»

Las cualidades “femeninas” eran una herencia de las sociedades pasadas y la marca de la opresión femenina, por lo que no son innatas ni congénitas, sino que pueden ser cambiantes y servir de motor a la transformación de la condición femenina.

Contra el modelo familiar tradicional: independencia, colectivización y desinfantilización de los menores y ancianos.

Uno de los pilares que sustenta el modelo familiar bajo la vía capitalista era precisamente la división del trabajo, donde en primera instancia las mujeres se encargan de reponer mano de obra (de forma reproductiva engendrando más obreros y desde el hogar, cuidando de los obreros que venían después de sus jornadas), para más adelante ser doblemente explotadas por el trabajo reproductivo y asalariado.

Uno de los grandes cambios que consiguió China no fue solo el cambio del modelo productivo al socialista, sino la transformación del trabajo reproductivo: socializar ese trabajo, que no cayese en manos de las mujeres ni de sus miembros solamente, sino relegarlo fuera de la estructura familiar. Esta socialización hace que desaparezca progresivamente el trabajo doméstico. Partían además de ir en contra de la solución burocrática de que para liberar a las mujeres la solución fundamental es centralizar al máximo las tareas para aumentar la productividad. Esta medida viene de un análisis reduccionista que diferencia el trabajo familiar y trabajo social.

«(…) pero en realidad, el trabajo familiar no es “familiar”, no se efectúa por la familia sino para ella y únicamente por la mujer. (…) Al marido no se le ocurriría pedirle a su mujer que le lavara los dientes o lo vistiera, pero encuentra natural que ella le haga la cama, le lustre los zapatos o arregle el desorden que él ha hecho en la casa. » [5] pag 113-114

El objetivo era desvincular estas tareas como una cuestión femenina, que cada persona fuese autosuficiente y responsable (independientemente de su género y edad) de sus tareas.

«Un hombre que no solamente lava los platos sucios, sino que prepara la comida, lava el piso, pega un botón, cura el rasponcito al chiquitín, y no una vez el domingo, sino regularmente, ese ya no es un marido en el sentido clásico.» [5] página 78

«Hacer su cama, cepillar su ropa, dar una puntada a un vestido, arreglar sus asuntos, es en China como lavarse los dientes: cada quien lo hace por sí mismo de la manera más natural del mundo.(…) Han aprendido a medirlo realmente, a no despreciarlo. Ya no es femenino.» [5] pag 113-114.

No se trata de que el trabajo reproductivo y de cuidados sea sustituido por “servicios del Estado”, donde esto también generaría igualmente dependencia e infantilización de los menores, ancianos y aquellas personas con problemas de salud, sino que se colectivice, repartiéndolo en los diferentes sectores, como el ámbito productivo y las escuelas y universidades.

Como menciona Mao, la educación responde siempre a la necesidad de una clase por la conservación de su denominación. La educación burguesa se caracteriza por adoctrinar desde la más temprana edad, bajo su superestructura para mantener un orden social, político y económico que sustente en el sistema capitalista.

«Los “conocimientos” difundidos por los propietarios de esclavos justifican la esclavitud, los que trasmite la burguesía justifican el capitalismo; los que trasmite el proletariado tienen por función formar la ideología de las jóvenes generaciones según los valores revolucionarios.» [5] pag 155

La educación proletaria también trata de transformar el mundo, erigir una superestructura proletaria y combatir contra la burguesa. «No se trata, pues, de “proletarizar” el reclutamiento de los maestros, aun si esta medida, por otra parte, sigue siendo necesaria, sino hacer que la clase obrera viva, actual, comprometida en la práctica revolucionaria de hoy, revolucione el sistema de enseñanza y ejerza su dirección.» [5] pag 156

Dependiendo de tu clase, el camino educativo será diferente, empujados a desenvolverse en lo que estipula la sociedad como «trabajos femeninos» y «masculinos», dejando a los hijos de familias de clase trabajadora abandonados en el recorrido o desamparados en el mismo mercado donde han acabado sus padres. A veces ni siquiera con la oportunidad de poder empezarlo.

«Se exige de cada uno que sea completamente responsable de sus fracasos y de sus éxitos, la familia, y más especialmente la madre, no tiene otra salida que desplegar todos sus esfuerzos para que su hijo “salga de eso”, lo mejor, o lo menos mal posible. Está entonces en una contradicción muy viva que es un rasgo notable de la condición femenina.» [5] pag 139.

Así es como muchas de las mujeres y niños en la Revolución Cultural recuerdan las intenciones de la vía capitalista y su ideología basada en la desconfianza, la competitividad y el egoísmo:

«Antes de la Revolución Cultural, cuando mi madre le pedía a mi hermano que se ocupara de la comida o de cuidarnos, pues ella debía ausentarse para trabajar con otras camaradas, mi hermano le respondía: “No me corresponde a mí hacer eso. Yo debo consagrarme a mis estudios, tengo deberes que hacer y si no los hago me pondrán malas notas.” Mi madre se enfadaba siempre: “¿Qué clase de escuela es ésa, que enseña a los pequeños a ser egoístas, a triunfar, sin preocuparse de la colectividad?”» [5] pag 157.

No solo la mujer es señalada como la principal responsable, sino que también debe ocuparse del marido y que otras «distracciones» como los cuidados y la responsabilidad paterna no le obstaculice, para centrarse en ser lo más productivo posible para el explotador. Esta es la realidad capitalista y patriarcal que nos rodea a día de hoy, mujeres cargadas con las tareas reproductivas, buscando trabajos a jornada parcial para poder compaginarlos con el cuidado de sus hijos.

La burguesía no puede prescindir de las mujeres para asegurar el trabajo doméstico, ya que sigue intentando compatibilizar la doble explotación. Conciliar lo irreconciliable.

«Ella es la madre, la educadora, y a ese título debe consagrarse por entero a sus hijos. (…) la mujer, y especialmente la mujer pobre, no se libra jamás. (…)La escuela capitalista no ha descargado a la familia de la responsabilidad de la educación de los hijos. (…) Una “maldición divina” contra la que no se puede nada. Excepto someterse.» [5] pag 140

Siempre se habla desde las esferas burguesas con paternalismo cuando se menciona a los menores. Los derechos que proclaman son los mismos que no cumplen, o si el sistema falla se individualiza el problema y se responsabiliza a la familia, a la madre. Y nos encontramos con los aparatos de quita de custodias que actúan en familias empobrecidas que no pueden sostenerse, donde la realidad es que su empobrecimiento se debe a las condiciones que impone el capitalismo que no cede ni para generar ayudas suficientes o que simplemente parcheen los ritmos tortuosos del capital. Se ralentiza la actuación y las medidas con engranajes burocráticos que apartan a la población de su propia toma de decisiones y del acceso a los bienes más básicos. Señalando a los padres, a las madres en situación precaria como culpables y robándole a sus hijos para darlos a familias de capas medias o pudientes o abandonándolos a su suerte en el resto de instituciones paliativas, hostiles y frívolas.

Uno de los grandes cambios y retos que se asumió en esta época y que fue trabajándose en las anteriores, es liberar a la mujer de ser la única responsbable del cuidado de sus hijos para poder además liberar a los niños y no infantilizarlos, para que puedan formar parte de la transformación de la sociedad. Unos alumnos de una escuela de primaría describían cómo analizaban sus barrios, debatían, se organizaban por grupos y se repartían tareas al finalizar las clases. Por ejemplo, algunos se encargan de limpiar las calles, hacer campañas de educación sobre temas como la salud y prevención de enfermedades, alfabetización y acompañar a las personas discapacitadas. Otros grupos se encargaban de hacer las tareas domésticas del hogar para relevar a los grupos que se encargaban del trabajo de los barrios. «Practicamos –nos dice el pequeño Li– la ayuda mutua colectiva.» [5] pag 144

En las escuelas la lucha ideológica era constante. Era imprescindible desmontar desde ahí el discurso capitalista sobre la diferenciación del trabajo manual e intelectual, nadie nace más apto o dotado que otro, al igual que no hay condición biológica ni innata femenina que justifique quién debe hacer el trabajo doméstico o formarse para este. Los centros educativos chinos, sin exclusión o restricciones por razón de género, permitían instruir al alumnado sobre cualquier rama o dominio. Al igual que los adultos, los niños tienen el derecho de conocer qué es la autodefensa y tener acceso a esta.

«El aprendizaje de la guerra popular concierne a la infancia. Y las niñas no son mantenidas al margen; siguen, tal como los niños, cursos de entrenamiento militar, se ejercitan en el tiro de fusil, hacen los “trayectos del combatiente” y aprenden los rudimentos del combate cuerpo a cuerpo. En todas las escuelas, en todas las actividades fuera de la escuela, los niños de ambos sexos realizan entrenamiento militar, manejan armas, se organizan en milicias, aprenden a protegerse y a cavar refugios.» [5] pag 165.

Tampoco se olvidaron que otro sector de la población que es marginado, infantilizado y desvalorizado por el capitalismo son las personas de tercera edad, ya que son juzgados y evaluados por su utilidad en la producción capitalista. Una lucha ideológica y práctica que quería desmitificar la concepción y las razones que estigmatizan a los ancianos. Uno de ellos comentaba:

«¿Cómo podríamos nosotros preocuparnos solamente de nuestros pequeños problemas inmediatos en tanto que las tres cuartas partes de la humanidad padecen todavía explotación? Cuando nos encargamos de ciertas tareas en el barrio, liberamos fuerzas para acrecentar la producción, no solamente para el pueblo chino, sino para ayudar también a los demás pueblos en su lucha contra el imperialismo. Por eso es que decimos que trabajar en los talleres de servicios en una de las pruebas del espíritu de internacionalismo proletario de los ancianos.» [5] pag 223.

La transformación de las responsabilidades de las tareas doméstica fue un proceso donde no se debía esperar a una mecanización para descargar a las mujeres. Aunque hubiese dificultades, no hubiese electricidad ni máquinas (lavadoras, máquinas de coser) o guarderías, los ancianos se incorporaron junto al resto de agricultores para responder a la falta de medios. Asumieron aquellos servicios colectivos y preparar la comida para todos en épocas de cosechas.

Ejemplo de servicios colectivos eran los talleres de servicios (reparación de ropa, calzado, utensilios domésticos, etc.) que en un inicio fueron levantados por las mujeres. Estaban conformados por equipos de trabajadores de hombres y jubilados, porque este sector también quería seguir ejerciendo actividades sociales, seguir estando integrados en la sociedad. Además, la flexibilidad de los horarios de 3 o 4 horas de trabajo permitían que pudiesen seguir incorporándose a otras actividades culturales o artísticas (grupos de teatro, coros, etc), complementarlo con los estudios para aquellos jóvenes que seguían formándose y sobre todo, incorporar y permitir a adultos y personas de tercera edad poder escolarizarse, adquirir nuevos conocimientos, complementar los anteriores o formarse para otros oficios, como por ejemplo la formación de «medicas descalzas» entre mujeres que fueron amas de casa.

Uno de los proyectos fue el de la ciudad petrolera de Taking. Gracias a unas cuantas mujeres convirtieron este lugar destruido en una ciudad obrera-agricula autosuficiente. Labraron los campos a 30 km de la ciudad, donde se fue uniendo rápidamente más gente y establecieron una comuna allí. Donde se auto-gestionaron los servicios y cuidados de los niños por parte de abuelas y abuelos voluntarios.

Las tareas de los comités revolucionarios de las mujeres.

En distintas localidades se crearon comités de mujeres para organizarse y llevar a cabo acciones políticas. Estos son un ejemplo más, pero pilar organizativo para las mujeres, que se suman a las estrategias y tácticas y otros modelos organizativos (según lugar, territorio y sector) que se han ido mencionando.

Estas tareas datan de la Revolución Cultural, pero ya desde la guerra antijaponesas había nacido el modelo de organizaciones de mujeres que fue referencia en las siguientes épocas consecutivas. Sin embargo, en algunos de estos comités el modelo derivó a una «asociación de bienestar» contaminado por ideología retrógrada sobre las mujeres respecto a su papel en el hogar y el cuidado de la familia, como si fuese su única preocupación. A partir del punto decisivo que significó la Revolución Cultural, las mujeres se organizaron y trazaron las tareas que debían llevar a cabo, considerando que estaban en una «etapa de lucha-crítica-reforma».

Un ejemplo de estas tareas, que fueron objetivos compartidos en todas las formas organizativas de las mujeres de China, fueron las del comité de mujeres de la localidad de Shawan[5] página 58-61, donde una de las dirigentes las expone:

  • Primera tarea: Estudiar el Marxismo, el Leninismo y el pensamiento de Mao. En estos espacios participaban desde la mixticidad hombres y mujeres. Sin embargo, la conciliación familiar, como la presencia de sus hijos, dificultaba que muchas mujeres pudieran estudiar y debatir. Se implementó como solución una división familiar, y que cuando las mujeres estuvieran en estos espacios de debate, los hombres serían quienes se ocuparían del trabajo reproductivo de cuidados de los hijos.

Esto parece algo sencillo, pero en la sociedad china, profundamente fundamentada en la ideología patriarcal feudal de la que provenía, fue en muchos sentidos todo un hito para las mujeres chinas.

  • Segunda tarea: Facilitar la crítica revolucionaria, es decir, cuestionar los planteamientos machistas y feudales que permanecían en las personas, tanto en las mujeres mismas del comité como en los hombres de la localidad.

  • Tercera tarea: Facilitar y proporcionar soluciones que fomenten la participación de las mujeres en las diferentes actividades políticas. Su papel, consideraban, era movilizar a las masas y resolver los problemas provenientes de los restos patriarcales feudales y del capitalismo, que seguían permaneciendo entre las masas, especialmente las que influían en el ámbito político, tales como que muchas mujeres no se atrevieran a dar su opinión en público o que los hombres no escuchasen sus posturas o directamente las ignoraban.

  • Cuarta tarea: Destruir las viejas ideas retrógradas en los hombres, pero también en las mujeres, especialmente en la pretendida superioridad de los hombres en ciertos terrenos técnicos o intelectuales.

Para la consecución de tal tarea, se dio prioridad a que las mujeres llevasen a cabo dichas labores técnicas que se consideraban parte de las labores masculinas. Es decir, sin incorporar a las mujeres a los trabajos considerados más «complejos» y técnicos, o dicho de otro modo, los que se consideraban masculinizados, no podrá solventarse esta noción retrógrada de la división sexual en las tareas, sean del ámbito que sean.

  • Quinta tarea: Redoblar los esfuerzos en perseguir la revolucionarización ideológica de la familia.

Estas tareas se pudieron implementar por diferentes cuestiones: El Partido Comunista de China estaba constituido, estaban bajo la Dictadura del Proletariado y conformando una lucha socialista contra las influencias de la vía capitalista y contra el reformismo. Las masas lideraban, bajo las orientaciones del partido, sus órganos y había una estructura que permitía avanzar en resolver estas tareas, que parten del problema de haber estado bajo relaciones semifeudales y bajo el sistema capitalista.

Ahora mismo estas problemáticas son compartidas. Cada contexto, sujeto a las diferentes estructuras y sistemas económicos, políticos y sociales, son oprimidos en diferentes grados, causas y tácticas, al igual que las formas de lucha y de organizarse, y en la toma del poder en estos territorios. Sin embargo, el patriarcado sigue patente y es absorbido por el sistema económico dominante que impera.

Encontramos que la opresión a las mujeres y disidencias de género se manifiesta de diversas formas como las que ya expusieron las compañeras de China hace 50 años:

La relegación a la mujer al ámbito privado y doméstico, conlleva varias problemáticas, entre ellas que los cuidados no permitan la formación y organización de muchas mujeres y disicencias a los mismos ritmos que otras personas. Hay impactos en la salud mental y física, en su grado de participación y de libertad de expresión, y si le sumamos que haya dinámicas machistas o violencia en sus entornos, será aún más complicado y una suma de carga más para ellas.

Esto se sobrepone con la división sexual del trabajo, por una parte por la problemática que presume de que existen unos trabajos para hombres y otros para mujeres (reforzando la idea de la relegación de la mujer y los mandatos de género patriarcales y hegemónicos) y por otra, porque son la mayoría de trabajos feminizados donde posiblemente se encuentren más fácilmente jornadas parciales que permitan lidiar con la doble carga de la mujer (trabajo asalariado y de cuidados a la vez).

No tener tiempo para participar en la política aleja a las mujeres a que puedan posicionarse, resolver y luchar por sus reivindicaciones en los espacios de debate y actuación. Criticar el machismo y actitudes patriarcales solo es posible si las mujeres también están presentes, ya que ellas son la pieza clave en la lucha y práctica y en el propio análisis y desarrollo teórico. Por tanto, debemos seguir analizando y tomando nota de las experiencias, seguir actuando y probando hasta encontrar los puntos clave (adaptados en cada lugar de lucha y territorio) que nos permita resolver los conflictos que se contraponen a la participación de las mujeres y disidencias.

3. CONCLUSIONES

Como hemos ido viendo en este recorrido, se presentan las diferentes cuestiones de la liberación de la mujer que se han trabajado desde la experiencia revolucionaria de China bajo la dirección del PCCh que pudo aprender de las derrotas y victorias de la revolución soviética y aplicar una mejor línea política. Ese mismo trabajo de análisis histórico es el que debemos hacer para desarrollar una mejor práctica como comunistas hoy.

1. Antecedentes antes de la República Popular de China:

Las mujeres obreras y campesinas partían de una posición social muy inferior a la de los hombres, prácticamente más similares a esclavas que a miembros de pleno derecho en la sociedad china. Esto fue primeramente cuestionado por el mismo proceso de revolución y toma del poder chino, donde las mujeres jugaron un importante rol en llevar a cabo la GPP y la organización social de la revolución.

2. Durante la Reforma Agraria:

Primero se atacó a las imposiciones legales que regían la opresión de las mujeres, tirando abajo viejas leyes y erigiendo nuevas que, no sólo liberaran a la mujer sino que servían como escudo legal ante los abusos que se seguían dando en la sociedad china. Aprendiendo de la experiencia soviética, se tuvo en consideración que equiparar a todo el mundo legalmente sólo iría en beneficio de aquellos que ya ostentaban alguna clase de poder.

En el proceso de colectivización de las tierras y el nacimiento de las primeras comunas, las mujeres del campo empezaron a liberarse del yugo de la esclavitud doméstica al trabajar codo con codo en los consejos y las diversas organizaciones populares que se fueron formando en China.

Una mujer que se queda en casa y no se relaciona con el exterior salvo para hacer la compra o la colada se ve irremediablemente sujeta a los roles que se le imponen. Sin embargo, una mujer que toma un rol político significativo en su pueblo o su comarca, que dirige y a la que se le escucha, ya es otra cosa bien diferente.

3. En el Gran Salto Adelante:

El Gran Salto Adelante enfatizó todavía más esta faceta de la liberación de la mujer. Proliferaron las fábricas y las comunas obreras y campesinas, y las mujeres tomaron un rol preponderante en la construcción económica y política del socialismo.

Ya no sólo se trataba de que las mujeres dejaran de estar enjauladas entre las cuatro paredes de su vivienda, sino que se desafiaron las antiguas y retrógradas concepciones de que las mujeres no servían para el trabajo «técnico», «duro» o «complejo» que requería el desarrollo industrial.

Mujeres de toda China levantaron fábricas industriales y comunas agrícolas por todo el país, organizaron su producción y la explotación de los recursos, además de organizar servicios colectivos a los que relegar las pesadas tareas domésticas, con la clara idea de que éstos servicios no tenían que ser llevados por mujeres dado que eso sólo implicaría cambiar de sitio o de contexto una misma explotación. Se involucró a hombres, jóvenes y ancianos para poder socializar las tareas domésticas.

4. Revolucionarización de la vida social (Revolución Cultural):

La Revolución Cultural también llevó a la lucha por la emancipación de la mujer a su culmen, cuestionándose las bases mismas de la ideología patriarcal que nacía de la antigua sociedad.

Desinfantilizar a los niños e incorporar a los ancianos al trabajo reproductivo son puntos ideológicos importantes abordados durante este periodo. En el capitalismo los niños son propiedad de los padres hasta su emancipación y los ancianos son considerados inútiles y cargas en cuanto dejan de ser productivos, siendo desplazados de la vida social. En la Revolución Cultural se trató de dotar a estos sectores de autonomía, responsabilidad e integración social, liberando en el proceso a las mujeres de ser las únicas responsables de los cuidados de estos sectores de la población.

Se trabajó en rebajar la carga doméstica de las mujeres mediante el compromiso de toda la sociedad de cara a las tareas reproductivas, tanto en la esfera privada como con la consolidación de la colectivización de los trabajos reproductivos.

Se combatieron las retrógradas ideas sobre las «cualidades femeninas» como algo innato y que las diferencian de los hombres. Las mujeres fueron partícipes y pioneras en la toma del poder y la revolucionarización de las ideas y costumbres feudales.

Todo esto se hizo a través de la aplicación de la línea de masas, de la movilización activa del pueblo chino y de su toma de poder efectiva, hecha realidad en los comités revolucionarios de mujeres, en el movimiento de educación socialista, en los consejos, asambleas y comités locales, de distrito, de fábrica, en las comunas agrícolas e industriales…

Y es que sin esta movilización masiva, sin la comprensión de los principios de la línea de masas, todo esto no habría sido posible. Es tarea nuestra aprender de los aciertos y errores de las revoluciones pasadas para poder llevar a cabo nuestra propia lucha, y tenemos que tener claro el siguiente principio que vertebra la política comunista:

Son las masas las que hacen la historia, las que hacen la revolución y construyen el socialismo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Rep%C3%BAblica_de_China_(1912-1949

[2] https://somosrevolucion.es/wp-content/uploads/2023/04/Capitulo-ideologico-Documentos-III-Congreso-PRT.pdf

[3] https://www.marxists.org/espanol/lin/1965/guerrapop.htm

[4] https://somosrevolucion.es/la-lucha-de-las-mujeres-en-el-socialismo-parte-1-la-revolucion-sovietica/

[5] https://doscuadrados.es/pdf/Broyelle,%20Claude%20-%20La%20mitad%20del%20cielo%20(Versi%E2%94%9C%E2%94%82n%20digital).pdf  La Mitad del Cielo de Claude Broyelle

[6] Important Documents on China’s Land Reform (Collection Level) An original transcript of the village work meeting of the Shanxi-Hebei-Shandong-Henan Border Region Government’s Land Reform Task Force from 1946 to 1947. https://web.archive.org/web/20211128220447/https://book.kongfz.com/284731/2048020424/

[7] The effects of the Chinese Communist land reform on women and their families de  Mariam Darce Frenier https://sci-hub.se/https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/0277539583900869

[8] MARRIAGE LAW OF THE PEOPLE’S REPUBLIC OF CHINA – Promulgated by the Central People’s Government on May 1, 1950 https://www.bannedthought.net/China/MaoEra/Women-Family/MarriageLawOfThePRC-1950-OCR-sm.pdf]THE

[9] Jong-guo jie-fang-qu diJu-niufan-shen iun-dong (The Women’s Fanshen Movement in China’s Liberated Areas). 1947. np.. Shenyang

[10] Jong-guo gong-char dang jong-iang wei-man-hui (The Central Committee of the Chinese Communist Party). 1948. Guan-yu mu-chien jie-fang-qu kung-dzo di jue-ding (Resolution Concerning the Task of Women in the Presently Liberated Areas) (n.p.: np.)

[11] La ley del valor y el trabajo de planificación https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/1960notas.htm#s45

[12] Introducing the People’s History of Ideas Podcast Episodio 7 https://peopleshistoryofideas.com/episode-7-losing-the-tributaries-the-sino-french-and-sino-japanese-wars-in-vietnam-and-korea/

[13] Introducing the People’s History of Ideas Podcast Episodio 4 https://peopleshistoryofideas.com/episode-4-second-opium-war/

[14] Liu Shaoqi and the Chinese Cultural Revolution de Lowell Dittmer. https://api.pageplace.de/preview/DT0400.9781317466017_A23897342/preview-9781317466017_A23897342.pdf

[15] All-China Women’s Federation founded 1949 https://sci-hub.ru/https://doi.org/10.1111/j.1468-0424.2006.00456.x

[16] https://www.marxists.org/espanol/tematica/china/documentos/com.htm Los 16 puntos de la línea de la GRCP, XI sesión plenaria del VIII Comité Central del PCCh, Agosto del 1966.

[17] Feminismo y patriarcado: Un recorrido por nuestras tesis principales | Organo Comunicación Revolucion (somosrevolucion.es) https://somosrevolucion.es/patriarcado-y-feminismo-compendio-8m-2024/

[18] El Ministerio de Igualdad y los límites del reformismo | Organo Comunicación Revolucion (somosrevolucion.es) https://somosrevolucion.es/el-ministerio-de-igualdad-y-los-limites-del-reformismo/

[19] Gorbachov y el capitalismo en la URSS https://somosrevolucion.es/gorbachov/

 

OTRAS REFERENCIAS

1. «es el régimen de dictadura conjunta de estas clases bajo el mando del proletariado, con su mando supremo en el Partido Comunista. La Nueva Democracia realiza las tareas de la revolución democrática, para lo cual es clave la eliminación de los terratenientes y el reparto de tierras en lo económico, a la vez que avanza la construcción socialista, para lo cual es clave la confiscación de las propiedades del capitalismo burocrático de Estado (privadas y estatales). Necesariamente, hay también una nueva política, con el Partido Comunista al mando y organizaciones de masas para representar a las distintas clases, y una nueva cultura, patriótica, revolucionaria y orientada al socialismo» https://somosrevolucion.es/wp-content/uploads/2023/04/Capitulo-ideologico-Documentos-III-Congreso-PRT.pdf pag 21-22 Maoismo, Socialismo científico, 2. Nueva Democracia.]

2. La línea de masas es el método de dirección comunista del que se sirve el Partido para entender su relación con las masas y que estipula que ellas son las hacedoras de la historia y de la revolución, indispensables para la toma y defensa del poder, por lo que es un elemento integral de la política comunista que afecta de forma transversal a la estrategia revolucionaria, la construcción del Partido, la intervención como Partido y en los frentes, las formas de trabajo, el comportamiento militante, etc.

3. El Movimiento de Educación Socialista estaba formado por estudiantes; jóvenes intelectuales que asistían a la escuela, pero también trabajaban en fábricas y con los campesinos; y profesores. El objetivo del movimiento era limpiar la política, la economía, la organización y la ideología reacccionaría y dentro de la burocracia del Partido Comunista de China.

4. Cuando hablamos de «superestructura» nos referimos a aquello que no es parte integral del modelo económico-productivo, pero que lo sustenta. Es decir, entendemos la superestructura como la estructura ideológica, social o cultural de un sistema productivo concreto, como podría ser el capitalismo o el feudalismo. La superestructura justifica a la estructura, y nace de esta.

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